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miércoles, 4 de febrero de 2026

¿Cómo de cerca estamos de tener vacunas que traten el cáncer o el VIH?

Durante décadas, la vacunación ha sido sinónimo de anticipación: preparar al sistema inmunitario para evitar una infección futura. Aunque ese principio sigue vigente, en los últimos años ese concepto ha evolucionado y hoy las vacunas también se utilizan como herramientas terapéuticas capaces de reeducar al sistema inmunitario para combatir tumores, controlar infecciones crónicas como el VIH o modificar procesos patológicos complejos.

A diferencia de las vacunas profilácticas clásicas, diseñadas para generar memoria inmunológica frente a patógenos externos, las vacunas terapéuticas buscan modular de forma dirigida una respuesta inmunitaria existente, corrigiendo sus fallos o potenciando su capacidad de control.

Por tanto, son vacunas diseñadas en función del perfil biológico del paciente, lo que supone un cambio de paradigma basado en una mayor comprensión de la inmunología y en el desarrollo de plataformas tecnológicas como la de ARN mensajero (ARNm) multiepitópico, vacunas de neoantígenos o formulaciones combinadas con inmunoterapia.

El resultado es una nueva categoría de vacunas terapéuticas que redefinen la línea entre prevención y tratamiento. En este escenario, la investigación española en cáncer e inmunología traslacional comienza a ocupar un lugar relevante, participando en ensayos clínicos y desarrollos vacunales.

Oncología, primera línea de investigación

La Oncología ha sido el principal campo de desarrollo y validación de las vacunas terapéuticas. Los tratamientos estándar, como la quimioterapia y la radioterapia, actúan de forma relativamente inespecífica, atacando a las células tumorales pero también provocando daño en otras partes del organismo. Frente a este enfoque, las vacunas terapéuticas introducen una estrategia distinta basada en la activación dirigida del sistema inmunitario. Algunas de las primeras aproximaciones clínicas, como T-VEC en melanoma o sipuleucel-T en cáncer de próstata, ya exploraban esta vía mediante el uso de virus modificados o células del propio paciente cargadas con antígenos tumorales.

A día de hoy, la investigación se orienta hacia vacunas capaces de enseñar al sistema inmune a reconocer con precisión las células del tumor y atacarlas de manera selectiva y sostenida en el tiempo. El objetivo es reducir la carga tumoral y retrasar la progresión del cáncer, de modo que se pueden prevenir las recaídas y, en última instancia, aumentar la supervivencia del paciente.  Se están estudiando especialmente en pacientes con enfermedad mínima residual o tras una cirugía, que es cuando la intervención inmunológica puede resultar más eficaz.

Para su desarrollo se utilizan plataformas de vacunas de neoantígenos, ARNm, péptidos sintéticos o células dendríticas programadas para inducir respuestas específicas de los linfocitos T CD4+ y CD8+ frente a los antígenos tumorales ausentes en los tejidos sanos. Desde esta perspectiva, el melanoma, por su elevada carga mutacional y su sensibilidad al bloqueo de los puntos de control inmunitario, se ha convertido en el principal modelo para traducir estos avances en beneficios clínicos.

Vacunas frente al melanoma

Las vacunas personalizadas de neoantígenos constituyen una de las líneas más avanzadas, con varios ensayos clínicos en marcha. Un estudio publicado en Cell (2025), basado en la plataformas NeoVax y NeoVaxMI, ha demostrado la inducción de respuestas de células T amplias, policlonales y altamente específicas frente a mutaciones del tumor. Los resultados muestran mejoras significativas al optimizar la selección de los antígenos, la formulación y las pautas de administración.

En esta misma línea, una revisión sobre vacunas de ARNm de nueva generación en melanoma (2025), también señala que este tumor es un modelo óptimo para madurar estas tecnologías y avanzar hacia un uso clínico más amplio y estandarizable. Según este trabajo, la eficacia de estas vacunas depende del antígeno codificado y de la optimización de múltiples elementos del propio ARN, como el ajuste de codones, la estructura secundaria y otras modificaciones químicas que aumentan la estabilidad y reducen la activación inmune inespecífica. También resultan clave las regiones no traducidas 5′ y 3′, la caperuza tipo Cap1 y la longitud de la cola poli(A), que influyen directamente en la vida media del ARNm y en la cantidad de proteína producida.

