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viernes, 17 de julio de 2026

La Unión Europea aprueba el primer GLP-1 oral indicado para el control del peso

Wegovy oral (semaglutida oral 25 mg administrada una vez al día) ha recibido la autorización de la Comisión Europea para el tratamiento de adultos con obesidad (IMC ≥30 kg/m²) o sobrepeso (IMC ≥27 kg/m²) que presenten al menos una comorbilidad relacionada con el peso, como complemento de una dieta hipocalórica y un aumento de la actividad física.  Se trata del el primer GLP-1 oral indicado para el control del peso en Europa.

Esta decisión se produce tras la opinión positiva emitida en mayo de este mismo año por el Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA).

Esta aprobación se basa en el amplio programa de ensayos clínicos OASIS, incluido el estudio OASIS 4, que evaluó esta molécula en formato oral 25 mg administrada una vez al día en adultos con obesidad o sobrepeso y al menos una comorbilidad relacionada con el peso. En este ensayo, este tratamiento demostró una pérdida de peso clínicamente relevante y estadísticamente significativa de aproximadamente el 17 % (16,6 %), frente al 2,7 % observado con placebo, cuando se utilizó junto con intervenciones sobre el estilo de vida. Además, alrededor de una de cada tres personas (34,4 %) alcanzó una pérdida de peso del 20 % o superior.

GLP-1 oral

La aprobación supone un hito en el tratamiento de la obesidad en Europa, al convertirse en el primer GLP-1 oral  aprobado para el control del peso en todos los estados miembros de la Unión Europea. Se trata de la quinta autorización regulatoria de este fármaco oral, después de las obtenidas en Estados Unidos, Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos y Baréin.

“Esta aprobación supone una nueva e importante opción terapéutica para las personas que viven con obesidad”, afirma Mike Doustdar, presidente y consejero delegado de Novo Nordisk. “La obesidad es una enfermedad crónica grave y disponer de opciones de tratamiento puede marcar una diferencia real. Para muchas personas, el formato oral puede representar una forma más sencilla y aceptable de iniciar y mantener el tratamiento. Esto es más que un hito regulatorio: es un paso hacia una mejor y más duradera salud para las personas con obesidad, así como una respuesta sólida de la sociedad ante uno de los desafíos sanitarios más importantes de Europa.

Perfil de seguridad

El perfil de seguridad y tolerabilidad de la opción oral es coherente con el perfil ya establecido de esta molécula en formato inyectable, respaldado por años de experiencia clínica. Las tasas de interrupción del tratamiento debido a acontecimientos adversos fueron similares a las observadas con placebo (6,9 % frente a 5,9 %).

Este medicamento en formato oral está disponible actualmente en Estados Unidos, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos. Novo Nordisk tiene previsto su lanzamiento en más países de Europa durante el segundo semestre de 2026.

Wegovy 7,2 mg inyectable

La Comisión Europea también ha aprobado Wegovy 7,2 mg inyectable. Esta pluma de dosis única de 7,2 mg supone una novedad en la Unión Europea, donde ahora está disponible para adultos con obesidad, administrando tres inyecciones de la presentación de 2,4 mg para alcanzar los resultados del programa de ensayos STEP UP: la dosis de 7,2 mg inyectada una vez a la semana demostró una pérdida de peso aproximada del 21 % (20,7 %) a las 72 semanas en los participantes con obesidad, y aproximadamente una de cada tres personas (33,2 %) experimentó una pérdida de peso del 25 % o superior.

En el ensayo STEP UP T2D, en participantes con obesidad y diabetes tipo 2, esta molécula en dosis de 7,2 mg demostró una pérdida de peso promedio del 14,1 %. En ambos ensayos, se reafirmó el conocido perfil de seguridad y tolerabilidad de este medicamento a dosis de 7,2 mg, comparable a los resultados de ensayos previos con esta molécula para el control del peso.

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La edición molecular de células madre acerca los trasplantes sin quimioterapia

Los avances en medicina regenerativa y terapia génica están transformando el tratamiento de numerosas enfermedades hematológicas. Sin embargo, la necesidad de administrar quimioterapia o radioterapia intensivas antes del trasplante de células madre continúa siendo uno de los principales obstáculos para ampliar el acceso a estas terapias. Un estudio publicado en la revista Nature describe una nueva estrategia que podría modificar este paradigma al permitir el trasplante de células madre hematopoyéticas sin recurrir a los regímenes de acondicionamiento convencionales.

