La Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) ha actualizado sus recomendaciones de actuación sanitaria ante los incendios forestales, en un contexto marcado por el incremento de la superficie afectada por el fuego en España durante 2026.
La sociedad científica subraya que, más allá de las quemaduras, la inhalación de humo constituye el principal riesgo para la salud y recuerda la importancia de identificar de forma precoz las complicaciones respiratorias y cardiovasculares derivadas de la exposición a partículas y gases tóxicos.
Humo de los incendios
La sociedad científica recuerda que el humo de los incendios contiene partículas finas y gases tóxicos capaces de penetrar en el aparato respiratorio y alcanzar el torrente sanguíneo. Esto favorece procesos de inflamación y estrés oxidativo. Dicha exposición puede provocar irritación de ojos y vías respiratorias, tos, mareos, taquicardia y exacerbaciones de patologías respiratorias, además de agravar enfermedades cardiovasculares. Los efectos son especialmente relevantes en personas con enfermedades respiratorias o cardiacas, niños, personas mayores y mujeres embarazadas.
Rafael Castro, miembro del Grupo de Incidentes de Múltiples Víctimas y Desastres de SEMES y profesor titular de la Universidad de Oviedo, ha apuntado que la prioridad debe ser garantizar la seguridad de las personas. “Si el incendio ha superado nuestra capacidad de respuesta, no debemos intentar apagarlo ni asumir riesgos innecesarios. Es el momento de ponerse a salvo y facilitar la actuación de los servicios de Protección Civil”.
SEMES remite a las autoridades
La sociedad científica recuerda que la respuesta debe adaptarse a las indicaciones de las autoridades competentes. En función de la evolución del incendio, puede ser necesario el confinamiento o la evacuación. En situaciones de elevada concentración de humo recomienda mantener puertas y ventanas cerradas, limitar la actividad física en el exterior y utilizar mascarillas FFP2.
Desde el punto de vista asistencial, SEMES insiste en la necesidad de valorar con rapidez a las personas expuestas al humo que presenten disnea, dolor torácico, mareos, alteración del nivel de conciencia o cualquier otro signo compatible con una intoxicación por humo o por monóxido de carbono.
Según Rafael Castro, resulta “prioritario trasladar a la persona a un lugar con aire limpio y avisar inmediatamente a los servicios sanitarios”. Estos pacientes pueden requerir tratamiento con oxígeno a alto flujo tras la valoración médica.
Actuación inicial ante quemaduras
Las recomendaciones también revisan la actuación inicial ante las quemaduras. En las lesiones leves, aconsejan enfriar la zona afectada con agua corriente durante varios minutos y evitar la aplicación de pasta de dientes, aceites, pomadas caseras u otros productos.
Asimismo, desaconsejan retirar la ropa adherida a la piel para evitar agravar la lesión. En las quemaduras graves, recomiendan cubrir al paciente con un paño o una manta limpia y seca para reducir la pérdida de calor y prevenir el shock hasta la llegada de los equipos de emergencias.
SEMES advierte además de que los efectos sobre la salud pueden prolongarse una vez extinguido el incendio. La exposición mantenida al humo puede favorecer la aparición o el empeoramiento de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, mientras que la evacuación, la pérdida de la vivienda o la incertidumbre generada por estos episodios pueden incrementar el riesgo de ansiedad, estrés o trastorno por estrés postraumático.
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