A estos avances se suman los progresos en los sistemas de administración. Las nanopartículas lipídicas continúan siendo el vehículo principal, pero su formulación se ha refinado para dirigir mejor el ARNm a los tejidos y células deseadas. Además, están surgiendo plataformas híbridas que combinan lípidos con membranas de células tumorales o vesículas extracelulares, capaces de presentar antígenos en la superficie y codificar otros en su interior. Todo ello supondrá futuras vacunas más eficaces y flexibles, y con un mayor potencial de producción y aplicación clínica.

Vacunas terapéuticas en VIH

Las vacunas terapéuticas dirigidas a infecciones crónicas se encuentran aún en fases experimentales, con evidencia de activación inmunológica clara, pero resultados clínicos todavía parciales. A diferencia de la oncología, en este campo no existen aún terapias aprobadas a gran escala. La mayor parte de los datos provienen de ensayos en fase I o II y de estudios de inmunomodulación vacunal en infecciones respiratorias recurrentes o frente a patógenos persistentes como VIH, virus de la hepatitis B y C, herpes y virus de Epstein-Barr.

En lo que se refiere a infección por VIH, el objetivo que se busca es modificar la relación entre el virus y el sistema inmunitario una vez establecida la enfermedad. En los últimos años se han puesto en marcha ensayos clínicos con vacunas terapéuticas de nueva generación, como HB-500, actualmente evaluada en estudios de fase 1b en personas con carga viral suprimida mediante tratamiento antirretroviral. Estos ensayos analizan la seguridad y la capacidad de inducir respuestas inmunes específicas, pero también su posible papel dentro de la búsqueda de una cura funcional.

Se busca la reducción o suspensión de la terapia antirretroviral manteniendo el virus controlado, mediante respuestas T CD8 y anticuerpos más potentes y duraderos frente a los reservorios del virus que escapan a las terapias convencionales. Aunque los resultados son preliminares, podrían convertirse en un complemento relevante de los tratamientos actuales.

En cuanto a las infecciones respiratorias recurrentes, las vacunas bacterianas sublinguales o mucosas, usadas como inmunomoduladores, han mostrado en estudios prospectivos una reducción significativa en número, duración y gravedad de los episodios infecciosos durante  el tratamiento. El uso de estas vacunas para combatir la resistencia antimicrobiana, aunque principalmente es preventivo, también tiene un componente terapéutico al prevenir las complicaciones y disminuir la necesidad de antibióticos.

Otras infecciones crónicas

Otras vacunas terapéuticas que empiezan a abrirse camino en la investigación europea son aquellas para para infecciones crónicas. Según un informe de Vaccines Europe, actualmente solo se describen dos candidatos en desarrollo avanzado: una vacuna de ARNm frente a Cutibacterium acnés que causa el acné, en fase II; y otra frente al virus del herpes simple (VHS), también en fase II y considerada una intervención en el ámbito de infecciones de transmisión sexual (ITS).

Ambas vacunas emplean la tecnología de ARNm con nucleósidos modificados y nanopartículas lipídicas, alineándose con la tendencia predominante en la industria europea, que concentra la mayoría de los 48 candidatos vacunales basados en ARN, tal como indica el informe. El hecho de que estén en fase II implica que ya existen datos preliminares de seguridad e inmunogenicidad en humanos, pese a que aún están lejos de una posible comercialización.

En la revisión no hay vacunas antitumorales como tal, pero sí algunas dirigidas a agentes infecciosos oncogénicos, como virus de la hepatitis B, virus del papiloma humano y virus de Epstein-Barr, que podrían combinar potencial preventivo y terapéutico sobre la infección de base.

En resumen, la evidencia refleja que las vacunas terapéuticas están presentes en la cartera europea, pero de manera muy limitada y focalizada, y que su consolidación futura requerirá marcos regulatorios claros y criterios de evaluación de valor específicos que permitan traducir la innovación en tratamientos accesibles y efectivos.

