La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad reumática que causa inflamación en las articulaciones y posibilidad de afectación de distintos órganos si no se aborda adecuadamente. Presenta una elevada incidencia y prevalencia, ya que se estima que afecta al 1 % de la población adulta, es decir, a más de 400.000 personas en España, pudiendo incidir en cualquier momento incluso en edad pediátrica o en pacientes mayores. “El diagnóstico y tratamiento precoz puede impedir el daño estructural que, de presentarse, condicionaría distintos grados de discapacidad, ya que se trata de una patología que provoca un alto impacto entre las personas afectadas, muchas de ellas jóvenes y en edad laboral activa”, según destaca Susana Romero, presidenta de la Sociedad Española de Reumatología (SER).
A su juicio, “en este ámbito cabría destacar significativos avances como una mejora en los tiempos de atención, un mejor uso de las herramientas de diagnóstico a través de biomarcadores, ecografía, radiología, etc., que favorecen una detección más temprana; junto con un mayor conocimiento en todas las esferas de la enfermedad (clínica y genética). Todo ello unido al uso de nuevas dianas terapéuticas posibilitan tratamientos más personalizados con el objetivo de alcanzar la remisión de la enfermedad preservando la calidad de vida y la funcionalidad de los pacientes”.
En este sentido, el 14 Simposio de Artritis Reumatoide de la SER reúne a más de 350 asistentes con el objetivo de actualizar sus conocimientos y conocer las novedades en esta patología. Durante la presentación del encuentro, la especialista ha insistido precisamente “en el gran impacto y, en ocasiones, en la discapacidad, que puede provocar la artritis reumatoide. Además, su carácter crónico genera altos costes sanitarios y farmacológicos, así como costes indirectos relacionados con las bajas laborales y con el deterioro de la calidad de vida”. En este contexto, añade, “es fundamental la formación y la colaboración con atención primaria para favorecer una derivación temprana y conseguir un diagnóstico lo antes posible”.
En este ámbito, “desde la SER estamos llevando a cabo distintas campañas de concienciación sobre las enfermedades reumáticas inmunomediadas, como la campaña ‘Siísmo’, con el objetivo de romper mitos sobre estas patologías, ya que con un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, la mayoría de las personas afectadas pueden realizar actividades que podrían parecer imposibles”, indica la presidenta de la SER, también jefa del Servicio de Reumatología del Complejo Hospitalario Universitario de Pontevedra.
Avances y perspectivas de futuro
Por su parte, Héctor Corominas, responsable del Comité Organizador Local del 14 Simposio de Artritis Reumatoide de la SER y jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Universitari de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona), hace hincapié en “la transformación y la profunda evolución que ha habido en el tratamiento de la artritis reumatoide. El amplio abanico de terapias disponibles permite adaptar cada vez más las decisiones a las características y necesidades de cada paciente, acercando la práctica clínica a una medicina de precisión”. En este contexto, explica que los biomarcadores desempeñan un papel relevante tanto en el diagnóstico como en la identificación de pacientes con factores de peor pronóstico, ayudando a orientar el seguimiento y ajustar los tratamientos.
“En este avance ha supuesto un gran paso la creación de Unidades de excelencia en artritis en todos los centros con personal médico, enfermería bien formada y una estrecha relación con otras especialidades como Fisioterapia, Rehabilitación y Traumatología”, según resalta Corominas, quien también pone el foco en la importancia de comités de enfermedad intersticial con especialistas en Neumología y Radiología. Asimismo, precisa, la implicación de Inmunología/Genética y Anatomía patológica, ayuda enormemente a definir los patrones en muestras biológicas; así como en la búsqueda de nuevos biomarcadores. “Por tanto, la atención a la AR debe ser multidisciplinar y estrecha en todas sus manifestaciones”, sostiene.
“También está cambiando la manera de entender el seguimiento, abordando la enfermedad de manera integral, teniendo en cuenta aspectos como el riesgo cardiovascular, la salud ósea, la fatiga, la salud emocional, la actividad física, la nutrición y el impacto de la enfermedad en la vida laboral y social. El paciente tiene cada vez un papel más activo desde el inicio de la enfermedad y en la toma de decisiones”, destaca Delia Reina, jefa del Servicio de Reumatología del Hospital de Sant Joan Despí Moisés Broggi (Barcelona).
Perspectiva de género en artritis reumatoide y 14 Simposio de AR
Ha arrancado “Octubre, mes de las enfermedades reumáticas” en el cual la artritis reumatoide tiene un papel protagonista, siendo el 12 de octubre el ‘Día Internacional de la Artritis Reumatoide’. Cada año se estima que se diagnostican en torno a 20.000 casos nuevos, dato muy importante si se tiene en cuenta la incapacidad que puede provocar. En concreto, la artritis reumatoide se caracteriza por ocasionar dolor persistente en las articulaciones de las manos, muñecas, codos, hombros, caderas, rodillas, tobillos y pies. No obstante, el impacto de la enfermedad va mucho más allá de las articulaciones. Su proceso inflamatorio crónico también puede afectar a otros órganos, como los ojos, los pulmones o los vasos sanguíneos. Su causa se debe a la interrelación entre unos condicionantes genéticos dependientes de múltiples genes con determinados agentes ambientales, estando a la cabeza de los mismos el tabaco.
La AR puede presentase a cualquier edad (incluso en niños/as o en personas mayores), aunque una buena parte de pacientes son mujeres jóvenes de mediana edad, muchas en una etapa de plena actividad profesional, física y familiar. “En estos casos, su evolución puede estar condicionada por factores hormonales, biológicos, genéticos y sociales, especialmente durante etapas como el embarazo, el posparto o la menopausia.
Además, síntomas como el dolor, la fatiga o el impacto emocional pueden tener repercusiones diferentes según el contexto social y cultural. Por ello, es cada vez más importante incorporar una perspectiva de género en la atención a las enfermedades reumáticas, para reconocer estas diferencias y ofrecer una atención más personalizada”, señala Reina, quien también recuerda que “el momento del diagnóstico, asumir la cronicidad y convivir con los tratamientos pueden condicionar la calidad de vida, la actividad diaria y el bienestar emocional, especialmente en los casos que generan mayor discapacidad”.
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