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viernes, 14 de agosto de 2026

Sindicatos médicos exigen a Sanidad una intervención urgente en Ceuta

La Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM) ha considerado insuficiente la respuesta de la ministra de Sanidad, Mónica García, ante la situación asistencial de Ceuta y ha reclamado una intervención directa y urgente del Ministerio y del INGESA.

CESM ha recordado que las dificultades de la sanidad pública de la ciudad autónoma, como la falta de profesionales, la cobertura de plazas, la presión asistencial y las condiciones laborales, “vienen siendo denunciadas por esta organización desde hace años”.

Presión asistencial extraordinaria en Ceuta

La organización ha cuestionado que la respuesta ministerial se centre en cifras de actividad, inversiones y evolución de las plantillas, sin abordar la “presión asistencial extraordinaria” que han soportado los profesionales. En este sentido, ha señalado que el propio Ministerio reconoció la necesidad de activar un dispositivo especial y reforzar los servicios del INGESA con más de 60 profesionales.

CESM también ha rechazado que se califique de “alarmistas” a los médicos que alertan de dificultades asistenciales. “Advertir de los problemas asistenciales, reclamar recursos y defender a pacientes y profesionales no es alarmismo sino responsabilidad”, ha defendido.

La organización ha reclamado que Mónica García visite los centros sanitarios, se reúna con los profesionales y contraste sobre el terreno la situación asistencial. Además, ha pedido medidas para abordar los problemas estructurales de la sanidad ceutí y ha reiterado su respaldo a las reivindicaciones de los médicos y del Colegio de Médicos de Ceuta.

Valoración del Ministerio de Sanidad

Por su lado, Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, ha asegurado que “no hay una situación de colapso sanitario actualmente en Ceuta”, pese a la llegada masiva de personas migrantes a la ciudad autónoma hace dos semanas. No obstante, ha reconocido que esta situación ha generado una “importante tensión” y ha destacado el esfuerzo realizado por los profesionales sanitarios.

Javier Padilla ha señalado que Ceuta afronta actualmente “una crisis humanitaria, no una crisis sanitaria”, aunque ha advertido de que su evolución podría generar problemas de salud. Según ha explicado, la actividad asistencial programada se ha mantenido sin cancelaciones tras la activación del Plan de Catástrofes, la creación de circuitos diferenciados y la apertura de puntos y horarios adicionales.

Personal de refuerzo

Como refuerzo, se han incorporado 60 profesionales sanitarios, que permanecerán en Ceuta hasta el 31 de agosto, cuando se reevaluará la situación. El primer día tras la llegada de migrantes se registraron 1.149 atenciones sanitarias, cifra que posteriormente se estabilizó entre 300 y 400 asistencias diarias. El Hospital Universitario de Ceuta, con 175 camas, presenta una ocupación del 63 por ciento. De las camas ocupadas, 33 corresponden a pacientes migrantes.

El secretario de Sanidad sí ha reconocido un “problema” relacionado con las condiciones de salubridad de los enclaves donde permanecen estas personas y ha reclamado centrar los esfuerzos en prevenir nuevos problemas de salud mientras se resuelve la situación humanitaria.

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Jubilación: A los 40 hay que revisar, a los 50 planificar y a los 60 tomar decisiones con números concretos

Pensar en la jubilación suele ser una asignatura pendiente que muchos profesionales de la medicina posponen hasta que avistan los 60 años. Sin embargo, la complejidad de sus trayectorias —que a menudo alternan o combinan la sanidad pública, la consulta privada y la actividad como autónomos— convierte la anticipación en una necesidad estratégica.

Hablamos con José Manuel Orta Muñoz, asesor fiscal, contable y CEO de Ortafyc, sobre las claves para auditar nuestra vida laboral a tiempo, evitar sorpresas en el cálculo de la pensión y tomar el control de nuestro retiro mucho antes de lo habitual.