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La terapia dirigida al HBsAg abre una nueva vía para la hepatitis D crónica

Una enfermedad con opciones terapéuticas muy limitadas

La infección crónica por el virus de la hepatitis D representa la forma más grave de hepatitis viral crónica, con rápida progresión a cirrosis, descompensación hepática y carcinoma hepatocelular. Su dependencia obligada del antígeno de superficie del virus de la hepatitis B ha convertido al HBsAg en una diana terapéutica clave, aunque hasta ahora los tratamientos disponibles han mostrado eficacia limitada y problemas de tolerabilidad. En este contexto, el desarrollo de terapias dirigidas específicamente contra el HBsAg supone un cambio conceptual relevante en el manejo de esta enfermedad huérfana.

Racional biológico de la combinación terapéutica

Tobevibart es un anticuerpo monoclonal diseñado para unirse al HBsAg circulante, mientras que elebsiran es un pequeño ARN interferente que reduce la producción intracelular de HBsAg. Ambos enfoques actúan sobre un mismo objetivo desde mecanismos complementarios, lo que podría potenciar la supresión del virus de la hepatitis D y favorecer la recuperación bioquímica. Sin embargo, hasta ahora no se disponía de datos clínicos sólidos que evaluaran su eficacia y seguridad en pacientes con infección crónica por VHD.

Diseño del ensayo y definición de la respuesta

El estudio publicado en el New England Journal of Medicine presenta los resultados de un ensayo abierto de fase 2, actualmente en curso, que comparó tobevibart más elebsiran frente a monoterapia con tobevibart. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a recibir la combinación cada cuatro semanas o tobevibart solo cada dos semanas. El objetivo primario fue una respuesta combinada a la semana 24, definida por supresión virológica significativa del ARN del VHD junto con normalización de la alanina aminotransferasa, integrando así eficacia virológica y beneficio bioquímico.

Resultados a corto plazo con supresión virológica relevante

En la semana 24, casi la mitad de los pacientes tratados con la combinación alcanzaron la respuesta combinada, frente a un 70% en el grupo de monoterapia. La respuesta virológica fue notable en ambos brazos, alcanzando el 100% con la combinación y más del 80% con tobevibart solo. La normalización de ALT mostró mayor variabilidad, con porcentajes inferiores en el grupo combinado, lo que sugiere que la mejoría bioquímica puede seguir una cinética distinta a la supresión viral inicial.

Evolución hasta la semana 48 y control profundo del virus

El seguimiento hasta la semana 48 aportó datos clave sobre la profundidad y durabilidad de la respuesta. Más de la mitad de los pacientes en ambos grupos mantuvieron la respuesta combinada, pero la combinación destacó por una mayor proporción de pacientes con ARN del VHD no detectable. Además, la reducción del HBsAg fue mucho más pronunciada con tobevibart más elebsiran, con niveles inferiores a 10 UI por mililitro en la gran mayoría de los tratados. Este hallazgo es especialmente relevante, ya que la disminución profunda del HBsAg se considera un objetivo central para modificar el curso natural de la enfermedad.

Seguridad y tolerabilidad del tratamiento

El perfil de seguridad fue consistente con terapias inmunológicas y basadas en ARN interferente. La mayoría de los participantes experimentaron al menos un evento adverso, predominantemente síntomas pseudogripales y escalofríos. No se observaron brotes de ALT clínicamente relevantes, un aspecto crítico en pacientes con enfermedad hepática avanzada. La ausencia de señales claras de toxicidad hepática significativa respalda la viabilidad de estos esquemas en estudios de mayor duración.

Implicaciones clínicas y futuras líneas de investigación

Este ensayo proporciona una prueba de concepto sólida de que la interferencia dirigida contra el HBsAg puede lograr una supresión profunda del VHD con mejoría bioquímica sostenida. Aunque la monoterapia con tobevibart mostró una eficacia considerable, la combinación con elebsiran se asoció con un mayor control del ARN viral y una reducción más marcada del HBsAg, lo que podría traducirse en beneficios clínicos a largo plazo. Será fundamental evaluar la durabilidad de estas respuestas tras la suspensión del tratamiento y su impacto en desenlaces clínicos duros.

Conclusión

Los resultados de este ensayo de fase 2 sitúan a tobevibart, solo o en combinación con elebsiran, como una estrategia terapéutica prometedora para la hepatitis D crónica. La capacidad de reducir de forma sostenida el ARN del VHD, normalizar la ALT y disminuir de manera profunda el HBsAg representa un avance significativo en un campo con necesidades médicas no cubiertas. Estos hallazgos justifican el desarrollo de ensayos de fase 3 orientados a confirmar su impacto clínico y redefinir el futuro tratamiento de esta infección grave.

