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martes, 19 de mayo de 2026

La probabilidad de que el brote del virus de Ébola llegue a Europa es muy baja

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha declarado que la enfermedad del Ébola causada por el virus de Bundibugyo en la República Democrática del Congo y Uganda constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional (PHEIC).

Para el Ébola virus bundibugyo no disponemos de vacuna. Se trata de un virus conocido que ha causado anteriormente otros brotes. Por tanto, “las medidas de contención y aislamiento son las que establece la OMS en su declaración de la ESPII. Estas medidas deben incluir vigilancia reforzada, incluido el rastreo de contactos, prevención y control de infecciones (PCI), comunicación de riesgos y participación comunitaria, pruebas diagnósticas de laboratorio y manejo de casos. Deben establecerse mecanismos de coordinación y respuesta tanto a nivel nacional como subnacional en las áreas afectadas y en riesgo”, explica a EL MÉDICO INTERACTIVO Justo Menéndez, responsable de la Unidad de Medicina del Viajero y Enfermedades Tropicales en el Hospital Universitario HM Sanchinarro, en Madrid.

Emergencia de salud pública

La emergencia de salud pública es una de las diferentes categorías que usa el reglamento Sanitario Internacional para tipificar la importancia, el riesgo y las medidas a adoptar ante brotes de enfermedades transmisibles. “Esta, en concreto, es la más grave; la máxima alerta formal prevista en el Reglamento Sanitario Internacional. Se declara cuando un evento es grave, tiene riesgo de propagación internacional y puede requerir una respuesta coordinada global. Influyen variables como el tamaño del evento epidémico, su transmisibilidad, la gravedad clínica de la enfermedad y su tasa de letalidad”.

En esencia, tal y como comenta el especialista, deben fomentarse medidas que impidan la diseminación del virus conteniendo y aislando a las personas enfermas y sus contactos, agilizar al máximo las pruebas diagnósticas para detectar cuanto antes a los enfermos y portadores, comunicar los casos para implementar la aplicación de los protocolos en cada caso o conjunto de casos, pero también evitar el contacto con las personas enfermas, evitar los rituales funerarios que implican contacto de personas con el cadáver, uso de guantes, mascarillas y medios de protección adecuados para todo el personal sanitario o el que participe en el manejo de las personas, así como manejar las muestras de sangre y fluidos de acuerdo con los protocolos de bioseguridad adecuados (BSL-4) y en centros con buenos recursos.

La probabilidad de que el brote de EV bundibugyo llegue a Europa es muy baja. En este momento las medidas de contención en los paises afectados incluye el control de salida en sus fronteras, por lo que es muy difícil que alguien escape a esos controles y traiga la enfermedad a Europa.

Medidas

Si nos centramos en España, el especialista comenta que no es necesario poner en marcha ninguna medida, “puesto que no hay vuelos directo ni desde RD del Congo ni desde Uganda, por lo que, en caso de proponerse controles de ingreso en el espacio europeo, corresponde a los paises de llegada, aunque por ahora la OMS desaconseja esa medida”.

No obstante, si se declarase algún caso o brote de enfermedad por virus Ébola en España, cosa altamente improbable, toda la coordinación recae en varios organismos que actúa de forma coordinada: el servicio de vigilancia epidemiológica de la comunidad autónoma en el que se de el caso; la red nacional de vigilancia epidemiológica del Centro Nacional de Epidemiología; y en última instancia, en el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad, y, eventualmente, de los servicios de protección civil o la UME para ciertas tareas.

Tal y como comenta, “España dispone tanto de un sistema sanitario sólido, amplio y bien dotado como de protocolos y mecanismos para hacer frente a brotes complejos y graves, como se ha visto recientemente con el brote de Hantavirus en un barco. Existen centros de alto nivel y muy bien equipados para hacer frente a posibles casos de Ébola. En Madrid, por poner un ejemplo, están las unidades del complejo hospitalario La Paz y la del Gómez Ulla, con personal cualificad y entrenado”.

