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martes, 28 de abril de 2026

Salud 5.0: la gestión basada en datos entra en la consulta

La integración de la inteligencia artificial (IA) en la práctica sanitaria emerge como un factor determinante para la toma de decisiones clínicas y de gestión. Así se ha destacado en las XIV Jornadas Nacionales de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), celebradas en Toledo. Este avance tecnológico redefine el panorama de la denominada ‘Salud 5.0’, un concepto que abarca la transformación del modelo sanitario hacia una mayor integración de la innovación tecnológica, la sostenibilidad, la humanización y el desarrollo del talento, con la IA como eje central. En definitiva, se trata de que la gestión basada en datos entre en la consulta.

La gestión basada en datos

En el marco de las jornadas de Sedisa, se ha organizado el simposio ‘Salud 5.0: el impacto de la inteligencia artificial en la toma de decisiones clínicas y de gestión’, con la colaboración de Minsait. Este simposio ha servido de preámbulo para el 25º Congreso Nacional de Hospitales y Gestión Sanitaria, que se celebrará en Mallorca del 10 al 12 de marzo de 2027 bajo el mismo lema: ‘Salud 5.0: creamos presente, construimos futuro’. Se trata de abordar áreas temáticas esenciales como la salud comunitaria, los modelos asistenciales del futuro, la medicina de precisión, la transformación digital, el talento sanitario y la gobernanza.

José Soto Bonel, presidente de Sedisa, ha manifestado que la transformación del sistema sanitario exige reforzar el papel de los directivos de la salud como líderes estratégicos. Deben ser capaces de alinear la organización, los profesionales y los resultados en salud. Ha subrayado, además, la necesidad de avanzar hacia modelos de gestión sanitaria basada en valor, que garanticen la sostenibilidad y la eficiencia del sistema.

En esta línea, Javier Ureña Morales, director general del Servei de Salut de les Illes Balears, ha señalado que ‘Salud 5.0’ refleja un enfoque integral que conecta la innovación tecnológica, la evolución de los modelos asistenciales y los retos estructurales del sistema.

La IA en la gestión y clínica

Desde otra perspectiva autonómica, Juan Madrona Tárraga, coordinador regional de Coordinación y Gobernanza de la Dirección General de Salud Digital de la Agencia de Transformación Digital de Castilla-La Mancha, ha afirmado que la IA ha pasado de ser una moda a convertirse en una necesidad. Según ha explicado, se trata de aprovechar esta tecnología siempre que aporte valor. Así, puede acelerar el trabajo de los profesionales mediante el acceso rápido a grandes cantidades de información y agilizar procesos automatizables. Su función principal consiste en ahorrar tiempo, sin reemplazar la toma de decisiones humanas.

Estudios recientes han revelado que la IA ha contribuido a reducir entre un 30-40 % los errores en campos como la radiología. Juan Madrona ha enfatizado que no se trata de sustituir a los facultativos, sino de ofrecerles mayor seguridad en su trabajo.

En el ámbito de la gestión, se ha observado una mejora del 15 % en los flujos de pacientes, mediante la anticipación de la demanda, la organización de quirófanos y la gestión de listas de espera. Estos datos se refuerzan con la percepción de los directivos sanitarios: el 92 % cree que la IA mejorará su eficiencia operativa, y el 65 % la considera una herramienta eficaz para acelerar la toma de decisiones.

Más IA en América y Asia

A nivel internacional, casi el 50 % de los clínicos europeos estiman que la IA influirá en su toma de decisiones en los próximos 5 a 10 años, una cifra que asciende al 70 % en Latinoamérica y Asia. El mercado de la IA en salud se proyecta con una tasa de crecimiento anual compuesta cercana al 40 % hasta 2030.

En el verano de 2025, el Ministerio de Sanidad llevó a cabo una encuesta que identificó 155 algoritmos de IA en uso por los servicios de salud españoles. De estos, el 64 % se dedicaba al diagnóstico, el 25 % a la gestión de la demanda asistencial, el 7 % a la prevención y el 4 % al tratamiento. Según el análisis de los expertos, se ha dado prioridad a áreas de menor riesgo y mayor beneficio rápido, lo que sugiere una futura aplicación más extensa de la IA en la gestión clínica.

El reto de la integración y el valor en salud

Las XIV Jornadas de Sedisa han subrayado que el valor de la Salud 5.0 no reside únicamente en la tecnología implantada, sino en su capacidad para optimizar la práctica clínica y los resultados en salud. El principal desafío, aparte de la digitalización, es la integración efectiva de la información en la práctica médica. Los directivos sanitarios han situado la integración de datos, la IA y los modelos organizativos avanzados como pilares para transformar la asistencia.