 

Financiado por Vir Biotechnology; número ClinicalTrials.gov, NCT05461170.)

El conflicto de intereses de los autores pueden consultarse en el texto original

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“Medicina Nuclear en Oncología: del diagnóstico a la estrategia terapéutica”

“La Medicina Nuclear en Oncología no sólo diagnostica, sino que también se ha convertido en una pieza fundamental de la estrategia terapéutica”, como indica Mònica Velasco, facultativa especialista en Medicina Nuclear del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona y del Hospital HM Nou Delfos, en esta entrevista para EL MÉDICO INTERACTIVO. Precisamente en esta ‘Semana de la Oncología’, aprovecha la oportunidad para dar visibilidad al “papel creciente de la Medicina Nuclear en el abordaje integral del cáncer”.

Mònica Velasco, que forma parte de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM), recalca los beneficios de “reforzar la colaboración entre especialidades y compartir avances”. También recuerda que “la innovación solo tiene sentido si se traduce en un beneficio real para los pacientes”.

¿Qué novedades aporta la Medicina Nuclear en Oncología?

En los últimos años la Medicina Nuclear ha experimentado una auténtica transformación en el campo de la Oncología. Hoy disponemos de radiofármacos cada vez más específicos que permiten detectar la enfermedad tumoral de forma muy precoz, incluso antes de que aparezcan lesiones visibles en otras pruebas de imagen. Esto ha cambiado radicalmente la forma en que diagnosticamos, estadificamos y seguimos muchos tumores.

Además, la consolidación de la teragnosis, que combina diagnóstico y tratamiento sobre la misma diana molecular, nos permite no solo localizar el tumor con gran precisión, sino también tratarlo de forma dirigida y personalizada. A ello se suma la incorporación de nuevos equipos híbridos como PET-TC, SPECT-TC o PET-RM, que ofrecen estudios más rápidos, más sensibles y con menor dosis de radiación.

¿Qué papel juega la imagen molecular en el diagnóstico precoz y en la caracterización biológica de los tumores?

La imagen molecular permite visualizar procesos funcionales y metabólicos que preceden a los cambios estructurales, lo que significa que podemos detectar tumores en fases muy iniciales y comprender mejor su comportamiento biológico. Gracias a radiofármacos dirigidos a dianas concretas podemos conocer aspectos como la proliferación celular, la expresión de receptores o la actividad metabólica del tumor. Esta información resulta clave para elegir el tratamiento más adecuado y anticipar la respuesta, avanzando hacia una medicina más precisa.

¿Cómo contribuye la Medicina Nuclear a una Oncología verdaderamente personalizada?

La Medicina Nuclear es una herramienta fundamental para personalizar el tratamiento del cáncer. Nos ayuda a identificar qué pacientes se beneficiarán de determinadas terapias y a monitorizar de forma precoz si están funcionando.

Técnicas como el PET-TC PSMA o el PET con análogos de somatostatina permiten seleccionar terapias dirigidas que actúan específicamente sobre las células tumorales, y reducen la toxicidad sobre los tejidos sanos. Además, también participamos en la cirugía oncológica con procedimientos de radioguiado, como la localización del ganglio centinela o la detección de lesiones no palpables, que facilitan intervenciones más precisas y menos agresivas.

¿Qué ventajas ofrece la Medicina Nuclear frente a otras técnicas de imagen?

La principal ventaja es que aporta información funcional y molecular, no solo anatómica. Esto permite detectar enfermedad oculta o muy precoz, diferenciar lesiones activas de cambios residuales o cicatriciales, evaluar la respuesta terapéutica antes de que se produzcan cambios morfológicos y caracterizar la biología tumoral de forma no invasiva. La combinación de imagen funcional y anatómica en los equipos híbridos proporciona una visión más completa y útil para la toma de decisiones clínicas.

¿Cuál es el impacto real de la teragnosis en la práctica clínica diaria?

La teragnosis es un concepto central en la Medicina Nuclear moderna. Consiste en utilizar la misma molécula para diagnosticar y tratar un tumor: primero se marca con un isótopo emisor de positrones o gamma para identificar la enfermedad y evaluar si expresa la diana adecuada; posteriormente, esa misma molécula se marca con un isótopo terapéutico para administrar radiación selectiva sobre las células tumorales. Este enfoque garantiza que el tratamiento se dirige exactamente a las células que lo necesitan, los que maximiza la eficacia y minimiza la toxicidad.

