«Defiendo y busco una Atención Primaria resolutiva y equidistante con el resto de niveles, entendiendo que el primer nivel asistencial lo constituye el propio usuario y su entorno, y que nuestro papel es ser el segundo nivel que acompaña, potencia y garantiza una atención cercana, eficiente y de calidad», sostiene en su entrevista con EL MÉDICO INTERACTIVO el doctor Manuel José López Priego, director médico de Atención Primaria del Área de Salud de Cáceres, donde trabajan en el impulso de proyectos organizativos, la optimización de recursos y el fortalecimiento de los equipos de AP.
Vocal de la Sociedad Española de Directivos de Atención Primaria (SEDAP) por Extremadura, el doctor López Priego ha desarrollado su trayectoria profesional en el ámbito de la Atención Primaria, las Urgencias Hospitalarias y las Emergencias Extrahospitalarias (112 Extremadura) dentro del Servicio Extremeño de Salud.
A lo largo de su carrera ha desempeñado funciones asistenciales y de gestión (coordinador de Unidad Medicalizada de Emergencias Rural y responsable del Transporte Interhospitalario Urgente del Área de Salud) centradas en la mejora de la calidad asistencial, la coordinación de dispositivos y la respuesta integral a las necesidades de la población. Desde SEDAP participa en iniciativas relacionadas con la gestión y el liderazgo sanitario a nivel nacional.
La Atención Primaria es el primer nivel asistencial del sistema de salud y el médico es responsable de la salud de población, pero usted sostiene que el primer nivel es el propio usuario-paciente. ¿Es posible hacer al usuario y a su entorno al menos corresponsables de su salud?
Totalmente. El primer nivel de la salud es la persona y su entorno: sus hábitos, su contexto social, su vivienda y su red de apoyos. La AP acompaña, empodera y estructura esa corresponsabilidad mediante la educación sanitaria, el seguimiento proactivo y las herramientas de autocuidado. No se trata de trasladar «culpas» al paciente, sino de reconocer su poder real para prevenir, detectar precozmente y adherirse a los tratamientos, poniendo a su alcance itinerarios sencillos, comprensibles y cercanos.
Si se conceptualiza de ese modo, ¿qué espacio ocuparía la AP en el nivel asistencial? Y, más que responsables, ¿debiéramos pensar en corresponsables junto con nuestro médico?
Esa es la clave: corresponsables. Si el usuario es el nivel 1, la Atención Primaria es el nivel 2 que ordena, coordina y da continuidad. Mientras la Atención Hospitalaria aporta alta especialización y tecnología, la AP integra, prioriza y personaliza en el territorio y a lo largo del tiempo. Este engarce bidireccional evita duplicidades, reduce tiempos y mejora resultados, especialmente en cronicidad, fragilidad y salud mental.
Muchas personas están de acuerdo en ser (co)responsables de su propia salud, pero surgen dudas … ¿tiene el paciente suficiente formación en salud, capacidad de autocuidado …? Y, ¿qué pasa con la IA?
Corresponsabilidad no exige ser expertos; exige disponer de información fiable, clara y accionable. Aquí la AP es crucial: educación sanitaria, alfabetización en salud digital, guías de autocuidado y canales verificados (portales del paciente, aplicaciones seguras o mensajería clínica). La IA puede ayudar —mediante recordatorios o interpretación básica de datos—, siempre bajo supervisión profesional y gobernanza ética. «Doctor Google» sin criterio es un riesgo; IA con AP y estándares es una oportunidad.
El doctor López, vocal de la SEDAP por Extremadura.
Relacionado con lo anterior, ¿no es preocupante el terraplanismo y negacionismo en salud que prolifera en redes?
Lo es, y erosiona la confianza y la seguridad del paciente. Por ello debemos actuar de forma proactiva con campañas de alfabetización en salud y comunicación clara desde la AP. A nivel comunitario, mediante alianzas con escuelas, asociaciones y medios locales; y, por supuesto, a nivel regulatorio, con tolerancia cero a la desinformación dañina y sellos de calidad para los contenidos sanitarios. La mejor vacuna contra la pseudociencia es una AP accesible, actualizada y respaldada institucionalmente.
¿Cómo es la relación de la AP con la atención hospitalaria y cómo debiera ser?
Hoy avanzamos hacia un modelo más integrado, pero el verdadero salto cualitativo se produce cuando la relación AP–AH se articula alrededor del paciente y de procesos compartidos, no de compartimentos estancos. En servicios de salud como el extremeño ya contamos con Procesos Asistenciales Integrados (PAI) en diferentes patologías y situaciones clínicas; estos representan un marco idóneo de trabajo multidisciplinar donde la AP, la atención hospitalaria, la enfermería, el trabajo social y otros profesionales abordan al paciente de forma integral, coordinada y continua. Estos procesos permiten compartir criterios clínicos, evitar duplicidades y mejorar los resultados y la experiencia del paciente.
Este modelo de trabajo integrado y multidisciplinar coincide con la visión que defendemos desde SEDAP sobre cómo deben organizarse y liderarse hoy los equipos directivos de Atención Primaria en el SNS.
El planteamiento anterior en realidad es de bidireccionalidad, porque el seguimiento pautado al paciente lo suele hacer la AP. ¿Se actúa en consecuencia con esta estrategia?
