Según el Instituto Nacional de Estadística, (INE), el 69 % de los pacientes con artrosis son mujeres, y los estudios señalan que ellas experimentan, de media, mayor intensidad de dolor, peor función articular y un impacto más pronunciado sobre su calidad de vida que los hombres. Además, la artrosis es especialmente común en mujeres a partir de los 50 años, en plena edad laboral, a quienes afecta predominantemente en manos, rodillas, caderas y columna vertebral.
De hecho, ellas presentan mayor propensión a desarrollar artrosis en las manos, y en la mayoría de los casos, esta manifestación aparece tras la menopausia, lo que sugiere que los cambios hormonales influyen en la progresión de la enfermedad. Es por ello que, en el contexto laboral, la artrosis genera una pérdida de productividad significativa: la rigidez articular, el dolor crónico y la fatiga asociada obligan a muchas mujeres a adaptar o reducir su jornada, a solicitar bajas o a abandonar actividades que anteriormente realizaban con normalidad.
En este contexto, Organon ha puesto en marcha la campaña ‘Tía Dura’, centrada en mujeres con artrosis en etapa laboral.
Impacto en la edad laboral
Uno de los principales retos de la artrosis es su largo periodo preclínico. Y es que la enfermedad puede permanecer sin síntomas evidentes hasta 20 años antes del diagnóstico, precisamente en edad laboral. Todo ello favorece la progresión silenciosa hacia un daño estructural que, en fases avanzadas, puede ser irreversible.
Este retraso en la aparición de síntomas limita las posibilidades de intervención temprana y hace que muchos pacientes lleguen al diagnóstico cuando la enfermedad ya ha comprometido de forma significativa su movilidad y funcionalidad.
Tía dura
Por todo ello, la campaña de Organon pone el foco en el dolor y la rigidez articular con los que muchas mujeres viven en plena edad laboral, a menudo sin interrumpir su actividad.
Además de destacar la existencia de esta realidad, la campaña tiene un objetivo de salud pública: promover la consulta médica ante los primeros síntomas articulares y reducir el tiempo que transcurre entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico. Dado que la artrosis puede evolucionar durante años sin señales claras, la identificación precoz es determinante para frenar el daño estructural y mejorar el pronóstico funcional a largo plazo.
“Es fundamental que las mujeres que experimentan los primeros signos de artrosis busquen atención médica, ya que la detección temprana puede marcar la diferencia en el manejo de la enfermedad”, declara María Dolores Canela, directora médica de Organon España. “Una intervención adecuada puede frenar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de las pacientes”, añade.
Mejoras en el estilo de vida
La evidencia científica disponible muestra que determinadas modificaciones en el estilo de vida pueden contribuir a reducir los síntomas y a frenar la progresión de la artrosis. La práctica regular de actividad física de bajo impacto (como caminar, nadar o el ciclismo) ha demostrado reducir el dolor, mejorar la función articular y favorecer el control del peso corporal.
En cuanto a la alimentación, la dieta mediterránea se asocia con una reducción de los marcadores inflamatorios relevantes en la artrosis. El control del peso corporal es también un factor modificable con impacto directo: una reducción de entre el 5 y el 10 % del peso en personas con sobrepeso alivia de forma significativa la presión sobre las articulaciones de rodilla y cadera.
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