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martes, 2 de junio de 2026

La depresión emerge como factor clave en la artritis reumatoide resistente

Más allá de la inflamación en la artritis reumatoide

La artritis reumatoide (AR) ha sido considerada tradicionalmente una enfermedad autoinmune impulsada principalmente por la inflamación sinovial. Sin embargo, una nueva investigación liderada por la Semmelweis University plantea una visión más amplia de la enfermedad al demostrar que factores como la depresión, los trastornos del sueño, la obesidad y el tabaquismo no solo acompañan a la patología, sino que también pueden contribuir activamente a la persistencia de sus síntomas.

Los resultados, publicados en las revistas científicas Nature Reviews Rheumatology y The Lancet Rheumatology, aportan nuevas claves para comprender por qué un porcentaje significativo de pacientes continúa presentando dolor, fatiga y limitación funcional a pesar de recibir tratamientos biológicos y terapias dirigidas altamente eficaces.

El desafío de la artritis reumatoide difícil de tratar

La mayoría de los pacientes con artritis reumatoide experimenta una mejoría significativa gracias a las estrategias terapéuticas actuales. Sin embargo, entre el 6 % y el 28 % desarrolla lo que actualmente se denomina artritis reumatoide difícil de tratar.

Este grupo de pacientes no alcanza una remisión clínica duradera a pesar de recibir tratamientos adecuados y ajustados según las recomendaciones internacionales. Tradicionalmente, la persistencia de síntomas se atribuía a una inflamación insuficientemente controlada, lo que conducía a la intensificación terapéutica mediante incrementos de dosis o cambios de fármacos.

No obstante, los investigadores sugieren que este enfoque puede resultar insuficiente cuando los síntomas son impulsados por mecanismos distintos de la inflamación activa. En estos casos, la escalada farmacológica podría no aportar beneficios clínicos relevantes y aumentar innecesariamente la exposición a tratamientos inmunomoduladores.

La depresión como posible causa y consecuencia

Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo es la identificación de una compleja interacción bidireccional entre la depresión y la artritis reumatoide.

Según los autores, la depresión no debe considerarse únicamente una consecuencia psicológica del dolor crónico y la discapacidad funcional. También puede actuar como un factor capaz de perpetuar e incluso agravar los síntomas de la enfermedad.

La disminución de la actividad física, las alteraciones del sueño, el incremento del peso corporal y la reducción de la adherencia a hábitos saludables pueden generar un círculo vicioso que favorece la persistencia del dolor y la fatiga. Estos factores interactúan entre sí y contribuyen a mantener una carga sintomática elevada incluso cuando la actividad inflamatoria se encuentra adecuadamente controlada.

Desde una perspectiva clínica, estos hallazgos subrayan la necesidad de incorporar una evaluación sistemática de la salud mental en el seguimiento de los pacientes con artritis reumatoide, especialmente en aquellos que no alcanzan los objetivos terapéuticos esperados.

Un nuevo modelo para identificar las causas reales de los síntomas

Los investigadores desarrollaron un modelo conceptual que amplía la utilidad de la estrategia de tratamiento por objetivos o «treat-to-target».

Además de monitorizar la inflamación mediante parámetros clínicos y analíticos, el modelo propone utilizar la respuesta terapéutica como una herramienta de detección precoz de factores no inflamatorios. Cuando los marcadores de actividad mejoran, pero el paciente continúa experimentando dolor, fatiga o deterioro funcional, los clínicos deberían investigar otras posibles causas subyacentes.

Entre ellas destacan los síndromes de dolor crónico, los trastornos depresivos, las alteraciones del sueño, la obesidad y otros factores biopsicosociales capaces de influir en la percepción de los síntomas.

Según los autores, este enfoque puede mejorar significativamente los resultados clínicos y fortalecer la relación médico-paciente al ofrecer explicaciones más precisas sobre la persistencia de los síntomas.

Reconocimiento internacional y aplicaciones futuras

El concepto de enfermedad difícil de tratar desarrollado por el equipo de la Universidad Semmelweis ha alcanzado una notable repercusión internacional. Las publicaciones que describen esta definición y las estrategias asociadas han sido citadas más de mil veces en la literatura científica y actualmente sirven como referencia para múltiples enfermedades inflamatorias crónicas.