Tratamiento para el Ébola

Actualmente, no hay disponible ningún tratamiento específico para la enfermedad por ébolavirus. Se han estudiado al menos una docena de compuestos experimentalmente, pero ninguno ha llegado a la clínica. Los casos reciben tratamiento sintomático y de soporte vital, atendiendo el daño en los órganos y funciones vitales y las complicaciones que vayan surgiendo.

En el improbable supuesto de que apareciera algún aso en nuestro medio, las medidas de prevención en el ámbito sanitario son las establecidas en el protocolo del Ministerio de Sanidad: aislamiento de casos en unidades de alta bioseguridad, uso de EPI’s por todo el personal interviniente, identificación, seguimiento, estudio y control de contactos.

En cuanto a la incidencia de la enfermedad, es similar en hombres y en mujeres, y lo mismo ocurre con la mortalidad. Lo que ocurre es que, en algunos brotes, de forma local, ha habido diferencias en función de la participación prioritaria de mujeres en ciertas tareas do cuidado den enfermos, preparación ritual funeraria de los cadáveres… Por su parte, la población infantil es más vulnerable por distintas causas, y de hecho la tasa de letalidad es muy superior en los menores de cinco años: 80-90%. Por otra parte, los niños están más expuestos al contagio debido a los juegos y caza de animales, y a su falta de conciencia de riesgo.

La Unión Africana eleva a más de 100 las muertes 

La Agencia de salud pública de la Unión Africana (UA) ha elevado este lunes a más de 100 las muertes asociadas a la epidemia. La declaración, ha explicado, faculta a la organización para «liderar y coordinar las respuestas a emergencias de salud pública significativas en todo el continente», y llega tras amplias consultas en el seno de la Unión Africana y con los Estados miembros «afectados o en riesgo». Además, está basada en las recomendaciones de su Grupo Consultivo de Emergencia (GCE) ante «la evolución de la situación epidemiológica, los riesgos regionales, la capacidad de respuesta y las implicaciones de la cepa».

«Hasta la fecha, se han notificado aproximadamente 395 casos sospechosos y 106 muertes asociadas» al brote, ha apuntado la agencia, que ha precisado que la mayoría de ellas corresponden a República Democrática del Congo y «principalmente a las zonas sanitarias de Mongwalu, Rwampara y Bunia», ubicadas en la nororiental provincia de Ituri.

En cuanto a la vecina Uganda, hasta el momento se han registrado dos posibles casos y una muerte vinculada a la cepa Bundibugyo, todos ellos en la capital del país, Kampala.

Los CDC de África se han mostrado preocupados por el alto riesgo de propagación regional, alegando como razones de alerta un intenso movimiento poblacional transfronterizo, la movilidad relacionada con la minería, la inseguridad en las zonas afectadas, las débiles medidas de prevención y control de infecciones, las muertes comunitarias ocurridas fuera de los sistemas formales de salud y la proximidad de las zonas afectadas a Ruanda y Sudán del Sur.

La directora de la organización, la doctora Jean Kaseya, ha hecho un llamamiento a la «colaboración» de los Estados miembros de la Unión Africana con los CDC, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y los países afectados. Remarcando que «la seguridad sanitaria de África es indivisible», Kaseya ha resaltado la necesidad de movilizar instituciones, voluntades y recursos, y ha defendido la declaración alegando que fortalecerá la coordinación regional, agilizará los procesos y acelerará las actividades de preparación en los países vecinos considerados de alto riesgo de transmisión.

El Dr. Justo Menéndez ha declarado no tener conflicto de intereses.

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La mitad de los mayores con cáncer de pulmón metastásico no recibe tratamiento sistémico

El cáncer de pulmón no microcítico metastásico sigue representando una de las principales causas de mortalidad oncológica en adultos mayores, incluso en un contexto de expansión de terapias sistémicas más eficaces y mejor toleradas. Un amplio estudio de cohorte publicado en JAMA Oncology analiza el uso de tratamiento sistémico en más de 250.000 pacientes y revela una persistente brecha entre disponibilidad terapéutica y aplicación clínica real.