Otros temas relevantes abordados han sido la compra pública inteligente, como herramienta estratégica para la eficiencia, la sostenibilidad y la innovación, y el liderazgo intergeneracional, fundamental para el relevo, la transmisión de conocimiento y la adaptación a los desafíos del sistema.

Ángeles Martín Octavio, directora general de Atención Primaria del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, ha destacado que la Atención Primaria será un pilar estratégico si lidera un cambio de paradigma que priorice la salud de las personas, las familias y las comunidades. Ha insistido en la necesidad de evolucionar hacia un modelo más proactivo y resolutivo, adaptado al territorio, y ha subrayado que «la digitalización debe humanizar la atención, no sustituirla».

Nuevos perfiles y competencias para la continuidad asistencial

Los nuevos modelos organizativos han generado la necesidad de perfiles profesionales específicos, como el director de continuidad asistencial. Sedisa ha analizado esta figura dentro de su proyecto de desarrollo profesional continuado (DPC), cuyo objetivo es garantizar una atención sin discontinuidades, eficiente y alineada con las necesidades de los pacientes. El DPC Sedisa constituye el primer sistema integral en España para la evaluación, desarrollo y certificación de competencias de los directivos de la salud.

El director de continuidad asistencial desempeña un papel estratégico al coordinar los niveles asistenciales, servicios y profesionales, promoviendo circuitos integrados y coherentes. Su función resulta crítica en la atención a pacientes con procesos complejos, crónicos o de larga duración, donde la fragmentación asistencial puede afectar los resultados en salud, la experiencia del paciente y la sostenibilidad del sistema.

Continuidad asistencial

Dulce Ramírez Puerta, vicepresidenta primera de Sedisa y coordinadora del Comité de Profesionalización y del Proyecto DPC, ha explicado que la continuidad asistencial es un factor determinante de calidad, seguridad y eficiencia. La identificación y el desarrollo de este perfil directivo permiten avanzar hacia un modelo asistencial más integrado que mejore la atención al paciente.

El perfil del director de continuidad asistencial incluye competencias técnicas como la gestión de procesos asistenciales integrados y la coordinación interprofesional. También se ocupa de la orientación al paciente, la evaluación de resultados en salud y la optimización de recursos. A estas se suman competencias transversales como la comunicación, el trabajo colaborativo, la gestión del cambio, la toma de decisiones, la orientación estratégica y la capacidad de impulsar la innovación organizativa.

Mediante la plataforma DPC Sedisa, los profesionales pueden evaluar su nivel competencial, identificar áreas de mejora y acceder a itinerarios de desarrollo personalizados. A esto se añade una certificación voluntaria de sus competencias. Con este desarrollo, Sedisa refuerza su compromiso «con una gestión sanitaria basada en el valor, la profesionalización de los directivos y la mejora de la atención al paciente, con la continuidad asistencial como elemento central para la sostenibilidad y calidad del sistema».

Diagnóstico de la gestión sanitaria

Un sondeo cualitativo, respondido por 188 profesionales de toda España con motivo de las XIV Jornadas Nacionales de Sedisa, ha identificado 10 grandes líneas estratégicas para un «nuevo pacto» en salud: gobernanza profesional y despolitizada, resultados en salud y equidad, datos interoperables, financiación basada en valor, cambio cultural hacia la innovación, capacitación y desarrollo, atención centrada en la persona, tecnología al servicio de la salud, coordinación y alianzas, y sostenibilidad del sistema sanitario.

María Hoyos Vázquez, presidenta de estas jornadas, ha señalado que el objetivo reside en aportar soluciones prácticas y transferibles que permitan a los directivos avanzar hacia modelos más eficientes, sostenibles y centrados en las personas. El sondeo, realizado entre el 14 de enero y el 9 de abril de 2026, ha revelado que el 59,57 % de las organizaciones sanitarias dispone de un plan estratégico actualizado, si bien cerca del 40 % se encuentra aún sin él o en proceso de elaboración/actualización. Por ello, se observa un margen de mejora en la planificación estratégica.

La estrategia digital se perfila como una prioridad clara: más del 71 % de las organizaciones le otorgan alta o muy alta prioridad. No obstante, persisten barreras como la rigidez organizativa (61,70 %), la resistencia al cambio (60,11 %) y la falta de financiación (44,15 %).

Directivos con alta cultura innovadora

Más de la mitad de los participantes perciben una cultura innovadora alta o muy alta en sus equipos directivos, aunque predominan los niveles intermedios. Solo el 20,74 % de las organizaciones cuenta con programas estructurados de incentivación de la innovación. La innovación organizativa se ha identificado como la principal prioridad para los próximos tres años (52,66 %), por delante de la tecnológica o asistencial, lo que refuerza la necesidad de abordar la transformación desde una perspectiva estructural y cultural.