¿En qué tumores se observan mayores beneficios?

Hace décadas que aplicamos este concepto en el cáncer diferenciado de tiroides con I‑131. En los últimos años se ha consolidado en los tumores neuroendocrinos mediante el binomio [68Ga]Ga-DOTA-TOC (para diagnóstico con PET-TC) y [177Lu]Lu-DOTA-TATE (para tratamiento). Recientemente se ha incorporado al Sistema Nacional de Salud la terapia con [177Lu]Lu-PSMA-617 para el cáncer de próstata metastático resistente a la castración, seleccionada previamente mediante PET‑PSMA.

¿Cómo influye la información de la imagen molecular en la toma de decisiones terapéuticas?

La imagen molecular influye de forma decisiva en múltiples etapas del proceso clínico. Permite realizar un diagnóstico y una estadificación inicial más precisa, e identifica enfermedad que puede modificar por completo la estrategia terapéutica. Ayuda a seleccionar a los pacientes candidatos a cirugía, radioterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas, y permite evaluar la respuesta de manera precoz, lo que facilita la modificación de tratamientos ineficaces. También es fundamental en la detección de recaídas, incluso cuando otras técnicas de imagen son negativas.

Por otra parte, al evaluar la función de distintos órganos, también participamos en su valoración prequirúrgica o durante el tratamiento oncológico, por ejemplo, en la planificación de hepatectomías mayores o resecciones pulmonares, o en la monitorización de la función ventricular cardíaca durante la quimioterapia.

¿Qué avances recientes en radiofármacos considera más prometedores?

Considero que los avances más prometedores en radiofármacos son aquellos que integran diagnóstico y tratamiento dentro del enfoque teragnóstico, ya que nos permiten seleccionar mejor a los pacientes y ofrecer terapias más precisas y personalizadas. Destacan especialmente los radiofármacos dirigidos al PSMA en cáncer de próstata, que han supuesto un cambio de paradigma tanto en la detección de enfermedad metastásica como en su tratamiento, así como las terapias con análogos de somatostatina marcados para tumores neuroendocrinos, con claros beneficios en el control de la enfermedad y en la calidad de vida.

también sobresalen terapias ya consolidadas, como la radioembolización con ytrio-90 para lesiones hepáticas primarias o metastásicas, el tratamiento intratumoral con fósforo‑32 para el cáncer de páncreas localmente avanzado y el tratamiento tópico con renio-188 para el cáncer de piel no melanoma.

En el ámbito de la investigación, se están desarrollando nuevos radiofármacos con mejores propiedades físicas, marcados con emisores alfa, que permiten una mayor eficacia citotóxica con menor daño a los tejidos sanos. Además, están emergiendo radiofármacos dirigidos a nuevas dianas del microambiente tumoral, como el FAPI, que amplían de forma notable las posibilidades diagnósticas y terapéuticas de la medicina nuclear.

¿Cómo valora la colaboración multidisciplinar con oncólogos médicos, radioterápicos y cirujanos?

Valoro la colaboración multidisciplinar como un pilar fundamental y absolutamente necesario en el abordaje del paciente oncológico actual. El cáncer es una enfermedad compleja que exige decisiones terapéuticas cada vez más personalizadas, y eso solo es posible cuando oncólogos médicos, oncólogos radioterápicos, cirujanos y especialistas en otras áreas trabajamos de forma coordinada y con una comunicación constante.

La coordinación en comités de tumores permite tomar decisiones más ajustadas y ofrecer una atención más personalizada, lo que repercute directamente en mejores resultados para los pacientes.

¿Qué opina de la integración de la Medicina Nuclear en los comités oncológicos?

La integración de la Medicina Nuclear en los comités oncológicos es cada vez mayor y más reconocida, pero aún existen áreas de mejora. Es fundamental reforzar la presencia de especialistas en todos los comités relevantes y garantizar que los servicios estén adecuadamente dimensionados en cuanto a personal médico para garantizar su presencia activa y continuada en los comités oncológicos. La Medicina Nuclear debe ser entendida no solo como una técnica diagnóstica, sino como un actor clave en la estrategia terapéutica.