El siguiente paso de los investigadores consiste en integrar herramientas de inteligencia artificial para identificar patrones clínicos complejos y clasificar a los pacientes en subgrupos con características específicas.

Mediante algoritmos de reconocimiento de patrones, los investigadores han comenzado a detectar perfiles clínicos diferenciados que podrían beneficiarse de estrategias terapéuticas más personalizadas. Este enfoque permitiría adaptar el tratamiento no solo a la actividad inflamatoria, sino también a factores psicológicos, metabólicos y conductuales que influyen en la evolución de la enfermedad.

Los resultados refuerzan la necesidad de adoptar una visión multidimensional de la artritis reumatoide. Para los médicos, el mensaje principal es claro: cuando la inflamación parece controlada pero los síntomas persisten, la respuesta puede encontrarse fuera de las articulaciones. La identificación precoz de factores como la depresión, el insomnio o la obesidad podría convertirse en una herramienta fundamental para mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes con artritis reumatoide difícil de tratar.

 

Los conflictos de intereses de los autores pueden consultarse en el texto original.

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La obesidad exige una respuesta sanitaria y social a la altura de su complejidad

Como ha destacado el presidente de la SEEDO, Diego Bellido, “la obesidad exige una respuesta sanitaria y social a la altura de su complejidad». Los avances terapéuticos son muy relevantes, pero deben acompañarse de formación profesional, diagnóstico adecuado, seguimiento a largo plazo, trabajo multidisciplinar y una mirada libre de estigma, según Bellido. Y es que, según ha recalcado, «el tratamiento de la obesidad no puede plantearse como una intervención puntual, sino como un proceso continuado que exige acompañamiento, evaluación periódica y adaptación individualizada”.

En la misma línea se han manifestado Sharona Azriel y Mª Luisa Seoane, coordinadoras del comité organizador del curso, que consolida el compromiso de la SEEDO con la formación continuada de los profesionales sanitarios y con la actualización científica en torno a esta enfermedad crónica, compleja, multifactorial y recidivante, que requiere una atención integral, personalizada y basada en la evidencia.

Lo más actual… y controvertido

Durante el curso se han abordado algunas de las principales controversias actuales en obesidad, desde el fenotipado molecular hasta las nuevas herramientas diagnósticas, pasando por el papel de la prevención, las estrategias terapéuticas basadas en incretinas, el seguimiento a largo plazo, la preservación de la masa muscular y la necesidad de modificar la percepción social de la enfermedad.

En lo que respecta al fenotipado molecular en obesidad, se ha destacado el papel de la biopsia tisular, la biopsia líquida y la epigenética, que permiten avanzar hacia una medicina más personalizada, capaz de identificar mejor los diferentes perfiles biológicos, clínicos y metabólicos de los pacientes.

Se ha consensuado que no existe una única técnica «estrella» para estudiar la obesidad a nivel molecular, sino que la fuerza está en la combinación de la biopsia de tejido, la biopsia líquida y el empleo de marcadores epigenéticos. Juntas permiten dibujar un mapa detallado del tipo de obesidad que tiene cada persona, identificando subtipos con perfiles biológicos distintos. Con estos datos de investigación básica, los expertos prevén que, en el futuro, se pueda diseñar una herramienta diagnóstica que ayude a seleccionar el tratamiento más eficaz para cada caso, avanzando de forma clara hacia una medicina personalizada en obesidad.

También se ha expuesto una cuestión central para los sistemas sanitarios: si en obesidad se debe priorizar la inversión en prevención primaria o en prevención secundaria. Se concluye que ambas estrategias son necesarias y complementarias.

De la terapia conductual a las dietas adecuadas

Uno de los ejes principales de la jornada ha sido el análisis del ecosistema terapéutico de los agonistas del receptor GLP-1 y de las nuevas terapias incretínicas. En concreto, se ha profundizado sobre las sinergias y posibles antagonismos entre el tratamiento farmacológico, la intervención nutricional, la terapia conductual y el ejercicio físico. Entre otras conclusiones, como apunta el presidente de SEEDO, “se considera que los nuevos fármacos han supuesto un cambio relevante en el tratamiento de la obesidad, pero su uso debe integrarse siempre en un modelo clínico estructurado, con seguimiento profesional y con intervenciones sobre alimentación, actividad física, conducta y salud metabólica”.

