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lunes, 28 de septiembre de 2026

Un informe alerta del "efecto cóctel" de las sustancias químicas

Las personas están expuestas cada día a distintas sustancias químicas que pueden entrar en el organismo a través del aire, el agua, los alimentos o la piel. Sin embargo, las evaluaciones toxicológicas actuales estudian mayoritariamente cada compuesto de manera aislada y no reproducen esta exposición simultánea.

Esta es una de las principales conclusiones del informe «Magnitud de la contaminación química y Medicina Ambiental», elaborado en el seno de la Cátedra Extraordinaria de Patología y Medio Ambiente de la Universidad Complutense de Madrid.

El documento, dirigido por la doctora Pilar Muñoz-Calero, realiza una amplia revisión de las principales fuentes de contaminación química y de sus posibles consecuencias sobre la salud. También analiza las limitaciones de los actuales sistemas de evaluación del riesgo y presenta la medicina ambiental como una disciplina transversal orientada a la prevención, la identificación de exposiciones y el abordaje de enfermedades en las que los factores ambientales pueden desempeñar un papel relevante.

Según el informe, el riesgo derivado de la exposición diaria a mezclas de sustancias químicas sigue siendo en gran medida desconocido. En el día a día, el contacto con numerosos compuestos es simultáneo y continuado, y cada uno de ellos puede actuar a través de mecanismos distintos. Esta interacción, conocida como efecto cóctel o efecto combinado, apenas se contempla en los procedimientos convencionales de evaluación toxicológica.

Actualmente figuran alrededor de 279 millones de sustancias, preparados, polímeros, aleaciones y secuencias biológicas en el registro internacional «Chemical Abstracts Service», al que se incorporan aproximadamente 15.000 nuevas entradas cada día. A ello se suma la lentitud con la que se restringen algunos compuestos una vez conocidos sus efectos perjudiciales, lo que, según advierte el documento, prolonga durante años o incluso décadas la exposición de la población.

Contaminantes que permanecen durante décadas

Entre las sustancias que generan mayor preocupación se encuentran los compuestos orgánicos persistentes, conocidos como COP. Su baja biodegradabilidad hace que permanezcan durante largos periodos en el medio, se acumulen en los seres vivos y aumenten su concentración a medida que avanzan en la cadena alimentaria. Algunos de estos compuestos siguen detectándose en el organismo humano décadas después de haber sido prohibidos o restringidos.

El informe presta especial atención a los PFAS, los llamados «químicos eternos», empleados en numerosas aplicaciones industriales y productos de consumo por sus propiedades antiadherentes, impermeabilizantes o resistentes al calor.

Algunas de estas sustancias pueden permanecer hasta 1.000 años en el suelo y su eliminación del agua resulta compleja y costosa. Aunque varios PFAS han sido prohibidos, continúan apareciendo nuevas moléculas de la misma familia sobre las que existe menos información.

El documento plantea la necesidad de regular familias completas de sustancias químicas, en lugar de prohibir compuestos individuales que después son sustituidos por moléculas similares. También propone que la responsabilidad de demostrar la seguridad de una sustancia antes de comercializarla recaiga sobre su productor o importador.

Microplásticos en el aire, el agua y el organismo

La revisión recoge asimismo la creciente presencia de microplásticos en la atmósfera, el polvo doméstico, el agua de consumo y los alimentos. Estas partículas se han detectado también en muestras humanas, entre ellas la placenta, la leche materna y las heces.

A su reducido tamaño se suma la presencia de aditivos químicos incorporados durante la fabricación de los plásticos. El informe recuerda que su posible impacto no depende únicamente de la partícula, sino también de sustancias como bisfenoles, ftalatos o retardantes de llama que pueden formar parte de estos materiales.

Varios de estos aditivos forman parte de los disruptores endocrinos, otro de los grandes focos de atención del informe: sustancias capaces de interferir en el funcionamiento hormonal a concentraciones muy bajas. El documento destaca que sus efectos pueden ser especialmente relevantes durante el embarazo y la infancia, dos etapas de mayor vulnerabilidad en las que las consecuencias de la exposición pueden manifestarse años después.