Muchos médicos posponen pensar en la jubilación hasta los 60. ¿Por qué considera que es un error?

La trayectoria profesional de un médico no siempre sigue un único camino. A lo largo de varias décadas puede desarrollar su actividad en la sanidad pública, pasar por el sector privado, ejercer por cuenta propia o incluso compatibilizar distintas actividades.

Por eso, cuando hablamos de jubilación, no deberíamos pensar únicamente en qué edad podremos dejar de trabajar. También debemos preguntarnos algo mucho más importante: ¿qué trayectoria de cotización hemos construido durante todos esos años?

Mi recomendación es empezar a revisar nuestra situación alrededor de los 40-45 años, realizar una planificación más detallada al llegar a los 50 y afrontar los 60 con un plan concreto de jubilación. No significa que un médico de 40 años tenga que decidir cuándo quiere jubilarse. Significa comprobar que lo que consta de su trayectoria laboral es correcto y empezar a entender cómo se está generando su futura pensión.

¿Qué errores suelen aparecer cuando se revisa la vida laboral de un médico?

Este es uno de los primeros aspectos que conviene revisar. Podemos encontrarnos con periodos trabajados que no aparecen en la vida laboral, fechas de alta o baja incorrectas, bases de cotización inferiores a las que realmente correspondían, periodos como autónomo que no constan correctamente, cambios de régimen que no se han reflejado adecuadamente o situaciones de pluriempleo o pluriactividad mal registradas.

Para un profesional que a lo largo de su carrera haya desarrollado distintas actividades, revisar estos datos adquiere todavía más sentido. Las bases de cotización son, además, fundamentales para determinar la cuantía de la futura pensión.

Por eso, alrededor de los 40 años ya podemos comprobar nuestra vida laboral, detectar posibles errores y conocer cómo estamos generando nuestra pensión.

¿Y qué cambia cuando se llega a los 50?

A los 50, la revisión debería ser mucho más profunda. En ese momento ya contamos con una parte importante de nuestra trayectoria profesional y podemos analizar los años cotizados, las bases de cotización, la edad prevista de jubilación, la posible pensión, las opciones de jubilación anticipada y la necesidad de aumentar cotizaciones o disponer de ahorro complementario.

A los 60 deberíamos tener un plan concreto y empezar a tomar decisiones con números reales.

¿A qué edad puede jubilarse actualmente un médico en España?

En 2026, quienes tengan 38 años y tres meses o más cotizados pueden acceder a la jubilación ordinaria a los 65 años. Quienes no alcancen ese periodo deberán esperar hasta los 66 años y 10 meses. A partir de 2027, la edad será de 65 años para quienes tengan al menos 38 años y seis meses cotizados y de 67 años para quienes no lleguen a ese periodo.

Para cobrar el 100 % de la base reguladora de la pensión de jubilación se necesitan actualmente 36 años y seis meses cotizados. Sin embargo, alcanzar ese periodo no significa necesariamente que podamos jubilarnos sin penalización: también hay que alcanzar la edad ordinaria de jubilación que corresponda. Con 15 años cotizados ya existe derecho a una pensión contributiva, pero esta equivale al 50 % de la base reguladora.

¿Qué opciones existen para quien quiera dejar de trabajar antes de la edad ordinaria?

La jubilación anticipada puede ser una opción, pero debe planificarse. En la jubilación anticipada voluntaria, como regla general, es posible adelantar hasta dos años respecto a la edad ordinaria y se exige, entre otros requisitos, acreditar al menos 35 años de cotización.

La decisión tiene consecuencias económicas porque se aplican coeficientes reductores. No existe un porcentaje único. La reducción dependerá principalmente de cuántos meses adelantemos nuestra jubilación y de los años que hayamos cotizado.

¿Y para quien quiera seguir trabajando más allá de la edad ordinaria?