José Soto ha señalado que esta innovación organizativa resulta fundamental para la gestión sanitaria basada en valor. Entre las medidas para avanzar hacia modelos de gestión basados en valor, los participantes han destacado la medición conjunta de resultados en salud y eficiencia (4,63 sobre 5), el impulso de un cambio cultural (4,52) y la medición de resultados en salud (4,5).

Transformación digital

En cuanto a la transformación digital, las organizaciones sanitarias muestran un mayor grado de madurez en tecnologías consolidadas como la historia clínica electrónica (3,87 sobre 5) y la telemedicina (3,08). Sin embargo, tecnologías emergentes como la IA (2,43), el Big Data (2,40) o la automatización de procesos (2,66) presentan un menor nivel de implantación.

Más del 53 % de los directivos ha manifestado no estar suficientemente preparado para liderar la transformación digital, lo que pone de manifiesto la necesidad de reforzar competencias estratégicas, digitales y de liderazgo. Las principales necesidades formativas se centran en el cambio cultural y la gestión del talento (62,23 %), el liderazgo digital (54,26 %) y el análisis de datos en salud (53,72 %). La ciberseguridad, en contraste, exhibe un mayor grado de madurez: más del 75 % de las organizaciones se consideran preparadas o muy preparadas en este ámbito.

María Hoyos ha concluido que los resultados del sondeo reflejan un sistema sanitario en evolución, con avances significativos en planificación estratégica y digitalización, pero con importantes retos estructurales. La transformación del sistema requiere alinear la gobernanza, la cultura, el talento, la tecnología y la financiación en torno a un modelo centrado en el valor en salud, la equidad y la sostenibilidad.

Innovación sanitaria e investigación

En el marco de la mesa de debate ‘España Global: Innovación sanitaria e investigación’, se ha destacado el papel del sistema sanitario como uno de los principales activos estratégicos del país. Se ha valorado su capacidad para generar valor en salud, conocimiento y desarrollo económico, así como su potencial para reforzar la proyección internacional de España.

Jesús Sanz Villorejo, secretario de Sedisa y vicepresidente de la Fundación Sedisa, ha subrayado el valor de la innovación aplicada a los cuidados, la digitalización y la gestión eficiente de los recursos. Para avanzar, ha señalado la necesidad de impulsar estructuras colaborativas estables, fomentar la investigación traslacional y dar mayor protagonismo a los profesionales clínicos en el diseño e implementación de soluciones.

Barreras relevantes

Sanz Villorejo ha advertido de que la fragmentación del sistema, la burocracia o la dificultad para implementar cambios en entornos asistenciales complejos siguen siendo barreras relevantes. También ha apuntado la necesidad de simplificar procesos, reforzar la formación en investigación y facilitar la transferencia del conocimiento a la práctica clínica.

Por su lado, Belén Pérez, investigadora principal del proyecto IMPaCT-Genómica e investigadora del CIBER Enfermedades Raras y del Centro de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid, ha señalado que la medicina de precisión, impulsada por iniciativas como IMPaCT-Genómica, posiciona a España en la vanguardia internacional, especialmente en el abordaje de enfermedades raras. Ha remarcado que el reto es consolidar su integración en la práctica clínica con garantías de equidad. Se requiere colaboración entre instituciones y el desarrollo de infraestructuras y gestión de datos adecuadas.

Personas primero

La sesión ‘Personas primero: estrategias para transformar el Sistema Sanitario’ ha abordado la necesidad de modelos organizativos centrados en los profesionales y pacientes. Candela Calle, coordinadora de la Escuela Sedisa de Liderazgo y vicepresidenta segunda de Sedisa, ha defendido que las instituciones sanitarias que sitúan a las personas en el eje de su propósito y de su plan estratégico marcan el rumbo de la transformación del sistema. Ha subrayado la importancia de construir organizaciones creíbles, con liderazgos sólidos, humanistas y capaces de generar compromiso y sentido de pertenencia.

Calle ha afirmado que gestionar hoy exige claridad sobre la importancia de las personas y ejercer un liderazgo transformador basado en la honestidad, la valentía y la innovación. Esto es primordial para fortalecer las organizaciones y afrontar los cambios del sistema sanitario. Ha señalado que el liderazgo transformacional es el que permite implicar a todos los elementos del sistema para impulsar los cambios requeridos.

Liderazgo clínico y afectivo-transformacional

Por su parte, Julio Zarco, presidente de la Fundación Humans, ha destacado la importancia del liderazgo clínico y afectivo-transformacional, así como la integración de la tecnología en un marco de humanismo digital que garantice una atención centrada en las personas.

La jornada ha incorporado otros debates, como la transición de la edad pediátrica a la adulta en enfermedades raras, donde se ha puesto de manifiesto la necesidad de mejorar la continuidad asistencial y la coordinación entre niveles. Asimismo, la mesa sobre la gobernanza del medicamento en el Sistema Nacional de Salud ha abordado la importancia de modelos que integren la creación de valor y la medición de resultados en salud, de forma que se refuerce la toma de decisiones basada en evidencia y sostenibilidad.

