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viernes, 13 de marzo de 2026

En 2025 se notificaron 18.563 agresiones a profesionales del SNS

El Ministerio de Sanidad ha presentado el informe anual sobre agresiones a profesionales del Sistema Nacional de Salud (SNS) correspondiente a 2025. Los datos, elaborados a partir de la información remitida por las comunidades autónomas, reflejan que durante el pasado año se notificaron 18.563 agresiones , lo que equivale a 24,37 agresiones por cada 1.000 profesionales del sistema sanitario público.

En términos interanuales, el número de agresiones notificadas aumentó en 1.493 casos respecto a 2024, lo que supone un incremento del 8,74%. No obstante, el informe señala que el ritmo de crecimiento se ha moderado en comparación con años anteriores, ya que entre 2023 y 2024  el incremento alcanzó el 15,74%.

Un 84,5% de agresiones no físicas y en AP

La mayor parte de los incidentes registrados corresponden a agresiones de carácter no físico, que incluyen insultos, amenazas o comportamientos intimidatorios. En 2025, estas situaciones representaron el 84,5% del total de las agresiones notificadas, mientras que las agresiones físicas supusieron el porcentaje restante.

Por nivel asistencial, la atención primaria concentra el mayor número de agresiones notificadas (51%), seguida de la atención hospitalaria (47%). Las emergencias extrahospitalarias representan un porcentaje menor del total de incidentes registrados.

Mujer joven, la principal agredida

El análisis de las notificaciones muestra además que las mujeres concentran la mayoría de las agresiones. En concreto, el 80% de las agresiones registradas afectaron a mujeres, frente al 20% correspondiente a hombres, una distribución que guarda relación con la composición de la plantilla sanitaria, en la que aproximadamente el 76% de los profesionales son mujeres.

En cuanto a la edad, la mayor parte de las agresiones se concentra en profesionales de entre 25 y 55 años, siendo el grupo de 25 a 35 años el que registra el mayor número de notificaciones. Por categorías profesionales, el personal facultativo y el personal de enfermería continúan siendo los colectivos que registran un mayor número de agresiones, lo que se explica por su contacto directo y permanente con pacientes y acompañantes a lo largo del proceso asistencial.

En la mayoría de los casos, la persona agresora es el propio usuario o paciente, que concentra el 71% de las agresiones notificadas, mientras que el 29% corresponde a familiares o acompañantes. Por sexo de la persona agresora, los hombres representan el 57% de los casos, frente al 43% de mujeres entre las agresiones en las que se dispone de esta información.

Causas de las agresiones

Respecto a las causas de las agresiones, el informe señala que los motivos más frecuentes están relacionados con la atención recibida (29%), seguido de las demandas del propio usuario o paciente (28%) y de aquellas asociadas al acto sanitario o administrativo realizado (15%). En comparación con 2024, estas tres categorías muestran un ligero descenso (del 32% al 28% en el caso de las demandas del usuario, del 32% al 29% en la atención recibida y del 17% al 15% en el acto sanitario o administrativo), lo que refleja una variación moderada en la distribución de los factores que desencadenan estos incidentes.

Las agresiones se producen principalmente en consultas y espacios de atención directa al paciente, seguidos de áreas de hospitalización y servicios de urgencias. Estos entornos concentran una mayor interacción con usuarios y acompañantes, lo que incrementa la exposición a situaciones conflictivas.

Medidas de prevención

El informe destaca que el incremento de las notificaciones en los últimos años puede estar vinculado, entre otros factores, a una mayor sensibilización y cultura de denuncia entre los profesionales, así como a la mejora de los sistemas de registro y comunicación de incidentes en los servicios de salud.

Las administraciones sanitarias continúan desarrollando protocolos de actuación, campañas de sensibilización y sistemas de registro de agresiones, con el objetivo de reforzar la prevención, mejorar la respuesta institucional y garantizar el apoyo a los profesionales afectados.

