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viernes, 10 de julio de 2026

La proteína Arc impulsa la propagación de Tau en alzhéimer y abre una diana terapéutica experimental

Arc como vector molecular de propagación de Tau

Investigadores de la Washington University in St. Louis han identificado a la proteína Arc como un elemento clave en la propagación de la proteína Tau patológica en la enfermedad de Alzheimer. El trabajo, realizado en modelos murinos y con validación en tejido cerebral humano, demuestra que Arc actúa como facilitador del transporte intercelular de Tau a través de vesículas extracelulares.

El estudio se publica en la revista Cell, una de las publicaciones más influyentes en biología celular y neurociencias. Los resultados sugieren un mecanismo previamente no descrito que conecta la fisiología sináptica con la diseminación de patología neurodegenerativa.

Mecanismo de transporte mediante vesículas extracelulares

Arc es una proteína implicada en la plasticidad sináptica y en la comunicación neuronal. Su función fisiológica incluye la formación de vesículas extracelulares (VE) que transportan material entre neuronas. En condiciones patológicas, estas vesículas pueden incorporar proteínas Tau mal plegadas.

Tau, proteína asociada a microtúbulos, se encuentra en todas las neuronas, pero en el Alzheimer adopta conformaciones anómalas que generan agregados intracelulares. Estos agregados, descritos como «ovillos neurofibrilares», progresan de forma topográfica a lo largo del cerebro, correlacionándose con el deterioro cognitivo.

El estudio demuestra que Arc facilita la encapsulación de Tau en vesículas extracelulares, permitiendo su tránsito desde neuronas afectadas hacia neuronas sanas.

Evidencia experimental en modelos murinos

En modelos de ratón con enfermedad de Alzheimer, los investigadores observaron que las vesículas extracelulares contenían simultáneamente Arc y Tau patológica. Estas estructuras eran capaces de inducir la formación de nuevos agregados de Tau en neuronas receptoras, propagando la patología.

Cuando los animales carecían de Arc, la liberación de Tau en vesículas extracelulares se reducía de forma marcada. En ausencia de Arc, la propagación intercelular prácticamente desaparecía, lo que sugiere que esta proteína es necesaria para el mecanismo de diseminación.

Este hallazgo posiciona a Arc como un factor permisivo crítico en la expansión de la tauopatía dentro del sistema nervioso central.

Dinámica patológica de Tau y neurodegeneración progresiva

La proteína Tau patológica se comporta como una entidad “semilla”, capaz de inducir el mal plegamiento de Tau nativa en neuronas sanas. Este fenómeno de propagación prión-like explica la progresión anatómica del alzhéimer.

El estudio describe que Arc facilita la exportación de estas semillas de Tau desde neuronas enfermas, reduciendo su carga intracelular pero promoviendo su diseminación a células vecinas. Este equilibrio sugiere una doble función: protección celular local frente a toxicidad y, simultáneamente, aceleración de la propagación regional.

Implicaciones fisiopatológicas del papel dual de Arc

La eliminación de Arc en modelos murinos mostró un efecto paradójico. Aunque se redujo la propagación de Tau, las neuronas afectadas acumulaban niveles intracelulares más elevados de proteína patológica, con muerte celular acelerada.

Este hallazgo indica que Arc podría actuar como un mecanismo de defensa celular inicial, facilitando la expulsión de proteínas tóxicas. Sin embargo, esta misma vía contribuye a la expansión de la patología en fases posteriores.

El resultado redefine a Arc como un modulador bidireccional de neurotoxicidad y propagación.

Validación en tejido cerebral humano

Los investigadores identificaron vesículas extracelulares que contenían Arc y Tau en muestras de cerebro humano. Este hallazgo sugiere que el mecanismo descrito en modelos animales podría tener relevancia translacional en humanos, aunque aún no se ha demostrado causalidad directa.

La presencia de este sistema de transporte en tejido humano refuerza la hipótesis de una vía conservada de diseminación molecular en la enfermedad de Alzheimer.

Potenciales estrategias terapéuticas emergentes

El bloqueo directo de Arc podría no ser una estrategia viable debido a su papel fisiológico en la plasticidad sináptica. En cambio, los investigadores proponen como objetivo terapéutico la interrupción selectiva de vesículas extracelulares cargadas con Tau patológica.