La medicina ambiental como disciplina transversal

La segunda parte del documento aborda los fundamentos de la Medicina Ambiental, una disciplina cuyo estudio fue reclamado en 2009 por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Su finalidad es identificar los factores ambientales que pueden intervenir en el inicio o la evolución de una enfermedad y reducir aquellas exposiciones que sean evitables.

El informe aboga por avanzar en la formación de profesionales sanitarios en esta materia, mejorar la investigación y reforzar la prevención. Además, aborda su aplicación en enfermedades crónicas y multisistémicas como la sensibilidad química múltiple, la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica.

«Estamos expuestos de forma constante a mezclas de sustancias químicas, pero seguimos evaluando sus riesgos como si entraran en nuestro organismo de una en una. Necesitamos incorporar a la práctica sanitaria una visión más amplia de la relación entre ambiente y salud, especialmente en la prevención y en la atención a pacientes con patologías crónicas complejas», señala la doctora Pilar Muñoz-Calero, directora del informe.

Nota: la Cátedra Extraordinaria de Patología y Medio Ambiente está financiada por la Fundación Alborada, entidad presidida por la propia doctora Muñoz-Calero, quien dirige además una clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades ambientales como la sensibilidad química múltiple.

 

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Cambiar los horarios de las comidas el fin de semana se asocia con mayor riesgo cardiovascular

Mantener horarios de comida diferentes durante los días laborables y los fines de semana podría asociarse con un incremento del riesgo cardiovascular, incluso después de considerar factores relacionados con dieta, sueño y estilo de vida. Un estudio publicado en Communications Medicine analiza el denominado “jet lag alimentario”, definido como el desfase entre el periodo diario de alimentación durante la semana y los días libres. En los hombres, cada hora adicional de diferencia se asoció con un aumento medio del 14 % del riesgo de enfermedad cardiovascular y del 21 % del riesgo de enfermedad coronaria. La asociación no alcanzó significación estadística entre las mujeres.

Más de 100.000 adultos analizados

Investigadores del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente de Francia analizaron información de 104.806 adultos pertenecientes a la cohorte NutriNet-Santé, con datos recopilados entre 2009 y 2023.

Para cuantificar el jet lag alimentario se compararon los horarios de la primera y la última ingesta de cada participante durante los días laborables y los fines de semana. De esta forma se evaluó el desplazamiento temporal del periodo diario de alimentación, más allá de considerar únicamente si las comidas se realizaban temprano o tarde.

Los modelos estadísticos incorporaron numerosos potenciales factores de confusión, entre ellos edad, situación familiar, características socioocupacionales, tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física, calidad de la dieta y duración del sueño.

Tres patrones según el horario de las comidas

Los investigadores clasificaron a los participantes en tres grupos. El patrón denominado “adelanto” correspondía a quienes realizaban las comidas más temprano durante los fines de semana, con un desplazamiento medio aproximado de dos horas en el periodo de alimentación.

El grupo “regular” mantenía horarios similares durante toda la semana. Finalmente, el patrón de “retraso” correspondía a las personas que desplazaban sus comidas hacia horas posteriores durante los días libres, con una diferencia media de aproximadamente una hora y 40 minutos.

Un aspecto relevante fue que tanto adelantar como retrasar las comidas se relacionó con un mayor riesgo en comparación con mantener horarios regulares, lo que apunta a que la irregularidad temporal podría tener importancia independientemente de la dirección del cambio.

Una asociación especialmente marcada en hombres

Entre los hombres, cada hora adicional de jet lag alimentario se asoció con un incremento medio del 14 % del riesgo de enfermedad cardiovascular. La asociación fue todavía mayor para la enfermedad coronaria, cuyo riesgo aumentó una media del 21 % por cada hora adicional de desfase.

En las mujeres, por el contrario, los investigadores no identificaron asociaciones estadísticamente significativas.

Las razones de esta diferencia no están establecidas. Los autores plantean posibles mecanismos relacionados con el dimorfismo sexual en la regulación metabólica y circadiana, además de diferencias socioocupacionales y de estilo de vida capaces de modificar los ritmos diarios. También debe considerarse el diferente riesgo cardiovascular basal entre hombres y mujeres.

