“España ejerce un papel de liderazgo internacional en trasplante hepático y en cirugía hepática desde hace algunos años”, ha comentado a El Médico Interactivo José Manuel Asencio Pascual, cirujano del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid. “Tenemos la tasa de donación más alta del mundo desde hace tiempo. En cirugía hepática también hay muchos cirujanos españoles referentes a nivel internacional, que participan en consensos y en el desarrollo de nuevos abordajes de mínima invasión como la laparoscopia o la cirugía robótica que cada vez está más presente en este tipo de intervenciones”.
Este especialista coordinaba hace unas semanas una formación destinada a perfeccionar las maniobras del control de sangrado en el intraoperatorio y postoperatorio inmediato en pacientes sometidos a intervenciones de cirugía hepática. La jornada abordaba la cirugía experimental y estrategias de control de la hemostasia en cirugía hepatobiliar y pancreática (HBP) y las suturas vasculares.
¿Cuáles fueron los objetivos de esta jornada?
La cirugía hepatobiliopancreática es una de las especialidades más complejas de la cirugía general. Los especialistas que se dedican a esta área necesitan años de formación y experiencia para conseguir el nivel de conocimiento y habilidades necesarios para afrontar este tipo de procedimientos. En la cirugía oncológica es muy común que se requiera la resección de arterias y venas afectadas por el tumor. Esto es relativamente frecuente en el cáncer de páncreas, y totalmente imprescindible cuando realizamos un trasplante de hígado. Por tanto, una de las habilidades que necesita adquirir y entrenar el cirujano general que se quiere dedicar a estas patologías es precisamente el objetivo de este curso: la sutura de arterias y venas. Con este aprendizaje, los cirujanos podrán tratar tumores más complejos con seguridad.
¿Se pueden mejorar las maniobras del control de sangrado en el intraoperatorio y postoperatorio inmediato en pacientes sometidos a intervenciones de cirugía hepática?
Los pacientes sometidos a cirugía hepática suelen tener algún tipo de hepatopatía o alteración de la función hepática. Estas alteraciones repercuten en la coagulación y aumentan el ya de por sí alto riesgo de sangrado intraoperatorio. Para ello es fundamental mejorar el estado preoperatorio de los pacientes mediante programas de rehabilitación multimodal en los que se refuerza la nutrición y se estimula a la realización de ejercicios de fuerza. Durante el intraoperatorio nos podemos ayudar de maniobras de control vascular, ocluyendo el flujo vascular hepático temporalmente para disminuir el sangrado durante las maniobras de partición del tejido. Además, contamos con sustancias sintéticas en forma de geles, polvos o parches, que nos ayudan a mejorar el control del sangrado cuando nos cuesta conseguir detener la hemorragia con las maniobras quirúrgicas habituales.
Es fundamental en el preoperatorio que el paciente entre en programas de recuperación precoz, ERAS (Enhanced Recovery After Surgery), que consisten en la introducción de la tolerancia oral y la movilización programada en el postoperatorio inmediato.
¿Qué papel juega hoy la tecnología en la reducción de estas complicaciones quirúrgicas?
Este ha sido uno de los grandes avances que han cambiado completamente el escenario. La tecnología nos ha ayudado mucho en la cirugía hepática y en el trasplante hepático. Gracias a los sistemas de termosellado y coagulación (basados en tecnología bipolar, ultrasonidos o argón) conseguimos realizar procedimientos muy complejos, en poco tiempo y sin necesidad de transfusión en la mayoría de los pacientes.
¿Cómo se entrena la capacidad de mantener el control en escenarios de máxima presión?
Esta pregunta es difícil de responder. No hay una respuesta única. En este tipo de cirugías puede haber mucha presión y estrés, ya que los pacientes parten de una situación basal muy deteriorada y pueden sufrir baches hemodinámicos durante la cirugía que pongan en jaque su capacidad de responder a semejante estrés. Para afrontar estos escenarios, resulta fundamental acudir a quirófano con una planificación minuciosa de la estrategia a seguir y predecir todas las alternativas posibles e incidentes que pueden ocurrir. Como en la mayoría de los trabajos en equipo, es importantísima la comunicación con todos los participantes: anestesistas, enfermeras y ayudantes. Todo el mundo tiene que estar alineado y conocer los riesgos y puntos críticos de la intervención. Para ello, realizamos una lista de verificación (checklist) en el quirófano antes de empezar, donde se pone en común la estrategia y se verifica que tenemos lo necesario para todos los escenarios posibles.
¿Cómo se coordinan cirugía, anestesia, radiología intervencionista y UCI para afrontar complicaciones hemorrágicas graves?
El hígado es como una esponja llena de sangre que partimos por la mitad o en diferentes partes dependiendo de la enfermedad que tratemos. Estas intervenciones tienen un mayor riesgo de sangrado que el resto de las cirugías. La hemorragia puede aparecer en el quirófano, donde se detecta y trata inmediatamente. El problema son los sangrados que pueden aparecer en el postoperatorio y que podemos tardar más en detectarlos. Por ello, muchos pacientes pasarán las primeras 24 horas en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) con una monitorización intensiva hemodinámica y analítica. En caso de que se produzca una sospecha de hemorragia en el postoperatorio, se avisa al cirujano responsable que estudiará su gravedad y el mejor método para solucionarla. En ocasiones basta con mejorar el estado de coagulación del paciente, pero a veces es necesario volver a quirófano o realizar procedimientos de radiología intervencionista.
Desde su experiencia, ¿qué nivel ocupan actualmente los especialistas españoles en el contexto internacional?
España ejerce un papel de liderazgo internacional en trasplante hepático y en cirugía hepática desde hace algunos años. Tenemos la tasa de donación más alta del mundo desde hace años. En cirugía hepática también hay muchos cirujanos españoles referentes a nivel internacional, que participan en consensos y en el desarrollo de nuevos abordajes de mínima invasión, como la laparoscopia o la cirugía robótica, que cada vez está más presente en este tipo de intervenciones.
Conflictos de intereses: La formación ha contado con la colaboración de Baxter.
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