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jueves, 22 de enero de 2026

¿Es realmente terapéutico recibir un diagnóstico o genera ansiedad?

Hay personas que pasan años recorriendo consultas con una sensación persistente: algo no va bien, pero nadie sabe decirles qué. Cuando por fin le ponen nombre a lo que les ocurre, muchos describen el momento como un punto de inflexión. Duermen mejor, dejan de culparse, sienten que, al menos, el problema tiene forma y pueden buscar solución. Son muchas las personas que consideran que poner nombre a lo que les pasa ya es empezar a curar.

Pero no es un sentimiento, sino que se trata de un hecho que se ha podido corroborar, en especial en el caso de las enfermedades raras donde el diagnóstico a veces tarda incluso años en llegar. Sin embargo, la ciencia invita a mirar esa convicción con matices. Y es que no existe evidencia científica que pruebe de manera medible que el diagnóstico por sí solo, sin intervención adicional, tenga un efecto terapéutico.

Lo que sí se ha constatado es que el diagnóstico es un acontecimiento vital que puede aliviar o inquietar, abrir puertas o cerrarlas, cuidar o dañar. Para algunos pacientes supone el acceso a un tratamiento, la legitimación del sufrimiento y el encuentro de una red de apoyo. Para otros, activa miedos, estigmas y etiquetas, y puede desencadenar una serie de pruebas y tratamientos que no siempre mejoran su salud. Todo va a depender de qué enfermedad se diagnostica, a quién, cuándo y, sobre todo, cómo se comunica.

Efectos ambivalentes del diagnóstico

Un estudio desarrollado por Brooke Altmann y su equipo, publicado en PLOS Mental Health (2024), analiza cómo cambia la percepción social cuando a una persona con síntomas leves de malestar psicológico se le añade una etiqueta diagnóstica. A través de dos experimentos, los participantes evaluaban breves descripciones de casos cercanos al umbral clínico. Los autores observaron que la presencia de un diagnóstico aumentaba la empatía y la percepción de que esa persona necesitaba y merecía apoyo profesional. La etiqueta, en ese sentido, legitimaba el sufrimiento y hacía más comprensible la búsqueda de ayuda.

Sin embargo, el diagnóstico también tenía efectos menos favorables. Los mismos participantes tendían a ver a las personas diagnosticadas como con menos control sobre su problema. Y con menor probabilidad de mejorar por sí mismas, lo que podía reforzar una visión más pasiva o crónica del malestar.

Los autores interpretan estos resultados como un ejemplo de los efectos ambivalentes de la expansión de los diagnósticos en salud mental. Y es que pueden facilitar el acceso a cuidados y comprensión, pero también moldear expectativas y narrativas que no siempre favorecen la autonomía ni la recuperación.

Áreas en las que impacta el diagnóstico

Otro estudio realizó una revisión sistemática de más de 140 investigaciones cualitativas (2021) para identificar las consecuencias de recibir un diagnóstico en múltiples patologías y niveles de gravedad, excluyendo el cáncer. El examen se hizo desde diferentes perspectivas: la persona diagnosticada, su familia o cuidadores, los profesionales sanitarios y la comunidad.

A partir de ese análisis, los autores desarrollaron un marco temático que identificaba cinco áreas de impacto: el efecto psicosocial, con reacciones tanto positivas (alivio, comprensión, validación, acceso a recursos) y negativas (aumento de angustia, estigma, restricciones de rol, sobretratamiento); el apoyo que se genera o se modifica tras el diagnóstico; la planificación del futuro; los cambios en conductas saludables o no saludables: y las expectativas de tratamiento que surgen al recibir un diagnóstico.

Este estudio concluyó que un diagnóstico no es un simple marcador clínico, sino que para muchas personas representa la validación de sus experiencias y facilita la búsqueda de ayuda, pero también puede generar ansiedad, estigma o expectativas distorsionadas sobre el tratamiento y la recuperación. Además, la búsqueda de apoyo puede intensificarse o debilitarse según el contexto social y familiar, y la perspectiva de los profesionales influye en cómo se vive e interpreta ese diagnóstico.

Este marco resalta que las consecuencias de etiquetar una condición son heterogéneas y humanas, y que su impacto va mucho más allá de lo meramente médico.