El ritmo circadiano como posible mecanismo

El organismo regula numerosos procesos metabólicos y cardiovasculares mediante ritmos circadianos. Los cambios repetidos en el momento de las comidas podrían generar una desalineación entre las señales metabólicas derivadas de la alimentación y el reloj biológico central.

Este mecanismo presenta similitudes conceptuales con las alteraciones observadas en trabajadores nocturnos o personas con horarios persistentemente irregulares. Estudios anteriores ya habían relacionado las comidas tardías con un mayor riesgo cardiometabólico.

Los nuevos resultados sugieren que no solo importa la hora absoluta a la que se come, sino también la estabilidad de esos horarios entre diferentes días de la semana.

La regularidad alimentaria emerge como nuevo factor de estudio

Los resultados publicados en Communications Medicine amplían el concepto de crononutrición al señalar la regularidad de las comidas como un posible determinante de salud cardiovascular.

Sin embargo, se trata de un estudio observacional y no permite establecer causalidad. Aunque los análisis ajustaron por numerosos factores de confusión, no puede excluirse completamente la influencia de variables relacionadas con estilos de vida o condiciones laborales.

Por tanto, los hallazgos no demuestran que modificar los horarios durante el fin de semana cause enfermedad cardiovascular. Sí respaldan la necesidad de investigar si mantener periodos de alimentación relativamente estables puede contribuir, junto con la calidad de la dieta, ejercicio, sueño y control de los factores de riesgo tradicionales, a una estrategia preventiva cardiovascular más completa.

 

 

Fuente: EuropaPress

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viernes, 25 de septiembre de 2026

El médico de familia es la figura clave para detectar el daño cardíaco en pacientes que ya superaron su cáncer

Superar un proceso oncológico no siempre implica el fin de las complicaciones de salud. Determinados tratamientos frente al cáncer pueden provocar daños silenciosos en el miocardio —fenómeno conocido como cardiotoxicidad— cuya manifestación clínica puede demorarse entre una y dos décadas tras haber finalizado la quimioterapia. Con motivo del Día Mundial del Corazón, que se conmemora este próximo 29 de septiembre, la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM) pone el foco en el papel clave de la medicina nuclear para anticipar y vigilar este daño miocárdico a largo plazo.

«La cardiotoxicidad puede aparecer de forma aguda, en el primer año postratamiento, o de forma tardía, diez o veinte años después, sobre todo en quienes fueron tratados de niños», advierte en declaraciones a El Médico Interactivo el doctor Francisco Sebastián Palacid, coordinador del Grupo de Trabajo de Cardiología de la SEMNIM y facultativo del Hospital Clínico Universitario de Valladolid. Por este motivo, el especialista remarca que el seguimiento del paciente no debe acotarse a la fase de tratamiento activo, sino prolongarse en el tiempo en los casos de mayor riesgo.

Atención Primaria: la primera línea para detectar la cardiotoxicidad tardía

A la pregunta sobre qué señales de alarma debe vigilar el médico de familia y con qué frecuencia deben repetirse las pruebas tras el alta oncológica, el especialista destaca que el primer nivel asistencial es clave cuando el paciente abandona las revisiones hospitalarias habituales.

«Un mensaje que me gustaría que llegara alto y claro a mis compañeros de primaria sería: que un paciente esté ‘curado’ de su cáncer no significa que podamos olvidarnos de su corazón. Y muchas veces el que tiene la primera oportunidad de detectar un problema no somos nosotros ni el oncólogo, sino precisamente el médico de familia, porque es quien sigue viendo a ese paciente año tras año cuando ya no tiene revisiones oncológicas», subraya el doctor Palacid.

El facultativo insta a no minusvalorar clínica aparentemente banal en personas expuestas a fármacos cardiotóxicos o radioterapia torácica. «Yo les diría que estén atentos, sobre todo, a cosas que parecen banales, pero que en este contexto no lo son: que el paciente empiece a fatigarse con esfuerzos que antes hacía sin problema, que note que le falta el aire al subir escaleras o incluso al tumbarse en la cama, que se le hinchen los tobillos, que tenga palpitaciones nuevas, o que de repente gane peso en pocos días sin explicación, que normalmente es retención de líquidos. Cualquiera de estas señales, en alguien que recibió antraciclinas, trastuzumab o radioterapia en el pecho, debería encender una luz de alarma, aunque hayan pasado diez o quince años del tratamiento», detalla en declaraciones a El Médico Interactivo.