Conflictos de intereses: El simposio ‘La salud 5.0’ ha contado con la colaboración de Minsait.

Nota del editor: La cobertura de las jornadas ha sido financiada en parte por la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), que ha cubierto los gastos de viaje para asistir al congreso. La información publicada es independiente y se ha realizado únicamente bajo el criterio de la redactora que firma la información y de la dirección de EL MÉDICO INTERACTIVO.

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lunes, 27 de abril de 2026

El Consejo de Colegios de Médicos del País Vasco insta a “un diálogo real” por un Estatuto Marco propio

El Consejo de Colegios de Médicos del País Vasco (CCMPV), presidido por el doctor Joseba Atxutegi, en representación de la profesión médica y en defensa de la calidad del sistema sanitario y de la atención a la ciudadanía, expresa públicamente su firme apoyo a la reivindicación de un Estatuto Médico propio que reconozca la singularidad, la responsabilidad y la exigencia inherentes al ejercicio de la Medicina.

La aprobación del acuerdo para el nuevo Estatuto Marco del Sistema Nacional de Salud, alcanzado el 26 de enero entre el Ministerio de Sanidad y diversas organizaciones sindicales, ha generado un profundo malestar en el colectivo médico. Dicho texto ha sido elaborado sin el respaldo de los sindicatos exclusivamente médicos, sin una negociación real con quienes ejercen la profesión y sin tener en cuenta las particularidades que definen nuestro trabajo.

La Medicina no es una profesión equiparable en términos organizativos a otras categorías del ámbito sanitario. La formación prolongada, la alta cualificación técnica, la toma constante de decisiones clínicas complejas y la responsabilidad directa sobre la vida y la salud de las personas configuran un marco profesional diferenciado que exige un tratamiento normativo específico.

Por ello, el CCMPV considera que el actual Estatuto Marco resulta insuficiente, al no reconocer adecuadamente:

  • La singularidad del acto médico y su responsabilidad jurídica y ética.
  • Las condiciones específicas de formación, acceso y desarrollo profesional.
  • La carga asistencial creciente y las exigencias organizativas del sistema.
  • La necesidad de garantizar condiciones laborales que favorezcan lo calidad asistencial y la seguridad de las y los pacientes.

Propuestas

El Consejo de Colegios de Médicos del País Vasco comparte y respalda las movilizaciones convocadas por las organizaciones médicas, incluyendo la huelga nacional reciente, como expresión legítima del descontento de la profesión ante una regulación que no responde a sus necesidades.

Asimismo, manifiesta su rechazo a un proceso de negociación que ha dejado al margen a las y los representantes específicos del colectivo médico y que, además, se ha desarrollado sin un consenso suficiente con las comunidades autónomas, actores fundamentales en la gestión sanitaria. La viabilidad de cualquier reforma en este ámbito requiere, igualmente, un compromiso claro de los distintos ministerios implicados, especialmente en materia de financiación y recursos.

El CCMPV reitera que la defensa de un Estatuto Médico propio no responde a intereses corporativos, sino a la necesidad de garantizar un sistema sanitario sólido, eficiente y centrado en el paciente. La mejora de las condiciones profesionales de las médicas y los médicos repercute directamente en la calidad de la atención, en la seguridad clínica y en la sostenibilidad del sistema.

Por todo ello, se insta a las autoridades sanitarias a:

  1. Abrir un proceso de diálogo real y específico con las organizaciones médicas.
  2. Reconocer la singularidad de la profesión mediante la elaboración de un Estatuto propio.
  3. Garantizar que cualquier reforma normativa cuente con el consenso de las y los profesionales y de las comunidades autónomas.
  4. Situar la calidad asistencial y la seguridad del paciente como ejes centrales de la regulación.

El Consejo de Colegios de Médicos del País Vasco reafirma su compromiso con la defensa de la profesión médica, con la dignidad de sus condiciones laborales y con la excelencia del sistema sanitario público.

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Más allá de la báscula: hacia una nueva forma de entender la obesidad en la consulta médica

Más de 1.000 millones de personas viven con obesidad en el mundo y se estima que la cifra superará los 2.000 millones en 2035 —una de cada cuatro personas—, según el informe World Obesity Atlas. En España, la prevalencia ronda el 24 %, y las previsiones apuntan a que alcanzará el 37 % en la próxima década, de acuerdo con el mismo informe.

El impacto clínico, social y económico de estas cifras —acompañadas de múltiples enfermedades asociadas, complicaciones y pérdida de calidad de vida— es enorme. “Las medidas no solo son urgentes, sino que requieren un cambio de paradigma”, afirma Cristina Petratti, médica de familia y especialista en obesidad con más de 25 años de experiencia, autora del libro Obesidades sin culpa. No es falta de voluntad. Es biología. Miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), insiste en que es necesario abandonar ideas obsoletas a la luz de la evidencia científica actual.