La investigación, desarrollada por científicos del Hospital Infantil de Boston y del Centro de Cáncer y Trastornos Sanguíneos Dana-Farber/Boston Children’s, propone un enfoque biológico altamente específico basado en el empleo de anticuerpos y técnicas de edición genómica de precisión. Los hallazgos abren la posibilidad de realizar trasplantes más seguros y menos tóxicos en pacientes con enfermedades hereditarias de la sangre y otras patologías hematológicas.

Las limitaciones del acondicionamiento convencional

El trasplante de células madre hematopoyéticas constituye uno de los tratamientos potencialmente curativos más eficaces para enfermedades como la anemia falciforme, la beta-talasemia, las inmunodeficiencias primarias y determinadas neoplasias hematológicas.

Para que las células terapéuticas puedan implantarse de forma adecuada es necesario generar espacio en la médula ósea mediante la eliminación de las células madre hematopoyéticas preexistentes. Tradicionalmente, este objetivo se consigue mediante altas dosis de quimioterapia o radioterapia.

Aunque estos procedimientos son eficaces, también producen una toxicidad considerable. El daño en el ADN, la infertilidad, las infecciones graves, las complicaciones orgánicas y el riesgo de neoplasias secundarias limitan la utilización del trasplante en muchos pacientes, especialmente en personas frágiles o con enfermedades menos graves.

Un anticuerpo dirigido contra las células madre hematopoyéticas

Los investigadores plantearon una alternativa basada en el uso de anticuerpos capaces de reconocer marcadores específicos presentes en las células madre hematopoyéticas.

En teoría, esta estrategia permitiría eliminar selectivamente las células de la médula ósea sin exponer al organismo a la toxicidad sistémica de la quimioterapia. Sin embargo, existía un problema fundamental: los anticuerpos no distinguen entre las células madre originales del paciente y las nuevas células trasplantadas.

Si el anticuerpo permanece circulando tras el trasplante, también puede atacar las células terapéuticas e impedir su integración adecuada en la médula ósea.

El desarrollo de un camuflaje molecular

Para resolver esta limitación, los investigadores recurrieron a la edición genómica de precisión. Mediante esta tecnología modificaron un pequeño epítopo localizado en la superficie de las células madre terapéuticas.

La modificación fue suficiente para impedir la unión del anticuerpo sin alterar la función fisiológica de la proteína. Como consecuencia, las células trasplantadas adquirieron una especie de «camuflaje molecular» que las protegía frente al efecto del anticuerpo, mientras que las células hematopoyéticas no editadas seguían siendo susceptibles a su acción.

Los experimentos demostraron que las células modificadas eran capaces de sobrevivir al tratamiento, implantarse en la médula ósea y expandirse progresivamente con el tiempo.

Este enfoque también se combinó con la edición de genes destinados a aumentar la producción de hemoglobina fetal, una estrategia especialmente relevante en enfermedades como la anemia falciforme y la beta-talasemia, en las que el incremento de la hemoglobina fetal puede compensar el defecto de la hemoglobina adulta.

Implicaciones para la terapia génica y la inmunoterapia

Las posibles aplicaciones de esta tecnología trascienden el ámbito de las enfermedades hereditarias de la sangre.

En un trabajo previo, también publicado en Nature, el mismo grupo demostró que la edición de epítopos podía utilizarse para proteger las células madre hematopoyéticas sanas frente a inmunoterapias antitumorales intensivas, incluidas las terapias con células CAR-T y determinados anticuerpos terapéuticos.

La capacidad de preservar la hematopoyesis normal mientras se mantienen los efectos antineoplásicos de estas estrategias podría ampliar considerablemente las indicaciones de la inmunoterapia en hematología.

Hacia trasplantes más seguros y accesibles

Los resultados obtenidos son todavía preclínicos y requerirán confirmación en estudios en humanos. No obstante, el trabajo aporta una sólida prueba de concepto para el desarrollo de regímenes de acondicionamiento biológico con menor toxicidad.

La posibilidad de sustituir parcial o totalmente la quimioterapia por terapias dirigidas tendría importantes repercusiones clínicas. Pacientes actualmente excluidos del trasplante por edad, fragilidad o comorbilidades podrían convertirse en candidatos a tratamientos potencialmente curativos.

Además, la selección progresiva de las células protegidas tras el trasplante podría mejorar la eficacia de las terapias génicas al favorecer la expansión de las células corregidas y aumentar las probabilidades de obtener un beneficio clínico sostenido.

La combinación de anticuerpos selectivos y edición molecular de las células madre perfila un nuevo marco terapéutico en el que la precisión biológica sustituye a la toxicidad indiscriminada. Si estos resultados se confirman en la práctica clínica, el trasplante de células madre podría entrar en una nueva etapa caracterizada por una mayor seguridad y una accesibilidad significativamente más amplia.