El diagnóstico de una enfermedad rara

También se ha estudiado la respuesta directa a si recibir un diagnóstico puede ser, en sí mismo, terapéutico en ámbitos donde el impacto vital es más evidente, como el cáncer o las enfermedades raras. Una vez más, los trabajos publicados coinciden en que el diagnóstico no actúa como un beneficio uniforme ni automático, sino como un punto de inflexión ambivalente. Puede aliviar la incertidumbre y abrir puertas, pero también intensificar el malestar emocional, el miedo y la sensación de vulnerabilidad.

En el caso de las enfermedades raras, el diagnóstico suele llegar tras una larga “odisea diagnóstica”. Un estudio multicéntrico (2023) comparó a personas que recibieron un diagnóstico temprano con aquellas que pasaron años sin una explicación clara. La ausencia o el retraso diagnóstico se asoció a mayores niveles de frustración, ansiedad, soledad y dificultades para planificar la vida cotidiana.

Cuando finalmente se obtenía un diagnóstico tras un retraso prolongado se redujo parte del sufrimiento ligado a la incertidumbre y a la invisibilidad social, y mejoraron algunos indicadores psicológicos como la irritabilidad, la confusión o el miedo difuso. Pero, al mismo tiempo, surgían nuevas cargas como depresión, ansiedad, sentimientos de culpa, experiencias de discriminación y un impacto económico que antes no existía. El diagnóstico ordenaba el relato, pero no eliminaba el sufrimiento.

Cáncer: diagnóstico y búsqueda del sentido

En Oncología, la literatura describe un proceso diferente pero igualmente complejo. Una revisión de 2022 sobre elaboración de sentido y crecimiento postraumático señala que el diagnóstico de cáncer suele activar una búsqueda profunda de significado vital. Cuando ese proceso culmina en crecimiento postraumático, se asocia a mejor calidad de vida y menores niveles de ansiedad y depresión. Sin embargo, el diagnóstico no es el agente terapéutico: actúa como detonante de un proceso psicológico, cuyo resultado depende del apoyo social, de los recursos personales y del contexto asistencial.

Un estudio en cáncer de mama (2024) refuerza la idea de que el apoyo social: familiar, profesional y comunitario, facilita darle sentido, reduce el miedo a la recaída y mejora la aceptación de la enfermedad. De nuevo, los beneficios psicológicos no se explican por el hecho de “saber el diagnóstico”, sino por el acompañamiento, la narrativa compartida y las estrategias de afrontamiento que se ponen en marcha.

La evidencia sobre calidad de vida a largo plazo es más clara. Una umbrella review (2025) concluye que la calidad de vida de las personas con cáncer está determinada sobre todo por factores como la depresión, la ansiedad, el afrontamiento y el apoyo social, sin identificar un efecto terapéutico estable del diagnóstico en sí. Otras revisiones muestran que la ansiedad y la depresión pueden persistir durante años y que el mero paso del tiempo desde el diagnóstico no elimina ese impacto. Esto sugiere que la etiqueta de “superviviente de cáncer” implica, para muchas personas, una carga emocional duradera.

Cómo explicar un diagnóstico

Atendiendo a la comunicación del diagnóstico por parte de los clínicos, otros investigadores entrevistaron a médicos de Atención Primaria y a personas sanas que, tras someterse a pruebas rutinarias, terminaron siendo diagnosticados de enfermedades (no cancerosas) como hipertensión o colesterol alto. Publicado en BJPsych Open (2025), el trabajo analizó si los médicos explicaban a los pacientes lo que significa recibir ese diagnóstico.

Los resultados mostraron que esto rara vez ocurre. Se informa sobre la prueba y las técnicas, pero no sobre las implicaciones de convertirse en paciente. De hecho, ningún paciente recordó haber tenido esa conversación antes del cribado, salvo en el contexto de controles durante el embarazo, lo que pone de relieve un vacío en la comunicación clínica habitual.

Tanto los profesionales como los pacientes coincidieron en que discutir estas consecuencias podría ser útil, aunque reconocieron algunas dificultades como la falta de tiempo en consulta, la ausencia de guías claras y la necesidad de adaptar el mensaje a cada persona. El estudio también refleja que muchas decisiones diagnósticas se toman sin preparar al paciente, a pesar de que un diagnóstico puede cambiar cómo alguien se ve a sí mismo y se relaciona con el sistema sanitario.