Los nuevos fármacos que imitan a las incretinas actúan reduciendo el apetito y facilitando que la persona pueda perder peso, venciendo parte de la «resistencia biológica» que se produce en la obesidad. Al disminuir esa presión biológica, el profesional puede centrarse mejor en la terapia conductual: cambio de hábitos, relación con la comida, manejo de emociones y prevención de recaídas.

En cuanto a la «mejor aliada nutricional» frente a la obesidad, el debate se ha centrado tanto en la dieta cetogénica como la mediterránea, aclarando que ambas pueden ser efectivas para bajar peso, pero con perfiles muy diferentes. La dieta cetogénica suele producir descensos de peso más rápidos, aunque no es adecuada para todos los pacientes y requiere una supervisión muy estrecha por parte de clínicos y nutricionistas, dada su complejidad y posibles efectos secundarios. Por su parte, la dieta mediterránea tiene mejor adherencia y es válida prácticamente para cualquier persona, por lo que resulta más sostenible a largo plazo. La novedad en este ámbito es el desarrollo de propuestas dietéticas mixtas, que intentan integrar lo mejor de ambos enfoques, buscando una pauta nutricional efectiva, segura y personalizada.

Pero no se debe olvidar el otro pilar fundamental para hacer frente a la obesidad: el ejercicio, pero no de cualquier tipo y forma. El mensaje principal es que «en lo que respecta al ejercicio, lo primero es la calidad, luego la cantidad, es decir, se debe apostar por un entrenamiento inteligente para personas con obesidad”, aconseja el profesor David Jiménez Pavón, vocal de SEEDO y miembro del Grupo de Ejercicio Físico y Obesidad. En su opinión, “no se trata solo de ‘hacer más’, sino de ‘hacer mejor’”: un programa de ejercicio debe empezar por una buena calidad del estímulo, adaptado al perfil clínico y a las capacidades de cada paciente. A partir de esa base, la cantidad (volumen, frecuencia, duración) se incrementa de forma progresiva, evitando lesiones y abandono. La calidad no se reduce a la intensidad, sino a la organización inteligente del entrenamiento: planificación de sesiones, variación de ejercicios y combinación equilibrada de trabajo de fuerza, resistencia y movilidad. “Este enfoque permite mejorar la condición física de forma segura y sostenible”, apostilla.

En este sentido, también se ha puesto el foco en la salud muscular, concluyendo que la combinación de proteína, ejercicio y suplementos bien elegidos son la receta para lograr un músculo que proteja a la salud metabólica. La masa muscular actúa como un auténtico «seguro de vida metabólico», ayudando a controlar la glucosa, el gasto energético y la salud global. Para mantenerla, es clave una alimentación equilibrada con suficiente proteína y, cuando procede, suplementos como leucina, creatina, magnesio o vitamina D, siempre bajo criterio profesional. Por su parte, el ejercicio adaptado y progresivo es esencial; por el contrario, el uso de fármacos para aumentar la masa muscular no ha demostrado ser una estrategia segura ni eficaz para compensar pérdidas de músculo asociadas a dietas de adelgazamiento.

Tratamiento farmacológico

En el curso se ha incluido también una sesión específica sobre GLP-1 y adicciones, un campo emergente de investigación que despierta creciente interés por la posible relación entre estas terapias y los circuitos de recompensa, el apetito, la conducta alimentaria y otros comportamientos adictivos. En base a la evidencia y las líneas de investigación, se advierten algunos progresos en este ámbito. Se ha observado un efecto beneficioso de los agonistas receptores de GLP-1 sobre el hábito de alcohol, sobre el trastorno por consumo de alcohol y sobre otros tóxicos y psicoestimulantes.

Respecto al abordaje de la cronicidad en la era de las incretinas. Se han compartido aspectos especialmente relevantes para la práctica clínica, como el abandono del tratamiento durante el primer año, las estrategias de reducción o ajuste terapéutico, el manejo de los pacientes no respondedores y el papel de la tecnología digital en el seguimiento.

