El II Foro de Psicología del Grupo Educativo CEF.- UDIMA, celebrado en Madrid, abordó la prevención del suicidio desde la evidencia científica, la experiencia clínica, la salud pública y la experiencia vivida, entre otras. De esta forma, la jornada ha examinado cómo las dificultades sociales y la falta de vínculos pueden agravar el sufrimiento y reducir las oportunidades de construir vidas dignas. Por ello, el debate se centró en la necesidad de ofrecer información, formación y contextos comunitarios que ayuden a las personas a querer seguir viviendo y a recuperar la capacidad de construir su propio proyecto de vida. Aspectos clave como la vivienda, el empleo y la posibilidad de encontrar apoyo han formado parte de esa conversación, que ha extendido la responsabilidad de la prevención más allá del sistema sanitario.
Entorno en la prevención del suicidio
La relación entre la experiencia personal y el entorno ha sido uno de los ejes de la intervención de Susana Al-Halabí Díaz, profesora titular de Psicología de la Universidad de Oviedo. Explicó cómo ha evolucionado el conocimiento sobre la conducta suicida y defendió una mirada que atienda a la historia singular de cada persona y, al mismo tiempo, tenga en cuenta el contexto social y las circunstancias en las que vive. También recordó que una parte de quienes piensan en suicidarse no busca ayuda, por lo que una estrategia centrada únicamente en la atención sanitaria deja fuera a personas que necesitan apoyo.
Ampliar esa respuesta implica considerar las desigualdades que condicionan la forma de afrontar el sufrimiento. Miguel Guerrero Díaz, psicólogo clínico del Servicio Andaluz de Salud advirtió de que la exposición a la pobreza, la violencia o la exclusión es desigual y puede limitar las alternativas que una persona percibe para su futuro, señalando que “la exclusión social asfixia el horizonte y cancela el futuro”. Desde ese análisis, defendió reforzar tanto los recursos sociales como las redes de cuidado que permiten encontrar estabilidad y recuperar perspectivas.
La vivienda, el empleo, los ingresos y la educación forman parte de este enfoque de prevención “aguas arriba”, orientado a actuar sobre las condiciones de vida antes de que aparezca una crisis. Junto con esas actuaciones, Al-Halabí destacó medidas públicas específicas, como restringir el acceso a medios letales e intervenir en lugares especialmente asociados al riesgo, y subrayó la necesidad de evaluar si las estrategias públicas están funcionando.
La protección de la comunidad
La protección que ofrece el entorno también depende de la posibilidad de sentirse reconocido y acompañado. Por eso, el debate sobre las condiciones sociales ha conectado con el papel de la comunidad y las relaciones cotidianas. “Las razones para vivir de las personas están en el ámbito comunitario, en las relaciones interpersonales, en los vínculos, están en lo cotidiano”, afirmó Al-Halabí.
Esta búsqueda de pertenencia se desarrolla también en internet, donde se construyen relaciones y se expresa el malestar. Eva M. Carretero, psicóloga sanitaria especializada en conductas autolesivas y profesora del Grupo Educativo CEF.- UDIMA, explicó que las redes sociales pueden facilitar que una persona comparta un sufrimiento que no ha conseguido comunicar a su entorno cercano. Esa posibilidad, sin embargo, no garantiza que encuentre el apoyo que necesita. “Tener más contactos no implica tener una red mayor que nos sostenga y, desde luego, tampoco implica, en absoluto, sentirse acompañado o acompañada”, señaló.
La diferencia entre estar conectado y disponer de vínculos significativos ha abierto la reflexión sobre el uso ético y responsable de la tecnología. El foro planteó la importancia de atender a su influencia en la percepción de uno mismo, que a menudo aleja la autopercepción del yo real del yo ideal/proyectado en redes, y su impacto en brindar oportunidades reales de expresar el malestar en un contexto en el que pueda traducirse en comprensión y acceso a ayuda profesional.
Factores que suman en la prevención del suicidio
Irene Caro, maestra de ceremonias del evento y directora del programa de Doctorado en Salud Mental y Prevención del Suicidio en la Era Digital de CEF.- UDIMA, puso el foco en la necesidad de entender la prevención más allá de la predicción individual del riesgo. “No hace falta poder predecir cuándo tendrá lugar un intento de suicidio para poder prevenirlo. La clave está en conocer cómo los diferentes factores pueden sumarse o, por el contrario, atenuarse entre sí”, señaló. Una perspectiva que pone de relieve la importancia de seguir generando conocimiento científico para comprender mejor la conducta suicida y avanzar hacia estrategias de prevención cada vez más rigurosas y conectadas con la realidad social.
A lo largo de la jornada se coincidió en la importancia de que todo el conocimiento acumulado acerca de la prevención del suicidio, con una mirada social y contextual, debe trasladarse a políticas públicas de protección, que busquen reducir al máximo la vulnerabilidad. Igualmente, se insistió en que estas medidas deben implementarse con rigurosidad y conciencia.
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