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viernes, 16 de octubre de 2026

“No debemos limitarnos a atender las paradas cardíacas, también debemos ayudar a prevenir sus consecuencias enseñando a la población cómo actuar”

El director gerente del Plan Nacional de RCP-SEMICYUC reclama extender la formación en reanimación a toda la población con motivo del Día Mundial de la RCP, que se celebra este viernes 16 de octubre. Según el doctor José Moya, en España solo un 40 % de las paradas cardíacas extrahospitalarias recibe RCP de un testigo, frente a casi el 60 % de media europea, una brecha que la campaña “Saber RCP sí marca la diferencia” busca reducir. Como señala en esta entrevista con El Médico Interactivo, los médicos «no debemos limitarnos a atender las paradas cardíacas, también debemos ayudar a prevenir sus consecuencias enseñando a la población cómo actuar».

¿Cuál es el balance del Plan Nacional de RCP-SEMICYUC desde su creación? ¿Qué logros destacaría y cuáles son los retos que siguen pendientes?

Creo que el balance es muy positivo. El Plan Nacional de RCP nació en 1983 y ha sido una pieza fundamental para desarrollar y extender la formación en reanimación cardiopulmonar en nuestro país. Durante estas cuatro décadas, hemos formado a cientos de miles de personas, contamos con miles de instructores y hemos conseguido que la formación en RCP sea una parte habitual de la preparación de los profesionales sanitarios.

Pero creo que ahora tenemos un reto todavía mayor: llegar a la población general. De poco sirve disponer de los mejores equipos de emergencias si nadie inicia la reanimación durante los primeros minutos. Nuestro objetivo es que saber hacer una RCP sea algo tan habitual como saber nadar o montar en bicicleta. Y para conseguirlo tenemos que empezar por los colegios y llegar también a las empresas, las asociaciones y las familias.

Hemos avanzado muchísimo en formar a los profesionales. Ahora tenemos que conseguir que cualquier ciudadano sepa cómo actuar ante una parada cardíaca.

La campaña de este año se titula “Saber RCP sí marca la diferencia”. ¿Qué diferencia supone en la supervivencia de una parada cardíaca extrahospitalaria que un testigo inicie la RCP antes de que lleguen los servicios de emergencia? ¿Cómo estamos en España en comparación con otros países europeos?

La diferencia es enorme. Cuando una persona sufre una parada cardíaca, cada minuto cuenta. Si nadie hace nada, las posibilidades de supervivencia disminuyen rápidamente. Sin embargo, cuando un testigo comienza inmediatamente las maniobras de RCP, las posibilidades de sobrevivir pueden duplicarse o incluso triplicarse. Y aquí tenemos una asignatura pendiente en España. Para hacernos una idea, aproximadamente el 40 % de las personas que sufren una parada cardíaca extrahospitalaria reciben RCP por parte de un testigo, frente a casi el 60 % de media europea.

Esto significa que todavía hay muchas personas que podrían recibir ayuda y no la reciben, muchas veces por desconocimiento o por miedo a actuar. Aunque nuestros resultados de supervivencia son razonables en comparación con otros países europeos, tenemos que mejorar esa primera respuesta ciudadana. Ese es precisamente el mensaje de nuestra campaña: saber RCP sí marca la diferencia porque, cuando ocurre una parada, quien puede salvarte la vida es la persona que tienes al lado.

La primera parada suele ser atendida por alguien sin formación sanitaria. ¿Qué dificultades observan con más frecuencia a la hora de reconocer una parada, y qué papel tiene la ayuda telefónica del 112 para guiar a quien llama?

Una de las principales dificultades es reconocer que una persona está realmente en parada cardíaca. A veces la víctima realiza movimientos respiratorios extraños, como boqueadas o jadeos, que pueden hacer pensar que sigue respirando. Incluso puede presentar movimientos similares a una convulsión. Por eso queremos trasladar una idea muy sencilla: si una persona está inconsciente y no respira con normalidad, hay que sospechar una parada cardíaca, llamar al 112 y comenzar la RCP. Y aquí el papel del 112 es fundamental. Muchas personas no saben hacer una RCP, pero desde el teléfono de emergencias pueden recibir instrucciones para reconocer la parada y realizar las compresiones torácicas mientras llega la ambulancia.

Por eso insistimos tanto en llamar al 112, poner el teléfono en manos libres y seguir las indicaciones. No hace falta ser sanitario para salvar una vida. Lo importante es reconocer la situación, pedir ayuda y actuar.

El miedo a hacer daño es una de las principales razones por las que la gente no actúa. ¿Qué lesiones pueden producirse en una RCP bien hecha y cómo se comparan con el beneficio de actuar? ¿Qué ocurre si se comprime a alguien que en realidad no está en parada?