¿Cómo impactan la investigación clínica y los ensayos internacionales en la evolución de esta especialidad?

La investigación clínica es el motor del avance en Medicina Nuclear. Los ensayos clínicos están permitiendo validar nuevos radiofármacos, comparar estrategias teragnósticas, evaluar terapias alfa emergentes y establecer criterios de respuesta específicos para la imagen molecular.

Participar en estos estudios nos permite ofrecer a los pacientes acceso a tratamientos innovadores y situar a la especialidad en la vanguardia de la Oncología.

¿Qué retos considera prioritarios para el futuro de la Medicina Nuclear en Oncología?

Entre los retos prioritarios para el futuro de la Medicina Nuclear en Oncología destaca, en primer lugar, garantizar un acceso equitativo a radiofármacos innovadores y asegurar una capacidad suficiente de producción y distribución. También es esencial disponer de infraestructuras adecuadas que permitan acoger el aumento progresivo de la actividad terapéutica, incluyendo espacios específicos para la administración ambulatoria de radionúclidos, áreas de aislamiento cuando sea necesario y circuitos asistenciales bien definidos.

A ello se suma la necesidad de contar con una dotación suficiente de personal cualificado, por ejemplo, especialistas en Medicina Nuclear, radiofarmacéuticos, técnicos y personal de enfermería especializado, que garantice la calidad asistencial y la continuidad de los programas terapéuticos. El futuro de la especialidad es muy prometedor, pero requiere inversión, planificación y una visión estratégica compartida que permita responder al crecimiento sostenido de la Medicina Nuclear en el ámbito oncológico.

Mònica Velasco ha declarado no tener conflictos de interés.

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martes, 3 de febrero de 2026

22 Congreso de la Sociedad Española del Dolor (SEDO)

📆  Del 27 al 29 de mayo.

🌍  Vitoria-Gasteiz (España).

🌐 Consúltalo AQUÍ

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“Hay que realizar una gestión sanitaria más humana”

El doctor Manuel Bayona García, con una dilatada experiencia en gestión sanitaria dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS), en la entrevista con EL MÉDICO INTERACTIVO reflexiona sobre el perfil idóneo de los directivos de AP para favorecer el trabajo en equipo, la eficiencia sanitaria y la calidad asistencial. Reflexiones de lo aprendido en sus años de gestión que ha plasmado en su libro “La gestión del silencio” (Editorial Nazarí), que acaba de presentar con el objetivo de compartir sus años de experiencia de gestión y contribuir a dar visibilidad y realizar una gestión sanitaria más humana, que ponga el acento en la comunicación limpia y en el factor humano, porque la salud en general y la AP en particular será sostenible conforme se vaya ganando la confianza y seguridad de la ciudadanía, con equipos que cuidan con calidad, cercanía y humanización.

Tras muchos años en gestión sanitaria, ¿cómo definiría el perfil idóneo de un profesional de la dirección en Atención Primaria?

El perfil idóneo de un directivo de AP debería tener, además de conocimientos sólidos y habilidades clínicas, una actitud empática, capacidad de comunicación, trabajo en equipo, flexibilidad y un enfoque integral y humano de la salud de los pacientes, que incluya, no solo lo relativo a la salud personal, sino a la salud pública y comunitaria. El perfil directivo marca un estilo de dirección, que debe favorecer el trabajo en equipo, la eficiencia y la calidad asistencial, marcando de manera clara el clima laboral y una mayor cooperación entre centros de salud, hospitales e instituciones.

Su libro lleva por título un reflexivo, sorprendente (y hasta inquietante) “la gestión del silencio”. En el ámbito de la gestión sanitaria, ¿a qué se refiere con “silencio”?

El silencio esconde lo que es realmente importante. Los silencios en gestión sanitaria pueden ser atronadores cuando los pacientes, los profesionales o los propios directivos del equipo de gestión no encuentran respuesta a sus inquietudes y necesidades. El título es una llamada a la reflexión y a prestar atención plena a lo que piensan y sienten las personas, los profesionales y los pacientes.

Es posible que haya demasiado ruido organizativo. ¿Qué origina este ruido? ¿El ruido no produce estrés, agobio y un cierto caos? ¿El ruido no es anti-salud por antonomasia? ¿Haría falta una gestión más pausada? 