El estudio utiliza datos vinculados de los registros SEER y Medicare, incluyendo pacientes de 65 años o más diagnosticados entre 2006 y 2021, lo que permite una evaluación longitudinal del manejo poblacional del cáncer de pulmón metastásico en la era de la medicina de precisión.

Una cohorte nacional de más de 250.000 pacientes

La cohorte final estuvo compuesta por 254.611 pacientes con cáncer de pulmón no microcítico metastásico. La edad mediana fue de 73 años, con un 52,5 % de varones. La distribución étnica reflejó la estructura poblacional atendida, con predominio de pacientes blancos (80,7 %), seguidos de población negra, asiática e hispana en menor proporción.

El objetivo principal del análisis fue determinar la proporción de pacientes que recibieron terapia sistémica y los factores asociados a su administración. Para ello se utilizaron modelos de riesgos competitivos ajustados por variables clínicas, demográficas y estructurales del sistema sanitario.

Menos de la mitad de los pacientes recibe tratamiento activo

Los resultados muestran que únicamente el 46,8 % de los pacientes recibió tratamiento sistémico tras el diagnóstico de enfermedad metastásica. A pesar de la evolución de las opciones terapéuticas disponibles, la tasa global de tratamiento apenas mostró incrementos relevantes a lo largo del periodo de estudio.

Se observó una marcada diferencia en función de la supervivencia temprana. Entre los pacientes que fallecieron en los primeros 90 días tras el diagnóstico, solo el 13,2 % recibió tratamiento, frente al 69 % en aquellos que sobrevivieron más allá de ese periodo inicial.

Este hallazgo subraya el impacto de la fragilidad clínica precoz y la rápida progresión tumoral como determinantes clave en la decisión terapéutica.

La derivación a oncología condiciona de forma decisiva el acceso terapéutico

Uno de los factores más determinantes en la probabilidad de recibir tratamiento fue la derivación a oncología especializada. Esta variable se asoció con un incremento significativo del acceso a terapia sistémica, con una razón de riesgo de 2,5.

De forma paralela, la realización de pruebas de biomarcadores también se relacionó con una mayor probabilidad de tratamiento, lo que refleja la creciente dependencia de la estratificación molecular en la toma de decisiones clínicas.

En contraste, la edad avanzada, especialmente por encima de los 80 años, redujo de forma significativa la probabilidad de recibir tratamiento. Otros factores asociados a menor acceso terapéutico incluyeron mayor carga de comorbilidad, ausencia de subtipificación histológica y determinados determinantes sociales, como el estado civil o el tipo de cobertura sanitaria.

Persisten desigualdades estructurales en el acceso a terapias oncológicas

El análisis pone de manifiesto que las desigualdades en el acceso al tratamiento sistémico siguen siendo relevantes incluso en la era de la oncología de precisión. Aproximadamente una quinta parte de los pacientes con características clínicamente favorables no recibió tratamiento activo.

Las diferencias observadas no pueden atribuirse exclusivamente a factores clínicos, sino también a barreras estructurales como la derivación tardía, la variabilidad en la práctica clínica o el acceso desigual a pruebas diagnósticas avanzadas.

Además, la evolución temporal de las tasas de tratamiento fue mínima, lo que sugiere una inercia asistencial persistente en el manejo del cáncer de pulmón metastásico en población mayor.

Implicaciones para la práctica clínica en oncología torácica

Los autores concluyen que, pese a la disponibilidad de terapias más eficaces y mejor toleradas, la implementación real en población general sigue siendo subóptima. El estudio plantea la necesidad de reforzar la derivación precoz a oncología, mejorar el acceso a biomarcadores y optimizar los circuitos asistenciales en pacientes mayores.

Publicado en JAMA Oncology, el trabajo destaca la persistencia de una brecha entre innovación terapéutica y práctica clínica real en cáncer de pulmón metastásico, especialmente en población anciana.