 

Fuente: EuropaPress         

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jueves, 16 de julio de 2026

La artrosis afecta sobre todo a mujeres e impacta en edad laboral

Según el Instituto Nacional de Estadística, (INE), el 69 % de los pacientes con artrosis son mujeres, y los estudios señalan que ellas experimentan, de media, mayor intensidad de dolor, peor función articular y un impacto más pronunciado sobre su calidad de vida que los hombres. Además, la artrosis es especialmente común en mujeres a partir de los 50 años, en plena edad laboral, a quienes afecta predominantemente en manos, rodillas, caderas y columna vertebral.

De hecho, ellas presentan mayor propensión a desarrollar artrosis en las manos, y en la mayoría de los casos, esta manifestación aparece tras la menopausia, lo que sugiere que los cambios hormonales influyen en la progresión de la enfermedad.  Es por ello que, en el contexto laboral, la artrosis genera una pérdida de productividad significativa: la rigidez articular, el dolor crónico y la fatiga asociada obligan a muchas mujeres a adaptar o reducir su jornada, a solicitar bajas o a abandonar actividades que anteriormente realizaban con normalidad.

En este contexto, Organon ha puesto en marcha la campaña ‘Tía Dura’, centrada en mujeres con artrosis en etapa laboral.

Impacto en la edad laboral

Uno de los principales retos de la artrosis es su largo periodo preclínico. Y es que la enfermedad puede permanecer sin síntomas evidentes hasta 20 años antes del diagnóstico, precisamente en edad laboral. Todo ello favorece la progresión silenciosa hacia un daño estructural que, en fases avanzadas, puede ser irreversible.

Este retraso en la aparición de síntomas limita las posibilidades de intervención temprana y hace que muchos pacientes lleguen al diagnóstico cuando la enfermedad ya ha comprometido de forma significativa su movilidad y funcionalidad.

Tía dura

Por todo ello, la campaña de Organon pone el foco en el dolor y la rigidez articular con los que muchas mujeres viven en plena edad laboral, a menudo sin interrumpir su actividad.

Además de destacar la existencia de esta realidad, la campaña tiene un objetivo de salud pública: promover la consulta médica ante los primeros síntomas articulares y reducir el tiempo que transcurre entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico. Dado que la artrosis puede evolucionar durante años sin señales claras, la identificación precoz es determinante para frenar el daño estructural y mejorar el pronóstico funcional a largo plazo.

“Es fundamental que las mujeres que experimentan los primeros signos de artrosis busquen atención médica, ya que la detección temprana puede marcar la diferencia en el manejo de la enfermedad”, declara María Dolores Canela, directora médica de Organon España. “Una intervención adecuada puede frenar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de las pacientes”, añade.

Mejoras en el estilo de vida

La evidencia científica disponible muestra que determinadas modificaciones en el estilo de vida pueden contribuir a reducir los síntomas y a frenar la progresión de la artrosis. La práctica regular de actividad física de bajo impacto (como caminar, nadar o el ciclismo) ha demostrado reducir el dolor, mejorar la función articular y favorecer el control del peso corporal.

En cuanto a la alimentación, la dieta mediterránea se asocia con una reducción de los marcadores inflamatorios relevantes en la artrosis. El control del peso corporal es también un factor modificable con impacto directo: una reducción de entre el 5 y el 10 % del peso en personas con sobrepeso alivia de forma significativa la presión sobre las articulaciones de rodilla y cadera.

 

 

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Los bacteriófagos, ¿nueva vía terapéutica en la enfermedad de Crohn?

La manipulación selectiva del microbioma intestinal se ha convertido en una de las estrategias más prometedoras para el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII). Un estudio publicado en la revista Science Translational Medicine, y destacado como portada de la publicación, demuestra que los bacteriófagos pueden reducir la inflamación intestinal al neutralizar bacterias específicas asociadas con la enfermedad de Crohn sin alterar el resto de la microbiota.

La investigación, desarrollada por un equipo multidisciplinar de la Universidad McMaster, en Canadá, representa un importante avance en el desarrollo de terapias de precisión dirigidas al ecosistema intestinal. Los hallazgos sugieren que la modificación selectiva de las funciones bacterianas podría convertirse en una alternativa terapéutica complementaria o incluso sustitutiva de algunos tratamientos inmunosupresores.

El papel de las bacterias adherente-invasivas en la enfermedad de Crohn

La EII es una patología compleja en cuya aparición intervienen factores genéticos, inmunológicos y ambientales. En los últimos años, la disbiosis intestinal se ha consolidado como uno de los elementos clave en su patogenia.