Igualmente, se ha analizado cuál puede ser el mejor aliado de los GLP-1, revisando el papel del GIP, el anti-GIP, el glucagón y la amilina, así como la llegada de los poliagonistas, considerados una de las siguientes fronteras en el tratamiento de la obesidad y de las enfermedades metabólicas asociadas. Estos fármacos buscan potenciar la pérdida de peso y el control metabólico, aunque muchos de estos receptores se expresan en distintas áreas cerebrales vinculadas al sistema de recompensa. De ahí la necesidad de que los ensayos no solo midan cuánto peso se pierde, sino también cómo afectan a la motivación, al placer y a diferentes formas de adicción, incluida la relacionada con la comida, advierten los expertos.

El curso también ha incidido en el diagnóstico de la adiposidad, efectuándose una comparación entreimpedanciometría y ecografía como herramientas de valoración. Este debate refleja la necesidad de superar una visión exclusivamente basada en el índice de masa corporal y avanzar hacia una evaluación más completa de la composición corporal, la distribución de la grasa y la repercusión clínica del exceso de adiposidad.

En este foro también se ha reflexionado sobre la necesidad de cambiar el diálogo en torno a la obesidad, resaltando la importancia de combatir el estigma, evitar mensajes culpabilizadores y promover una comunicación social y sanitaria más respetuosa, rigurosa y centrada en la persona. Para SEEDO, la obesidad no debe entenderse como una simple cuestión de voluntad individual, sino como una enfermedad compleja en la que intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos y ambientales.

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lunes, 1 de junio de 2026

Hermann Ribera, nuevo presidente de la SED

La Sociedad Española del Dolor (SED) ha organizado su 22º Congreso en Vitoria, donde se ha producido el relevo en su Junta Directiva para el periodo 2026-2030. Así, Hermann Ribera ha sido elegido nuevo presidente de la entidad, en sustitución de María Madariaga.

El jefe de sección de Anestesia y Reanimación del Hospital Universitario Son Espases de Mallorca afronta esta nueva etapa con una apuesta clara por conseguir el diploma del dolor, aumentar la multidisciplinariedad, incorporar nuevos perfiles profesionales e impulsar la investigación y la innovación tecnológica aplicada al tratamiento del dolor.

“Queremos seguir ampliando la apertura de la sociedad a todas las disciplinas, como la fisioterapia, la psicología, la enfermería y las ciencias básicas”, ha afirmado tras su nombramiento. Su intención es desarrollar una gestión “aperturista” que facilite la integración de todos los profesionales vinculados al abordaje del dolor.

Retos de Hermann Ribera

Entre los proyectos prioritarios del nuevo mandato de Hermann Ribera figura el impulso definitivo al denominado Diploma del Dolor. Se trata de una acreditación en la que la SED lleva trabajando durante los últimos años y cuya documentación ya ha sido presentada ante el Ministerio de Sanidad. “Esto permitirá acreditar a los profesionales de las distintas disciplinas del dolor y demostrar que cuentan con una formación reglada y titulada”, ha explicado el presidente.

Además, ha avanzado que la nueva Junta Directiva buscará reforzar la participación científica mediante la elaboración de guías clínicas, reuniones profesionales y proyectos de investigación avalados por la Sociedad Española del Dolor.

Novedades de la SED en el Congreso

Durante el congreso, la innovación tecnológica y la inteligencia artificial también han ocupado un espacio relevante. Hermann Ribera ha reconocido que estas herramientas están ganando peso progresivamente en la práctica clínica y requieren formación específica para los profesionales. En esta línea, ha recordado que el Congreso de la SED incorpora desde hace varias ediciones el programa SEDTech, centrado en nuevas tecnologías aplicadas al ámbito sanitario y del dolor.

Asimismo, el nuevo presidente ha trasladado su voluntad de afianzar el vínculo entre la sociedad científica y sus asociados: “Me gustaría continuar fortaleciendo el verdadero sentimiento de pertenencia a la SED”. Para lograrlo, ha defendido una gestión basada en “la paciencia, el trabajo y la generación de confianza”, apoyada en una Junta Directiva que ha definido como “ilusionada y capaz” de afrontar los retos de los próximos cuatro años.