Esta aproximación buscaría impedir la transferencia intercelular de semillas de Tau sin interferir con la función normal de Arc. Tales intervenciones no revertirían el daño neuronal existente, pero podrían ralentizar la progresión de la enfermedad.

Perspectivas futuras en neurodegeneración

El estudio abre una vía conceptual centrada en la biología de vesículas extracelulares como mediadores activos de la neurodegeneración. La identificación de Arc como cofactor en la propagación de Tau redefine el modelo clásico de progresión del alzhéimer.

La validación en humanos y el desarrollo de estrategias dirigidas a bloquear la transferencia de Tau extracelular serán los siguientes pasos críticos para determinar la aplicabilidad clínica de estos hallazgos.

 

Fuente: EuropaPress        

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El repunte de tuberculosis y sarampión obliga a reentrenar su diagnóstico

El cambio en el escenario epidemiológico en España ha encendido las alarmas en las salas de urgencias hospitalarias. Tras el incremento del 8,3 % en los casos de tuberculosis y la pérdida del estatus de país libre de sarampión por su transmisión continuada, la comunidad médica se enfrenta al reto de diagnosticar patologías que parecían controladas. La Dra. Sara Gayoso, médica de urgencias y miembro del grupo de infecciones de SEMES (Sociedad Española de Urgencias y Emergencias), analiza la inespecificidad de los síntomas, el perfil de los pacientes más vulnerables y la urgencia de aplicar protocolos de aislamiento inmediatos para evitar que los hospitales se conviertan en focos de contagio.

Los casos de tuberculosis se están incrementando en estos últimos años. Desde la perspectiva de los servicios de urgencias, ¿cuál es el perfil de paciente o los factores de vulnerabilidad ante los que el médico de urgencias de familia debe sospechar de este diagnóstico?

Efectivamente, los casos de tuberculosis están aumentando desde el año 2020. En 2024 hubo un incremento del 8,3 % de los casos con respecto al año anterior. En principio, en un servicio de urgencias hay que sospechar tuberculosis en aquellos pacientes que presentan una clínica compatible con la enfermedad o factores predisponentes para infectarse o para que se reactive una infección tuberculosa. El problema es que se trata de una enfermedad con síntomas muy inespecíficos, que pueden llevar mucho tiempo de evolución y a los que el paciente, en muchas ocasiones, no da importancia, por lo que no consulta. Esto hace que transcurra un periodo prolongado hasta que se establece el diagnóstico.

¿Cuáles son los principales síntomas de la tuberculosis?

Los síntomas más habituales de la tuberculosis pulmonar, que es la forma más frecuente, son la fiebre, la pérdida de peso y la sudoración nocturna. También pueden aparecer tos con expectoración, escalofríos, pérdida de apetito, fatiga y una sensación de cansancio continuo. Es cierto que, cuando la tos se acompaña de expectoración con sangre, es más frecuente que los pacientes acudan a urgencias, y este síntoma hace que la tuberculosis deba incluirse en el diagnóstico diferencial.

Además, hay que tener especialmente en cuenta a los pacientes con una mayor vulnerabilidad por sus condiciones sociales, como las personas privadas de libertad, los migrantes procedentes de países con una alta incidencia de tuberculosis, quienes han estado en contacto con pacientes con tuberculosis contagiosa o las personas con malnutrición, consumidores de tóxicos o quienes utilizan habitualmente comedores sociales o albergues.

A su vez, es muy importante considerar a los pacientes con afectación del sistema inmunitario, ya sea por enfermedades como la diabetes mellitus o el VIH, por haber recibido un trasplante y estar en tratamiento inmunosupresor, o por padecer otras enfermedades que requieren tratamientos que producen inmunosupresión, como los fármacos biológicos. De hecho, cada vez hay más pacientes, y de menor edad, que reciben este tipo de tratamientos.

También son especialmente vulnerables los pacientes con una infección reciente, la población infantil, las personas en hemodiálisis y quienes padecen enfermedades pulmonares crónicas, como la silicosis. En definitiva, existe un abanico muy amplio de pacientes en los que hay que mantener la sospecha de tuberculosis.