 

Los conflictos de intereses de los autores pueden consultarse en el texto original.

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Abordaje integral de la miopía infantil acelerada

Resumen

Se presenta el caso de una niña de 9 años con miopía infantil progresiva y antecedentes familiares de miopía magna, que acude a consulta por empeoramiento refractivo acelerado en los últimos 18 meses. La exploración revela una progresión significativa tanto en dioptrías como en longitud axial, junto con hábitos visuales de riesgo y escasa exposición a luz natural. Siguiendo las guías WSPOS–IMI 2023–2025, se implementó un plan terapéutico multimodal que incluyó atropina a baja concentración, lentes oftálmicas con desenfoque periférico y modificaciones ambientales orientadas a aumentar el tiempo al aire libre y reducir el trabajo en visión próxima. Tras 12 meses de seguimiento estructurado con biometría axial, la paciente mostró una reducción notable de la progresión refractiva y del crecimiento axial, con buena tolerancia al tratamiento y excelente adherencia familiar. El caso ejemplifica la aplicación práctica de las recomendaciones actuales y destaca la importancia de un abordaje integral y precoz en el control de la miopía progresiva en la infancia.

Palabras clave

Miopía, niño, progresión de la enfermedad, atropina, errores de refracción

Introducción

La miopía infantil progresiva se ha consolidado en la última década como uno de los principales retos de salud ocular a nivel global, tanto por su creciente prevalencia como por el aumento de la alta miopía y de las complicaciones estructurales asociadas (maculopatía miópica, glaucoma, desprendimiento de retina).¹ La evidencia reciente ha llevado a considerar el control activo de la progresión miópica como un estándar de cuidado, especialmente en niños con factores de riesgo genéticos y ambientales.²˒³

Las guías y consensos internacionales más recientes, en particular la WSPOS Myopia Consensus Statement 2023–2025 y los documentos clínicos del International Myopia Institute (IMI), recomiendan un abordaje proactivo y estructurado que combine: detección precoz, estratificación del riesgo, medición seriada de la longitud axial y uso de intervenciones ópticas, farmacológicas y ambientales basadas en la evidencia.¹˒³˒⁴

Entre las intervenciones con mayor respaldo científico se incluyen el aumento del tiempo al aire libre, el uso de atropina a baja concentración, las lentes oftálmicas con desenfoque periférico y las lentes de contacto de foco dual o desenfoque periférico, que han demostrado reducir de forma significativa la velocidad de progresión refractiva y axial en población pediátrica.³–⁵ Estas recomendaciones sitúan el manejo de la miopía infantil progresiva en un marco similar al de otras patologías crónicas: requiere seguimiento longitudinal, toma de decisiones compartida con la familia y adaptación individualizada de la estrategia terapéutica.¹–⁴

Caso clínico

Antecedentes

Niña de 9 años, sin alergias conocidas y con desarrollo psicomotor normal. No presenta antecedentes perinatales relevantes. La historia familiar es significativa: la madre tiene miopía magna (−8,00 D) y el padre miopía moderada (−6,00 D). La paciente realiza actividades escolares en formato digital y dedica aproximadamente tres horas diarias a tareas de cerca, además de dos horas de uso recreativo de tablet. Los padres refieren que pasa poco tiempo al aire libre, habitualmente menos de una hora al día.

En revisiones previas se había documentado miopía leve a los 7 años (−1,50 D OD / −1,25 D OI), con progresión acelerada en los últimos 18 meses. No existen antecedentes de traumatismos oculares, infecciones ni uso previo de tratamientos para el control de la miopía.

Exploración física

La paciente se encuentra en buen estado general. La agudeza visual sin corrección es de 0,3 en OD y 0,4 en OI, alcanzando 1.0 bilateral con corrección. La refracción ciclopléjica muestra −3,75 D en OD y −3,50 D en OI. El segmento anterior es normal, sin signos de inflamación ni alteraciones corneales. La presión intraocular se mantiene dentro de la normalidad.