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Mantenimiento en obesidad: clave regular el balance energético y el peso

En el 33º Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO), que se ha celebrado en Estambul, se han presentado los datos de los estudios SURMOUNT-MAINTAIN y ATTAIN-MAINTAIN. Según explica a EL MÉDICO INTERACTIVO Virginia Bellido, endocrinóloga y nutricionista del Hospital Universitario Virgen del Rocío, en Sevilla, “estos estudios refuerzan una idea clave: en obesidad no solo importa perder peso, sino mantener esa pérdida de forma sostenida y preservar sus beneficios en salud”.

Tal y como describe la especialista, el estudio SURMOUNT-MAINTAIN demuestra que, tras una pérdida de peso significativa con tirzepatida, muchos pacientes pueden mantener gran parte del beneficio con dosis bajas de mantenimiento. Por su parte, el estudio ATTAIN-MAINTAIN añade además la posibilidad de mantener los resultados obtenidos con tratamientos inyectables mediante una alternativa oral como orforglipron. “Esto puede ser especialmente relevante porque podría facilitar la adherencia en determinados perfiles de pacientes y ampliar la accesibilidad a este tipo de tratamientos. En conjunto, ambos estudios consolidan el concepto de obesidad como enfermedad crónica que requiere estrategias terapéuticas mantenidas e individualizadas”.

Quién se beneficia

En su opinión, probablemente, cualquier paciente con obesidad que haya conseguido una pérdida de peso clínicamente relevante puede beneficiarse de estrategias orientadas al mantenimiento a largo plazo. “Uno de los mensajes más importantes de estos estudios es la importancia de mantener de forma sostenida los beneficios obtenidos tras la pérdida de peso. Esto implica combinar estrategias terapéuticas individualizadas con la consolidación de hábitos y cambios en el estilo de vida que permitan preservar la mejoría en salud conseguida. Por eso, estos resultados refuerzan la necesidad de incorporar la fase de mantenimiento como parte fundamental del abordaje integral de la obesidad”.

Esta enfermedad tiene mecanismos biológicos que favorecen recuperar el peso perdido. Tras la pérdida ponderal se producen adaptaciones fisiológicas, como un aumento del apetito y cambios en el gasto energético, que dificultan mantener los resultados a largo plazo.

Los tratamientos incretínicos ayudan precisamente a modular esos mecanismos biológicos. “Tirzepatida actúa sobre los receptores GIP y GLP-1, mientras que orforglipron actúa sobre el receptor GLP-1. Esto favorece una mayor saciedad, una reducción mantenida del apetito y una menor ingesta calórica”, comenta Virgina Bellido.

Mecanismos fisiológicos

Además, estos estudios refuerzan, en sus palabras, una idea importante: mantener la pérdida de peso no depende únicamente de la voluntad del paciente, sino también de intervenir sobre los mecanismos fisiológicos que regulan el balance energético y el peso corporal. Con respecto a la edad, la endocrinóloga comenta que “la evidencia disponible corresponde fundamentalmente a población adulta. Aun así, el concepto de mantenimiento a largo plazo es relevante para cualquier grupo de edad, aunque necesitaremos más evidencia específica en población anciana y pediátrica”.

La especialista recuerda que la obesidad es una enfermedad crónica, progresiva y recidivante, por lo que probablemente muchos pacientes necesitarán un abordaje terapéutico mantenido a largo plazo, igual que ocurre en otras crónicas como la diabetes o la hipertensión.

Combinar estrategias

Así, el objetivo debe ser combinar estrategias sostenidas de estilo de vida con tratamientos que permitan mantener la pérdida de peso y preservar los beneficios en salud que se han conseguido previamente.

Entre los efectos adversos más frecuentes, la endocrinóloga cita los gastrointestinales, principalmente náuseas, diarrea, vómitos, estreñimiento o molestias digestivas. No obstante, el perfil global de seguridad observado en ambos estudios fue muy favorable y consistente con el ya conocido para los tratamientos incretínicos, que en general han demostrado ser fármacos seguros y bien tolerados.

En gran medida, parte del mensaje ya es trasladable a la práctica clínica actual. Estos estudios refuerzan la idea de que “en obesidad no solo debemos centrarnos en conseguir pérdida de peso, sino también en mantenerla a largo plazo y preservar los beneficios en salud asociados”.