Evaluaciones más allá del IMC

Durante años la obesidad se ha reducido al Índice de Masa Corporal (IMC), pero en la práctica clínica se sabe que dos personas con el mismo IMC pueden tener riesgos distintos. Estudios como el de Francisco Rubino y colaboradores redefinen qué es la obesidad y cómo diagnosticarla, proponiendo que no solo debe hacerse con el IMC sino basándose en el exceso de grasa corporal y su impacto real en la salud del paciente. La conclusión, según Petratti, es clara: “La báscula cuenta una parte muy pequeña de la historia. Perímetro de cintura, composición corporal y perfil metabólico son los tres pilares que todo médico debería tener en cuenta para hacer una medicina de precisión en obesidad”.

Primero, tener en cuenta la distribución del tejido adiposo, el perímetro de cintura; lo decisivo no es cuánta grasa tiene una persona, sino dónde está y cómo se comporta. La grasa visceral, la que rodea el hígado, el páncreas y el intestino, es metabólicamente activa y se asocia a inflamación de bajo grado, resistencia a la insulina y mayor riesgo cardiovascular. “Una simple cinta métrica en consulta aporta más información pronóstica que muchos análisis. Medir el perímetro de cintura debería ser tan rutinario como tomar la tensión”, apunta.

Segundo, centrarse en la composición corporal, la masa muscular y la grasa, porque “no todo descenso de peso es un buen resultado”, puntualiza. Herramientas como la bioimpedancia, los test de fuerza o una valoración funcional como el test de levantarse de la silla o la fuerza de presión manual permiten saber qué está ocurriendo. “La fuerza de prensión es un marcador de salud y envejecimiento que se puede medir en consulta en un minuto”, indica.

Finalmente, el perfil metabólico básico. Con una analítica estándar se obtiene una foto del riesgo real: glucosa en ayunas y HbA1c, perfil lipídico con colesterol total, HDL, LDL y triglicéridos, transaminasas para valorar la función hepática y descartar hígado graso y, cuando está indicado, marcadores de resistencia a la insulina. Este perfil permite identificar obesidades con repercusión metabólica que de otro modo pasarían desapercibidas.

Este viraje conceptual ha sido respaldado por las principales instituciones internacionales. En 2013, la American Medical Association reconoció oficialmente la obesidad como una enfermedad crónica y, en 2016, la American Association of Clinical Endocrinologists propuso el término Adiposity-Based Chronic Disease (ABCD), enfatizando que el problema central no es el peso en sí mismo, sino la disfunción del tejido adiposo y sus complicaciones clínicas. En esta misma línea se sitúa la “Guía española para el manejo integral y multidisciplinar de la obesidad en adultos (guía GIRO), que reúne la evidencia científica más actual y propone un enfoque que integra intervenciones nutricionales, actividad física, apoyo psicológico, así como tratamientos farmacológicos, técnicas endoscópicas y cirugía bariátrica, aconsejando dejar de hablar de obesidad en singular y comenzar a hablar de “obesidades”.

Como “recetar” ejercicio y preservar la masa muscular

El músculo no es solo un tejido que permite el movimiento, es un órgano endocrino. Durante la contracción muscular libera mioquinas, se han identificado más de 600, que actúan sobre el metabolismo, el sistema inmunológico, el tejido adiposo y el cerebro. Cuando un paciente camina, nada o levanta pesas, está enviando señales químicas a todo su organismo.

“Cualquier médico debería prescribir ejercicio como prescribe un fármaco, con indicación, dosis y seguimiento”, asegura la experta. La recomendación general combina ejercicio aeróbico, al menos 150 minutos semanales de actividad de intensidad moderada, con entrenamiento de fuerza al menos dos días por semana, pero la clave está en la individualización, adaptando el tipo, la intensidad y la progresión a la condición física, las comorbilidades y las preferencias del paciente. Desde SEEDO se ha desarrollado SEEDO GO, una plataforma para trasladar esta evidencia a la práctica clínica de forma segura y personalizada. “No es una app de fitness, es una herramienta médica”, explica Petratti.

Cada especialista debería incorporar el ejercicio como parte natural de su plan terapéutico, como ya sugieren algunos estudios. El cardiólogo sabe que el sedentarismo se asocia a mayor mortalidad que la propia obesidad y que el ejercicio mejora el perfil lipídico, reduce la frecuencia cardíaca en reposo y disminuye el riesgo de hipertensión. El ginecólogo encuentra en la menopausia un momento crítico, ya que la caída de estrógenos favorece el depósito de grasa visceral y aumenta el riesgo cardiometabólico, y el entrenamiento de fuerza es fundamental para preservar masa muscular y mejorar la sensibilidad a la insulina. El traumatólogo, por su parte, entiende que la masa muscular protege la articulación y que sin fuerza la prótesis o la rehabilitación fracasan.