En paralelo, el Anteproyecto de Ley del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud, actualmente pendiente de tramitación, incorpora medidas orientadas a reforzar la protección de los profesionales. Entre ellas, se contempla el reconocimiento del personal sanitario como autoridad pública en el ejercicio de sus funciones, con el objetivo de reforzar su protección frente a agresiones y garantizar el respeto debido a su labor asistencial

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La vacuna bivalente pre-F contra VRS reduce hospitalizaciones en adultos mayores

Diseño y población del estudio multicéntrico en adultos mayores

La implementación de un programa de vacunación contra el virus respiratorio sincitial (VRS) en adultos mayores en Inglaterra desde septiembre de 2024 permitió evaluar la efectividad de la vacuna bivalente pre-F en personas de 75 a 79 años. El estudio, publicado en The Lancet Infectious Diseases, se basó en un diseño negativo en prueba y caso-control, utilizando datos del sistema nacional hospitalario de vigilancia centinela de infecciones respiratorias agudas (HARISS) en 14 hospitales. Los pacientes ingresados con infección respiratoria aguda (IRA) durante al menos 24 horas fueron evaluados mediante ensayos moleculares, clasificándose como casos si eran positivos para VRS y como controles si eran negativos para VRS, gripe y SARS-CoV-2.

Resultados de eficacia de la vacuna pre-F frente a hospitalización por VRS

Entre octubre de 2024 y marzo de 2025, se analizaron 1006 adultos mayores ingresados; 173 fueron positivos para VRS y 833 controles negativos. La eficacia global de la vacuna pre-F frente a hospitalización por cualquier IRA asociada al VRS fue del 82,3% (IC 95%: 70,6–90,0), y del 86,7% en los casos graves que requirieron suplementación con oxígeno. En pacientes con infección de vías respiratorias inferiores, incluyendo neumonía, la efectividad alcanzó el 88,6%, mientras que la protección frente a exacerbaciones de enfermedades pulmonares crónicas fue del 77,4% y frente a exacerbaciones de enfermedades cardíacas, pulmonares y fragilidad del 78,8%.

Impacto en poblaciones con inmunosupresión

El análisis mostró que los adultos inmunocomprometidos también se beneficiaron de la vacunación, con una efectividad del 72,8% frente a hospitalización asociada al VRS. Esto subraya la utilidad de la vacuna pre-F en poblaciones de riesgo, destacando su papel en la prevención de complicaciones graves en adultos mayores con comorbilidades o estados de inmunosupresión.

Consideraciones clínicas y farmacológicas

Los hallazgos refuerzan la importancia de la vacunación preventiva en adultos mayores, especialmente aquellos con enfermedades crónicas o fragilidad. Para farmacéuticos y profesionales sanitarios, esta evidencia apoya la inclusión de la vacuna bivalente pre-F en programas de inmunización estacional, asegurando cobertura en poblaciones de alto riesgo y optimizando la prevención de hospitalizaciones graves por VRS. La estrategia de seguimiento mediante ensayos moleculares garantiza la evaluación precisa de eficacia frente a distintos perfiles clínicos.

Relevancia para la práctica médica y prevención de enfermedades respiratorias

La protección observada frente a exacerbaciones de enfermedades crónicas resalta el beneficio indirecto de la vacunación más allá de la infección aguda, incluyendo reducción de complicaciones cardiovasculares y respiratorias asociadas al VRS. La alta efectividad en infecciones de vías respiratorias inferiores refuerza la relevancia de la vacunación como medida preventiva para disminuir la carga hospitalaria y mejorar la calidad de vida en adultos mayores.

Conclusión y perspectivas de salud pública

El estudio, publicado en The Lancet Infectious Diseases, demuestra que la vacuna bivalente pre-F contra el VRS es altamente eficaz para prevenir hospitalizaciones en adultos mayores, incluyendo aquellos con comorbilidades crónicas y estados de inmunosupresión. Estos datos proporcionan evidencia clave para reforzar las campañas de vacunación estacional, guiar decisiones clínicas y farmacológicas, y optimizar estrategias de prevención en población envejecida. La integración de esta vacuna en programas nacionales podría contribuir significativamente a la reducción de morbilidad y mortalidad asociadas al VRS en personas de 75 a 79 años.