Respecto a la pauta de controles, el especialista aclara que depende del riesgo acumulado. «Si fue un tratamiento de dosis bajas y sin otros factores añadidos, con una revisión cada tres o cinco años suele bastar. Pero si hablamos de alguien que recibió dosis altas, que combinó varios tratamientos cardiotóxicos, que llevó radioterapia torácica, o que fue tratado siendo niño, ahí yo sería bastante más estricto: revisión anual, o como mucho cada dos años, con ecocardiograma o, si está disponible, con un estudio isotópico», explica. Además, recuerda que no hace falta ser especialista en cardiología para preguntar. «Con que en cada revisión se le pregunte a este tipo de pacientes por estos síntomas, muchas veces evitamos que lleguen a nosotros ya con una insuficiencia cardíaca instaurada», comenta.

Perfil de riesgo y equidad en el acceso hospitalario

No todos los pacientes requieren el mismo nivel de vigilancia. Las mujeres con cáncer de mama tratadas con antraciclinas combinadas con trastuzumab presentan un riesgo cardíaco especialmente elevado, al igual que los pacientes con linfoma tratados con esquemas que incluyen antraciclinas y radioterapia torácica. Sin embargo, el grupo más sensible son los niños y adolescentes tratados de leucemias o sarcomas, ya que reciben dosis altas en un músculo cardíaco en desarrollo. «Por eso a estos pacientes se les debería seguir durante décadas», afirma el Sebastián Palacid.

Entre las herramientas de referencia destaca la ventriculografía isotópica (MUGA), que permite medir la función del miocardio antes, durante y después de la quimioterapia con una elevada reproducibilidad. No obstante, la SEMNIM advierte de una notable disparidad entre comunidades autónomas, e incluso entre hospitales de una misma comunidad, en el acceso a estas técnicas. Mientras algunos centros cuentan con equipos modernos y un volumen elevado de estudios, en otros la actividad se ha reducido a algo casi anecdótico, lo que obliga a algunos pacientes a desplazarse de ciudad.

Al ser consultado sobre esta falta de recursos, Sebastián Palacid analiza la situación de los centros intermedios: «Prefiero no señalar centros ni comunidades concretas, porque no creo que ese sea el debate útil aquí, y además dentro de la propia profesión hay sensibilidades distintas sobre este tema. Lo que sí puedo decir, de forma general, es que el problema no es uniforme: afecta sobre todo a hospitales de tamaño medio, que no son grandes centros de referencia, pero tampoco pequeños centros comarcales sin ningún recurso. Son esos hospitales intermedios donde, si se jubila o se va un especialista con experiencia en cardiología nuclear, muchas veces no se repone esa plaza con alguien igual de formado en esta subespecialidad, y la técnica se va apagando poco a poco por desuso, no porque se decida cerrarla de forma explícita», argumenta.

Para corregir esta brecha asistencial, el especialista expone las medidas necesarias: «Creo que hacen falta varias cosas: renovar el equipamiento en los centros donde ha quedado obsoleto, garantizar que cuando se pierde un especialista formado en esta área se repone con alguien igualmente capacitado, y sobre todo, actualizar los programas formativos de la especialidad, que llevan bastantes años sin revisarse en profundidad. Y añadiría algo que creo que se olvida con frecuencia: establecer protocolos comunes entre comunidades autónomas, para que el acceso a estas pruebas no dependa tanto del código postal donde le toque vivir al paciente».

Impacto en el volumen asistencial

Sobre la dimensión de la población beneficiada anualmente en España por el seguimiento cardiológico con medicina nuclear, el coordinador del grupo de trabajo de la SEMNIM recurre a los registros disponibles de la sociedad científica.

«Existe una encuesta que realizó el Grupo de Trabajo de la SEMNIM hace ya algunos años, en la que participaron 42 centros de toda España, y que registró más de 40.000 pacientes de cardiología nuclear en un año, con la mayoría de esos estudios centrados en valorar el riego sanguíneo del corazón. Es un dato ya algo antiguo y probablemente las cifras actuales hayan variado, por lo que prefiero no aventurar una cifra exacta de hoy», reconoce el doctor Palacid a El Médico Interactivo.