En la era de los agonistas del receptor GLP-1 este punto es más relevante que nunca. No toda pérdida de peso es saludable. Cuando el descenso no se acompaña de un estímulo adecuado de fuerza y de una ingesta proteica suficiente, el organismo pierde no solo grasa, también tejido magro. Las consecuencias son directas: disminución del metabolismo basal, peor funcionalidad y mayor riesgo de recuperar el peso a medio y largo plazo. Por eso el entrenamiento de fuerza es una herramienta terapéutica importante, acompañada de un aporte proteico de 1 a 1,5 g/kg/día ajustado a cada paciente. “Por eso hablamos de alianza metabólica: la integración estratégica entre farmacoterapia, ejercicio físico, nutrición estructurada y acompañamiento conductual. El objetivo ya no es solo perder peso: es perder grasa, preservar músculo y sostener la salud metabólica en el tiempo”, apunta la experta.

Cómo explicar el ambiente obesogénico y la inflamación de bajo grado

“Un ambiente obesogénico es un entorno que promueve hábitos que aumentan el riesgo de obesidad, con ultraprocesados accesibles y baratos en cada esquina, márquetin alimentario dirigido a niños, barrios sin espacios seguros para caminar, jornadas laborales de 12 horas frente a una pantalla, estrés crónico y mal descanso”, relata la experta. Por ello, lo primero que puede hacer un profesional en prevención primaria es ponerle nombre a todo esto delante del paciente en base a la evidencia científica, según la experta. “Cuando alguien entiende que no lucha solo contra su voluntad, sino contra un entorno diseñado para que no resista, deja de sentirse culpable y empieza a poder actuar”, concluye.

En cuanto a la inflamación de bajo grado, componente central en la obesidad y en muchas enfermedades metabólicas, el tejido adiposo visceral la produce de forma silenciosa, y esa inflamación se asocia a resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular e hígado graso. “Al paciente le explico que el cuerpo está en un estado de alarma biológica permanente, aunque él no lo note. Y también le explico la buena noticia: el ejercicio físico, a través de las mioquinas que libera el músculo al contraerse, tiene un efecto antiinflamatorio directo. Comer mejor, moverse y dormir bien no son consejos de autoayuda, son intervenciones biológicas potentes”, revela.

Cómo educar en consulta sin culpabilizar

Tres recomendaciones concretas para el profesional, según Petratti. Primero, cambiar el lenguaje, hablar de “persona con obesidad”, no de “obeso”, y explicar que es una enfermedad crónica, no un fallo de carácter. Segundo, ayudar al paciente a auditar su propio entorno, qué hay en su despensa, cuántas horas pasa frente a una pantalla, cómo duerme, qué estímulos alimentarios tiene alrededor y a qué puede poner distancia, “porque a veces proteger el proceso implica modificar dinámicas que no están alineadas con el cambio”. Tercero, apoyarse en el trabajo en equipo, médico de familia, nutricionista, profesional del ejercicio físico y, cuando sea necesario, psicólogo. “El paciente con obesidad debe ser acompañado desde el inicio, igual que acompañamos a un paciente con cáncer”, apunta.

También recuerda que la prevención individual tiene un techo si no se acompaña de medidas colectivas como etiquetado frontal de alimentos, impuestos a bebidas azucaradas, formación de profesionales en trato no estigmatizante y educación en escuelas. “Países como Chile, México y Canadá ya han dado pasos importantes en esta dirección. Un médico bien informado es también una voz importante para reclamar estas medidas”, asegura.

“El resumen es sencillo: educar en prevención no es repetir ‘coma menos y muévase más’, es explicar que la obesidad es una respuesta biológica a un entorno complejo, retirar la culpa, dar herramientas concretas y acompañar desde un enfoque interdisciplinar”, concluye.

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La tomografía sintética redefine la imagen del hueso temporal sin radiación

Un estudio diagnóstico publicado en JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery demuestra la viabilidad de generar tomografía computarizada (TC) sintética a partir de resonancia magnética (RM) mediante algoritmos de aprendizaje automático. Este avance plantea un cambio relevante en la práctica clínica al permitir la evaluación simultánea de tejidos blandos y estructuras óseas sin exposición a radiación ionizante.

Integración de modalidades en un único estudio de imagen

En la práctica otológica, la combinación de RM y TC ha sido tradicionalmente necesaria para obtener una caracterización completa de la anatomía del hueso temporal. Mientras la RM ofrece una excelente resolución de tejidos blandos, la TC sigue siendo el estándar para la evaluación de estructuras óseas. La posibilidad de sintetizar imágenes equivalentes a TC a partir de RM introduce una alternativa potencialmente más eficiente y segura.