Además, el artículo advierte que cuantas más pruebas se realizan y más se amplían los criterios diagnósticos, mayor es el número de personas etiquetadas. Nuevamente, para algunos, el diagnóstico ofrece alivio y comprensión; para otros, puede generar ansiedad, preocupación constante y activación de pruebas o tratamientos innecesarios. En definitiva, el diagnóstico no es solo un acto clínico, sino que tiene consecuencias reales sobre la vida y el bienestar.

En el caso de esquizofrenia o depresión

En el ámbito de la salud mental, un estudio dirigido por Amy Mickelberg, recogido en Acta Psychologica (2024),  exploró cómo un diagnóstico puede influir en la percepción social de una persona, incluso cuando esa etiqueta se retira posteriormente.

En un experimento con más de 500 participantes que leyeron viñetas sobre pacientes diagnosticados con esquizofrenia, trastorno depresivo mayor o sin diagnóstico, los investigadores midieron actitudes como la distancia social deseada, la percepción de peligrosidad y la imprevisibilidad asociada a ese diagnóstico. Encontraron que las etiquetas diagnósticas generaban estigma y moldeaban inferencias sociales, efecto que se observó más marcado en diagnósticos más estigmatizados, como la esquizofrenia.

Lo más relevante es que, incluso después de retirar explícitamente la etiqueta diagnóstica errónea, la impresión formada por los participantes seguía influenciada por el diagnóstico original. Esto sugiere que esas etiquetas pueden tener un impacto duradero en cómo otros perciben e interpretan a una persona más allá de la precisión clínica, con implicaciones claras para la estigmatización y la comunicación clínica.

La importancia de la comunicación

Estudios recientes sobre comunicación médico-paciente muestran que la claridad y la calidad de la información médica (incluida la explicación del diagnóstico, las pruebas y el plan terapéutico) es uno de los factores más importantes para la satisfacción del paciente, incluso por encima de la comunicación emocional.

En este contexto, un artículo publicado en BMC Medical Education (2025) examinó cómo la forma en que los profesionales sanitarios se comunican en consulta influye directamente en la percepción de la atención médica. A partir de encuestas validadas, los autores encontraron que cuanto más clara y comprensible es la información sobre el diagnóstico y el tratamiento, mayor es la satisfacción del paciente, incluso más allá de la destreza técnica del profesional.

El estudio subraya que no basta con tener razones clínicas para diagnosticar o tratar, lo importante es cómo se transmiten esas decisiones, cómo se explican los motivos y las implicaciones, y cuánto tiempo se da al paciente para preguntar y comprender. Aunque no analiza directamente el efecto de poner un nombre a una enfermedad, refuerza la idea de que el impacto de un diagnóstico no empieza ni termina en la etiqueta clínica, sino en la relación humana y comunicativa que lo rodea.

Por tanto, el diagnóstico se percibe como un hito biográfico complejo, capaz de generar a la vez alivio y ansiedad. Tener un diagnóstico no es terapéutico por sí mismo, su efecto depende de cómo se comunique, del apoyo disponible y de si abre puertas a intervenciones útiles. En otras palabras, un diagnóstico puede ser un comienzo que empodera, organiza y da sentido, pero también puede convertirse en una carga.

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miércoles, 21 de enero de 2026

María Jesús Lamas defiende el liderazgo femenino en investigación, más allá del sesgo del observador

España ha consolidado un ecosistema de éxito en investigación clínica liderado mayoritariamente por mujeres, pero ahora se enfrenta al reto de romper el techo de cristal en la toma de decisiones y eliminar el sesgo de género en los datos científicos. Esta es una de las principales conclusiones del tercer café institucional de Mujeres en Farma bajo  la iniciativa #EnSaludNoSinMujeres, impulsada por la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), Farmaindustria y Mujeres en Farma, en colaboración con el Ministerio de Sanidad y la participación de EL MÉDICO INTERACTIVO.

En esta ocasión, la anfitriona fue la directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), María Jesús Lamas Díaz, figura clave en la regulación farmacéutica, quien abordó el encuentro bajo el lema: “Avanzamos juntas en la investigación clínica”. En su opinión, a pesar de que el sector farmacéutico es uno de los más feminizados de la economía española, el «techo de cristal» sigue siendo una estructura sólida.