También puede darse el escenario contrario: alcanzar la edad ordinaria de jubilación y querer continuar trabajando. La jubilación demorada cuenta con incentivos económicos. Actualmente puede optarse, con carácter general, por un incremento del 4 % de la pensión por cada año completo de demora, un pago único cuya cuantía depende de los años cotizados y de la pensión o una fórmula mixta.

Además, desde abril de 2025, a partir del segundo año de demora, los periodos superiores a seis meses pueden generar un incentivo adicional del 2 %.

Usted insiste mucho en revisar toda la trayectoria, no solo la más reciente. ¿Por qué es tan importante para un médico que ha trabajado en distintos regímenes?

Un profesional sanitario que haya desarrollado distintas actividades a lo largo de su carrera debería prestar especial atención a que todos sus periodos estén correctamente reflejados. Si además ha ejercido como autónomo, hay cuestiones adicionales que conviene comprobar. Desde 2023, la cotización de los autónomos está vinculada a sus rendimientos netos y posteriormente la Tesorería realiza una regularización en función de los rendimientos reales. Esto puede hacer que la cotización realizada inicialmente durante el año no coincida finalmente con la que correspondía.

Por ello, conviene revisar las bases de cotización, las regularizaciones de cuotas, las bases de los últimos años y que todos los periodos de alta y baja aparezcan correctamente. También merece especial atención la pluriactividad. Si durante nuestra trayectoria hemos desarrollado simultáneamente una actividad por cuenta propia y otra por cuenta ajena, debemos comprobar que esa situación está correctamente registrada.

¿Dónde puede consultar un médico toda esta información?

Toda esta información puede consultarse a través de Importass, el portal de la Tesorería General de la Seguridad Social, donde podemos acceder a nuestra vida laboral, periodos de alta y baja, empresas, actividad como autónomo, días cotizados y bases de cotización.

Para cerrar, ¿cuál es el mensaje principal que le gustaría que se llevaran los médicos que lean esta entrevista?

Después de décadas dedicadas al ejercicio de la medicina, la jubilación no debería llegar como una cuestión que empezamos a resolver en los últimos años de actividad profesional. La pauta que recomiendo es sencilla: a los 40, revisar; a los 50, planificar; y a los 60, tomar decisiones con números concretos.

Cuanto más variada haya sido nuestra trayectoria profesional, más importante es conocer con antelación qué hemos cotizado, cómo está registrado y qué opciones tendremos cuando llegue el momento de decidir cuándo y cómo queremos jubilarnos.

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jueves, 13 de agosto de 2026

Obesidad abdominal y deficiencia de vitamina D podrían elevar la mortalidad

La combinación de obesidad abdominal y deficiencia de vitamina D se ha asociado con un mayor riesgo de mortalidad en personas mayores de 50 años. Así lo indica un estudio publicado en Diabetes, Obesity and Metabolism. Los participantes que presentaban ambas condiciones tuvieron un riesgo de muerte un 123 % superior al de quienes no presentaban ninguna de ellas.

La investigación ha analizado a 5.520 personas de 50 años o más durante un periodo de seis años. Los participantes formaban parte del Estudio Longitudinal Inglés del Envejecimiento (ELSA), una de las principales cohortes para el estudio del envejecimiento.

Definición de conceptos

Los investigadores han definido la deficiencia de vitamina D como concentraciones inferiores a 30 nmol/L. La obesidad abdominal se ha establecido a partir de una circunferencia de cintura superior a 102 centímetros en hombres y 88 centímetros en mujeres.

Los resultados han mostrado que la deficiencia de vitamina D por sí sola se ha asociado con un incremento del riesgo de mortalidad de hasta el 91 %, mientras que la obesidad abdominal se ha relacionado con un aumento del 47 %. Cuando ambas condiciones estaban presentes, el riesgo se ha situado un 123 % por encima del observado en las personas sin ninguna de ellas.