¿Cómo se realiza la sospecha diagnóstica de la tuberculosis en el ámbito de las urgencias?

El diagnóstico de la tuberculosis es complejo y requiere un alto índice de sospecha clínica. En el ámbito de urgencias, debe incluirse en el diagnóstico diferencial de pacientes con tos prolongada de más de dos o tres semanas, síndrome constitucional, sudoración nocturna, fiebre persistente, hemoptisis, pérdida de peso, neumonías de mala evolución o derrames pleurales sin otra causa que los justifique. También debe sospecharse ante determinados hallazgos en la radiografía de tórax, como la presencia de cavitaciones o de un patrón miliar.

Tras perder España el estatus de país libre de sarampión debido a la transmisión continuada, ¿qué aspectos destacaría de cara al diagnóstico de esta enfermedad?

En cuanto al diagnóstico del sarampión, es importante destacar que hay que sospecharlo principalmente en pacientes que presenten fiebre alta con exantema y que hayan tenido tos, conjuntivitis o rinitis, que son los síntomas más habituales. El exantema característico del sarampión aparece inicialmente en la cabeza y se extiende posteriormente hacia el tronco.

Además, es fundamental tener en cuenta los antecedentes epidemiológicos, como si el paciente ha viajado a países donde el sarampión es endémico o si no está vacunado. Todos estos factores contribuyen a orientar el diagnóstico.

Es importante señalar que, hasta hace pocos años, el sarampión prácticamente no se contemplaba en el diagnóstico diferencial en España, ya que se consideraba un país libre de esta enfermedad. Sin embargo, ahora que vuelve a ser una enfermedad endémica, debemos volver a incluirla en el diagnóstico diferencial de los pacientes que presenten estas características.

¿Qué presentaciones atípicas están observando en urgencias que puedan retrasar ese diagnóstico?

En cuanto a las presentaciones atípicas del sarampión en urgencias, no existe un registro específico ni datos concluyentes sobre este tipo de manifestaciones. Sin embargo, sí está descrito que, en personas vacunadas, el exantema puede ser diferente del característico del sarampión, lo que dificulta el diagnóstico.

A día de hoy, la mayoría de los casos que están apareciendo en España corresponden a pacientes no vacunados, por lo que es menos probable encontrar manifestaciones atípicas. No obstante, uno de los principales obstáculos para el diagnóstico del sarampión sigue siendo la falta de sospecha clínica.

Además, hay que tener en cuenta que el exantema aparece varios días después de que el paciente ya sea contagioso. Es decir, un paciente que todavía no presenta el exantema, pero que ya ha comenzado con fiebre, puede transmitir la enfermedad y contagiar a otras personas. Por ello, es tan importante insistir en que se mantengan la tasa de vacunación y la mayor parte de la población esté vacunada de sarampión para disminuir el riesgo de brotes y el número de casos.

En patologías como el sarampión, ¿qué protocolos específicos se han de seguir? 

En el caso del sarampión, como hemos comentado antes, ha dejado de ser una enfermedad ausente en España. Nuestro país era considerado libre de sarampión, pero ahora vuelve a ser un país en el que la enfermedad es endémica. Esto significa que existe circulación del virus durante todo el año y que pueden producirse tanto casos esporádicos como brotes.

Por ello, lo primero es que los médicos y el resto del personal sanitario estén concienciados y formados para tener presente que puede haber casos de sarampión. Ya no debe considerarse una enfermedad excepcional. Ante cualquier sospecha clínica, el paciente debe permanecer aislado hasta que el diagnóstico se descarte mediante pruebas de laboratorio.

El sarampión presenta una tasa de transmisión muy elevada; es una de las enfermedades más contagiosas. Cada persona infectada puede contagiar, de media, entre 12 y 18 personas. Por este motivo, ante la sospecha es fundamental instaurar el aislamiento, especialmente en el ámbito sanitario, donde el riesgo de transmisión es mayor. Posteriormente, una vez descartado o confirmado el diagnóstico, se adoptarán las medidas correspondientes.

¿Y en el caso de la tuberculosis?