Lamas introdujo el concepto del «sesgo del observador». Según la directora, las mujeres presentes en los altos cargos de la industria son la «representación del éxito» pero, más allá de ellas, existe un gran talento femenino que se pierde en el camino. «Las que han sido víctimas del sesgo no son directoras generales», afirmó. En el encuentro se incidió en que, aunque las facultades de ciencias de la salud llevan 30 años con paridad de alumnos o incluso mayoría de mujeres en los últimos años, las jefaturas de servicio y las cátedras siguen ocupadas mayoritariamente por hombres. “Los números son la única forma de combatir nuestro sesgo”, sentenció, en referencia a que muchas de las mujeres líderes en este campo no tienen una percepción de la discriminación por género.

En esta misma línea, la Dra. Pilar Garrido, jefa de Oncología del Hospital Ramón y Cajal, se planteó la pregunta de por qué conformarse con el 50 % de representación en paneles o puestos de mando “cuando somos el 80 % de la fuerza laboral en este sector”. Para la que fuera presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y también de FACME, las mujeres han sido aceptadas como «excelentes subjefas», pero el acceso a la cima operativa sigue limitado, en muchos casos por inercias culturales que asocian el liderazgo con modelos masculinos de mando.

Cambio de paradigma

La directora de la AEMPS destacó también la autolimitación femenina a la hora de asumir puestos de responsabilidad y apostó por un cambio de paradigma con modelo de liderazgo alejado de la masculinidad. “Las mujeres de mi edad no conocimos otro tipo de liderazgo femenino que el ‘modelo de hierro’ de Margaret Thatcher. Hoy se puede ser ejecutiva y resolutiva sin renunciar a rasgos como la empatía o la humanidad. Este perfil no existía hace 30 años; nos lo hemos inventado esta generación”.

Por su parte, la Dra. Cristina Avendaño, actual presidenta de FACME, aportó el concepto del sesgo de la “secretarización”. Recordó sus inicios, cuando ella se encargaba de redactar los borradores de los decretos de ensayos clínicos mientras los hombres lideraban la reunión. Reflexionó sobre cómo las mujeres a menudo asumen el papel de ejecutoras frente al rol de liderazgo visible, una inercia que todavía hoy se debe combatir.

El prisma masculino en la ciencia

A lo largo del encuentro se recordó que el desarrollo de la investigación sigue bajo un prisma masculino: desde la investigación preclínica, que usa modelos animales machos, hasta los ensayos clínicos, con una tradicional baja presencia de mujeres. Esto genera un vacío de datos sobre cómo afectan las enfermedades y los fármacos a esta población. Asimismo, se concluyó que el liderazgo femenino real requiere un entorno que no penalice la maternidad, citando ejemplos de directivas que fueron promocionadas estando embarazadas.

Liderazgo estratégico en Europa

El encuentro también abordó retos técnicos como los ensayos de Fase I y la nueva competencia global. Lamas fue contundente, incidiendo en que la prioridad de la Agencia es potenciar la Fase I, ya que cuando un ensayo pionero se asienta en un hospital español, ese centro queda «consagrado» para las fases posteriores. “Es la forma de asegurar que el medicamento se desarrolle íntegramente en España”, explicó.

Por otro lado, y ante la competencia de países como Alemania o Francia, Lamas apostó por «liderar» en lugar de solo «competir». Destacó el impulso de España a la iniciativa FAST-EU (Facilitating and Accelerating Strategic Trials), un nuevo procedimiento de evaluación acelerada para ensayos multinacionales que ha arrancado este enero de 2026. Además, señaló que la AEMPS ha logrado que el reglamento europeo de biotecnología incluya capítulos escritos «al pie de la letra» por la agencia española, consolidando un modelo basado en la fiabilidad.

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Un proyecto europeo usará la IA para transformar el desarrollo de medicamentos

El proyecto europeo LIGAND-AI surge con el objetivo de generar grandes conjuntos de datos abiertos y de alta calidad sobre interacciones proteína–ligando. Todo ello para utilizarlos para entrenar modelos de inteligencia artificial que puedan predecir qué moléculas son capaces de unirse a miles de proteínas humanas y, por tanto, tendrían en potencial para convertirse en nuevos fármacos. Se trata por tanto de un proyecto que transformará el desarrollo de medicamentos.

