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martes, 29 de septiembre de 2026

Las farmacias españolas se suman a la I Semana Europea del Cribado Cardiovascular

Las 22.273 farmacias comunitarias de España participan activamente en la primera edición de la Semana Europea del Cribado. Se trata de una iniciativa impulsada por la Comisión Europea en el marco del Día Mundial del Corazón. Esta campaña se enmarca en la «Estrategia europea de la salud cardiovascular» (conocida también como el «Plan para unos corazones sanos»). Este evento busca concienciar a la ciudadanía sobre la importancia de medir y vigilar los parámetros clínicos clave, como la tensión arterial, el colesterol y la glucosa en sangre. Todo ello con el objetivo de intervenir antes de la aparición de complicaciones graves.

Las enfermedades cardiovasculares (ECV), entre las que destacan el infarto de miocardio, el ictus y la ateroesclerosis, se mantienen como la principal causa de mortalidad en el ámbito europeo. Solo en la Unión Europea provocan 1,7 millones de fallecimientos anuales y afectan a más de 62 millones de personas. Frente a este escenario, la campaña promovida desde Europa pone el foco en animar a los ciudadanos a controlar sus valores. Y también a consultar con los profesionales sanitarios de confianza el abordaje de los factores de riesgo cardiovascular.

Un aliado clave

El papel de las redes de farmacia comunitaria resulta determinante en el esquema de prevención primaria y detección precoz. Esta labor se articula a través de los Servicios Profesionales Farmacéuticos Asistenciales, desplegados en todo el territorio nacional. Gracias a ellos, los profesionales farmacéuticos colaboran de forma continuada en el cribado, el control de factores de riesgo y el seguimiento cardiometabólico.

Según destaca Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos de España, esta iniciativa constituye una oportunidad estratégica. Además, permitirá visibilizar el trabajo de la farmacia asistencial. De este modo, se pone en valor su contribución dentro del ecosistema sanitario global. «Desde la farmacia comunitaria promovemos el control de los parámetros clínicos, la prevención de estas enfermedades, favorecemos su detección precoz y ayudamos a mejorar la adherencia a los tratamientos», remarca Aguilar. Bajo el lema «Conocer tus números puede ser el primer paso para cuidar tu corazón», se potencia la proximidad del farmacéutico como un recurso accesible para reforzar las intervenciones preventivas de todo el equipo de salud.

Acciones de divulgación

Para respaldar la campaña, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos coordina diversas herramientas informativas dirigidas a la población. Estas actividades incluyen contenidos específicos sobre factores de riesgo modificables e inmodificables como el sedentarismo, el tabaquismo y los antecedentes familiares. Asimismo, la iniciativa se difunde en entornos digitales bajo las etiquetas #EUScreeningWeek, #KnowYourNumbers y #TuFarmacéuticoInforma.

En el ámbito profesional, la divulgación de esta Estrategia Europea cuenta con un punto de encuentro relevante en el XXIV Congreso Nacional Farmacéutico (Oviedo). Durante este foro se aborda la campaña dentro de la sesión técnica «Estrategias de la profesión farmacéutica para la mejora de la adherencia cardiovascular». Moderada por Ernesto Cervilla (presidente del Consejo Andaluz de Colegios de Farmacéuticos), cuenta con la participación de ponentes de distintas áreas de la salud, como Enrique Santas (cardiólogo del Hospital Clínico Universitario de Valencia) y Francisco Marín Magán (vocal de Oficina de Farmacia del Colegio de Farmacéuticos de Cádiz).

Con estas acciones, la Comisión Europea sienta las bases para consolidar actividades de cribado y sensibilización comunitaria. El objetivo es impulsar la promoción de la salud cardiovascular a escala europea. Y para ello, se busca integrar a todos los profesionales sanitarios en un esfuerzo colectivo de prevención.