Según Tiago Silva, profesor del Departamento de Gerontología de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), la obesidad abdominal se relaciona con procesos inflamatorios y alteraciones metabólicas, mientras que la vitamina D interviene en distintas funciones fisiológicas. “Cuando estas dos condiciones se presentan juntas, una amplifica los efectos de la otra, aumentando aún más el riesgo de muerte”, ha explicado.

Relación entre grasa abdominal y vitamina D

Los autores plantean que la obesidad puede contribuir a reducir la disponibilidad de vitamina D circulante. Según Alexandre, investigador del mismo grupo, el tejido adiposo puede almacenar vitamina D y reducir su presencia disponible en la circulación. Además, las personas con obesidad presentan una menor expresión de algunas enzimas implicadas en su metabolismo.

Esta menor disponibilidad podría favorecer alteraciones en distintos sistemas. “La obesidad abdominal reduce la vitamina D circulante, y esa deficiencia perjudica el sistema inmunitario, exacerbando la inflamación crónica causada por el exceso de grasa y aumentando drásticamente el riesgo de mortalidad”, ha señalado Alexandre.

El trabajo forma parte de una línea de investigación sobre vitamina D y envejecimiento. Estudios anteriores del mismo grupo han relacionado su deficiencia con pérdida de fuerza, menor velocidad de la marcha, pérdida de independencia y deterioro cognitivo.

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Menor gasto cardiaco, mayor atrofia cerebral en portadores de APOE-e4

Una menor función cardíaca se ha asociado con una mayor tasa de atrofia cerebral en personas portadoras del alelo APOE-e4, una variante genética relacionada con un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer. Así lo ha mostrado un estudio longitudinal del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos), publicado en Alzheimer’s & Dementia. Esta investigación ha analizado la relación entre la función cardiaca y la evolución del volumen cerebral durante 11 años.

La investigación ha incluido a 756 participantes del Proyecto de Memoria y Envejecimiento de Vanderbilt (VMAP), una cohorte longitudinal diseñada para estudiar, entre otros aspectos, la contribución vascular al envejecimiento cerebral. Los investigadores han analizado si una reducción de la función cardiaca podía asociarse con cambios cerebrales incluso en ausencia de enfermedad cardiovascular manifiesta.

Disfunción cardiaca subclínica

Los resultados han mostrado que la disfunción cardiaca subclínica al inicio del estudio se ha relacionado con mayores tasas de atrofia cerebral en los participantes portadores de APOE-e4. En este grupo, un menor gasto cardiaco se ha asociado con un menor volumen cerebral global y con una reducción más marcada del volumen de los lóbulos temporal y occipital.

Además, el seguimiento longitudinal ha permitido observar que un menor gasto cardiaco al inicio de la investigación ha predicho una mayor atrofia del lóbulo temporal, una región cerebral implicada en la enfermedad de Alzheimer.

Elizabeth Moore, primera autora del trabajo, ha señalado que “este estudio examina el impacto de la disfunción cardiaca subclínica en la neurodegeneración a lo largo del tiempo. Es uno de los primeros en evaluar cómo el estado del gen APOE-e4 modifica estas asociaciones”.

Función cardiaca y atrofia cerebral

Los investigadores han señalado que la asociación entre la función cardíaca y la atrofia cerebral ha resultado especialmente evidente en los portadores de APOE-e4. Según Moore, los resultados “sugieren que incluso reducciones sutiles en la función cardiaca pueden tener implicaciones importantes para la salud cerebral, particularmente en personas con mayor riesgo genético de padecer la enfermedad de Alzheimer”.

Los autores han planteado que estos resultados pueden respaldar un enfoque de medicina de precisión que incorpore la información genética en las estrategias de prevención y detección de la enfermedad de Alzheimer. No obstante, han puntualizado que los hallazgos no permiten establecer que una menor función cardiaca provoque directamente la atrofia cerebral.