Liderado por Pfizer y el Structural Genomics Consortium (SGC), el consorcio LIGAND-AI estudiará las posibles interacciones entre millones de compuestos químicos y miles de proteínas relevantes tanto para enfermedades con tratamientos disponibles como para necesidades médicas no cubiertas, incluidas enfermedades raras, neurológicas y oncológicas. El proyecto está financiado por la Innovative Health Initiative (IHI) con 60 millones de euros en cinco años, reúne a 18 socios de nueve países, incluido el Vall D’Hebron Instituto de Oncología (VHIO).

Labor del VHIO

En este contexto, el Grupo de Identificación de Fármacos e Inteligencia Artificial liderado por Albert Antolin, que se ha incorporado recientemente al VHIO, colidera junto a la compañía IBM el área de machine Learning, responsable de desarrollar y entrenar nuevos modelos de inteligencia artificial a partir de los datos generados por LIGAND-AI, con el objetivo de predecir de forma sistemática la afinidad entre moléculas y proteínas humanas.

“El descubrimiento temprano de fármacos es un proceso largo, costoso y lleno de incertidumbre. Los científicos dedican años a probar miles de moléculas para encontrar una que se una a una proteína relacionada con una enfermedad, pero en la mayoría de los casos, estos esfuerzos fracasan durante los ensayos clínicos” explica Antolin. “Para reducir los riesgos, muchas empresas optan por desarrollar fármacos poco innovadores para las mismas proteínas. Sin embargo, para el 80 por ciento de las proteínas humanas, aún no contamos con ningún compuesto conocido que pueda unirse a ellas y ser utilizado para crear nuevos tratamientos.”

Un cambio de enfoque en el desarrollo de medicamentos

“A través del proyecto LIGAND-AI queremos cambiar este enfoque combinando tecnologías avanzadas de laboratorio con métodos computacionales para acelerar el descubrimiento de fármacos enfocándonos en proteínas poco estudiadas o difíciles que darían lugar a fármacos realmente innovadores”

El consorcio generará miles de millones de datos de química biológica mediante tecnologías de cribado, lo que permitirá a investigadores de todo el mundo desarrollar, entrenar y comparar modelos de inteligencia artificial capaces de predecir interacciones moleculares para el desarrollo de medicamentos.

“Este proyecto reúne a científicos y empresas de distintas disciplinas dentro de un ecosistema de ciencia abierta. Es alentador ver cómo comunidades científicas tan diversas convergen en una visión común para generar y compartir con el mundo datos químicos valiosos de forma abierta”, concluye Aled Edwards, CEO del Structural Genomics Consortium y coordinador del proyecto.

 

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Cetoacidosis euglucémica por ISGLT-2

Resumen

La cetoacidosis diabética euglucémica es una entidad poco frecuente caracterizada por acidosis metabólica con cetosis y glucemias normales o discretamente elevadas. Su asociación con inhibidores SGLT2 y situaciones de estrés, como la cirugía, puede retrasar el diagnóstico. El reconocimiento temprano y el tratamiento con fluidoterapia, insulina y glucosa son clave para un desenlace favorable.

 

Palabras clave (MeSH)

  • Diabetic Ketoacidosis / Cetoacidosis diabética
  • Sodium-Glucose Transporter 2 Inhibitors / Inhibidores del cotransportador sodio glucosa 2
  • Euglycemia / Euglucemia

Introducción

La cetoacidosis diabética es una complicación metabólica aguda de la diabetes mellitus que produce un cuadro de acidosis metabólica con anión GAP elevado, hiperglucemia y presencia de cuerpos cetónicos en sangre y/u orina.

Sin embargo, hay un tipo de cetoacidosis diabética que cursa con niveles de glucemia en sangre normales o ligeramente elevados que se conoce como cetoacidosis diabética euglucémica (CDE). Las principales causas de esta entidad son el uso de inhibidores del cotransporte de sodio-glucosa tipo 2 (iSLGT-2), glucogénesis hepática, sepsis o ayuno prolongado. Su diagnóstico es más difícil debido a los niveles normales de glucosa en sangre que puede hacer que se demore el tratamiento, por lo que se requiere de una alta sospecha para evitar complicaciones.