 

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Un documento pionero define cómo incorporar criterios de sostenibilidad en la compra de productos sanitarios

Se estima que un centro sanitario puede generar más de 3,5 kilos de residuos por cama y día y que, aproximadamente, el 25 % de estos residuos son plásticos de un solo uso. Dar respuesta a este problema exige actuar desde muchos ámbitos. Uno de ellos es la compra sanitaria. Y es que, la elección de unos materiales u otros puede contribuir a reducir el impacto ambiental asociado a los residuos que genera la actividad asistencial. Sin embargo, nunca ha existido un documento específico que definiera de forma estructurada qué criterios ambientales y de sostenibilidad debían incorporarse a estos procesos de compra. Hasta ahora.

El Libro Blanco de la Compra Sostenible en Fluidoterapia Intravenosa (FIV) nace del trabajo colaborativo entre enfermeras, farmacéuticos hospitalarios, médicos preventivistas e intensivistas, gestores de compras y responsables de medio ambiente de toda España y su objetivo es cubrir este vacío ofreciendo a los profesionales un marco práctico que facilite decisiones de compra más sostenibles, objetivas y compatibles con la excelencia clínica y la eficiencia económica.

El documento propone ampliar los criterios tradicionalmente considerados en la compra de productos sanitarios e incorporar variables relacionadas con la composición de los materiales, su impacto ambiental, la generación y gestión de residuos y el coste asociado a todo su ciclo de vida. “El objetivo es que el precio de adquisición deje de ser la única referencia económica y que los profesionales puedan valorar de forma más completa las consecuencias de cada decisión de compra”, sostiene Jorge Castaño Fuente, Director de Compras en Miranza Oftalmología, miembro del Proyecto AlineadODS y coautor del Libro Blanco.

La compra sanitaria, una palanca para avanzar en sostenibilidad

Este documento se ha presentado en el marco de una jornada en la que ha intervenido Conrado Domínguez, coordinador del grupo de Sostenibilidad, ESG y ODS de la Sociedad de Directivos de Salud (SEDISA). El experto ha abordado la sostenibilidad como un elemento estratégico de la gestión sanitaria y destacó el potencial de la contratación como una de las principales palancas para impulsar la transformación ambiental del sector.

“La capacidad de compra pública se revela como la palanca de transformación más poderosa que tenemos para acelerar la transición hacia un sistema de salud más sostenible. No estamos hablando de una moda, de ecologismo cosmético o de acciones de responsabilidad social corporativa voluntarias. Estamos hablando de cumplimiento normativo y legal estricto. Y es que, contamos con un marco que permite avanzar en esa dirección; el siguiente paso es proporcionar a los gestores herramientas que les ayuden a traducir ese compromiso en criterios concretos, objetivos y aplicables en la contratación diaria. Esa es una de las aportaciones fundamentales de este Libro Blanco”, ha indicado.

La presentación ha incluido una mesa de expertos moderada por Ferran Sala Piñol, Jefe de Farmacia del Consorci Sanitari del Maresme (Barcelona), coautor del Libro Blanco y miembro del Proyecto AlineadODS, en la que se conectaron tres dimensiones fundamentales de la compra sostenible: las necesidades clínicas y del paciente, la viabilidad económica de las decisiones de compra y la medición de su impacto ambiental. Los participantes han explicado la importancia de incorporar a la valoración de los productos no solo sus prestaciones clínicas, sino también la composición y el impacto ambiental de sus materiales; y han puesto el foco en la necesidad de avanzar hacia materiales de menor impacto y reducir la presencia de determinadas sustancias.

“Cuando elegimos un producto sanitario no deberíamos analizar únicamente su funcionalidad inmediata. También debemos preguntarnos de qué materiales está compuesto, qué sustancias incorpora, qué residuo generará y qué alternativas existen. Disponer de criterios claros para realizar esa valoración permite al profesional tomar decisiones mejor informadas y avanzar hacia materiales con menor impacto ambiental manteniendo siempre las exigencias clínicas y de seguridad”, ha defendido Blanca Tourné Izquierdo, autora del Libro Blanco y supervisora de Productos, Equipamiento y Tecnología Sanitaria del Hospital Universitario La Princesa (Madrid).

La dimensión económica 

Los participantes en el debate han defendido la necesidad de superar una valoración de las ofertas basada únicamente en el precio de adquisición. Frente a este enfoque, el Libro Blanco plantea considerar el coste total del ciclo de vida del producto, incorporando variables relacionadas con su utilización, la generación y tratamiento de residuos o su final de vida. Esta perspectiva permite valorar de forma más completa el impacto económico de una decisión de compra.