Entre los microorganismos relacionados con la enfermedad de Crohn destacan las cepas de Escherichia coli adherente-invasiva (AIEC). Estas bacterias poseen la capacidad de adherirse a la mucosa intestinal, invadir las células epiteliales y persistir en los macrófagos, desencadenando una respuesta inflamatoria sostenida.

Su identificación resulta especialmente compleja, ya que las AIEC no se distinguen únicamente por sus características genéticas, sino por su comportamiento funcional. Esta circunstancia ha dificultado el desarrollo de tratamientos dirigidos y ha convertido a estas bacterias en un objetivo prioritario para las nuevas estrategias terapéuticas.

Los bacteriófagos como herramienta de precisión

Para combatir las AIEC, los investigadores recurrieron a los bacteriófagos, virus naturales capaces de infectar exclusivamente determinadas bacterias. A diferencia de los antibióticos convencionales, los fagos actúan con una extraordinaria especificidad y permiten eliminar o modificar microorganismos concretos sin provocar una destrucción generalizada del microbioma.

El equipo identificó varios fagos capaces de reconocer selectivamente las cepas de AIEC aisladas de pacientes con enfermedad de Crohn y evaluó su impacto en modelos experimentales de inflamación intestinal.

Los resultados mostraron una reducción significativa de la respuesta inflamatoria. Sin embargo, el mecanismo de acción observado fue especialmente llamativo, ya que los bacteriófagos no eliminaron completamente las bacterias diana.

Desactivar la virulencia en lugar de eliminar las bacterias

Los investigadores comprobaron que la terapia con fagos alteraba el comportamiento de las AIEC al inhibir un mecanismo molecular esencial para su capacidad de adhesión a la mucosa intestinal.

Como consecuencia, las bacterias permanecían presentes en el intestino, pero perdían gran parte de su potencial patogénico. La disminución de la adhesión bacteriana se tradujo en una menor activación del sistema inmunitario y en una reducción significativa de la inflamación.

Este hallazgo introduce un nuevo paradigma terapéutico. En lugar de erradicar completamente determinados microorganismos, podría ser suficiente con desactivar las funciones responsables de su capacidad de inducir enfermedad.

La estrategia resulta particularmente atractiva en una época en la que se reconoce cada vez más la importancia de preservar la diversidad del microbioma intestinal y evitar las consecuencias derivadas del uso indiscriminado de antibióticos.

Potenciación de los tratamientos convencionales

Otro de los hallazgos relevantes del estudio fue la capacidad de los bacteriófagos para potenciar el efecto de un tratamiento esteroideo empleado habitualmente en la EII.

La combinación de la terapia con fagos y dosis reducidas del corticoide produjo beneficios comparables a los obtenidos con dosis más elevadas del fármaco administrado en monoterapia. Esta observación abre la posibilidad de reducir la exposición acumulada a corticosteroides y, potencialmente, disminuir la aparición de efectos adversos relacionados con estos medicamentos.

Hasta la fecha, la capacidad de los bacteriófagos para aumentar la eficacia terapéutica se había descrito fundamentalmente en combinación con antibióticos. El presente trabajo constituye la primera demostración de una interacción favorable entre los fagos y un fármaco no antibiótico.

Hacia una medicina personalizada basada en el microbioma

Los investigadores observaron que la función bacteriana diana de los fagos podía identificarse mediante el análisis de muestras fecales y que esta característica estaba especialmente presente en un subgrupo de pacientes con enfermedad de Crohn.

Este hallazgo sugiere la posibilidad de desarrollar estrategias de medicina personalizada que permitan seleccionar a los pacientes con mayor probabilidad de beneficiarse de una terapia dirigida contra las AIEC.

Aunque serán necesarios estudios adicionales y ensayos clínicos en humanos, los resultados aportan una sólida prueba de concepto para el desarrollo de tratamientos basados en la modulación específica del microbioma. En una enfermedad caracterizada por la heterogeneidad clínica y la respuesta variable a los tratamientos, los bacteriófagos podrían convertirse en una nueva herramienta terapéutica capaz de transformar el manejo de la enfermedad inflamatoria intestinal.

 

Fuente: EuropaPress

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miércoles, 15 de julio de 2026

La hormona LEAP2 emerge como un biomarcador de recaída en la anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa continúa siendo uno de los trastornos psiquiátricos más complejos y con mayor mortalidad. A pesar de décadas de investigación, los mecanismos biológicos que permiten a los pacientes mantener una restricción alimentaria extrema y prolongada siguen sin comprenderse completamente. Nuevos datos presentados en el Foro 2026 de la Federación de Sociedades Europeas de Neurociencia sugieren que una hormona intestinal, denominada LEAP2, podría desempeñar un papel central en la fisiopatología de la enfermedad y constituir un biomarcador de recaída.