A pesar de ello, el especialista resalta la relevancia de estas técnicas en la práctica clínica actual: «Sí puedo decir que hablamos de decenas de miles de pacientes al año en España que se benefician de esta técnica, sin contar perfiles más recientes como el seguimiento oncológico o el diagnóstico de amiloidosis, que están en crecimiento», concluye.

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Un hallazgo en la respuesta al paclitaxel cambia las reglas del juego en la quimioterapia del cáncer

Durante décadas se dio por sentado el manual de instrucciones del paclitaxel: entrar en la célula tumoral, congelar su citoesqueleto, impedir que se divida y forzar su destrucción. Sin embargo, un hallazgo del Centro de Investigación del Cáncer (CSIC-USAL-FICUS) acaba de desvelar un comportamiento imprevisto.

Al verse atacada, la célula tumoral no se limita a quedarse paralizada: activa un mecanismo de defensa mecánico de emergencia, contrayéndose sobre sí misma y alterando la forma en que se agarra al tejido que la rodea.

Un motor molecular fuera de control

El estudio, publicado en Molecular Oncology y liderado por el investigador Miguel Vicente-Manzanares, demuestra que el paclitaxel actúa como un detonante mecánico. Al entrar en contacto con los microtúbulos, provoca la liberación súbita de una proteína «rehén», la GEF-H1.

Una vez libre, GEF-H1 desencadena una reacción en cadena tipo dominó:

  1. Conecta el interruptor molecular RhoA.
  2. Enciende la enzima ROCK.
  3. Activa la miosina II no muscular, el verdadero «motor» de tracción celular.

¿El resultado observable? En ensayos con líneas de osteosarcoma y cáncer de ovario, las células reducen drásticamente su superficie útil y generan anclajes más gruesos y agresivos. Al silenciar genéticamente cualquiera de los eslabones de esta cadena (GEF-H1 o RhoA), el paclitaxel pierde su poder para forzar esta contracción.

¿Por qué este hallazgo cambia las reglas del juego?

Hasta ahora, la investigación sobre taxanos se centraba casi en exclusiva en la bioquímica de la división celular. Este trabajo sitúa la mecanobiología en el centro de la oncología:

  • Estrategia de adaptación: Una célula con mayor tensión interna y capacidad de deformación mecánica puede tener más fácil escabullirse del tejido primario (migración y metástasis).
  • Resistencia terapéutica: Esta respuesta rápida podría ser la llave por la cual ciertas poblaciones tumorales logran amortiguar el impacto de la quimioterapia.
  • Marcadores de respuesta: El grupo descubrió que la modificación química de la tubulina (en el residuo K40) regula qué tan rápido se libera este mecanismo, lo que abre la puerta a predecir qué tumores responderán con mayor o menor agresividad biomecánica.

 

El hallazgo, firmado en primer lugar por la investigadora Gloria Asensio-Juárez, redefine los microtúbulos no como simples vigas de soporte pasivas, sino como auténticos sensores de fuerza capaces de rearmar mecánicamente al tumor en segundos.

 

  • Asensio-Juárez, G., Pérez-Díaz, R., Ramos-Solano, H., Garrido-Casado, M., Talayero, V. C., & Vicente-Manzanares, M. (2026). Paclitaxel induces NM2-dependent cellular contraction through GEF-H1 dissociation from microtubules and RhoA–ROCK activation in cancer cells. bioRxiv. https://doi.org/10.64898/2025.12.29.696873

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jueves, 24 de septiembre de 2026

Formar pareja con alguien similar podría amplificar el riesgo psiquiátrico familiar, según un estudio

Las personas con trastornos psiquiátricos presentan una probabilidad mayor de formar pareja con individuos que padecen el mismo trastorno u otra enfermedad mental, un patrón que podría contribuir a concentrar el riesgo psiquiátrico en determinadas familias. Un amplio estudio poblacional danés publicado en JAMA Psychiatry muestra que esta similitud entre progenitores se asocia con una prevalencia de trastornos mentales y una heredabilidad familiar superiores a las esperadas si la formación de parejas fuera completamente aleatoria. Los resultados amplían la comprensión de la transmisión intergeneracional de la enfermedad mental más allá de una interpretación exclusivamente genética.