El estudio se desarrolló en un centro terciario de referencia en los Países Bajos, donde se recopilaron 73 estudios emparejados de RM y TC. De estos, 67 se utilizaron para entrenar un algoritmo de aprendizaje automático capaz de generar imágenes sintéticas, mientras que los restantes se emplearon para validación clínica independiente.

Precisión geométrica y radiológica comparable

Los resultados evidencian que las imágenes sintéticas alcanzaron una precisión notable respecto a la TC convencional, considerada estándar de referencia. El error medio de distancia superficial fue de 0,38 mm, mientras que la diferencia en radiodensidad fue de apenas 4 unidades de Hounsfield, valores clínicamente aceptables en la mayoría de los escenarios.

La visibilidad de los principales hitos anatómicos fue comparable entre ambas modalidades en la mayoría de los casos. Sin embargo, se identificaron limitaciones específicas: el grosor del tegmen tendía a sobreestimarse y los osículos no se representaban de forma consistente, lo que podría afectar su utilidad en determinadas indicaciones diagnósticas finas.

Valoración clínica por especialistas

La evaluación cualitativa fue realizada por otorrinolaringólogos y radiólogos mediante una escala Likert de cuatro puntos. La mayoría de las imágenes sintéticas fueron consideradas adecuadas para aplicaciones clínicas como localización anatómica, navegación quirúrgica y planificación preoperatoria, especialmente en procedimientos como la implantación coclear.

En concreto, el 97% de los estudios fueron considerados útiles para localización, el 83% para navegación y el 70% para planificación quirúrgica. No obstante, los evaluadores coincidieron en que estas imágenes no deben sustituir a la TC convencional en contextos puramente diagnósticos, debido a las limitaciones en la representación de microestructuras.

Aplicaciones clínicas y limitaciones actuales

El principal valor clínico de esta tecnología reside en la planificación quirúrgica y la orientación anatómica en procedimientos otológicos. La posibilidad de disponer de información combinada de tejidos blandos y hueso en una sola adquisición podría optimizar flujos de trabajo, reducir costes y evitar la exposición a radiación, especialmente relevante en pacientes jóvenes o en estudios repetidos.

Sin embargo, la precisión insuficiente en estructuras de pequeño tamaño limita su aplicabilidad diagnóstica completa. Además, la implementación clínica requiere validación adicional en diferentes poblaciones y entornos, así como integración con sistemas de imagen existentes.

Implicaciones para el futuro de la imagen médica

Este estudio representa un paso significativo hacia la convergencia de modalidades de imagen mediante inteligencia artificial. La generación de TC sintética a partir de RM podría extenderse a otras regiones anatómicas, ampliando su impacto en múltiples especialidades.

A medida que los algoritmos evolucionen, es probable que se reduzcan las limitaciones actuales, permitiendo una sustitución progresiva de la TC en determinados contextos. Por ahora, su papel parece orientarse como herramienta complementaria de alto valor en planificación quirúrgica.

En conclusión, la TC sintética derivada de RM constituye una innovación prometedora que redefine el paradigma diagnóstico en otología. Su adopción clínica dependerá de la mejora en la resolución de detalles finos y de su validación en escenarios reales, pero ya anticipa un futuro donde la imagen médica sea más segura, integrada y eficiente.

 

Los conflictos de intereses de los autores pueden consultarse en el texto original

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viernes, 24 de abril de 2026

La inteligencia artificial y la prueba del tiempo clínico

La conversación sobre inteligencia artificial en medicina se ha instalado con rapidez en un registro casi siempre previsible, hablamos de capacidad de cálculo, de automatización, de apoyo al diagnóstico, de medicina personalizada, de predicción y de eficiencia. Como médico, investigador y docente, me planteo si no estamos formulando del todo bien la pregunta principal: el verdadero examen de la inteligencia artificial en salud no está ni estará solo en demostrar que puede hacer más cosas, sino en probar que puede mejorar de verdad las condiciones en las que hoy se ejerce la medicina.

Esas condiciones son cada vez más exigentes. El problema del sistema sanitario no es únicamente la escasez de recursos o el incremento sostenido de la demanda, es también una forma de desgaste más difícil de medir y muy presente en la práctica diaria: la erosión del tiempo clínico. No me refiero solo a la falta material de minutos por paciente, sino a algo más preocupante: el progresivo estrechamiento del espacio mental y profesional necesario para pensar bien, discriminar con prudencia, integrar información compleja, escuchar con atención y decidir con verdadero criterio clínico.