En estos momentos creo que vivimos en la sociedad del ruido. El ruido es ese cúmulo de opiniones que circulan a todos los niveles. Una sociedad bombardeada constantemente con excesiva información, muchas veces falsa y sacada de contexto, algo muy negativo a nivel personal y, por supuesto, a nivel profesional, porque el ruido es un contaminante más. Además, el ruido es fácil y barato de producir, la mayoría de las veces no tiene consecuencias, y, sin embargo, sus efectos son muy tóxicos. En salud este tipo de toxicidad estresa y afecta especialmente a profesionales, a pacientes y a la propia sociedad, influyendo en la motivación, la confianza y la credibilidad de nuestros centros y servicios.

El doctor Bayona, experto en gestión sanitaria.

El doctor Bayona, experto en gestión sanitaria. (Foto: Carolina Santos)

En gestión y dirección aparecen números, balances, horarios, resultados… Tratándose de gestión sanitaria, ¿no habría que dar más campo a las emociones, a la experiencia, a la reflexión?

David McClelland, psicólogo estadounidense conocido por el desarrollo de la Teoría de la Motivación del logro, investigó los rasgos distintivos del desempeño óptimo, llegando a la conclusión de que «El CI no explica el 75 % del éxito laboral». A raíz de sus investigaciones, Daniel Goleman desarrolló su extraordinaria aportación al papel tan preponderante de la inteligencia emocional en el éxito personal y profesional.

Es evidente que en gestión sanitaria hay que tener en cuenta que trabajamos con equipos humanos, con profesionales altamente cualificados, negociando con personas situaciones cotidianas y a veces extraordinarias, ya sea con pacientes, con profesionales o con la administración, y aunque la ortodoxia manda recurrir siempre al raciocinio con criterios, definición de objetivos precisos, medición de indicadores, evaluación de resultados, etc., a menudo se deja aparcada la importancia de la gestión emocional, como si fuera una cuestión menor.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la gestión emocional es decisiva en las interrelaciones personales y en los logros que se alcanzan, por lo que el criterio racional debería llevar la carta de presentación del emocional, con competencias en habilidades blandas (soft skills), fundamentalmente actitud y empatía, además de trabajo en equipo, creatividad, etc., porque son las que marcan la diferencia entre el éxito o el fracaso de la gestión.

En gestión sanitaria se incide mucho en la necesidad de invertir en nuevas tecnologías, pero ¿se incide en igual proporción en lo decisivo del factor humano, la empatía, las emociones, en escuchar por encima del ruido mediático u organizativo?

Es más fácil evaluar lo cuantitativo, probablemente porque hay experiencia y nos asegura el control de manera más fácil. Sin embargo, estamos menos habituados a gestionar el factor humano. Además de inversiones en tecnología, también hay que reclamar inversiones en más atención y personalización, porque son requisitos imprescindibles para generar confianza y motivación en los equipos profesionales, lo que nos permitiría añadir valor a cada paso que damos en las complejas tareas que se llevan a cabo en el sistema sanitario.

Probablemente sea necesario invertir en más recursos, más personal o más infraestructuras, pero para que estos recursos sean útiles, hay que invertir en tiempo de calidad, en escuchar a los profesionales y en algo fundamental como es explicar mejor el sentido que tiene lo que hacemos en gestión sanitaria.

Precisamente, ¿qué papel juega o puede jugar en el liderazgo la empatía, la labor en equipo, el actuar de modo ejemplar…?

Las organizaciones en general y las personas en particular, aprendemos más de lo que vemos que de lo que nos dicen. Seamos claros, no hay liderazgo que sea respetado por el equipo si no se practica con el ejemplo. Si el jefe, ya sea gerente, mando intermedio o responsable de área, no escucha ni empatiza con los profesionales que tiene bajo su dependencia, no estará enseñando el camino adecuado que deben de seguir los profesionales con sus pacientes.

Se citan como retos en AP la digitalización, la IA, la cronicidad, las pluripatologías…, ¿también entran en este reto la humanización, empatía, el contacto directo con compañeros y pacientes, el bienestar profesional…?