El fondo de ojo revela una mácula normorreflectiva y periferia sin lesiones predisponentes. La topografía corneal no muestra signos de ectasia. La biometría axial registra 24,9 mm en OD y 24,7 mm en OI, con un incremento superior a 0,5 mm/año, lo que confirma una progresión axial acelerada.

Diagnóstico

Con los hallazgos clínicos y biométricos, se establece el diagnóstico de miopía infantil progresiva de alto riesgo, sustentado en la velocidad de progresión, la longitud axial elevada para la edad y los antecedentes familiares de miopía magna. Los hábitos visuales de la paciente constituyen factores ambientales que contribuyen al riesgo.

Tratamiento

Siguiendo las recomendaciones de las guías WSPOS–IMI 2023–2025, se plantea un abordaje multimodal. En primer lugar, se trabaja con la familia para modificar los hábitos visuales: se establece un plan para aumentar el tiempo al aire libre a un mínimo de dos horas diarias y se reorganizan las rutinas de estudio para introducir descansos frecuentes y reducir el uso recreativo de pantallas.

En cuanto al tratamiento farmacológico, se inicia atropina al 0,025% en administración nocturna, buscando un equilibrio entre eficacia y tolerancia. La familia recibe información detallada sobre posibles efectos adversos, como fotofobia o dificultades en visión próxima, aunque se anticipa que la concentración seleccionada suele ser bien tolerada.

Para el componente óptico, se prescriben lentes oftálmicas con desenfoque periférico (DIMS), explicando su mecanismo de acción y la evidencia disponible sobre su capacidad para ralentizar la progresión. Se valoró la ortoqueratología, pero la familia prefirió una opción menos dependiente de manipulación diaria.

Finalmente, se establece un calendario de seguimiento estructurado, con revisiones cada seis meses que incluirán refracción ciclopléjica, biometría axial y evaluación de adherencia.

Evolución

En la revisión a los seis meses, la paciente muestra una progresión refractiva de solo −0,25 D y un incremento axial de 0,12 mm, cifras notablemente inferiores a las registradas en el año previo. La tolerancia a la atropina es buena, sin fotofobia significativa ni dificultades en visión próxima. La familia refiere que la niña pasa más tiempo al aire libre y que han logrado reducir el uso recreativo de pantallas.

A los doce meses, la progresión anual total es de −0,40 D y el crecimiento axial acumulado de 0,20 mm, lo que supone una reducción cercana al 50–60% respecto a la progresión previa al tratamiento. La paciente mantiene una agudeza visual corregida de 1,0 en ambos ojos y no presenta efectos adversos relevantes. La adherencia al tratamiento es excelente y la familia expresa satisfacción con la evolución.

Discusión

El manejo de la miopía infantil progresiva se ha convertido en un eje central de la salud ocular pediátrica, impulsado por la evidencia acumulada en los últimos años y por la creciente preocupación por la alta miopía y sus complicaciones. Las guías WSPOS e IMI coinciden en que la progresión miópica debe abordarse de forma activa y estructurada, combinando intervenciones ópticas, farmacológicas y ambientales, y monitorizando de manera sistemática la longitud axial como principal marcador de riesgo, 3-4

En el caso presentado, la paciente reúne varios factores de riesgo bien establecidos: antecedentes familiares de miopía magna, inicio temprano de la miopía, progresión refractiva acelerada y baja exposición a luz natural. Estos elementos, descritos ampliamente en los consensos IMI, justifican la implementación precoz de un plan terapéutico multimodal.3,4

La elección de atropina a baja concentración (0,025%) se alinea con las recomendaciones actuales, que sitúan las concentraciones entre 0,01% y 0,05% como las más eficaces y con mejor perfil de tolerancia.¹˒4 La evidencia reciente muestra que estas concentraciones reducen la progresión refractiva y axial con efectos adversos mínimos, lo que facilita la adherencia en población pediátrica4.