La necesidad de disponer de criterios objetivos y comparables ha centrado la intervención de Gemma Pastor García, responsable de Gestión Ambiental del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid, miembro del Proyecto AlineadODS y revisora del Libro Blanco. Pastor ha destacado que la clave principal que establece el Libro Blanco para que la colaboración entre hospitales y proveedores se traduzca en una práctica clínica real y evaluable es “un liderazgo bidireccional y alianzas transparentes”. “Los hospitales no podemos exigir cambios al mercado de forma arbitraria, ni la industria puede innovar sin saber qué valoramos”, ha continuado.

En este contexto, durante la jornada se ha destacado el innovador distintivo de producto sostenible EcoFluidScore®, diseñado y desarrollado en el marco del Proyecto AlineadODS, que permite identificar y cuantificar el impacto de la FIV en el medio ambiente. Este sistema de clasificación facilita a los profesionales del ámbito de la salud la elección de opciones más responsables, promoviendo una transición hacia un sector sanitario más sostenible y resiliente. “Este distintivo pondera 5 áreas objetivas: composición del material, producción con energía renovable, embalaje reducido, logística baja en carbono y gestión final del residuo. Permite a la mesa de contratación asignar puntuaciones transparentes, auditables y justas a las mejores ofertas medioambientales”, explica Gemma Pastor.

Del compromiso a la acción

El Libro Blanco de la Compra Sostenible en Fluidoterapia Intravenosa (FIV) es fruto del trabajo desarrollado en el marco del Proyecto AlineadODS. Esta iniciativa de innovación e interdisciplinar promovida por Laboratorios Laphysan diseñada y coordinada por la consultora EnferConsultty se constituyó en 2023 para desarrollar soluciones innovadoras que permitan una práctica clínica alineada con los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) en el ámbito de la fluidoterapia intravenosa (FIV). Su trabajo ha ido materializando en el desarrollo de planes de sensibilización, documentos de buenas prácticas o estudios de investigación. Es decir, ha trasladado la sostenibilidad desde el terreno de los compromisos generales hasta las decisiones concretas que se adoptan en los procesos de compra y contratación sanitaria.

“La fluidoterapia intravenosa salva vidas cada día y forma parte de la actividad cotidiana de nuestros hospitales. El reto es conseguir que esa excelencia asistencial vaya acompañada de decisiones cada vez más responsables sobre los materiales que utilizamos y los residuos que generamos. Este Libro Blanco demuestra que calidad clínica y compromiso ambiental no son objetivos contrapuestos, sino dos dimensiones de una misma forma de entender la salud”, sostiene Blanca Fernández-Lasquetty, directora de EnferConsultty.

Por su parte, Gonçalo Grangeia, director general de Laphysan, ha subrayado la importancia de que los compromisos en materia de sostenibilidad se traduzcan en acciones concretas y en soluciones capaces de aportar valor a lo largo de toda la cadena sanitaria. “La sostenibilidad genera valor cuando conseguimos convertirla en decisiones y acciones concretas. Desde Laboratorios Laphysan queremos contribuir a ese cambio con soluciones eficaces, seguras y sostenibles que aporten valor tanto al paciente como al planeta”, ha sostenido.

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lunes, 28 de septiembre de 2026

Un informe alerta del "efecto cóctel" de las sustancias químicas

Las personas están expuestas cada día a distintas sustancias químicas que pueden entrar en el organismo a través del aire, el agua, los alimentos o la piel. Sin embargo, las evaluaciones toxicológicas actuales estudian mayoritariamente cada compuesto de manera aislada y no reproducen esta exposición simultánea.

Esta es una de las principales conclusiones del informe «Magnitud de la contaminación química y Medicina Ambiental», elaborado en el seno de la Cátedra Extraordinaria de Patología y Medio Ambiente de la Universidad Complutense de Madrid.