Caso clínico

Antecedentes personales:

Mujer de 48 años hipertensa en tratamiento con enalapril, diabética tipo 2 en tratamiento con metformina/empagliflozina  y obesidad IMC 34,1.

Desarrollo del caso:

Tras diagnóstico de apendicitis aguda, es intervenida de forma urgente de apendicectomía laparoscópica. Tras 4 horas de vigilancia postoperatoria en la unidad de recuperación donde permanece estable hemodinámicamente es dada de alta a la planta de hospitalización.

A las 5 horas comienza con dolor abdominal, náuseas y vómitos, mal estado general y desorientación. A la exploración se encuentra taquipneica, con sudoración por lo que es trasladada a la unidad de cuidados intensivos.  Se canaliza una arteria radial y se realiza una gasometría arterial donde se observa una acidosis metabólica grave con ph 6.94 pCO2 28 mmHg PO2 96 mmHg Bicarbonato 7.8mmol/L Lac 1.3 mmol/L. Se realiza sondaje vesical y se inicia fluidoterapia con cristaloides y la administración de bicarbonato 1M hasta 200 mEq.

Para descartar complicaciones se realiza TAC urgente abdominopélvico sin hallazgos significativos.

En la analítica en sangre los parámetros se encuentran en rangos de la normalidad con glucemia 138. En  el sistemático de orina destaca ph 5; leucocitos y hematíes negativos; nitritos negativos; proteínas 100 mg/dl, Glucosa 1000 mg/dl y cuerpos cetónicos 150 mg/dl.

Con el diagnóstico de cetoacidosis euglucémica se inicia perfusión de suero glucosado 5 % e insulina 7UI/h, con posterior corrección gasométrica del equilibrio ácido-base. A las 24 horas de ingreso se observa importante mejoría clínica y analítica por lo que se retira perfusión de insulina y se inicia dieta oral e insulina pautada. Tras estabilización a las 24 horas es dada de alta a la planta de hospitalización.

Discusión y conclusiones

A pesar de que la cetoacidosis diabética es ampliamente conocida de manera clínica y fisiopatológica, y que es la primera sospecha ante una acidosis metabólica, la variante de cetoacidosis diabética normoglucémica es mucho menos conocida y cursa con una clínica atípica con niveles de glucemia normales haciendo que en muchos casos se retrase el diagnóstico(1).

Los inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2 (iSGLT2) han supuesto un cambio relevante en el abordaje terapéutico de la diabetes mellitus tipo 2, especialmente en pacientes con elevado riesgo cardiovascular, en los que se consideran prácticamente tratamiento de primera línea en combinación con metformina. Además, se asocian a una reducción ponderal modesta, inferior a la observada con los agonistas del receptor GLP-1.

Más allá del control glucémico, los iSGLT2 han demostrado beneficios cardiovasculares y renales independientes de la presencia de diabetes, lo que ha ampliado sus indicaciones a pacientes no diabéticos. En este contexto, empagliflozina(2) y dapagliflozina(3) están indicadas en pacientes con insuficiencia cardiaca sintomática y/o enfermedad renal crónica, mientras que canagliflozina(4) no dispone de esta indicación. Estos efectos cardiorrenales favorables explican el incremento progresivo de su uso en los últimos años.

Desde la aprobación de los iSGLT-2 para el tratamiento de la DM2 por la FDA se ha presentado un número creciente de casos de cetoacidosis. Esto llevó a la FDA a emitir una advertencia en mayo 2015 sobre el riesgo de cetoacidosis en pacientes diabéticos tratados con iSGLT2 sometidos a un ayuno prolongado o periodo de inanición, dietas cetogénicas, infecciones, situaciones de estrés fisiológico agudo por intervenciones quirúrgicas mayores o enfermedades sistémicas, consumo excesivo de alcohol o embarazo. Cuando los inhibidores de SGLT2 bloquean el SGLT2, la glucosuria resultante puede minimizar o prevenir el desarrollo de hiperglucemia, a pesar de niveles/actividad de insulina muy bajos y el desarrollo de cetoacidosis(5-8)

