Pasar de una medicina reactiva a otra preventiva y predictiva es, según José Luis Cordeiro, ingeniero y coautor de La muerte de la muerte, el gran cambio conceptual de la medicina que ya está en marcha. Cordeiro, organizador de la International Longevity Summit, que se ha celebrado en Madrid, explica a El Médico Interactivo que las facultades deberían enseñar la biología del envejecimiento como una disciplina médica fundamental. Además, señala que la gerociencia tiene que dejar de considerarse marginal o futurista, y reconoce que hacen falta mejores biomarcadores y ensayos que demuestren que intervenir sobre esos mecanismos reduce la enfermedad, la discapacidad y la mortalidad.
“Si sabemos que determinados procesos biológicos del envejecimiento aumentan el riesgo de cáncer, enfermedad cardiovascular, neurodegeneración o fragilidad, tiene sentido intentar intervenir sobre esos procesos antes de que aparezca la enfermedad”, comenta Cordeiro. “Un estudiante de medicina aprende muchísimo sobre enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes o neurodegeneración, pero necesitamos conectar esas enfermedades con los procesos biológicos que comparten y que están relacionados con el envejecimiento”, añade.
En esta dirección coincide el Dr. Manuel J. Castillo, profesor emérito de fisiología de la Universidad de Granada y ponente en la cumbre. Según explica a El Médico Interactivo, la ciencia médica está en condiciones de intervenir de forma segura sobre el envejecimiento antes de que aparezca la patología, algo que se hace desde hace tiempo y que se haría con más eficacia con los conocimientos actuales. Descarta, eso sí, que ello permita curar o evitar el envejecimiento: lo que se consigue, dice, es retardar el proceso, prevenir sus complicaciones y atenuar sus consecuencias.
En cuanto a las pruebas de edad epigenética y de telómeros que venden algunas clínicas privadas, Cordeiro admite que en muchos casos el mercado se ha adelantado a la evidencia. “Necesitamos estandarización, estudios longitudinales, validación independiente y demostrar que modificar un marcador realmente modifica resultados clínicos. No debemos confundir medir el envejecimiento con demostrar que podemos revertirlo”, matiza el organizador de la International Longevity Summit.
Sobre el riesgo de cáncer de la reprogramación celular, Cordeiro pide cautela. “No recomendaría presentar las intervenciones experimentales de rejuvenecimiento como si fueran tratamientos ya establecidos. El riesgo de cáncer es precisamente uno de los grandes desafíos científicos. […] Por eso necesitamos investigación rigurosa, ensayos clínicos controlados y seguimiento a largo plazo. Ser optimista respecto al futuro no significa abandonar la prudencia en el presente”, comenta.
Castillo, por su parte, cree que toda intervención supone riesgos y obliga a valorar el balance entre riesgo y beneficio. Según explica, los senolíticos no están dando por ahora el resultado esperado y la reprogramación genética sigue en investigación, aunque prevé que “para algunos aspectos concretos del envejecimiento, como pueda ser la degeneración de tejidos específicos, su regeneración parcial o temporal se pueda conseguir”.
“La muerte de la muerte” en 2045 como horizonte tecnológico
Respecto a qué avance concreto demuestra que 2045 es una fecha realista para “la muerte de la muerte”, Cordeiro cita la convergencia de varias áreas: la reprogramación celular, las terapias génicas, la medicina regenerativa y la inteligencia artificial. En su libro defiende “que el envejecimiento no tiene por qué ser un destino biológico inevitable», pero aclara que «la fecha de 2045 es un horizonte tecnológico, no una promesa médica. Pero cada avance que permite reparar, reemplazar o rejuvenecer tejidos hace que ese horizonte sea científicamente más plausible”.
Castillo no se atreve a negar de forma categórica que en 2045 la mortalidad sea opcional, pero con el conocimiento actual y los desarrollos en curso lo considera, en esos términos, imposible. “Por el momento, el límite real de la biología humana basado en la evidencia empírica y el conocimiento fisiológico son, como posibilidad, unos 120 años”, afirma.
Respecto a la aprobación de terapias génicas contra el envejecimiento, Cordeiro explica que “es imposible dar una fecha responsable. Podrían llegar antes de lo que muchos imaginan, pero también podrían tardar bastante más”. Prevé que lleguen primero tratamientos dirigidos a mecanismos concretos, y no una única terapia.
Ahorro, acceso y financiación
José Luis Cordeiro comenta que “potencialmente» la prevención biológica saldría más barata a la sanidad pública que costear la dependencia y las enfermedades crónicas, «pero hay que demostrarlo con datos para cada intervención». «La prevención suele ser más barata que las terapias, especialmente si las personas mantienen su juventud y salud, como se espera con tratamientos de extensión de vida y rejuvenecimiento biológico”, afirma Cordeiro.
“El verdadero objetivo no es simplemente vivir más años, sino vivir más años con buena salud y autonomía. Si conseguimos retrasar simultáneamente varias enfermedades asociadas al envejecimiento, el impacto económico puede ser enorme. Una persona que vive hasta los 90 o 100 años con buena salud es muy diferente, para su familia y para el sistema sanitario, de una persona que pasa sus últimos 15 años con múltiples enfermedades crónicas y dependencia. La longevidad saludable puede convertirse no solamente en una revolución médica, sino también en una revolución económica y social”, dice.
Castillo es tajante y afirma que financiar la prevención reduciría el gasto futuro en dependencia y cronicidad. “Es lo que se llama el dividendo de longevidad. Por cada año de vida activa e independiente ganado (un objetivo concreto de la medicina antienvejecimiento y longevidad), el dividendo de longevidad, el retorno económico, son unos 3.000 € persona/mes. A partir de esa cifra, que está perfectamente justificada, se pueden hacer cálculos poblacionales”.
Reconoce que “la medicina de longevidad es ahora para una élite económica y social”, pero prevé que “pronto se va a democratizar” y llegar a sectores cada vez más amplios de la población. Según explica, “cuando los tratamientos se demuestren efectivos, cuando seamos capaces de valorar en su justa medida la ratio coste-riesgo/beneficio, esa democratización, ese alcanzar a mayores sectores de población, será una realidad inevitable y deseable”.
Para lograr que la sanidad pública financie la prevención biológica, Cordeiro plantea mejores biomarcadores y criterios clínicos, ensayos que demuestren menos enfermedad, discapacidad y mortalidad, y que las agencias reguladoras evalúen el envejecimiento como un factor de riesgo modificable. “La sanidad pública debería financiar aquello que demuestra que mejora resultados de salud de manera coste-efectiva. Si la gerociencia consigue demostrarlo, habrá una base científica y económica muy poderosa para incorporarla”, afirma, y pone como ejemplo Japón, donde “están avanzando con leyes de right to try (derecho a probar) para personas mayores que quieren probar nuevas terapias médicas”.
“Mi visión es muy clara: no se trata simplemente de añadir años a la vida, sino de añadir vida a los años. Y si conseguimos que la ciencia aprenda a reparar el daño causado por el envejecimiento a una velocidad superior a la que ese daño se acumula, estaremos entrando en lo que llamamos longevidad indefinida. Esa es, en última instancia, la idea detrás de La muerte de la muerte”, concluye Cordeiro.
The post Enseñar la biología del envejecimiento como una disciplina médica básica appeared first on El médico interactivo.
from El médico interactivo https://ift.tt/we7fSLh