El uso de lentes oftálmicas con desenfoque periférico (DIMS) constituye otra intervención respaldada por estudios clínicos que han demostrado reducciones significativas en la progresión miópica y en el crecimiento axial respecto a lentes monofocales5. Su elección en este caso responde tanto a la evidencia como a la preferencia familiar por una opción de bajo mantenimiento, lo que refuerza la importancia de la toma de decisiones compartida.

El componente ambiental, a menudo subestimado, desempeña un papel fundamental. El aumento del tiempo al aire libre a un mínimo de dos horas diarias es una de las intervenciones preventivas con mayor respaldo científico, con efectos consistentes en la reducción del riesgo de aparición y progresión de la miopía7. La modificación de hábitos visuales en esta paciente contribuyó de forma clara a la mejoría observada en el seguimiento.

La evolución clínica a los 6 y 12 meses refleja una reducción sustancial de la progresión, coherente con los resultados esperados según la literatura reciente.1-5 La disminución del crecimiento axial a valores cercanos a 0,20 mm/año se considera un objetivo clínico razonable en pacientes de alto riesgo, y su consecución indica una respuesta terapéutica adecuada.

Este caso subraya la importancia de integrar las recomendaciones de las guías internacionales en la práctica clínica diaria. La combinación de intervenciones, la monitorización estructurada y la implicación activa de la familia son elementos clave para lograr un control eficaz de la progresión miópica. Tal como ocurre en otros ámbitos clínicos, la atención debe ser precoz, multidisciplinar y adaptada a las características individuales del paciente.

Conclusiones

  • La aplicación precoz de un enfoque multimodal basado en las guías WSPOS–IMI permitió reducir de forma significativa la progresión refractiva y axial, demostrando la eficacia de las intervenciones combinadas en pacientes con alto riesgo de miopía progresiva.
  • La monitorización estructurada mediante biometría axial fue esencial para evaluar la respuesta terapéutica, permitiendo ajustar el plan de manejo y objetivar la reducción del crecimiento axial anual.
  • La implicación activa de la familia y la mejora de los hábitos visuales contribuyeron de manera decisiva al éxito del tratamiento, reforzando la importancia del componente educativo y conductual en el control de la miopía infantil.
  • El uso de atropina a baja concentración y lentes con desenfoque periférico mostró un perfil de eficacia y tolerancia adecuado, consolidándose como opciones terapéuticas de primera línea en el manejo de la miopía progresiva en la infancia.

Bibliografía

  1. World Society of Paediatric Ophthalmology and Strabismus (WSPOS). Myopia Consensus Statement 2025: Interventions to Slow the Progression of Myopia. WSPOS; 2025. Disponible en: https://wspos.org/wp-content/uploads/2025/05/Myopia-Consensus-Statement2025.pdf [consultado en 17 de abril de 2026]
  2. Nucci P. Childhood myopia – a global perspective. Graefes Arch Clin Exp Ophthalmol. 2023 Jan;261(1):41-42. doi: 10.1007/s00417-022-05867-4. Epub 2022 Oct 13. PMID: 36227372; PMCID: PMC9558269.
  3. International Myopia Institute (IMI). IMI 2025 Clinical Summary: Clinical Management Guidelines and Risk Factors for Myopia. IMI; 2025.
  4. Khanal S, Tomiyama ES, Harrington SC. Childhood Myopia Part I: Contemporary Treatment Options. Invest Ophthalmol Vis Sci. 2025 Jun 5;66(7):6. doi: 10.1167/iovs.66.7.6. Erratum in: Invest Ophthalmol Vis Sci. 2025 Jul 1;66(9):46. doi: 10.1167/iovs.66.9.46. PMID: 40471570; PMCID: PMC12151248.
  5. Lam CSY, Tang WC, Tse DY, Lee RPK, Chun RKM, Hasegawa K, Qi H, Hatanaka T, To CH. Defocus Incorporated Multiple Segments (DIMS) spectacle lenses slow myopia progression: a 2-year randomised clinical trial. Br J Ophthalmol. 2020 Mar;104(3):363-368. doi: 10.1136/bjophthalmol-2018-313739. Epub 2019 May 29. PMID: 31142465; PMCID: PMC7041503.
  6. Khanal S, Tomiyama ES, Harrington SC. Childhood Myopia Part II: Treatment Mechanisms, Emerging Options, and Considerations. Invest Ophthalmol Vis Sci. 2025 Jun 5;66(7):7. doi: 10.1167/iovs.66.7.7. PMID: 40471569; PMCID: PMC12151255.
  7. Kido A, Miyake M, Watanabe N. Interventions to increase time spent outdoors for preventing incidence and progression of myopia in children. Cochrane Database Syst Rev. 2024 Jun 12;6(6):CD013549. doi: 10.1002/14651858.CD013549.pub2. PMID: 38864362; PMCID: PMC11167692.