En cuanto a la tuberculosis, se trata de una enfermedad de transmisión aérea. Cuando existe sospecha clínica, pueden realizarse pruebas urgentes para determinar si el esputo del paciente contiene bacilos. Si estos se detectan, el paciente debe permanecer en aislamiento aéreo.

En la tuberculosis, el aislamiento se mantiene hasta que se descarta que el paciente sea contagioso. Al igual que ocurre con el sarampión, el aislamiento debe instaurarse desde el momento en que existe la sospecha clínica y mantenerse hasta confirmar si la enfermedad es transmisible o no. No todas las tuberculosis son contagiosas, pero, mientras no se disponga de esa información, es necesario mantener las medidas de aislamiento.

Cabe destacar que cada comunidad autónoma cuenta con sus propios protocolos de actuación. Asimismo, el Ministerio de Sanidad dispone de directrices generales que, en cada centro hospitalario, se adaptan a las características específicas de su respectivo servicio de urgencias.

¿Qué protocolos específicos de aislamiento inmediato recomienda SEMES para evitar que las salas de espera de urgencias se conviertan en focos de transmisión?

Las precauciones y el aislamiento que requiere un paciente con sospecha de sarampión están establecidos en el protocolo del Instituto de Salud Carlos III de 2024, que es el protocolo oficial vigente en nuestro país.

Este protocolo recomienda que, ante la sospecha de sarampión en un servicio de urgencias, el paciente permanezca preferiblemente en una habitación individual, bien ventilada, y utilice una mascarilla quirúrgica. Además, es necesario mantener precauciones de contacto, ya que el virus del sarampión puede permanecer en las superficies. Por tanto, lo recomendable es disponer de una habitación individual de aislamiento con buena ventilación, que el paciente lleve mascarilla quirúrgica y mantener estas medidas hasta que se descarte el diagnóstico de sarampión.

En cuanto a la tuberculosis, también es preferible que el paciente permanezca en una habitación individual y utilice una mascarilla quirúrgica. Por su parte, los profesionales sanitarios deben llevar mascarilla FFP2 y utilizar FFP3 durante aquellos procedimientos que puedan generar aerosoles, como la intubación, la ventilación del paciente u otras maniobras de riesgo.

Estas recomendaciones están recogidas en un protocolo de ámbito nacional elaborado por el Instituto de Salud Carlos III, no por SEMES. Las recomendaciones de SEMES son seguir dicho protocolo.

¿Está detectando en urgencias un cambio en el patrón epidemiológico de los pacientes afectados por ambas enfermedades? 

Con respecto a un cambio de patrón epidemiológico de los pacientes que tienen estas enfermedades, en urgencias no hemos detectado eso. Sí que tenemos más pacientes vulnerables, más ancianos y más pacientes inmunodeprimidos.

¿Cómo valora la agilidad actual de los canales de notificación obligatoria y la coordinación desde los servicios de urgencias con las redes de Vigilancia Epidemiológica y Medicina Preventiva para el rastreo de contactos directos?

Los servicios de urgencias hacen notificación urgente de las sospechas de casos de sarampión y de las tuberculosis confirmadas, tal como indican los protocolos. Sobre la coordinación para el rastreo de casos, no es ámbito de las urgencias ni de los médicos de urgencias, es ámbito de otros estamentos del sistema sanitario.

¿Cómo mejorará la nueva especialidad de Urgencias en España la formación de los médicos para detectar a tiempo enfermedades que están emergiendo?

La especialidad de urgencias va a mejorar muchísimo la formación de los médicos de urgencias, su capacitación en la atención de enfermedades infecciosas, empezando porque va a garantizar una formación homogénea de todos los médicos de urgencias.

Hasta ahora, la formación de los médicos de urgencias no era algo homogéneo porque eran médicos que venían de especialidades diferentes. Muchas veces con una formación reglada en su especialidad muy acorde a la urgencia, pero en otras ocasiones esos médicos se habían tenido que formar al margen de su especialidad porque su especialidad no le daba la formación adecuada para urgencia.