En los últimos años hemos incorporado al trabajo sanitario una enorme cantidad de capas: más registros, pantallas, trazabilidad, más exigencias administrativas, más circuitos, datos, más alertas, más sistemas de información. Parte de todo ello era necesario y ha sido útil, pero sería ingenuo negar que también hemos construido una medicina sometida a una creciente presión de fragmentación. El clínico no solo atiende enfermos; atiende, además, flujos de información, plataformas, tareas intermedias, validaciones y obligaciones de registro que compiten de forma constante por su atención.

¿Cuánto añade o cuánto retira la IA?

Cuando hablamos de inteligencia artificial, la cuestión no debería ser únicamente cuánto puede añadir, sino cuánto puede retirar. No basta con preguntarse si una herramienta es sofisticada, hay que preguntarse si reduce fricción, si ordena o complica, si devuelve foco o introduce una nueva dispersión. ¿Alivia de verdad o si simplemente cambia de sitio la carga?

Soy claramente partidario del desarrollo de estas tecnologías, la inteligencia artificial está abriendo posibilidades extraordinarias en el análisis de datos, en la identificación de patrones, en el procesamiento de lenguaje, en la imagen médica y en la capacidad de anticipar riesgos o detectar señales que de otro modo pasarían desapercibidas. En especialidades como la neumología, donde convivimos con enfermedad crónica, seguimiento longitudinal, múltiples variables clínicas y un volumen creciente de información, ese potencial es indudable y sería absurdo ignorarlo.

Sería igual de erróneo asumir que toda incorporación tecnológica mejora por definición la práctica clínica. No toda innovación descarga, a veces, también añade supervisión, dependencia, expectativa de rendimiento, necesidad de validación continua o nuevas formas de vigilancia. Puede convertir al profesional en el revisor final de una cadena cada vez más automatizada, pero no necesariamente más inteligible. En ocasiones desplaza el problema sin resolverlo: reduce una tarea concreta, pero incrementa otras; acelera una fase del proceso, pero aumenta la complejidad global del trabajo.

Ese es uno de los puntos ciegos del debate actual. Tendemos a evaluar la IA por su potencia, pero no siempre por su impacto sobre la ecología real del trabajo clínico. La medicina no se ejerce en abstracto, la ejercemos en consultas saturadas, en servicios con alta presión asistencial, en entornos donde la incertidumbre no desaparece porque una herramienta sea capaz de ofrecer una respuesta rápida, probabilística o estadísticamente robusta. La decisión clínica sigue siendo algo más que el resultado de un buen procesamiento de datos, exige contexto, experiencia, responsabilidad y una relación madura con la incertidumbre.

De hecho, el riesgo no está tanto en que la IA se equivoque de forma visible, el riesgo más sutil es que nos acostumbremos a un modelo de práctica en el que todo parezca más fluido mientras el juicio clínico va perdiendo espacio sin que apenas lo advirtamos. Una medicina puede volverse más ágil en apariencia y, al mismo tiempo, más pobre en deliberación. Puede ganar velocidad y perder espesor y que produce recomendaciones técnicamente sólidas y, sin embargo, podría deteriorar la capacidad del profesional para jerarquizar, matizar o incluso disentir con fundamento cuando el caso concreto lo exige.

Atención, tiempo y juicio

Por eso creo que el criterio central debería ser otro. La buena inteligencia artificial no será la que más impresione en una demostración, sino la que consiga preservar lo más escaso y valioso del ejercicio médico contemporáneo: atención, tiempo y juicio. Tiempo para pensar antes de decidir, explicar antes de prescribir, para integrar los datos de una persona en una visión clínica coherente, y no simplemente en una suma de variables. Tiempo, en definitiva, para que la medicina no quede reducida a una mera gestión acelerada de información.

Este punto es especialmente relevante en la enfermedad crónica. En este ámbito, el problema rara vez es la falta absoluta de datos. Lo que suele faltar es la capacidad de convertir datos dispersos en decisiones útiles, sostenibles y bien contextualizadas, la tecnología tiene valor cuando ayuda a detectar antes, a seguir mejor, a priorizar con más precisión y a intervenir de forma más oportuna. Lo pierde cuando multiplica el volumen de señales sin mejorar realmente la comprensión clínica de lo que importa.

No necesitamos una inteligencia artificial que compita con el médico en autoridad simbólica. Necesitamos herramientas que devuelvan al médico capacidad efectiva para ejercer mejor su función, no una tecnología que aumente el ruido, sino una que reduzca entropía. Si promesas abstractas de eficiencia, necesitamos una mejora concreta en la calidad del trabajo clínico y, con ello, en la calidad de la atención.

La pregunta decisiva no es si la inteligencia artificial va a transformar la medicina, eso ya está ocurriendo. La pregunta es si lo hará a favor del juicio clínico o a costa de él. ¿Servirá para devolver densidad, foco y tiempo a una práctica cada vez más tensionada, o si se convertirá en una capa adicional dentro de un sistema ya fatigado?

Ahí estará su verdadera prueba.

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