Los conflictos de intereses de los autores pueden consultarse en el texto original

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jueves, 12 de marzo de 2026

De las células de la piel a las vacunas de ARN y nuevos biológicos, novedades en alergología

Las enfermedades atópicas asociadas a alérgenos, así como las enfermedades alérgicas, suelen surgir de forma temprana en la vida; sin embargo, los mecanismos dependientes de la edad que gobiernan las respuestas inmunitarias a los alérgenos siguen sin comprenderse bien.

Un estudio, que se publica en Nature, sugiere que, en las primeras etapas de la vida, la exposición a alérgenos comunes desencadena una respuesta inmunitaria bifurcada distinta, activando simultáneamente la inflamación de tipo 17 en la piel e iniciando la sensibilización canónica de células T helper 2 en los ganglios linfáticos. Esta dermatitis mediada por γδ tipo 17 en la infancia prepara una inflamación pulmonar alérgica exagerada tras una segunda exposición al alérgeno.

Elena Seoane Reula, presidenta del Comité de inmunología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) explica a EL MÉDICO INTERACTIVO que el trabajo publicado en Nature aporta una pieza muy relevante para entender por qué la infancia constituye una etapa crítica en el desarrollo de la enfermedad alérgica. “Los autores demuestran que determinadas células dendríticas de la piel, presentes en los primeros años de vida, presentan un estado funcional especial que favorece una activación inflamatoria intensa frente a alérgenos ambientales”.

En este contexto, añade la alergóloga, “la piel del lactante no solo actuaría como una barrera física, sino también como un activador inmunológico capaz de iniciar respuestas que condicionan como va a responder el sistema inmunitario más tarde”.

El estudio sugiere que episodios precoces de inflamación cutánea, como los que ocurren en la dermatitis atópica, pueden generar un fenómeno de “priming” que amplifica la respuesta alérgica frente al mismo alérgeno en otros órganos, particularmente en el pulmón.

Marcha atópica

Este mecanismo proporciona una explicación biológica sólida al concepto clínico de marcha atópica, en la que la enfermedad suele comenzar en la piel y posteriormente progresa hacia rinitis o asma.

Otro aspecto interesante que destaca Elena Seoane es la identificación de un subgrupo de células dendríticas cutáneas capaces de inducir inflamación local mediante la activación de vías inmunes tipo 17, incluso sin necesidad de migrar a los ganglios linfáticos. Este hallazgo amplía el paradigma clásico de la activación inmunitaria y subraya el papel activo de la piel como sitio inicial de programación de la respuesta alérgica.

Desde una perspectiva clínica, estos resultados refuerzan la importancia de intervenir de forma temprana en la inflamación cutánea del lactante, especialmente en pacientes con dermatitis atópica. “Las estrategias dirigidas a restaurar la barrera epidérmica y controlar la inflamación podrían no solo mejorar la enfermedad cutánea, sino también reducir el riesgo de sensibilización alérgica sistémica y de desarrollo posterior de asma u otras manifestaciones alérgicas. El trabajo identifica una diana sobre la que intervenir para modificar el riesgo y la intensidad de dermatitis atópica y de la posterior enfermedad alérgica respiratoria en la infancia”.

Vacunas de ARN mensajero

En inmunología las vacunas de ARN mensajero se están probando en alergias. Tal y como detalla Victoria Cardona, presidenta del Comité de Anafilaxia de la SEAIC, las vacunas de ácido ribonucleico (ARN) lo que hacen es, mediante el ARN, dar instrucciones al organismo para producir una proteína. “En el caso de ARN con alérgenos, las proteínas que producen alergia, la idea es que el organismo inicie una respuesta que induzca tolerancia al mismo. En principio, por la forma en que se administran y actúan, no deberían dar lugar a reacciones alérgicas, sino al contrario”.