 

El doctor Miguel Ángel Acosta Benito declara no tener conflictos de interés.

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lunes, 18 de mayo de 2026

Por qué el idioma del paciente influye en la precisión diagnóstica

Un estudio de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona ha constatado que no garantizar la atención sanitaria en el idioma del paciente puede poner en peligro la precisión diagnóstica, la confianza entre médico y paciente y la calidad asistencial.

El trabajo, publicado en la ‘Revista de Llengua i Dret‘, alerta de que la situación no solo afecta a los recién llegados, «sino también a la población autóctona con una lengua minoritaria o minorizada en distintos países del mundo», informa la UPF en un comunicado de este lunes.

La investigación ha consistido en una revisión bibliográfica que incluye un centenar de trabajos de distintas disciplinas sobre el impacto de la discordancia lingüística en la atención sanitaria en territorios como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Finlandia y también el País Vasco, con «investigación incipiente sobre el tema».

Idioma del paciente

En el caso de la población de origen migrante que no domina ninguna de las lenguas del país de acogida, la discordancia lingüística puede tener consecuencias «graves», como diagnósticos erróneos, menos adherencia a los tratamientos o realización de pruebas excesivas.

Sin embargo, el estudio ha revelado que la discordancia lingüística no solo afecta a la población migrada.  También ocurre lo mismo con la población autóctona con una lengua minoritaria o minorizada.  Incluso aunque sea bilingüe y puede expresarse también en la lengua dominante con más o menos fluidez.

Ahondando en la importancia del idioma del paciente, en investigaciones realizadas con hablantes de galés en Reino Unido, de francés en zonas angloparlantes de Canadá, del sueco en Finlandia o del euskera en el País Vasco se ha concluido que la capacidad de expresarse en una segunda lengua «disminuye especialmente en situaciones de estrés, vulnerabilidad, miedo o dolor intenso».

Regiones y lenguas minoritarias

En la mayoría de estudios anteriores, excepto en Finlandia, se ha constatado que las personas mayores y los niños son los grupos «más expuestos» a los riesgos de la discordancia lingüística en la atención sanitaria. Respecto a  los mayores, el deterioro cognitivo puede empeorar sus consecuencias en una segunda lengua, lo que dificulta la atención sanitaria.

En los estudios de Gales y el País Vasco, también se ha concluido que los niños, especialmente si son pequeños y todavía no han podido desarrollar sus competencias bilingües, dependen de su lengua materna para describir síntomas «de forma precisa».

Entre hablantes de estas comunidades, también se ha constatado el valor identitario de la lengua para muchas personas, y que la imposibilidad de poder hablar en la lengua propia puede afectar «la posibilidad de crear una relación de confianza con el facultativo».

Después de este primer estudio, seguirá una investigación sobre las consecuencias específicas de la discordancia lingüística en Catalunya, una cuestión «inexplorada» hasta ahora.