El documento, dirigido por la doctora Pilar Muñoz-Calero, realiza una amplia revisión de las principales fuentes de contaminación química y de sus posibles consecuencias sobre la salud. También analiza las limitaciones de los actuales sistemas de evaluación del riesgo y presenta la medicina ambiental como una disciplina transversal orientada a la prevención, la identificación de exposiciones y el abordaje de enfermedades en las que los factores ambientales pueden desempeñar un papel relevante.

Según el informe, el riesgo derivado de la exposición diaria a mezclas de sustancias químicas sigue siendo en gran medida desconocido. En el día a día, el contacto con numerosos compuestos es simultáneo y continuado, y cada uno de ellos puede actuar a través de mecanismos distintos. Esta interacción, conocida como efecto cóctel o efecto combinado, apenas se contempla en los procedimientos convencionales de evaluación toxicológica.

Actualmente figuran alrededor de 279 millones de sustancias, preparados, polímeros, aleaciones y secuencias biológicas en el registro internacional «Chemical Abstracts Service», al que se incorporan aproximadamente 15.000 nuevas entradas cada día. A ello se suma la lentitud con la que se restringen algunos compuestos una vez conocidos sus efectos perjudiciales, lo que, según advierte el documento, prolonga durante años o incluso décadas la exposición de la población.

Contaminantes que permanecen durante décadas

Entre las sustancias que generan mayor preocupación se encuentran los compuestos orgánicos persistentes, conocidos como COP. Su baja biodegradabilidad hace que permanezcan durante largos periodos en el medio, se acumulen en los seres vivos y aumenten su concentración a medida que avanzan en la cadena alimentaria. Algunos de estos compuestos siguen detectándose en el organismo humano décadas después de haber sido prohibidos o restringidos.

El informe presta especial atención a los PFAS, los llamados «químicos eternos», empleados en numerosas aplicaciones industriales y productos de consumo por sus propiedades antiadherentes, impermeabilizantes o resistentes al calor.

Algunas de estas sustancias pueden permanecer hasta 1.000 años en el suelo y su eliminación del agua resulta compleja y costosa. Aunque varios PFAS han sido prohibidos, continúan apareciendo nuevas moléculas de la misma familia sobre las que existe menos información.

El documento plantea la necesidad de regular familias completas de sustancias químicas, en lugar de prohibir compuestos individuales que después son sustituidos por moléculas similares. También propone que la responsabilidad de demostrar la seguridad de una sustancia antes de comercializarla recaiga sobre su productor o importador.

Microplásticos en el aire, el agua y el organismo

La revisión recoge asimismo la creciente presencia de microplásticos en la atmósfera, el polvo doméstico, el agua de consumo y los alimentos. Estas partículas se han detectado también en muestras humanas, entre ellas la placenta, la leche materna y las heces.

A su reducido tamaño se suma la presencia de aditivos químicos incorporados durante la fabricación de los plásticos. El informe recuerda que su posible impacto no depende únicamente de la partícula, sino también de sustancias como bisfenoles, ftalatos o retardantes de llama que pueden formar parte de estos materiales.

Varios de estos aditivos forman parte de los disruptores endocrinos, otro de los grandes focos de atención del informe: sustancias capaces de interferir en el funcionamiento hormonal a concentraciones muy bajas. El documento destaca que sus efectos pueden ser especialmente relevantes durante el embarazo y la infancia, dos etapas de mayor vulnerabilidad en las que las consecuencias de la exposición pueden manifestarse años después.

La medicina ambiental como disciplina transversal

La segunda parte del documento aborda los fundamentos de la Medicina Ambiental, una disciplina cuyo estudio fue reclamado en 2009 por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Su finalidad es identificar los factores ambientales que pueden intervenir en el inicio o la evolución de una enfermedad y reducir aquellas exposiciones que sean evitables.

El informe aboga por avanzar en la formación de profesionales sanitarios en esta materia, mejorar la investigación y reforzar la prevención. Además, aborda su aplicación en enfermedades crónicas y multisistémicas como la sensibilidad química múltiple, la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica.

