La menstruación ha sido uno de los grandes temas tabú de la historia y parece que hasta hace poco también de la medicina. Si bien cuando se habla de los sesgos de la investigación médica el debate se centra mucho en las diferencias que no se estudian respecto al impacto de patologías o tratamientos según el género, el otro gran reto es investigar realmente temas que solo afectan a la salud femenina.
Y es que, al igual que se han tardado más de 30 años en conocer las terminaciones nerviosas del clítoris , lo cierto es que también ha sido en estos últimos años cuando la propia menstruación ha comenzado a convertirse en un sujeto de estudio mucho más activo.
Así, la última evidencia científica ha dado a conocer que los ciclos menstruales contienen una cantidad ingente de datos que podrían analizarse para obtener más información sobre la salud ginecológica y hormonal. En concreto, científicos de la empresa estadounidense SRI International acaban de presentar en ‘Science Advances’ una herramienta de código abierto llamada WAVES (evaluación de la salud femenina mediante la variabilidad de las señales relacionadas con el sistema endocrino) que aprovecha las señales fisiológicas para extraer métricas del ciclo menstrual y facilitar el descubrimiento de biomarcadores.
Así, al evaluar 5.674 ciclos no reproductivos registrados por 753 participantes, la herramienta reveló correlaciones entre el envejecimiento, la temperatura corporal y la variabilidad del ciclo.
“La mayor parte de la atención en la salud menstrual (incluidas la investigación, la formación médica, las aplicaciones para consumidores y las patentes) se centra exclusivamente en el aspecto reproductivo y no aprovecha estos ciclos menstruales no reproductivos como indicadores de salud”, describía Marie Gombert-Labedens, de SRI International.
Sangre de la menstruación como método diagnóstico
Esta no es la primera vez que la investigación centrada en la menstruación aporta datos relevantes o abre nuevas vías de investigación. En febrero de este año, un trabajo publicado en The BMJ señalaba que la prueba del VPH en la sangre menstrual podría ser una «alternativa sólida» al cribado cervical. En concreto, un equipo de la Universidad de Wuhan (China), basado en una muestra de más de 3.000 mujeres de entre 20 y 54 años, concluyó que las muestras recolectadas con sangre menstrual para la prueba de VPH mostraron una sensibilidad del 94,7 % para detectar CIN2+ (un indicador para detectar lesiones cervicales de alto grado), lo que fue comparable a las muestras recolectadas por el médico (92,1 %).
Los investigadores señalaban que, pese a ser un estudio observacional, podría concluirse que “el uso de la sangre menstrual para la prueba del VPH es práctico y no invasivo, lo que permite a las mujeres recolectar muestras en casa y, por lo tanto, podría ofrecer una vía práctica para ampliar el acceso al cribado”.
No obstante, se trataba de un estudio con matices a tener en cuenta. Como reseñaba Marta del Pino, médica de la Unidad de Oncología Ginecológica en el Hospital Clínic de Barcelona, para Science Media Centre España es cierto que la detección de VPH en la muestra menstrual recogida con una minicompresa muestra una buena sensibilidad. No obstante, “no se puede entender este estudio como un posible reemplazo inmediato del cribado actual. Hay limitaciones importantes: incluye solo mujeres que menstrúan y con ciclos regulares, y utiliza un dispositivo prototipo que no está disponible comercialmente. Además, como ocurre en muchos estudios de cribado, no se realizó biopsia a todas las mujeres con resultados negativos; esto puede introducir sesgo de verificación y sobreestimar el rendimiento de la prueba”.
Igualmente, otro paso a tener en cuenta es que todavía hay que demostrar que la sangre no interfiere con la medición de marcadores virales. Pese a ello, es una línea de investigación que abre nuevas posibilidades para detectar biomarcadores en la sangre menstrual.
Investigación española y endometriosis
De hecho, el pasado 2025, precisamente el Hospital Clínic de Barcelona, en colaboración con el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, analizaba los perfiles de metilación del ADN en sangre menstrual como método para detectar la endometriosis. «Al acceder a las señales moleculares de células clave en sangre menstrual, estamos desvelando información sobre la actividad de la endometriosis que antes solo se podía obtener mediante cirugía», declaraba en su momento la cofundadora y directora general de endogene.bio, María Teresa Pérez Zaballos.
El estudio, publicado en el archivo en línea BioRxiv consistía en poner a prueba un proceso diagnóstico basado en aislar las células madre derivadas de la sangre menstrual para su análisis, en lugar de analizar células cultivadas, lo que permite preservar la integridad molecular y obtener una visión «más profunda y directa» del comportamiento de la endometriosis.
De nuevo, la clave de estas investigaciones es su coste-efectividad y su carácter no invasivo. Y si bien se trata de investigaciones aún en fases poco avanzadas, son una muestra de que prestar atención a la menstruación puede suponer avances que hasta ahora ni siquiera se habían planteado.
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