Los hallazgos, liderados por investigadores del Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale (INSERM) y del Instituto de Psiquiatría y Neurociencia de París, aportan nuevas evidencias sobre la estrecha interacción entre el metabolismo y los mecanismos neuropsiquiátricos que caracterizan a la anorexia nerviosa.

Una enfermedad con importantes bases biológicas

La anorexia nerviosa se caracteriza por una restricción alimentaria autoimpuesta, un miedo intenso al aumento de peso y una alteración de la percepción corporal. La enfermedad afecta predominantemente a mujeres jóvenes y presenta la tasa de mortalidad más elevada entre todos los trastornos psiquiátricos.

En la actualidad no existe ningún tratamiento farmacológico aprobado para esta patología. El manejo se basa en la rehabilitación nutricional y en un abordaje multidisciplinar, aunque las tasas de recaída continúan siendo elevadas y pueden alcanzar el 40 %.

La creciente evidencia científica indica que la anorexia nerviosa no debe considerarse exclusivamente un trastorno psiquiátrico, sino una enfermedad en la que intervienen complejas alteraciones neuroendocrinas y metabólicas.

LEAP2 altera las señales normales del hambre

La investigación incluyó a 30 mujeres de entre 18 y 60 años con diagnóstico de anorexia nerviosa que participaron en un programa de realimentación de 4 meses en un centro especializado de París. Se evaluó a las pacientes mediante análisis sanguíneos y cuestionarios conductuales antes y después del tratamiento, así como 6 meses después del alta.

Los investigadores observaron que los niveles plasmáticos de LEAP2 eran aproximadamente un 20 % superiores durante la fase aguda de la enfermedad en comparación con los registrados tras la recuperación nutricional.

LEAP2 es una hormona producida por el hígado y el intestino que antagoniza la acción de la grelina, considerada la principal hormona orexigénica del organismo. Al bloquear la señalización de la grelina, LEAP2 podría reducir la sensación de hambre y contribuir a mantener la restricción alimentaria característica de la anorexia nerviosa.

La diferencia en los niveles hormonales fue particularmente marcada en las pacientes que presentaron una recaída durante el seguimiento posterior al alta, lo que sugiere que esta molécula podría tener un valor pronóstico.

Una conexión entre el metabolismo y el control de los impulsos

Los cuestionarios conductuales mostraron una asociación entre la relación LEAP2-grelina y la capacidad de control de los impulsos. Las pacientes que mantuvieron una mejor evolución clínica y conservaron el peso recuperado presentaron un perfil hormonal diferente al de aquellas que sufrieron recaídas.

Para profundizar en estos hallazgos, los investigadores desarrollaron un modelo experimental en ratones sometidos a restricción alimentaria. Los animales mostraron un aumento de la impulsividad durante el periodo de desnutrición y solo una recuperación parcial tras la realimentación.

Además, concentraciones elevadas de LEAP2 se asociaron con mayores niveles de impulsividad y con alteraciones en la regulación de la glucemia, hallazgos que refuerzan la hipótesis de que esta hormona participa en la comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro.

Estos resultados respaldan la existencia de una interacción entre los circuitos metabólicos y los procesos de toma de decisiones y control conductual que intervienen en la anorexia nerviosa.

Un biomarcador y una posible diana terapéutica

La identificación de LEAP2 como marcador biológico de recaída podría tener importantes implicaciones clínicas. La posibilidad de monitorizar los niveles de esta hormona permitiría identificar a los pacientes con mayor riesgo de desarrollar formas graves o crónicas de la enfermedad y adaptar las estrategias de seguimiento y tratamiento.

Asimismo, los hallazgos abren la puerta al desarrollo de nuevas intervenciones farmacológicas dirigidas a modular la señalización de LEAP2 y restaurar las respuestas fisiológicas al hambre.

Los investigadores también plantean la existencia de una posible «tolerancia metabólica» a la desnutrición, un fenómeno que podría explicar la extraordinaria capacidad de algunos pacientes para mantener la restricción alimentaria durante meses o incluso años.

Aunque estos resultados deben confirmarse en cohortes más amplias, el trabajo refuerza la idea de que la anorexia nerviosa es un trastorno con componentes psiquiátricos y metabólicos profundamente interrelacionados. Comprender mejor esta conexión intestino-cerebro podría abrir una nueva etapa en el abordaje de una enfermedad que continúa representando uno de los mayores desafíos de la psiquiatría y de la medicina moderna.

 

Fuente: EuropaPress 

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