«Estamos expuestos de forma constante a mezclas de sustancias químicas, pero seguimos evaluando sus riesgos como si entraran en nuestro organismo de una en una. Necesitamos incorporar a la práctica sanitaria una visión más amplia de la relación entre ambiente y salud, especialmente en la prevención y en la atención a pacientes con patologías crónicas complejas», señala la doctora Pilar Muñoz-Calero, directora del informe.

Nota: la Cátedra Extraordinaria de Patología y Medio Ambiente está financiada por la Fundación Alborada, entidad presidida por la propia doctora Muñoz-Calero, quien dirige además una clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades ambientales como la sensibilidad química múltiple.

 

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Cambiar los horarios de las comidas el fin de semana se asocia con mayor riesgo cardiovascular

Mantener horarios de comida diferentes durante los días laborables y los fines de semana podría asociarse con un incremento del riesgo cardiovascular, incluso después de considerar factores relacionados con dieta, sueño y estilo de vida. Un estudio publicado en Communications Medicine analiza el denominado “jet lag alimentario”, definido como el desfase entre el periodo diario de alimentación durante la semana y los días libres. En los hombres, cada hora adicional de diferencia se asoció con un aumento medio del 14 % del riesgo de enfermedad cardiovascular y del 21 % del riesgo de enfermedad coronaria. La asociación no alcanzó significación estadística entre las mujeres.

Más de 100.000 adultos analizados

Investigadores del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente de Francia analizaron información de 104.806 adultos pertenecientes a la cohorte NutriNet-Santé, con datos recopilados entre 2009 y 2023.

Para cuantificar el jet lag alimentario se compararon los horarios de la primera y la última ingesta de cada participante durante los días laborables y los fines de semana. De esta forma se evaluó el desplazamiento temporal del periodo diario de alimentación, más allá de considerar únicamente si las comidas se realizaban temprano o tarde.

Los modelos estadísticos incorporaron numerosos potenciales factores de confusión, entre ellos edad, situación familiar, características socioocupacionales, tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física, calidad de la dieta y duración del sueño.

Tres patrones según el horario de las comidas

Los investigadores clasificaron a los participantes en tres grupos. El patrón denominado “adelanto” correspondía a quienes realizaban las comidas más temprano durante los fines de semana, con un desplazamiento medio aproximado de dos horas en el periodo de alimentación.

El grupo “regular” mantenía horarios similares durante toda la semana. Finalmente, el patrón de “retraso” correspondía a las personas que desplazaban sus comidas hacia horas posteriores durante los días libres, con una diferencia media de aproximadamente una hora y 40 minutos.

Un aspecto relevante fue que tanto adelantar como retrasar las comidas se relacionó con un mayor riesgo en comparación con mantener horarios regulares, lo que apunta a que la irregularidad temporal podría tener importancia independientemente de la dirección del cambio.

Una asociación especialmente marcada en hombres

Entre los hombres, cada hora adicional de jet lag alimentario se asoció con un incremento medio del 14 % del riesgo de enfermedad cardiovascular. La asociación fue todavía mayor para la enfermedad coronaria, cuyo riesgo aumentó una media del 21 % por cada hora adicional de desfase.

En las mujeres, por el contrario, los investigadores no identificaron asociaciones estadísticamente significativas.

Las razones de esta diferencia no están establecidas. Los autores plantean posibles mecanismos relacionados con el dimorfismo sexual en la regulación metabólica y circadiana, además de diferencias socioocupacionales y de estilo de vida capaces de modificar los ritmos diarios. También debe considerarse el diferente riesgo cardiovascular basal entre hombres y mujeres.

El ritmo circadiano como posible mecanismo

El organismo regula numerosos procesos metabólicos y cardiovasculares mediante ritmos circadianos. Los cambios repetidos en el momento de las comidas podrían generar una desalineación entre las señales metabólicas derivadas de la alimentación y el reloj biológico central.

Este mecanismo presenta similitudes conceptuales con las alteraciones observadas en trabajadores nocturnos o personas con horarios persistentemente irregulares. Estudios anteriores ya habían relacionado las comidas tardías con un mayor riesgo cardiometabólico.

Los nuevos resultados sugieren que no solo importa la hora absoluta a la que se come, sino también la estabilidad de esos horarios entre diferentes días de la semana.