Disponer de una especialidad de urgencias garantiza la formación de esos médicos, no solo en el ámbito de las enfermedades infecciosas, sino en cada una de las competencias que debe tener un médico de urgencias. De este modo, se va a formar de forma homogénea, reglada y evaluable a esos futuros médicos de urgencias. Con lo cual, va a ser algo muy positivo.

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jueves, 9 de julio de 2026

El Atlas de la Enfermedad de Alzheimer desvela un abordaje muy desigual entre países

Alzheimer’s Disease International (ADI) ha lanzado el Atlas de la Enfermedad de Alzheimer (AD Atlas), una plataforma pionera que destaca cómo los países diagnostican, tratan y apoyan a las personas que viven con demencia. La primera conclusión es que existe un abordaje muy desigual entre países.

La plataforma reúne los indicadores clave necesarios para evaluar la preparación de un país ante la enfermedad de alzheimer y las demencias relacionadas, ayudando a defensores, responsables políticos y líderes sanitarios a identificar las áreas donde las personas se encuentran rezagadas.

El AD Atlas, con el apoyo de Eli Lilly and Company, muestra que las personas que viven con demencia pueden enfrentar experiencias muy diferentes en cuanto al diagnóstico, la atención y el apoyo, dependiendo del lugar donde residan.

Chris Lynch, director ejecutivo interino de ADI, señalaba sobre este trabajo: “Al destacar tanto los avances como las deficiencias, ayuda a identificar oportunidades para fortalecer el diagnóstico, la atención y el apoyo a las personas que viven con demencia y sus familias”.

“Los avances científicos están creando nuevas posibilidades en la enfermedad de alzheimer, pero la innovación solo puede marcar la diferencia si los sistemas de salud están preparados para ofrecer un diagnóstico oportuno, un apoyo adecuado y un acceso equitativo a la atención”, agregaba Stéphane Epelbaum, vicepresidente de Asuntos Médicos Internacionales de Eli Lilly. “El Atlas de la Enfermedad de Alzheimer ayuda a esclarecer dónde se están logrando avances y dónde se necesitan más medidas”.

Falta de planes nacionales e infra diagnóstico

El Atlas de la Enfermedad de Alzheimer revela no solo la magnitud de la disparidad global, sino también las deficiencias sistémicas que siguen afectando a las personas que viven con demencia y a sus familias.

Entre las conclusiones, se observa que, a pesar de la creciente carga de la enfermedad de alzheimer y las demencias relacionadas a nivel mundial, solo el 24,2 % de los países incluidos cuentan con un plan nacional de demencia con financiación completa.

Por otra parte, los datos sugieren que el 75 % de las personas que viven con demencia no tienen un diagnóstico.

A pesar de esto, la evidencia indica que más del 90 % de los cuidadores y la población general afirmaron que se sentirían alentados a obtener un diagnóstico si existiera un tratamiento modificador de la enfermedad para la demencia.

Abordaje muy desigual entre países

Así, en este abordaje muy desigual, si bien los países más ricos tienden a estar mejor preparados, la fortaleza económica no se traduce necesariamente en preparación. Incluso algunas de las naciones más ricas del mundo no se están preparando para el aumento proyectado de la demencia en las próximas dos décadas, con una previsión de que el número de personas que viven con esta enfermedad se duplique. Además, destaca importantes diferencias regionales en la preparación, el diagnóstico y los servicios de apoyo en todo el mundo.

En concreto, observa que Alemania cuenta con una estrategia financiada para la demencia, que se centra en cuatro áreas clave: fomentar comunidades inclusivas que promuevan la participación social; proporcionar apoyo estructurado a las personas que viven con demencia y a sus cuidadores; fortalecer los servicios de salud y atención a largo plazo mediante una atención especializada en demencia y una mejor coordinación; e impulsar la investigación a través de redes de colaboración. A pesar de estos esfuerzos nacionales, el acceso a diagnósticos y tratamientos innovadores sigue siendo desigual en Europa, lo que pone de manifiesto las persistentes disparidades en el acceso de los pacientes a una atención eficaz y oportuna para la demencia.

Compartir experiencias

En comparativa con América del Norte, señala que la Estrategia Nacional de Demencia de Canadá proporciona un marco para la acción coordinada con el fin de prevenir la demencia, mejorar el diagnóstico y el tratamiento, y potenciar la calidad de vida de las personas que viven con demencia.