De hecho, “el estudio SURMOUNT-MAINTAIN aporta información especialmente relevante sobre estrategias de mantenimiento con tirzepatida, demostrando que muchos pacientes pueden mantener gran parte del peso perdido con dosis bajas de mantenimiento”, detalla la especialista, quien añade que “en el caso de ATTAIN-MAINTAIN, tendremos que esperar a disponer de orforglipron en nuestro entorno, pero sus resultados anticipan un escenario potencialmente muy relevante para el futuro del tratamiento de la obesidad, especialmente por la posibilidad de contar con alternativas orales eficaces que puedan facilitar la adherencia en determinados pacientes y mejorar la accesibilidad terapéutica”.

La Dra. Virginia Bellido ha declarado no tener conflicto de intereses.

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viernes, 29 de mayo de 2026

Tras la DANA, los hospitales siguen sin protocolos para afrontar catástrofes

La experiencia de los servicios de radiología de la Comunidad Valenciana durante la DANA de noviembre de 2024 ha puesto de manifiesto la necesidad de reforzar la planificación hospitalaria ante emergencias climáticas y de integrar a la radiología en la toma de decisiones estratégicas durante incidentes con múltiples víctimas. Tras la DANA, diversos profesionales sanitarios han mantenido que los servicios hospitalarios sigue sin contar con protocolos para afrontar catástrofes.

Eva Llopis San Juan, radióloga del Hospital Universitario de La Ribera, ha explicado que la prioridad asistencial durante una emergencia no puede desligarse del cuidado de los profesionales sanitarios. “Si no cuidamos a las personas que sostienen el hospital, tampoco podemos cuidar a los pacientes”, ha afirmado.

Las inundaciones afectaron de forma directa a numerosos trabajadores sanitarios, muchos de los cuales no consiguieron acceder a sus puestos en los días posteriores al desbordamiento de agua. Según ha relatado Llopis, la interrupción de carreteras y las dificultades de movilidad obligaron a reorganizar la actividad hospitalaria en tiempo real y sin indicaciones preestablecidas.

Organización por equipos y comunicación

“La clave estuvo en la organización por equipos y en la comunicación”, ha señalado Eva Llopis. Los profesionales utilizaron herramientas ya implantadas en la práctica clínica cotidiana, como grupos de mensajería instantánea. En el ámbito radiológico, los hospitales combinaron la actividad presencial con sistemas de telerradiología, que permitieron organizar pruebas diagnósticas a distancia en función de la disponibilidad de los especialistas.

La ponente ha reconocido que uno de los principales problemas durante las primeras horas de la emergencia fue la ausencia de instrucciones homogéneas. “Recibíamos órdenes contradictorias”, ha explicado. Algunos trabajadores fueron enviados a sus domicilios mientras otros recibían instrucciones para permanecer en el hospital. Ante esta situación, varios servicios optaron por convocar personal de forma voluntaria, en función de la disponibilidad y capacidad de desplazamiento de cada profesional.

Protocolos para afrontar catástrofes

Llopis ha advertido de que los protocolos para afrontar catástrofes deben diseñarse antes de que ocurra la emergencia. “Cuando no existen o no son suficientes, los equipos tienen que organizarse sobre la marcha, liderar, mostrar empatía y utilizar los recursos disponibles”, ha indicado.

La especialista también ha subrayado el impacto emocional y organizativo de la crisis. “La tecnología ayudó, pero lo que sostuvo realmente el sistema fueron las personas”. En este sentido, ha destacado la capacidad de resiliencia de los profesionales sanitarios y la importancia de mantener una actitud colaborativa en contextos de incertidumbre extrema.

Durante la sesión, los expertos han coincidido en señalar que el cambio climático incrementará la frecuencia de episodios meteorológicos extremos. “Las zonas inundables se seguirán inundando más y con más frecuencia”, ha advertido Llopis, por lo que ha defendido la necesidad de adaptar los planes hospitalarios a este escenario.

No sirven las guías convencionales

Por su lado, Luis Martí-Bonmatí, director del Área Clínica de Imagen Médica del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, ha señalado que una de las principales dificultades durante una catástrofe reside en la imposibilidad de aplicar de manera estricta los protocolos convencionales. “Las catástrofes ponen a los profesionales en situaciones inusuales, con caos, nerviosismo y falta de información”, ha explicado.