La regularidad alimentaria emerge como nuevo factor de estudio

Los resultados publicados en Communications Medicine amplían el concepto de crononutrición al señalar la regularidad de las comidas como un posible determinante de salud cardiovascular.

Sin embargo, se trata de un estudio observacional y no permite establecer causalidad. Aunque los análisis ajustaron por numerosos factores de confusión, no puede excluirse completamente la influencia de variables relacionadas con estilos de vida o condiciones laborales.

Por tanto, los hallazgos no demuestran que modificar los horarios durante el fin de semana cause enfermedad cardiovascular. Sí respaldan la necesidad de investigar si mantener periodos de alimentación relativamente estables puede contribuir, junto con la calidad de la dieta, ejercicio, sueño y control de los factores de riesgo tradicionales, a una estrategia preventiva cardiovascular más completa.

 

 

Fuente: EuropaPress

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viernes, 25 de septiembre de 2026

El médico de familia es la figura clave para detectar el daño cardíaco en pacientes que ya superaron su cáncer

Superar un proceso oncológico no siempre implica el fin de las complicaciones de salud. Determinados tratamientos frente al cáncer pueden provocar daños silenciosos en el miocardio —fenómeno conocido como cardiotoxicidad— cuya manifestación clínica puede demorarse entre una y dos décadas tras haber finalizado la quimioterapia. Con motivo del Día Mundial del Corazón, que se conmemora este próximo 29 de septiembre, la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM) pone el foco en el papel clave de la medicina nuclear para anticipar y vigilar este daño miocárdico a largo plazo.

«La cardiotoxicidad puede aparecer de forma aguda, en el primer año postratamiento, o de forma tardía, diez o veinte años después, sobre todo en quienes fueron tratados de niños», advierte en declaraciones a El Médico Interactivo el doctor Francisco Sebastián Palacid, coordinador del Grupo de Trabajo de Cardiología de la SEMNIM y facultativo del Hospital Clínico Universitario de Valladolid. Por este motivo, el especialista remarca que el seguimiento del paciente no debe acotarse a la fase de tratamiento activo, sino prolongarse en el tiempo en los casos de mayor riesgo.

Atención Primaria: la primera línea para detectar la cardiotoxicidad tardía

A la pregunta sobre qué señales de alarma debe vigilar el médico de familia y con qué frecuencia deben repetirse las pruebas tras el alta oncológica, el especialista destaca que el primer nivel asistencial es clave cuando el paciente abandona las revisiones hospitalarias habituales.

«Un mensaje que me gustaría que llegara alto y claro a mis compañeros de primaria sería: que un paciente esté ‘curado’ de su cáncer no significa que podamos olvidarnos de su corazón. Y muchas veces el que tiene la primera oportunidad de detectar un problema no somos nosotros ni el oncólogo, sino precisamente el médico de familia, porque es quien sigue viendo a ese paciente año tras año cuando ya no tiene revisiones oncológicas», subraya el doctor Palacid.

El facultativo insta a no minusvalorar clínica aparentemente banal en personas expuestas a fármacos cardiotóxicos o radioterapia torácica. «Yo les diría que estén atentos, sobre todo, a cosas que parecen banales, pero que en este contexto no lo son: que el paciente empiece a fatigarse con esfuerzos que antes hacía sin problema, que note que le falta el aire al subir escaleras o incluso al tumbarse en la cama, que se le hinchen los tobillos, que tenga palpitaciones nuevas, o que de repente gane peso en pocos días sin explicación, que normalmente es retención de líquidos. Cualquiera de estas señales, en alguien que recibió antraciclinas, trastuzumab o radioterapia en el pecho, debería encender una luz de alarma, aunque hayan pasado diez o quince años del tratamiento», detalla en declaraciones a El Médico Interactivo.