Respecto a otros países apunta a que, en Brasil, un estudio reveló que se estima que el 80 % de las personas con enfermedad de alzheimer no son diagnosticadas debido a deficiencias en la atención primaria y el acceso a herramientas de diagnóstico. Por otra parte, Japón presenta una de las tasas de prevalencia de demencia más altas entre los países del Atlas y ha logrado avances significativos en el abordaje de la demencia mediante sucesivos Planes Nacionales sobre Demencia. En contrapartida, Catar se está consolidando como líder regional en la preparación para la demencia, demostrando cómo la inversión y la planificación a largo plazo pueden fortalecer la preparación del sistema de salud para una población que envejece.

“Compartir conocimientos, experiencias y el aprendizaje mutuo son las vías más eficaces para abordar el desafío global de la demencia concluía”,  Noriyo Washizu, miembro del Comité de Intercambio Internacional de la Asociación de Alzheimer de Japón (AAJ). “El Atlas de la Enfermedad de Alzheimer es el motor definitivo que impulsa nuestra labor colectiva”.

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Las enfermedades dermatológicas siguen llevando una gran carga psicológica

Patologías de la piel como el eccema crónico de manos (ECM), la dermatitis atópica y la psoriasis pustulosa generalizada (PPG), así como otras condiciones de la piel severas, no solo suponen un desafío físico para el paciente, sino que además conllevan una carga psicológica importante, incluyendo estigma, ansiedad y depresión, que tienen un impacto directo en la calidad de vida del paciente.

Así lo han querido visibilizar expertos de LEO Pharma, compañía especializada en dermatología médica, y la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) durante el IV Ciclo de Jornadas sobre Novedades en Dermatología.

Esta nueva edición, coincidiendo con el Día Mundial de la Salud de la Piel, ha enfatizado la necesidad de un abordaje multidisciplinar que combine la dermatología con el apoyo psicológico.

Carta psicológica no atendida

Marcin Kozarzewski, director médico de LEO Pharma España, destacaba el profundo impacto personal de estas patologías: «El impacto de las patologías de la piel trasciende lo físico. Especialmente en los pacientes más jóvenes, el peso de la enfermedad y el estigma social se traducen en un alto coste laboral, con bajas recurrentes y una merma significativa en su calidad de vida. No podemos centrarnos solo en la piel; debemos abordar este malestar psíquico de manera integral”.

En esta línea, Ana Molina, dermatóloga y divulgadora, aportaba una visión clara sobre la necesidad de ser cercano con el paciente y tratar de romper estigmas: «Como profesionales debemos ser capaces de explicar las enfermedades cutáneas de manera que el paciente pierda el miedo. La comunicación es nuestra mejor herramienta contra el estigma; si logramos que el paciente entienda su enfermedad podemos también reducir la ansiedad y el estrés de muchos pacientes”.

Por su parte, Rosa Molina, psiquiatra y divulgadora, añadía: «El abordaje psicológico debe ser temprano. Muchas veces, el paciente llega a consulta tras años de sufrimiento silencioso. Integrar la psicología desde el primer momento y valorar el apoyo psiquiátrico cuando sea necesario evita que las patologías de la piel condicionen toda la estructura emocional y social del individuo».

El papel de las asociaciones de pacientes

El impacto en la calidad de vida y el rol que juegan las asociaciones de pacientes también ha tenido un papel central en la jornada. Jaime Llaneza, paciente, socio fundador y responsable de relaciones institucionales de la Asociación de Afectados por la Dermatitis Atópica (AADA), explicaba: «El paciente con patologías cutáneas vive en un estado de alerta constante. Las asociaciones no solo somos un soporte, sino un espacio donde las personas se sienten comprendidas y acompañadas por quienes han pasado por experiencias similares. Compartir la vivencia ayuda a romper el aislamiento, recuperar la confianza y afrontar mejor la enfermedad. Además, un adecuado control de la patología y un abordaje integral que también tenga en cuenta la salud mental son fundamentales para mejorar realmente la calidad de vida de los pacientes».