Es verdad que muchas personas tienen miedo a hacer daño, especialmente a romper alguna costilla. Y sí, durante una RCP pueden producirse fracturas costales o incluso del esternón, porque para que las compresiones sean eficaces hay que comprimir el tórax con suficiente profundidad. Pero tenemos que poner las cosas en perspectiva. Estamos hablando de una persona cuyo corazón ha dejado de bombear sangre. En esa situación, lo verdaderamente peligroso es no hacer nada. Una revisión científica de 2024 encontró lesiones en menos del 1 % de las personas que recibieron compresiones sin estar realmente en parada. Esto respalda el mensaje de actuar ante la sospecha.

Por tanto, ante una persona inconsciente que no respira normalmente, debemos actuar y seguir las indicaciones del 112. Una costilla rota se puede curar. Una vida perdida por no haber actuado, no. Ese es uno de los mensajes que más nos interesa transmitir para eliminar el miedo a intervenir.

Uno de los objetivos del Plan es que la RCP forme parte de la cultura general de la población. ¿Qué se está haciendo en colegios, empresas y asociaciones, y qué papel pueden tener los médicos en esta tarea? ¿Qué recursos ofrece el Plan, como la miniguía de la campaña?

Creo que la formación en RCP tiene que empezar en los colegios. Un niño puede aprender desde pequeño a reconocer una emergencia, llamar al 112 y pedir ayuda. Y, conforme va creciendo, puede aprender a realizar las maniobras de reanimación. Ya existen iniciativas educativas muy interesantes, como “RCP desde mi cole”, que demuestran que es posible enseñar estos conocimientos desde edades muy tempranas.

También es importante extender la formación a empresas, asociaciones deportivas y colectivos sociales. Una parada cardíaca puede ocurrir en cualquier lugar y todos deberíamos saber cómo responder.

Desde el Plan Nacional de RCP queremos acercar estos conocimientos a la sociedad de una forma sencilla y accesible. Este año, con motivo del Día Mundial de la Parada Cardíaca, hemos preparado una campaña con carteles y una miniguía gratuita, a la que se puede acceder mediante un código QR, que explica de forma clara cómo reconocer una parada, llamar al 112, realizar compresiones y utilizar un desfibrilador.

También queremos aprovechar las redes sociales y propuestas participativas como el #RCPChallenge para llegar especialmente a los jóvenes. Y los médicos tenemos una responsabilidad importante. No debemos limitarnos a atender las paradas cardíacas; también debemos ayudar a prevenir sus consecuencias enseñando a la población cómo actuar. Cuanta más gente sepa RCP, más posibilidades tendremos todos de sobrevivir a una parada cardíaca.

Mirando al futuro, ¿cuáles son las prioridades del Plan Nacional de RCP para los próximos años (formación, desfibriladores, registros, colaboración con las administraciones) y qué mensaje daría a los profesionales sanitarios para sumarse?

Tenemos varios objetivos muy claros. El primero es seguir mejorando y actualizando la formación de los profesionales sanitarios, pero también conseguir que la RCP llegue de verdad a toda la población. Me gustaría que cualquier niño terminara su etapa escolar sabiendo reconocer una parada cardíaca, llamar al 112 y realizar las maniobras básicas de reanimación.

También necesitamos más desfibriladores accesibles, bien señalizados y cuya localización sea conocida. No basta con instalar un desfibrilador si después nadie sabe dónde está o cómo acceder a él.

Otro objetivo importante es mejorar los registros de parada cardíaca, porque necesitamos conocer nuestros resultados, identificar dónde estamos fallando y trabajar para mejorar la supervivencia. Y, por supuesto, necesitamos la colaboración de las administraciones públicas. La formación en RCP no debería depender únicamente de iniciativas voluntarias. Tiene que convertirse en una prioridad de salud pública.

A los profesionales sanitarios les diría que se impliquen, que participen en actividades de formación y que transmitan estos conocimientos fuera de los hospitales. Todos podemos aportar algo, desde un médico hasta un enfermero, un técnico de emergencias o un instructor.

Nuestro verdadero éxito no será contar cuántos cursos hemos impartido, sino cuántas vidas hemos conseguido salvar gracias a que alguien sabía hacer una RCP. Al final, ese es el objetivo del Plan Nacional de RCP y el mensaje que queremos transmitir este 16 de octubre: saber RCP sí marca la diferencia.

No se declaran conflictos de intereses con respecto al tema tratado. El doctor es director gerente del Plan Nacional de RCP-SEMICYUC.

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