El especialista ha recordado que la DANA afectó a cerca de 300.000 personas y ocasionó grandes daños personales y materiales en distintos municipios valencianos. Sin embargo, durante las primeras horas predominó el desconcierto operativo. Para responder a esta situación, el servicio de radiología y medicina nuclear de La Fe organizó reuniones breves diarias de seguimiento, orientadas a conocer la disponibilidad del personal y priorizar la actividad urgente.

Modelo de liderazgo

“Es fundamental redistribuir los recursos hacia los casos más graves”, ha indicado Martí-Bonmatí. Además, ha defendido un modelo de liderazgo basado en la empatía y la cercanía con los profesionales afectados.

El especialista también ha destacado que algunos hospitales registraron una situación asistencial atípica: faltaba personal, pero también pacientes. Numerosos enfermos crónicos residentes en áreas afectadas no pudieron desplazarse para recibir tratamientos esenciales como diálisis, radioterapia o quimioterapia. Esta circunstancia obligó a coordinar recursos entre centros y reforzó el papel de la gestión sanitaria territorial.

Planes estratégicos

La segunda parte de la sesión se ha centrado en la preparación específica de los servicios de radiología ante incidentes con múltiples víctimas. Milagros Martí de Gracia, del Hospital Universitario La Paz de Madrid, ha defendido que los servicios de imagen deben formar parte de los planes estratégicos de emergencia hospitalaria.

La especialista ha explicado que la llegada de pacientes tras una catástrofe suele producirse “en tres oleadas”: pacientes que acuden por sus propios medios, casos no urgentes y pacientes críticos que requieren atención inmediata. Este patrón obliga a organizar los recursos diagnósticos y humanos de forma escalonada.

Entre las medidas consideradas prioritarias, Martí de Gracia ha destacado la implantación de identificadores únicos para garantizar la trazabilidad de los pacientes y la realización de un triaje secundario, entendido como una reevaluación clínica destinada a confirmar la prioridad asistencial inicial.

 Radiología, en la toma de decisiones

La radiología, ha afirmado, desempeña un papel relevante tanto en el cribado de pacientes como en la corrección de diagnósticos iniciales que condicionan las decisiones terapéuticas. En este contexto, la disponibilidad de circuitos de imagen ágiles puede reducir retrasos diagnósticos y evitar cuellos de botella asistenciales.

Milagros Martí de Gracia ha insistido en que los hospitales deben disponer de planes integrados, conocidos y previamente ensayados. Entre las medidas propuestas figuran la activación automatizada de recursos humanos. Así, la redistribución progresiva de equipos debe hacerse según la gravedad de los pacientes. Los casos leves se tienen que ubicar en áreas específicas bajo vigilancia clínica.

Asimismo, ha defendido la emisión inmediata de informes verbales preliminares y el uso de listas de verificación para mantener la continuidad asistencial durante situaciones de alta presión.

Congreso SERAM 2026

Estos mensajes se han trasladado durante la sesión ‘Catástrofes y radiología: ¿podemos prepararnos?’, celebrada en el marco del 38º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM), en Valencia. La mesa, moderada por Ana Blanco Barrio y Ane Ugarte Nuño, ha reunido a especialistas de distintos hospitales para analizar las lecciones aprendidas tras las inundaciones y otras catástrofes.

Conflictos de intereses. Luis Martí-Bonmatí: Catedrático Acreditado, Director Área Clínica Imagen Médica del Hospital Universitario y Politécnico La Fe, Director Grupo de Investigación GIBI230 del IIS La Fe, Académico Real Academia Española de Medicina, vicepresidente Federación Europea de Academias de Medicina, Doctor Honoris Causa (Tucumán, Coimbra), expresidente SERAM, SEDIA, ESMRMB, ESGAR, asesor Investigación Biomédica Quirónsalud Valencia, director Nodo Imaging La Fe en ReDIB (ICTS), director científico EUCAIM, cofundador QUIBIM, presidente Fundación IMAGING. El resto de ponentes no ha declarado conflictos de intereses.

Nota del editor: La cobertura de las jornadas ha sido financiada en parte por la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram), que ha cubierto los gastos de viaje para asistir al congreso. La información publicada es independiente y se ha realizado únicamente bajo el criterio de la redactora que firma la información y de la dirección de EL MÉDICO INTERACTIVO.

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