A su vez, Santiago Alfonso, director de la asociación Acción Psoriasis, concluía: «Debemos hablar de las implicaciones de las enfermedades de la piel. Si no atendemos las necesidades emocionales del paciente, no le brindamos una atención integral.  Nuestro objetivo es que la sociedad entienda que la psoriasis o cualquier patología requiere de un entorno de comprensión y aceptación social».

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¿La monogamia está escrita en nuestros genes o la aprendemos?

La duda de si los humanos estamos hechos para ser fieles o somos monógamos por costumbre ha acompañado a científicos, filósofos y antropólogos durante décadas. La investigación en animales ha sido clave para desmontar la idea de la monogamia como un rasgo único o universal ya que, en muchas especies, la monogamia social ha evolucionado de forma independiente, lo que indica que no se trata de un programa biológico o de un instinto único, sino de una estrategia que se da solo bajo determinadas condiciones ecológicas que la favorecen. La ciencia sigue intentando responder hasta qué punto ese patrón también explica la monogamia humana.

La literatura actual sugiere que esa dicotomía no funciona en humanos donde la monogamia se entiende mejor como una estrategia flexible, moldeada por predisposiciones al apego y por factores culturales que pueden reforzarla, limitarla o transformarla.

La pareja, un fenómeno biológico

Una de las líneas de investigación más aceptada en neurociencia social identifica varios sistemas cerebrales implicados en el vínculo de pareja. Esta teoría no respalda la existencia de un “gen de la monogamia”, pero describe una red de mecanismos neurobiológicos que favorecen la formación y el mantenimiento de los vínculos afectivos.

Entre esos mecanismos destacan los circuitos de recompensa y apego, así como hormonas y neurotransmisores como la dopamina, la vasopresina o la oxitocina; y procesos de regulación genética y epigenética asociada al vínculo de pareja. Estos sistemas, implicados también en el apego entre madre y cría en otras especies, se habrían reutilizado a lo largo de la evolución para favorecer vínculos de pareja duraderos.

No obstante, los investigadores insisten en interpretar estos hallazgos de manera prudente, ya que esos mecanismos facilitan el apego y la estabilidad de pareja, pero no determinan la exclusividad sexual ni un único modelo de relación. En otras palabras, el cerebro humano parece estar preparado para crear vínculos afectivos, pero no para imponer una única forma de organización de la pareja.

Monogamia, una estructura evolutiva

En el reino animal, la monogamia es una estrategia relativamente rara que ha surgido de forma independiente en distintos linajes, lo que sugiere que no responde a un único mecanismo evolutivo, sino a diferentes presiones como el cuidado de las crías, la defensa del territorio, la escasez de recursos o la reducción de conflictos reproductivos.

En un estudio recogido en Scientific Reports sobre topillos de la pradera, se ha observado que el emparejamiento estable no altera ni frena directamente el envejecimiento epigenético, aunque sí detectaron marcas de ADN medibles asociadas al vínculo de pareja en varios genes. Ese dato ha revelado que el apego, además de ser un comportamiento observable, tiene correlatos biológicos detectables, aunque eso no implique que haya un determinismo genético del comportamiento humano.

Otro trabajo experimental de 2025 evidenció que los sistemas de apareamiento pueden influir en inversión biológica destinada a la reproducción en ambos sexos. En modelos de insectos, por ejemplo, la monogamia modificó la asignación de recursos a los tejidos reproductivos, lo que indica que el tipo de sistema de pareja puede dejar una “huella evolutiva” medible. Los autores concluyen que la monogamia no es un interruptor biológico único, sino una interacción entre la conducta, la fisiología y la selección natural.

En primates, las hipótesis clásicas han sido revisadas varias veces; la más conocida es la del infanticidio, aunque no explica por sí sola la aparición de la monogamia en todos los casos. Hoy se defiende una visión más integradora que sugiere que la monogamia puede surgir por múltiples presiones simultáneas dependiendo de la estirpe y del entorno ecológico. Esto implica que no existe una causa universal, sino combinaciones variables de factores como la distribución de recursos, la necesidad de cooperación en la crianza o la competencia reproductiva, lo que evita interpretaciones simplistas tanto biológicas como culturales. En definitiva, la evidencia apunta a que la monogamia no es una “esencia evolutiva” del ser humano, sino una estrategia que puede resultar adaptativa bajo determinadas condiciones ecológicas y sociales.