La especialista recuerda que se han hecho pruebas de laboratorio y con modelo de experimentación murino para ver cómo podrían actuar. “Se han diseñado contra la alergia a la proteína transportadora de lípidos (LTP). Esta proteína es un alérgeno muy importante en el sur de Europa, que puede estar presente en algunos pólenes y en muchos alimentos vegetales”, comenta Victoria Cardona, que pone como ejemplo la alergia al melocotón, especialmente en la piel. “Como las LTP de las diferentes fuentes alergénicas se parecen, pero no son idénticas, en el laboratorio se ha generado una que se parezca mucho a todas ellas y es la que se ha usado en los experimentos. El objetivo es poder inducir una protección frente a todas o muchas de ellas”.

Respuesta

El objetivo de estas vacunas es poder inducir una respuesta de tolerancia, no alérgica, en pacientes que sean alérgicos a LTP, especialmente aquellos que tienen reacciones con diferentes alimentos o pólenes que la contengan. “Se trata de la primera iniciativa en este sentido, y aún se halla en estadios muy iniciales de la investigación. Las primeras investigaciones parecen esperanzadoras, pero aún hay que seguir las fases subsiguientes antes de poder iniciar los estudios en humanos. Y, sobre todo, si este tipo de vacunas demuestra su efecto positivo, existe la posibilidad de extrapolarlo a otros tipos de alergia”.

Nuevos agentes biológicos

Entre los nuevos agentes biológicos, están depemokimab, para el asma grave y la rinosinusitis con pólipos, y omalizumab para reducir reacciones graves por ingesta accidental en personas con múltiples alergias alimentarias.

Ignacio Dávila, presidente de la SEAIC, destaca que depemokimab constituye un paso adelante en la evolución de la terapia dirigida contra la IL-5 (interleucina-5). Respecto a los fármacos actualmente disponibles (mepolizumab o reslizumab), “depemokimab ha sido modificado en su región variable para lograr una afinidad notablemente incrementada por el ligando, y en su región constante, que presenta mucha mayor afinidad por el receptor Fc neonatal, lo que evita su degradación en una estructura denominada lisosoma, consiguiendo así una vida media ultraprolongada. En este sentido, los estudios han demostrado que se puede emplear a la dosis de 100 mg subcutáneos dos veces al año”, subraya el presidente de la SEIAC.

En los ensayos clínicos, el fármaco ha demostrado su eficacia en los pacientes con asma grave eosinofílica (los pacientes debían presentar ≥300 eosinófilos por microlitro en los 12 meses previos o ≥150 eosinófilos por microlitro al ser incluidos en el estudio). Igualmente, el ensayo clínico demostró eficacia en pacientes con rinosinusitis crónica con poliposis nasal grave. Por eso, en su opinión, el fármaco puede resultar especialmente atractivo para los pacientes con escaso cumplimiento de la medicación, quienes no desean administrarse tantas inyecciones subcutáneas o no pueden acudir con frecuencia para recibirla, entre otros.

Por su parte, “omalizumab (anti-IgE) es un viejo conocido de los alergólogos, su reciente aprobación para la alergia alimentaria supone un avance importante. Aunque este tratamiento no es curativo de la alergia, demuestra un aumento del nivel de tolerancia, lo que puede evitar reacciones graves debidas a ingestiones accidentales. Esto puede conllevar una reducción del miedo a cometer errores en la dieta. Además, ha demostrado su eficacia en niños a partir de un año de edad y presenta un perfil de seguridad notable, bien conocido tras casi tres décadas de uso”, asegura el alergólogo.

La Dra. Victoria Cardona no tiene conflicto de intereses.

La Dra. Elena Seoane Reula no tiene conflicto de intereses.

El Prof. Ignacio Dávila ha colaborado con GSK y con Novartis en distintos proyectos.

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¿Puede la apnea obstructiva del sueño acelerar la demencia y precipitar eventos cardiovasculares fatales?

Cada noche, sin saberlo, miles de personas apagan algo más que la luz, interrumpen, a pequeños intervalos, el flujo de oxígeno que mantiene despierto al cerebro y a salvo al corazón. No sienten dolor, no recuerdan nada al amanecer, solo cansancio persistente, una somnolencia que acaba normalizándose y un ronquido que se banaliza. Nunca hubieran pensado que dormir mal pudiera robarles la memoria y, en algunos casos, la vida.