Respecto a la pauta de controles, el especialista aclara que depende del riesgo acumulado. «Si fue un tratamiento de dosis bajas y sin otros factores añadidos, con una revisión cada tres o cinco años suele bastar. Pero si hablamos de alguien que recibió dosis altas, que combinó varios tratamientos cardiotóxicos, que llevó radioterapia torácica, o que fue tratado siendo niño, ahí yo sería bastante más estricto: revisión anual, o como mucho cada dos años, con ecocardiograma o, si está disponible, con un estudio isotópico», explica. Además, recuerda que no hace falta ser especialista en cardiología para preguntar. «Con que en cada revisión se le pregunte a este tipo de pacientes por estos síntomas, muchas veces evitamos que lleguen a nosotros ya con una insuficiencia cardíaca instaurada», comenta.

Perfil de riesgo y equidad en el acceso hospitalario

No todos los pacientes requieren el mismo nivel de vigilancia. Las mujeres con cáncer de mama tratadas con antraciclinas combinadas con trastuzumab presentan un riesgo cardíaco especialmente elevado, al igual que los pacientes con linfoma tratados con esquemas que incluyen antraciclinas y radioterapia torácica. Sin embargo, el grupo más sensible son los niños y adolescentes tratados de leucemias o sarcomas, ya que reciben dosis altas en un músculo cardíaco en desarrollo. «Por eso a estos pacientes se les debería seguir durante décadas», afirma el Sebastián Palacid.

Entre las herramientas de referencia destaca la ventriculografía isotópica (MUGA), que permite medir la función del miocardio antes, durante y después de la quimioterapia con una elevada reproducibilidad. No obstante, la SEMNIM advierte de una notable disparidad entre comunidades autónomas, e incluso entre hospitales de una misma comunidad, en el acceso a estas técnicas. Mientras algunos centros cuentan con equipos modernos y un volumen elevado de estudios, en otros la actividad se ha reducido a algo casi anecdótico, lo que obliga a algunos pacientes a desplazarse de ciudad.

Al ser consultado sobre esta falta de recursos, Sebastián Palacid analiza la situación de los centros intermedios: «Prefiero no señalar centros ni comunidades concretas, porque no creo que ese sea el debate útil aquí, y además dentro de la propia profesión hay sensibilidades distintas sobre este tema. Lo que sí puedo decir, de forma general, es que el problema no es uniforme: afecta sobre todo a hospitales de tamaño medio, que no son grandes centros de referencia, pero tampoco pequeños centros comarcales sin ningún recurso. Son esos hospitales intermedios donde, si se jubila o se va un especialista con experiencia en cardiología nuclear, muchas veces no se repone esa plaza con alguien igual de formado en esta subespecialidad, y la técnica se va apagando poco a poco por desuso, no porque se decida cerrarla de forma explícita», argumenta.

Para corregir esta brecha asistencial, el especialista expone las medidas necesarias: «Creo que hacen falta varias cosas: renovar el equipamiento en los centros donde ha quedado obsoleto, garantizar que cuando se pierde un especialista formado en esta área se repone con alguien igualmente capacitado, y sobre todo, actualizar los programas formativos de la especialidad, que llevan bastantes años sin revisarse en profundidad. Y añadiría algo que creo que se olvida con frecuencia: establecer protocolos comunes entre comunidades autónomas, para que el acceso a estas pruebas no dependa tanto del código postal donde le toque vivir al paciente».

Impacto en el volumen asistencial

Sobre la dimensión de la población beneficiada anualmente en España por el seguimiento cardiológico con medicina nuclear, el coordinador del grupo de trabajo de la SEMNIM recurre a los registros disponibles de la sociedad científica.

«Existe una encuesta que realizó el Grupo de Trabajo de la SEMNIM hace ya algunos años, en la que participaron 42 centros de toda España, y que registró más de 40.000 pacientes de cardiología nuclear en un año, con la mayoría de esos estudios centrados en valorar el riego sanguíneo del corazón. Es un dato ya algo antiguo y probablemente las cifras actuales hayan variado, por lo que prefiero no aventurar una cifra exacta de hoy», reconoce el doctor Palacid a El Médico Interactivo.

A pesar de ello, el especialista resalta la relevancia de estas técnicas en la práctica clínica actual: «Sí puedo decir que hablamos de decenas de miles de pacientes al año en España que se benefician de esta técnica, sin contar perfiles más recientes como el seguimiento oncológico o el diagnóstico de amiloidosis, que están en crecimiento», concluye.

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