Sí, cada vez más y debe ser una prioridad organizativa. Desde la gestión de la Atención Primaria, una tarea estratégica es la elaboración y actualización de protocolos específicos de derivación a Atención Hospitalaria, diferenciados por servicios y procesos clínicos. Estos protocolos definen criterios claros de derivación, establecen canales de comunicación ágiles y facilitan respuestas en tiempos adecuados. Y algo fundamental: se elaboran siempre con profesionales de ambos niveles asistenciales, así como con la participación activa de los equipos directivos, garantizando que sean realistas, consensuados y aplicables en la práctica clínica real. La AP no solo deriva, también coordina, hace seguimiento y mantiene la continuidad asistencial; y el sistema debe reconocerlo organizativa y funcionalmente.
La AP tiene un reto en su relación con los servicios sociales comunitarios de zona. ¿Se fomenta? ¿los departamentos sociales de ayuntamientos, diputaciones, gobiernos… son proclives a estas sinergias?
Es estratégico y cada vez más necesario, especialmente en ámbitos como la soledad, la dependencia, la salud mental, las adicciones, la vivienda o el transporte. Para avanzar, es imprescindible una interoperabilidad mínima para alertas sociales relevantes, protocolos de derivación bidireccional claros y medibles, y una cartera de recursos comunitarios viva y accesible para profesionales y ciudadanía. La AP es la puerta de entrada sanitaria; los servicios sociales, la red de apoyos. Cuando ambos trabajan coordinados, pueden impactar sobre las causas profundas que enferman a las personas, no solo sobre sus síntomas.
Al mencionar estas sinergias viene a la mente las alabanzas que se dirigen desde todos los ámbitos al primer nivel asistencial, ¿los presupuestos estan en consonancia con esos halagos?
La coherencia presupuestaria es el termómetro. Fortalecer la AP requiere financiación finalista y estable para: plantillas, tiempo clínico, infraestructura digital, salud comunitaria e innovación organizativa. No es gasto, es inversión con retorno en menos urgencias evitables, menos ingresos y más calidad percibida.
Es imposible hablar de AP sin mirar a la AP rural, ¿es la cenicienta, esquinada, sin medios humanos ni técnicos … o no es así? ¿es un baluarte a potenciar?
La ruralidad es baluarte y responsabilidad. Hay desafíos (dispersión, cobertura, relevo profesional), pero también fortalezas: vinculación comunitaria, continuidad ejemplar y capacidad preventiva. ¿Qué funciona? Incentivos de atracción y fidelización (profesionales y proyectos de vida), tecnología útil (telemonitorización, herramientas diagnósticas y terapéuticas) y modelos de equipo flexibles (enfermería, fisioterapia, trabajo social, farmacia) adaptados a la idiosincrasia de estas zonas. La AP rural ayuda a fijar población cuando los servicios esenciales —salud incluida— son estables y de calidad.
¿En qué estriba que las diferencias asistenciales entre comunidades sean más o menos gravosas?
Las diferencias existen y debemos reducirlas con estándares nacionales de mínimos de AP (tiempos de acceso, cupos, dotación de enfermería, acceso a pruebas, continuidad digital). Luego, cada comunidad puede ir más allá, pero ningún ciudadano debería carecer de lo básico de una AP moderna por su código postal. Transparencia comparativa, evaluación de resultados y aprendizaje interterritorial aceleran la convergencia.
El envejecimiento poblacional lleva al aumento de crónicos, pluripatológicos y enfermedades emergentes. ¿Cómo lo encara la SEDAP en su Plan Estratégico? ¿la AP en España está preparada para estos retos que ya no son futuro sino presente?
Desde SEDAP partimos de una convicción clara: los retos actuales de la AP no se resuelven solo con más recursos, sino con un cambio profundo en la forma de liderar y gestionar la atención primaria dentro del Sistema Nacional de Salud. Nuestro Plan Estratégico pone el foco en la necesidad de equipos directivos profesionalizados, con formación en gestión, liderazgo clínico y capacidad para trabajar en entornos complejos, donde la cronicidad, la pluripatología y la fragilidad son ya la norma y no la excepción.
Además, planteamos reforzar el posicionamiento real de la AP en los órganos de decisión, porque sin una AP con voz y capacidad de influencia es muy difícil avanzar hacia modelos asistenciales integrados, multidisciplinares y centrados en la persona. Todo ello debe hacerse desde una lógica de sostenibilidad del sistema, entendida como eficiencia, continuidad asistencial, prevención, buen uso de los recursos y mejora real de los resultados en salud.
La Atención Primaria española tiene profesionales con enorme capacidad y compromiso, pero necesita equipos directivos preparados para liderar el cambio, con estabilidad, formación específica y apoyo institucional. Ese es, en esencia, el mensaje que defendemos desde SEDAP.
¿Qué papel juega la Atención Primaria privada?
La evidencia internacional es consistente: los sistemas con una AP fuerte obtienen mejores resultados en salud, más equidad y mayor eficiencia. No es una opinión, es un patrón que se repite cuando la AP actúa como acceso preferente, longitudinal y resolutiva, capaz de coordinar el conjunto del sistema. El crecimiento de pólizas privadas que “incluyen AP” convive con otra realidad, la AP pública es insustituible para garantizar acceso universal, continuidad y mirada comunitaria. Que surja oferta privada no invalida el principio; más bien refuerza la necesidad de fortalecer la AP pública para que nadie quede atrás y para que el gasto global sea sostenible. En resumen: sí, más y mejor AP equivale a más salud y menos desigualdad.
El doctor Manuel José Priego no tiene conflicto de intereses
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