Durante mucho tiempo, la apnea obstructiva del sueño (AOS) ha sido tratada como un problema menor de descanso nocturno. Sin embargo, la evidencia acumulada en los últimos años ha cambiado el relato clínico de esta patología. Hoy se sitúa como una enfermedad sistémica con capacidad para acelerar la demencia –especialmente la vascular– y aumentar el riesgo de muerte súbita cardiaca.

La clave de este cambio radica en que ya no se habla de apnea en abstracto, sino de riesgos concretos y medibles. No todas son iguales, la carga hipóxica nocturna, la somnolencia diurna o determinados fenotipos clínicos son los que marcan la diferencia entre un trastorno aparentemente silente y una amenaza real para la salud.

En paralelo, el vínculo entre la apnea y el cerebro se ha demostrado que es cada vez más estrecho. Hay biomarcadores clásicos del Alzheimer y del Parkinson que empiezan a aparecer alterados en pacientes con AOS. Y se ha observado que la rigidez arterial es un nexo evidente entre un sueño fragmentado, el daño vascular y la neurodegeneración. Ante a este panorama, la respuesta sanitaria también empieza a transformarse hacia un manejo más integral de la AOS.

Mecanismos biológicos

La relación entre apnea obstructiva del sueño y demencia no se explica por un único mecanismo, sino por la convergencia de varias vías biológicas que actúan de forma sostenida. Y, en ocasiones, sinérgica. La más relevante es la hipoxia intermitente producida por las apneas nocturnas, que expone repetidamente al cerebro a episodios de falta de oxígeno. Esta agresión repetida, noche tras noche, activa vías de estrés oxidativo e inflamación neurovascular, altera la función mitocondrial y favorece el daño neuronal directo. A ello se suma la activación simpática crónica. Y la disfunción endotelial que contribuyen al daño de los pequeños vasos cerebrales, un mecanismo clave en la demencia vascular y en las formas mixtas.

Otro elemento importante es la fragmentación del sueño, característica definitoria de la AOS, que reduce el tiempo en sueño profundo o de ondas lentas. Esta fase es esencial tanto para la consolidación de la memoria, como para el correcto funcionamiento del sistema glinfático, responsable del aclaramiento cerebral de proteínas neurotóxicas como la beta-amiloide y la tau. Cuando este proceso se interrumpe de forma crónica, la eliminación de estos péptidos se vuelve menos eficiente, favoreciendo su acumulación progresiva en el cerebro, y conectando directamente la AOS con la fisiopatología del Alzheimer.

Finalmente, la evidencia reciente sugiere una sinergia entre la AOS y la patología amiloide: la apnea no solo facilitaría la acumulación de amiloide, sino que, una vez presentes las placas, aceleraría la progresión clínica hacia deterioro cognitivo leve y demencia. De este modo, la AOS actúa como un amplificador biológico del daño neurodegenerativo y vascular, reforzando su papel como factor de riesgo relevante y potencialmente modificable en el desarrollo de la demencia.

Apnea del sueño y demencia vascular

Esta visión se ve respalda por estudios poblacionales de gran escala. Un análisis de registros sanitarios del Reino Unido (2025), que incluyó más de 2,3 millones de historias clínicas, mostró que el síndrome de apnea obstructiva del sueño no tratado se asoció con un 12 % más de riesgo de demencia global. Y con un 29 % más de riesgo de demencia vascular.

De manera llamativa, no se observó un incremento significativo del riesgo de enfermedad de Alzheimer. Lo que refuerza la idea de que el componente vascular y la hipoxia crónica desempeñan un papel central en una parte sustancial del deterioro cognitivo asociado a la AOS. El mismo estudio aporta, además, un dato clínico relevante: los pacientes tratados con terapia de presión positiva (PAP/CPAP) no presentaron ese exceso de riesgo. Cuestión que confirma que la AOS es un factor potencialmente modificable en la trayectoria hacia la demencia.