En un metanálisis en red de 36 ensayos (9) que evalúa el beneficio y riesgo de tratamientos para la diabetes tipo 2 se analizaron 36 ensayos con 138.322 participantes y 265 eventos. Los inhibidores del SGLT-2 aumentan el riesgo de cetoacidosis por diabetes (odds ratio [OR]: 2,07; intervalo de confianza del 95 %: 1,44 a 2,98; certeza alta). Con un riesgo basal estimado del 0,2 %, el tratamiento con inhibidores del SGLT-2 en 1.000 pacientes durante cinco años probablemente resulte en dos eventos más de cetoacidosis por diabetes (IC del 95 %: 1 a 4).  De manera similar, en un estudio de cohorte poblacional de Canadá y el Reino Unido (10) (más de 350 000 pacientes y 500 eventos de CAD), los inhibidores de SGLT2 (empagliflozina , dapagliflozina , canagliflozina) en comparación con los inhibidores de la dipeptidil peptidasa 4 (DPP-4) se asociaron con un mayor riesgo de CAD (incidencia de 2,03 frente a 0,75 por 1000 personas-año, respectivamente, [HR 2,85; IC del 95 %: 1,99-4,08]) [ 88 ]. Entre los tres inhibidores de SGLT2, la canagliflozina se asoció con el mayor riesgo (HR 3,58 en comparación con 1,86 y 2,52 para dapagliflozina y empagliflozina, respectivamente).

La cetoacidosis diabética euglucémica constituye una complicación infrecuente, pero potencialmente grave, especialmente asociada al uso de iSGLT2 en contextos de estrés fisiológico agudo como la cirugía o ayuno prolongado, donde es recomendable su suspensión 2-3 días antes. La ausencia de hiperglucemia puede retrasar su reconocimiento, por lo que es fundamental mantener un alto índice de sospecha ante acidosis metabólica con anión GAP elevado. La identificación precoz y el tratamiento adecuado permiten una evolución favorable.

 

 

Bibliografía

  1. L. Zhang, M. Tamilia. Euglycemic diabetic ketoacidosis associated with the use of a sodium–glucose cotransporter-2 inhibitor. CMAJ., 190 (2018), pp. E766-E768
  2. AEMPS FIcha técnica JArdiance: disponible en https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/114930014/ft_114930014.html
  3. AEMPS. Ficha técnica forxiga https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/112795007/FT_112795007.ht
  4. AEMPS. Ficha técnica invockana. Disponible en: https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/113884002/FT_113884002.html
  5. E. Sampani, P. Sarafidis, C. Dimitriadis, E. Kasimatis, D. Daikidou, K. Bantis, et al. Severe euglycemic diabetic ketoacidosis of multifactorial etiology in a type 2 diabetic patient treated with empagliflozin: case report and literature review. BMC Nephrol., 21 (2020), pp. 276
  6. P. Masuta, G. Johri, M. Paul. SGLT2 Inhibitors and Euglycemic Ketoacidosis.Am J Ther., 25 (2018), pp. e498-e500
  7. R.A. Koch, R.F. Clark.Euglycemic Ketoacidosis With Sodium–Glucose Cotransporter-2 Inhibitor.Am J Ther., 25 (2018), pp. e590-e591
  8. G. Velasco de Cos, M.I. Sánchez-Molina Acosta, M.M.T. Fernández. Diabetic Euglycemic Ketoacidosis Induced by Oral Antidiabetics Type SGLT2i. EJIFCC., 32 (2021), pp. 105-110
  9. Shi Q, Nong K, Vandvik PO, Guyatt GH, Schnell O, Rydén L, Marx N, Brosius FC 3rd, Mustafa RA, Agarwal A, Zou X, Mao Y, Asadollahifar A, Chowdhury SR, Zhai C, Gupta S, Gao Y, Lima JP, Numata K, Qiao Z, Fan Q, Yang Q, Jin Y, Ge L, Yang Q, Zhu H, Yang F, Chen Z, Lu X, He S, Chen X, Lyu X, An X, Chen Y, Hao Q, Standl E, Siemieniuk R, Agoritsas T, Tian H, Li S. Benefits and harms of drug treatment for type 2 diabetes: systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. BMJ. 2023 Apr 6;381:e074068. doi: 10.1136/bmj-2022-074068. PMID: 37024129; PMCID: PMC10077111.
  10. Douros A, Lix LM, Fralick M, Dell’Aniello S, Shah BR, Ronksley PE, Tremblay É, Hu N, Alessi-Severini S, Fisher A, Bugden SC, Ernst P, Filion KB; Canadian Network for Observational Drug Effect Studies (CNODES) Investigators. Sodium-Glucose Cotransporter-2 Inhibitors and the Risk for Diabetic Ketoacidosis : A Multicenter Cohort Study. Ann Intern Med. 2020 Sep 15;173(6):417-425. doi: 10.7326/M20-0289. Epub 2020 Jul 28. PMID: 32716707.