Humanos: apego, cultura y normas sociales

En el caso de los humanos, la complejidad aumenta. La evidencia acumulada en la antropología evolutiva y la psicología comparada distingue tres niveles: la monogamia social, la sexual y la genética. Esta distinción evita asumir la idea de que convivir en pareja implica exclusividad sexual o ausencia de descendencia fuera de la relación, una confusión frecuente. La forma más común en las sociedades humanas estudiadas es la monogamia social, entendida como la formación de parejas estables que cooperan en la crianza y la vida cotidiana. Sin embargo, esta forma también presenta grandes variaciones según la cultura, el contexto económico, las normas sociales y la trayectoria vital de cada persona.

Además, la historia humana ha incluido sistemas poligínicos, arreglos familiares diversos y normas muy distintas sobre la fidelidad, la convivencia y la reproducción. Por eso, la ciencia actual habla de vínculo de pareja antes que de monogamia como categoría cerrada porque permite distinguir entre el impulso a formar una relación diádica y la manera concreta en que una sociedad organiza la vida en pareja.

Un análisis comparativo que analizó más de un centenar de sociedades humanas y especies de mamíferos muestra que los humanos se sitúan dentro de un rango compatible con la monogamia social, pero sin una uniformidad global. Esto significa que la estructura de pareja humana no es fija ni homogénea, sino altamente dependiente del contexto. Otro trabajo publicado en International Review of Psychiatry (2023) refuerza esta idea al mostrar que las diferencias individuales en comportamiento relacional no pueden explicarse únicamente a causa de los genes ni tampoco por la cultura. En su lugar, apuntan a una interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizaje social, moduladas por normas culturales y condiciones ambientales. Este enfoque supone un giro en la forma de entender cómo se organizan las relaciones de pareja en nuestra especie y qué parte de esa organización es flexible, aprendida o modulada por el entorno.

Lo que aporta la investigación reciente

En los últimos tres años, el avance no ha consistido en demostrar algo radicalmente nuevo, sino en afinar las piezas del rompecabezas. Un estudio de 2024 en animales desarrolló relojes epigenéticos muy precisos que se asociaban a cambios en genes concretos vinculados al vínculo de pareja. En 2025, otro trabajo en animales mostró que la monogamia puede alterar la inversión en tejidos reproductivos.

Entre las contribuciones más recientes destaca un estudio publicado en Scientific Reports (2025), con la participación de autores españoles de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), centrado en cómo la monogamia modifica la inversión en tejidos reproductivos bajo selección sexual intensa. Aunque no estudia humanos, sí aporta una pieza valiosa al debate evolutivo sobre qué costes y beneficios puede tener la monogamia en mamíferos y aves.

El valor de estos estudios comparativos radica en que permiten analizar qué presiones favorecen la aparición de la monogamia sin trasladar automáticamente esos resultados al comportamiento humano. Aunque no responden de forma directa a si somos monógamos “por naturaleza”, ayudan a entender cómo evolucionan los sistemas de pareja.

¿Entonces, somos monógamos por naturaleza?

La evidencia disponible no permite afirmar que los seres humanos seamos monógamos por naturaleza en un sentido estricto, pero tampoco respalda la idea de que la monogamia sea únicamente una construcción cultural. Lo que muestran los estudios es un patrón mixto en el que existe una capacidad biológica para formar vínculos afectivos de pareja estables, pero la manera en la que esos vínculos se construyen, mantienen o terminan depende en gran medida de factores sociales, culturales, económicos e históricos.

Quizá la pregunta nunca fue si los seres humanos somos monógamos por naturaleza o por costumbre, sino por qué seguimos buscando una única respuesta. La evidencia científica disponible apunta a que la capacidad de formar vínculos de pareja forma parte de nuestro ADN, pero la manera en que esos vínculos se viven depende de otros factores, por tanto, se podría decir que en la monogamia humana, biología y cultura nunca han dejado de ir de la mano.

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