La salud preocupa a todos, y la Sanidad siempre está sujeta a grandes retos. Teniendo en cuenta que el desarrollo tecnológico está experimentando cambios trepidantes, la salud vive en un contexto de adaptación permanente, frente al que hay que estar preparados con flexibilidad y formación, pero también con valores, seguridad y ética.

En este sentido hay que tener en cuenta que en la relación médico-paciente, la escucha, la comunicación humana y la empatía son irreemplazables. No basta con disponer de herramientas y algoritmos para la IA, por muy inteligentes que sean, si no contamos con la inteligencia humana que dé verdadero sentido a la inteligencia artificial.

Si esos retos se tecnologizan, ¿no podríamos elevar a Mr. Google a la categoría de doctor Google y perder el contacto humano deshumanizando el tratamiento al paciente y a su salud? ¿iríamos hacia la consulta online permanente?

Nada podrá reemplazar una buena comunicación en la relación médico-paciente. Se trata de una herramienta terapéutica esencial en salud. Bienvenida la innovación, pero si la tecnología deshumaniza la salud, el paciente dejaría de ser persona para ser un dato; se perdería la relación terapéutica médico-paciente y el valor de la equidad, tratándose de manera desigual a personas mayores y a los más vulnerables.

Ante el avance tecnológico es el momento de que el médico esté más atento a la cara de los pacientes que a la pantalla del ordenador y que el acompañamiento y cuidado que necesitan nuestros pacientes no pierdan el valor de la mirada y la cercanía que necesitan.

El doctor Bayona apuesta por una gestión más humana en la Sanidad. (Foto: Emilio Eiras)

¿Qué objetivos plantearía para una Sanidad pública (AP en concreto) sostenible, universal y de calidad? ¿más eficiente, más tecnológica, más humana, más empática?

En general, hay que reforzar una AP vertebradora de la Sanidad pública. Una AP cercana y con financiación finalista, aunque sujeta a resultados. Para ello, hace falta más flexibilidad, con equipos multidisciplinares, coordinación, tiempo, capacidad real de resolución y liderazgo clínico. No queremos una AP centrada en el trámite burocrático.

Es fundamental que el sistema sanitario recoloque al paciente en el centro, ocupando la silla −muchas veces vacía− que le corresponde, y afrontando la atención integral con continuidad asistencial y humanización, frente a la fragmentación actual. También es fundamental cuidar a los profesionales con estabilidad laboral, retribución adecuada, reconocimiento y formación continuada.

Para garantizar la sostenibilidad sería necesario incentivar los resultados en salud en lugar de la actividad, evitar ineficiencias en pruebas o en fármacos y evaluar con transparencia. Las tecnologías han de estar integradas, y la digitalización y otras herramientas útiles han de servir para evitar trabajo rutinario a los profesionales, para que ganen tiempo para dedicarlo a una buena relación médico-paciente, la salud comunitaria y la salud pública.

Finalmente, una AP pública debe de garantizar la equidad y la accesibilidad a toda la población y apostar por la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, porque la Sanidad del futuro la va a marcar lo que hagamos en la salud del presente.

Estos objetivos o recomendaciones tienen que ir acompañados de modelos de gobernanza profesionalizada, menos politizada y con más evaluación realizada por expertos, y desde luego con participación social y profesional que legitime la toma de decisiones.

¿A quién dirigiría las reflexiones de su libro con especial dedicación, sanitarios, gestores, servicios sociales, pacientes, dirigentes públicos…, o a cualquier ciudadano interesado en su salud personal y en la Sanidad comunitaria?

Espero que aporte algo a cualquiera que esté interesado en una gestión sanitaria más humana, cercana y profesionalizada, porque ello redundará en beneficio de la atención de los pacientes y a la salud en general. En mi experiencia como directivo de la salud he aprendido de los jefes y de los profesionales, de los más implicados y de los más críticos. También he aprendido de los medios, que en su tarea informativa han incidido en lo que, desde el otro lado, se ve como lo importante. Este libro recoge reflexiones de lo aprendido, con el objetivo de compartirlo y contribuir a dar visibilidad y realizar una gestión sanitaria más humana, que ponga el acento en la comunicación limpia y en el factor humano, porque la salud en general y la AP en particular será sostenible cuando gane la confianza y seguridad de la ciudadanía, con equipos que cuidan con calidad, cercanía y humanización.

 

El doctor Manuel Bayona declara no tener conflictos de intereses.

 

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