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Terapia de Aceptación y Compromiso en la práctica clínica

La ACT parte de la idea de aceptar pensamientos o emociones incómodas en lugar de luchar por eliminarlas. Mindfulness, aceptación, valores. Con esa base, la terapia lleva años aplicándose en salud mental, dolor, cáncer y atención primaria, y es en estos campos donde la evidencia se ha vuelto especialmente activa en los últimos meses.

En España se acaba de publicar un metaanálisis sobre la eficacia de la ACT en cuidados al final de la vida. En total se han analizado 13 estudios con 1.109 participantes, la mayoría con cáncer en fase terminal. Los resultados muestran que los participantes que recibieron ACT mejoraron su calidad de vida y redujeron sus síntomas de distrés emocional en comparación con los grupos de control, y que estas mejoras se mantenían hasta 9 meses después de finalizar la intervención.

Dolor crónico y cáncer

El dolor crónico es, con diferencia, el campo con más estudios recientes. Un ensayo controlado aleatorizado que evaluó la terapia ACT, publicado en 2025 en el Canadian Journal of Pain, puso de manifiesto que, aunque no se observaron efectos estadísticamente significativos sobre las variables principales de resultado —la intensidad del dolor y la calidad de vida relacionada con la salud—, sí se detectaron diferencias significativas a favor de la ACT en la aceptación del dolor, incluyendo la disposición al dolor y el compromiso con la actividad.

En un metaanálisis publicado en PLOS One en junio de 2024, los investigadores aportaron evidencia sobre la eficacia de la ACT como intervención para pacientes con dolor crónico. Tras el tratamiento, se encontró un efecto medio significativo en la medición de la interferencia del dolor, el deterioro funcional, la aceptación del dolor, la inflexibilidad psicológica y la depresión. En cambio, la intensidad del dolor, la ansiedad y la calidad de vida mostraron solo un efecto modesto.

En oncología, buena parte de la atención se ha centrado en el miedo a que el cáncer reaparezca una vez superado. Una revisión con metaanálisis que sintetiza la investigación sobre ACT entre 2020 y 2026 recoge un metaanálisis de 2025 publicado en el European Journal of Oncology Nursing, que encontró una reducción significativa del miedo a la recurrencia en supervivientes de cáncer tras recibir ACT. La misma revisión recoge otro metaanálisis de 2025, publicado en Scientific Reports, que muestra mejoras notables en la ansiedad de los cuidadores de personas con cáncer.

Por otro lado, un estudio de cohorte retrospectivo de Frontiers in Surgery observó que sumar ACT a la atención habitual reducía las complicaciones en pacientes con colostomía permanente tras cirugía de cáncer colorrectal, además de mejorar su bienestar psicosocial.

Salud mental

Un metaanálisis transcultural de 2026 en Cognitive Behaviour Therapy, que reúne datos de casi 22.000 personas y 263 estudios, concluye que, en conjunto, la ACT se asocia con una reducción significativa de la depresión. El grado en que la ACT es superior a otras intervenciones es pequeño y probablemente depende de factores contextuales.

Más concreto es un ensayo aleatorizado de 2026 en el Journal of Affective Disorders, que combinó ACT con estimulación magnética transcraneal en personas mayores con depresión mayor. La combinación acortó el tiempo hasta la mejoría, aunque esa ventaja se fue diluyendo con el paso de los meses.

Por otra parte, una revisión sistemática de 2025 publicada en Acta Neuropsychiatrica encontró un efecto considerable de la ACT sobre la ideación suicida. Sin embargo, los propios autores señalan una limitación: los estudios disponibles se concentran en muy pocos países.

Con respecto al personal sanitario, también existen estudios publicados recientemente. Un ensayo controlado con profesionales sanitarios chinos probó un programa de ACT por internet de seis semanas —vídeos, mindfulness, diario personal y encuentros grupales en línea—. El grupo que siguió el programa mejoró en estrés, ansiedad, depresión, burnout y flexibilidad psicológica.

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