 

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El abordaje del asma pediátrica sufre un cambio de paradigma

La mejora de la comprensión del asma pediátrica está llevando a que deje de interpretarse como una enfermedad exclusivamente bronquial para abordarse como el resultado de la interacción entre el entorno, las barreras epiteliales y el sistema inmunológico. En palabras de la vicepresidenta de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), Cristina Rivas Juesas, “este nuevo marco conceptual permite no solo explicar el aumento de la prevalencia de las enfermedades alérgicas en las últimas décadas, sino también orientar un enfoque clínico más preventivo, personalizado y con capacidad de modificar la evolución de la enfermedad desde etapas tempranas de la vida”.

Este cambio de modelo ha sido uno de los contenidos centrales abordados en la mesa redonda “Asma: de la cronicidad a la curación”, celebrada en el marco del 50.º Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP).

De enfermedad bronquial a sistémica

Uno de los pilares del nuevo enfoque analizado ha sido la hipótesis de la barrera epitelial, que redefine el papel del epitelio respiratorio como un elemento activo en la regulación inmunológica.  A este respecto, Óscar Asensio de la Cruz, miembro del Grupo de Trabajo de Asma de SEICA señalaba que  “la evidencia presentada pone de manifiesto que la exposición crónica a factores ambientales propios de la vida moderna, como la contaminación atmosférica, determinados compuestos químicos o las alteraciones en los estilos de vida, puede comprometer la integridad de esta barrera, facilitando la entrada de alérgenos y promoviendo respuestas inflamatorias desreguladas”.

Este planteamiento desplaza el foco desde el tratamiento de la inflamación ya establecida hacia la identificación y el control de los determinantes que condicionan su aparición. Todo ello con implicaciones directas en la práctica clínica diaria y en el diseño de estrategias preventivas más eficaces desde la edad pediátrica. “En la consulta, este enfoque se traduce en una evaluación más amplia del entorno del niño, incorporando de forma sistemática los factores ambientales relevantes desde las primeras visitas”, añadía Asensio de la Cruz.

Programación temprana del asma pediátrica

En paralelo, el concepto de exposoma se consolida como un elemento clave en la evaluación del asma pediátrico. Factores como la contaminación ambiental, el cambio climático, la intensificación de las estaciones polínicas o el aumento de eventos meteorológicos extremos actúan como desencadenantes de exacerbaciones. Pero además,  pueden influir de forma significativa en la evolución de la enfermedad a medio y largo plazo.

A este respecto intervenía de nuevo Cristina Rivas Juesas, para aclarar que “ya no podemos entender el asma pediátrica sin tener en cuenta el entorno en el que crece el niño, porque esas exposiciones acumuladas condicionan su evolución clínica”. Esta visión obliga a integrar de manera sistemática la evaluación del entorno en la consulta clínica, incorporando variables ambientales en la estratificación del riesgo y en la toma de decisiones terapéuticas.

Exposoma y microbiota en asma pediátrico

Asimismo, durante la mesa se subrayó la relevancia del exposoma interno, y en particular del papel de la microbiota, como modulador del desarrollo del asma. La evidencia indica que las primeras etapas de la vida, incluido el periodo prenatal y los primeros meses, son determinantes en la programación del sistema inmunológico. Alteraciones en la microbiota durante estas fases, condicionadas por factores como la dieta, el uso temprano de antibióticos o el entorno, se asocian con una mayor susceptibilidad al desarrollo de asma.

En palabras de Rivas Juesas, “estas etapas tempranas representan una ventana de oportunidad clave para la prevención”.De forma integrada, los expertos coincidieron en que el asma pediátrica debe entenderse hoy como una enfermedad dinámica, modulada por exposiciones acumulativas y procesos biológicos interdependientes. En la práctica clínica, este cambio de paradigma implica evolucionar desde un manejo centrado exclusivamente en el control de los síntomas hacia estrategias orientadas a la identificación de factores de riesgo ambientales, la evaluación de la vulnerabilidad individual y la intervención temprana sobre determinantes modificables, abriendo la puerta a modificar la trayectoria de la enfermedad en determinados pacientes.

 

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