Otros trabajos publicados en revistas de referencia en sueño y neurología coinciden en que la AOS se asocia tanto a procesos neurovasculares como neurodegenerativos. Con hallazgos consistentes en biomarcadores de Alzheimer. Estos estudios también subrayan que estos mecanismos no actúan de forma uniforme, ya que existen diferencias relevantes según raza y sexo, que modulan el impacto biológico de la apnea sobre el cerebro. En conjunto, la evidencia refuerza la idea de que la AOS no es solo un acompañante del envejecimiento, sino un factor activo que puede inclinar la balanza hacia la demencia si no se detecta y trata a tiempo.

Apnea del sueño y muerte cardíaca

La relación entre la AOS y el riesgo de muerte súbita cardiaca también ha ganado peso en la literatura reciente. Un terreno hasta ahora menos explorado que la mortalidad cardiovascular global. Una revisión sistemática con metaanálisis, publicada en BMC Cardiovascular Disordes (2025), confirmó esta asociación. Y destacó el papel de los mecanismos propios de la apnea: hipoxia intermitente, activación simpática nocturna, arritmogenicidad y disfunción autonómica, en eventos fatales que pueden producirse de forma inesperada. Incluso en pacientes sin síntomas diurnos llamativos. Este dato cuestiona el uso de la somnolencia como criterio principal para identificar pacientes de alto riesgo.

Estos datos se han confirmado en otro trabajo, recogido en Reviews in Cardiovascular Medicine (2025). En él se mostró que los pacientes con buena adherencia a CPAP (≥4 horas por noche) presentan un mejor pronóstico cardiovascular en comparación con los no tratados o poco adherentes. Estos resultados consolidan la idea de que la AOS es un factor de riesgo cardiovascular independiente y potencialmente modificable. Además, cuyo tratamiento puede ir más allá del control de los síntomas y contribuir a prevenir eventos graves y potencialmente letales.

Factores que modulan el riesgo

Otras investigaciones recientes han contribuido a entender que la apnea obstructiva del sueño no es una entidad homogénea. Y que el riesgo cardiovascular no depende solo del número de apneas por hora. Rasgos fisiopatológicos como la carga hipóxica acumulada, el tiempo prolongado con saturaciones de oxígeno por debajo del 90 % o la intensidad de la respuesta al despertar, son mejores predictores del daño cardiometabólico que el índice de apnea-hipopnea aislado (IAH). Esto explica por qué pacientes con valores similares de IAH que pueden tener pronósticos diferentes.

Asimismo, datos de cohortes poblacionales indican que las alteraciones nocturnas de la frecuencia cardiaca, especialmente cuando la AOS se acompaña de taquicardia durante el sueño, se asocian a mayor riesgo cardiovascular. Así se ha constatado en estudios como el Tokyo Sleep Heart Study (2025), que han mostrado que la apnea y el aumento de la frecuencia cardiaca nocturna se relacionan con mayor rigidez arterial, un marcador temprano de daño vascular. Son hallazgos que consolidan la perspectiva de que la apnea obstructiva del sueño promueve la enfermedad vascular subclínica. Y subrayan la importancia de evaluar los fenotipos y los diferentes mecanismos, más allá del simple recuento de apneas.

Redes clínicas asistenciales

El avance del conocimiento sobre la apnea obstructiva del sueño no se explica solo por nuevos estudios, sino también por un cambio organizativo en la forma de investigar y atender a estos pacientes. En este contexto, una revisión publicada en 2024 sitúa a la Spanish Sleep Network como un marco de referencia para el manejo integral de la AOS y otras patologías del sueño. Esta red ha servido de base para las estrategias actualizadas de 2025, que apuestan por un abordaje claramente multidisciplinar. Y por una mayor coordinación entre atención primaria, neumología, cardiología y neurología, con el objetivo de integrar el sueño en la prevención cardiovascular y neurodegenerativa.

Estas redes colaborativas han permitido además explotar grandes bases de datos clínicos reales, algo clave para dar respuesta a preguntas que con los estudios clásicos no se podían abordar. Gracias a ello, en 2024-2025 se ha avanzado en el análisis de desenlaces como ictus, demencia o mortalidad. También en la evaluación del impacto real de la adherencia a CPAP y en la identificación de subfenotipos de AOS de alto riesgo. Un enfoque que refuerza la idea de que la apnea obstructiva del sueño debe abordarse no solo como un trastorno del sueño, sino como un problema de salud que requiere una visión transversal e integrada.