Un análisis de más de cuatro millones de personas

El estudio utilizó registros nacionales daneses vinculados de 4.244.585 residentes nacidos entre 1969 y 2017. Los investigadores identificaron 549.541 parejas parentales y 822.209 descendientes y analizaron los diagnósticos psiquiátricos y somáticos registrados por el sistema sanitario.

La similitud entre los progenitores se cuantificó mediante correlaciones para diferentes diagnósticos. Posteriormente, los investigadores desarrollaron simulaciones basadas en permutaciones en las que las parejas reales eran sustituidas por emparejamientos aleatorios comparables en edad y lugar de nacimiento.

Este procedimiento permitió comparar la prevalencia y la heredabilidad progenitor-descendencia observadas en las familias reales con las que cabría esperar en un escenario hipotético de emparejamiento aleatorio.

La esquizofrenia mostró la mayor similitud parental

La correlación entre progenitores para el conjunto de los trastornos psiquiátricos fue de 0,28. La esquizofrenia presentó la mayor correlación dentro del mismo diagnóstico, con un valor de 0,38. También se observaron asociaciones relevantes para trastorno del espectro autista, TDAH y trastornos por consumo de sustancias.

Además, existió similitud entre diagnósticos diferentes. Las correlaciones cruzadas oscilaron entre 0,01 y 0,26. Parte de estas asociaciones se redujo cuando los investigadores excluyeron a personas con comorbilidades psiquiátricas, lo que indica que la coexistencia de varios trastornos explica una proporción de la similitud observada.

Las enfermedades somáticas también mostraron correlaciones entre parejas, aunque considerablemente menores, entre 0,03 y 0,14. Buena parte de estas asociaciones desapareció al considerar la comorbilidad psiquiátrica.

El emparejamiento no aleatorio modifica el riesgo familiar

Las simulaciones mostraron que el patrón observado de formación de parejas se asociaba con una prevalencia de cualquier trastorno psiquiátrico un 1,8 % superior a la estimada bajo condiciones de emparejamiento aleatorio.

El efecto fue considerablemente mayor sobre la heredabilidad basada en la agregación familiar, que resultó un 12,5 % superior en la población real.

Esto significa que la concentración familiar de los trastornos psiquiátricos no depende únicamente de la transmisión genética individual desde cada progenitor. La estructura de las parejas puede contribuir adicionalmente a concentrar factores de susceptibilidad en determinadas familias y generaciones.

La similitud no implica necesariamente elección por diagnóstico

Los autores advierten que estos resultados no demuestran que las personas seleccionen deliberadamente parejas con el mismo trastorno psiquiátrico. El denominado apareamiento selectivo o assortative mating constituye solo una de las posibles explicaciones.

La similitud también puede surgir porque las personas comparten características sociales, culturales, educativas o geográficas, porque seleccionan pareja según rasgos relacionados indirectamente con la enfermedad o porque las parejas se vuelven más similares después de convivir.

Por tanto, la correlación entre diagnósticos no puede interpretarse automáticamente como evidencia de una preferencia directa por personas con características psiquiátricas semejantes.

Una nueva perspectiva sobre la transmisión intergeneracional

El trabajo muestra que la estructura de las parejas puede modificar las estimaciones epidemiológicas de prevalencia y heredabilidad familiar. Este aspecto resulta especialmente relevante para estudios genéticos y modelos destinados a estimar el riesgo psiquiátrico de los descendientes.

La magnitud del estudio y la utilización de registros nacionales constituyen fortalezas importantes, aunque su diseño observacional impide determinar los mecanismos concretos responsables de la similitud parental.

Los resultados sugieren que la transmisión intergeneracional de los trastornos mentales debe analizarse considerando conjuntamente genética, comorbilidad, entorno familiar y patrones de formación de parejas. Esta perspectiva puede ayudar a comprender por qué el riesgo psiquiátrico tiende a concentrarse en determinadas familias más de lo esperado bajo modelos simples de herencia.

 

 

Los conflictos de intereses de los autores pueden consultarse en el texto original.

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