 

El doctor David de la Rosa Ruiz declara no tener conflictos de interés.

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martes, 20 de enero de 2026

Balance positivo del Reglamento Europeo de Evaluación de Tecnologías Sanitarias

EUPATI – España ha celebrado una jornada para analizar los primeros doce meses de aplicación del Reglamento Europeo de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (HTA), así como el estado de situación de su implementación en España.

Desde EUPATI – España, en palabras de su coordinador y presidente,  David Trigos, se manifestó que, “con la entrada en vigor de este Reglamento Europeo, vemos una mejora significativa a la hora de garantizar que las tecnologías sanitarias estén a disposición de los pacientes en toda la Unión Europea (UE), al fomentar la colaboración y la coordinación entre los Estados miembros de la UE. Y esto es así porque esta normativa tiene como uno de sus objetivos ayudar a las autoridades nacionales a tomar decisiones más informadas y oportunas sobre la fijación de precios y reembolso de las tecnologías sanitarias”.

El encuentro reunió a los principales implicados: representantes de instituciones europeas, autoridades nacionales, organizaciones de pacientes, entidades científicas e industria, con los objetivos clave de revisar los avances logrados desde la entrada en vigor del Reglamento; compartir visiones sobre los cambios que están por venir; y definir prioridades y próximos pasos para el presente año 2026.

Reglamento Europeo de Evaluación de Tecnologías Sanitarias

La Agencia Española de Medicamentos y  Productos Sanitarios (AEMPS), contó con la presencia de Esther Echarri Gil, representante nacional del subgrupo de Metodología y evaluadora clínica área HTA. La misma abordó el ámbito de la implementación del Reglamento Europeo en España, destacando que “este reglamento representa una oportunidad para desarrollar un sistema más eficiente, armonizado y predecible; además de ser un primer punto de un proceso es prometedor, ya que pretende el establecimiento de una herramienta que genere realmente equidad y agilidad en la puesta a disposición de los tratamientos”.

La Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud (RedETS) también estuvo presente mediante la asistencia de su presidenta, Lilisbeth Perestelo Pérez. La experta hizo énfasis en los retos de la RedETS ante la implementación del Reglamento HTA, concretamente detallando estrategias para “garantizar un acceso equitativo a tecnologías sanitarias innovadoras, cuyos puntos destacados son los de incorporar la equidad como criterio transversal en la evaluación de tecnologías sanitarias; aplicar el aprendizaje de RedETS en participación y transparencia como base para decisiones más justas en la asignación de recursos públicos; y conseguir la suma de equidad, evidencia y gobernanza, ya que es la fórmula para que la innovación de alto coste llegue realmente a quienes más la necesitan”.

Un texto vivo

Finalmente, Sonia García Pérez, vocal asesora de la Dirección General de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia del Ministerio de Sanidad intervino comentando que “el texto que se encuentra ahora a dictamen no es idéntico al borrador sometido a alegaciones, sino que incorpora una serie de ajustes relevantes, algunos de ellos poco visibles fuera del ámbito técnico, que clarifican el funcionamiento del futuro sistema nacional de ETS y su encaje con el marco europeo. Entre los cambios figura la modificación del cómputo de plazos, que pasan de expresarse en días naturales a días hábiles, una corrección introducida tras el informe de Función Pública. Esta modificación, aunque no altera sustancialmente la duración real de los procedimientos, sí refuerza la seguridad jurídica del sistema y evita conflictos administrativos”.

Así las cosas, la jornada resumió, desde diferentes perspectivas, el estado de situación del reglamento que, en una primera fase, se ha aplicado a las solicitudes de autorización de comercialización de nuevos medicamentos para el tratamiento del cáncer o medicamentos de terapia avanzada.

 

 

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