Los avances en el tratamiento y el diagnóstico de sepsis (evolución desfavorable de una infección) y shock séptico (más grave, al sumar el fracaso del organismo para mantener el flujo de sangre a los órganos vitales) han permitido a los médicos intensivistas de sistemas sanitarios desarrollados como el español controlar con más garantías la enfermedad. Así lo recuerdan desde la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC), con motivo del Día Mundial en la concienciación frente a la misma.
“Tenemos más y mejores herramientas para atender casos graves de sepsis y que los pacientes lo superen, pero el objetivo no es solo sobrevivir, sino que lo hagan de modo que recuperen su calidad de vida previa. Un camino que se debe comenzar en la propia Unidad de Cuidados Intensivos e incluso antes, con la detección del paciente con sepsis allí donde se encuentre (Código Sepsis) y el inicio precoz de su tratamiento”, explica José Garnacho, presidente de la SEMICYUC.
Rehabilitación específica tras la sepsis
De esta forma, identificar lo más rápidamente posible estas secuelas y tratarlas de manera conjunta entre diferentes especialistas es clave para garantizar la recuperación con una rehabilitación específica. Estas intervenciones deben contemplar programas de rehabilitación física y respiratoria, soporte nutricional, optimización del tratamiento de las enfermedades crónicas, revisión de la medicación, apoyo psicológico cuando sea necesario y una adecuada educación sanitaria tanto del paciente como de sus cuidadores.
Los especialistas en medicina intensiva deben estar familiarizados en la identificación de los síntomas que componen el síndrome Post-UCI y actuar con celeridad en su tratamiento. Debemos tomar conciencia de la importancia del mismo y de la necesidad de trabajar conjuntamente con otros especialistas como fisioterapeutas, psicólogos, logopedas o trabajadores sociales. Como profesionales del paciente crítico, somos responsables no solo de salvar la vida del paciente sino de tratar de que la sepsis altere en la menor medida posible su calidad de vida y la de sus familiares”, recalca Borja Suberviola, médico intensivista coordinador del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas y Sepsis de la SEMICYUC.
Mejoras de la supervivencia
Cabe recordar que la mortalidad de la sepsis es consecuencia de una suma de factores: las características del paciente, las del microorganismo que provoca la infección, el estado de gravedad que presenta antes de ser atendido y la adecuación y precocidad del tratamiento que se reciba. “Se trata de una patología tiempo-dependiente, es decir, el retraso en su atención se asocia a un peor pronóstico y una mayor mortalidad, como en el caso del infarto de miocardio o el ictus”, prosigue Suberviola. A este respecto, un abordaje protocolizado y multidisciplinar a través del Código Sepsis ha permitido una detección más precoz y un tratamiento más adecuado, lo cual se ha visto reflejado en una significativa mejoría de la supervivencia de los pacientes. No se trata solo de sobrevivir a la sepsis, sino de superarla de modo que pueda continuar su vida anterior.
Aunque cualquier paciente aquejado de una sepsis puede sufrirlo en mayor o menor entidad, el riesgo de desarrollo del Síndrome Post Cuidados Intensivos es mayor en los pacientes con shock séptico, fracaso multiorgánico o estancias prolongadas en la UCI. Presentan secuelas físicas, cognitivas y/o psicológicas, siendo las más frecuentes la debilidad muscular adquirida en la UCI, la fatiga persistente, las dificultades para caminar o realizar actividades cotidianas, así como alteraciones de la memoria, el aprendizaje y la concentración. A ello se suman problemas emocionales como ansiedad, depresión o trastorno por estrés postraumático, que pueden afectar tanto al paciente como a su entorno familiar.
Cuadros de gravedad y rehabilitación específica
En España, se estiman 250 casos de sepsis por 100.000 habitantes/año y es la causa de entre 15.000 y 20.000 muertes, superior a la de fallecimientos por infarto o los tipos de cáncer más habituales, así como 13 veces más que los ocurridos en accidentes de tráfico.
Más allá de su propia mortalidad, la sepsis produce cuadros de gravedad variable, llegando en los casos más graves a afectar a todo el cuerpo, lo que se denomina fracaso multiorgánico. Y una mayor gravedad implica un mayor riesgo de secuelas. “Debemos concebir la sepsis no solo como una potencial amenaza para la vida del enfermo, sino también como una entidad capaz de limitar de manera muy importante su calidad de vida posterior. Al afectar a múltiples órganos, puede igualmente generar secuelas a distintos niveles. Los pacientes que sobreviven a los cuadros de mayor gravedad pueden presentar alteraciones del aprendizaje y la memoria, problemas para caminar, para comer, debilidad muscular, fatiga…. Son problemas que, en general, mejoran con rehabilitación específica, de ahí la importancia de que esta empiece ya desde la UCI”, incide Suberviola.
De esta forma, apostar por esta rehabilitación específica también pasa por la coordinación entre atención hospitalaria, atención primaria y los distintos especialistas implicados resulta fundamental para garantizar la continuidad asistencial y adaptar las intervenciones a las necesidades de cada paciente.
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