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miércoles, 11 de marzo de 2026

El apego en los primeros años de vida condiciona el riesgo de trastorno mental

Las alteraciones del apego durante los primeros años de vida pueden modificar el desarrollo cerebral y aumentar el riesgo de trastornos psiquiátricos y enfermedades médicas a lo largo de la vida. Así lo han señalado especialistas en neurociencia, psiquiatría, psicología y derecho durante el XXVII Ateneo de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud, celebrado en Madrid y dedicado en esta edición a la biología y bioética del apego.

Los expertos han subrayado que la evidencia científica acumulada en las últimas décadas relaciona el maltrato infantil, la negligencia afectiva y otras experiencias adversas tempranas con una mayor probabilidad de desarrollar trastornos ansioso-depresivos, abuso de sustancias o patologías médicas crónicas en la edad adulta.

“El apego no es solo una categoría psicológica, sino una realidad biológica con profundas implicaciones para la salud”, ha señalado Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud.

Desarrollo cerebral

En la mesa dedicada a la neurobiología del apego, Carlos Avendaño, catedrático emérito de Anatomía Humana y Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid, ha explicado que el estudio de los vínculos tempranos ha permitido comprender mejor los mecanismos del desarrollo cerebral y de la conducta en las primeras etapas de la vida.

Según el especialista, la interacción entre biología y experiencia durante la infancia temprana puede generar modificaciones duraderas en los circuitos neuronales implicados en la regulación emocional y el comportamiento social.

“Muchas de las alteraciones neurales generadas por la adversidad o el maltrato precoz pueden ser duraderas e incluso permanentes”, ha indicado Avendaño, aunque ha puntualizado que el cerebro infantil mantiene una importante capacidad de plasticidad.

Esta capacidad adaptativa permite que intervenciones preventivas y terapéuticas adecuadas puedan reorganizar funciones alteradas y reducir el impacto de las experiencias adversas.

Los especialistas han recordado que los dos primeros años de vida constituyen una etapa crítica para el establecimiento del apego, periodo en el que se construyen los pilares del desarrollo emocional y de la futura salud mental.

Desde el primer año de vida

La psiquiatra María Eugenia Herrero, consejera de la Asociación Nuevo Futuro-Sirio, ha comentado que los trastornos del apego pueden manifestarse desde edades muy tempranas y ser detectables incluso antes del primer año de vida.

Entre los signos clínicos iniciales se encuentran alteraciones del sueño y de la alimentación, irritabilidad persistente, llanto inconsolable o, en el extremo opuesto, apatía y exceso de sueño.

A medida que el niño crece, estas alteraciones pueden traducirse en desconfianza, miedo, dificultades para establecer relaciones interpersonales, baja autoestima e inseguridad. En algunos casos también aparecen conductas agresivas que funcionan como mecanismos de autodefensa.

Según Herrero, cuando estos problemas no se abordan de forma precoz pueden evolucionar hacia trastornos psiquiátricos más complejos durante la adolescencia, entre ellos el trastorno límite de la personalidad.

Diversos estudios han relacionado además el maltrato infantil con mayor riesgo de enfermedades médicas a largo plazo, incluidas patologías cardiovasculares, diabetes tipo 2 o menor esperanza de vida.

El apego y los profesionales sanitarios

Ante este escenario, los expertos han analizado la perspectiva del apego en la práctica clínica. Pediatras, médicos de familia, obstetras y neonatólogos desempeñan un papel clave en la detección precoz de situaciones de riesgo en la relación madre-bebé, especialmente en contextos de vulnerabilidad psicosocial o depresión posparto.

“Conocer estos problemas es una responsabilidad ética de los profesionales sanitarios, porque su impacto sobre la salud a lo largo de la vida es enorme”, ha señalado María Eugenia Herrero.

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