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martes, 29 de junio de 2021

CC.OO considera que la sentencia sobre los indefinidos no fijos va a favor de sus reivindicaciones

A falta de ver la sentencia, el Tribunal Supremo (TS) vuelve a la interpretación de hace años respecto a la temporalidad. Así reconoce la figura de los indefinidos no fijos. En concreto,  para el personal laboral interino que siga en su plaza después de un plazo de 3 años. Para CCOO, la prioridad fundamental siempre es la estabilidad en el empleo y el incremento de las plantillas.

No obstante, la comunicación del Tribunal Supremo va en la línea de la reivindicación de CCOO en las negociaciones con Función Pública. Al menos en relación con las indemnizaciones, también para funcionariado interino, y que sean tanto para nombramientos futuros como para los anteriores. Esta es la medida que el sindicato ha venido defendiendo como compensatoria, disuasoria y sancionadora.

La figura de los indefinidos no fijos

Hasta ahora, el Supremo siempre ha añadido que seguirán siendo indefinidos no fijos hasta que su plaza fuera cubierta por la convocatoria de una oferta de empleo público. Igualmente la persona trabajadora tendría derechos indemnizatorios. En principio a razón de 20 días por año trabajado, si se mantiene lo que venían marcando las sentencias. CCOO siempre ha defendido que esa interpretación general nunca debió abandonarse.

Por su parte, CC.OO también considera que esta sentencia da fuerza a la reivindicación de que deben salir todas las plazas en el proceso de estabilización. Asimismo el sindicato considera que hay que eliminar la tasa de reposición. Todo para conseguir que las ofertas sean suficientes. De esta forma se estaría más cerca de conseguir que realmente se  reduzca la temporalidad por debajo del 8 por ciento.

 

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Optimizar la asistencia e incorporar nuevas herramientas marcarán la nueva normalidad en Ginecología

La pandemia ha cambiado la manera de gestionar y organizar la atención sanitaria. En el ámbito de la Ginecología y Obstetricia la situación se tuvo que adaptar de manera rápida, especialmente en el caso de la atención a los partos. El paso del tiempo ha devuelto a la normalidad ciertos aspectos de esa asistencia. Otros tendrán que convivir con las nuevas herramientas y procedimientos que se han ido estableciendo tras la llegada del coronavirus.

Para valorar esos cambios y la nueva forma de trabajo en esta especialidad, el jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, el doctor Santiago Lizarraga, ha atendido a El Médico Interactivo.

¿Por dónde va a pasar la nueva normalidad en la atención ginecológica y obstetra?

La nueva normalidad va a venir de la mano de aprender a compaginar lo que se tenía con las nuevas herramientas que hemos podido poner en marcha con el pretexto de la pandemia. Y tenemos que ser capaces de articularlo de manera lógica y homogénea. Es un proceso que, en realidad, ya hemos empezado a poner en marcha y que iremos optimizando a medida que vaya pasando el tiempo. Lo que está claro es que aún no se debe bajar la guardia, pero también es cierto que ya estamos valorando cómo podemos compaginar nuestra especialidad –que es muy intimista– con la necesidad de ser más eficaces en la atención de las pacientes, al tiempo que les prestamos la mejor atención sin que tengan que desplazarse cuando esto sea prescindible.

La pandemia ha afectado a todos los servicios de los hospitales. ¿En qué medida ha afectado al servicio que gestiona en el Hospital Gregorio Marañón y cómo se han organizado desde el confinamiento hasta ahora?

Nada más surgir la pandemia tuvimos que organizar circuitos diferentes para la atención de las pacientes no infectadas de las que sí lo estaban o tenían sospecha de infección por SARS-CoV-2. Una organización que afectó a todos los ámbitos, desde la realización de pruebas, la atención, la hospitalización, etcétera. Eran dos circuitos paralelos que nos han permitido evitar el contacto entre unas y otras. Afortunadamente, por la estructura que tenemos en la maternidad este cambio no supuso un problema de espacio, pero nos obligó a duplicar la asistencia, lo que ha conllevado estar muy justo de personal.

Por otro lado, en cuanto a la atención de los embarazos, partíamos de cero sobre las consecuencias que podía tener la infección por coronavirus en la gestante y tuvimos que irnos moviendo según se iba conociendo la información que nos llegó desde Italia y más tímidamente desde China. Al principio, nuestra actividad fue muy dependiente del servicio de Medicina Interna del hospital, y conforme fueron pasando los meses pudimos ser más autónomos, excepto en los casos más críticos. En general, desde la maternidad hemos podido manejar a todas las mujeres gestantes que nos han llegado con síntomas de COVID-19.

En cuánto a los embarazos y los partos, incluidos los partos de alto riesgo, ¿cómo ha sido el manejo a lo largo de la pandemia?

Durante el confinamiento organizamos una única planta funcionando específicamente para pacientes gestantes con PCR positivo, con o sin síntomas, de tal modo que la asistencia se dividió en dos circuitos independientes para atender a las pacientes COVID y para el resto de las gestantes. Por tanto, los partos de alto riesgo también han estado divididos en esos dos circuitos. Aún hoy mantenemos ese funcionamiento, una estructura que nos ha permitido mantener el nivel de asistencia del volumen de embarazos que teníamos. Desde el inicio de la pandemia habremos asistido a unos 160 embarazos con infección por coronavirus en diferentes grados clínicos.

En total, ¿cuántos partos se han atendido en el Gregorio Marañón en los últimos 15 meses?

En el hospital atendemos unos 5.900 partos al año aproximadamente. En el último año, en realidad no hemos notado una disminución en la asistencia de los partos, ya que hemos tenido prácticamente la misma actividad. Durante los meses de la pandemia hemos registrado una media de entre 360 y 450 partos mensuales, con un porcentaje variable, más elevado en la primera ola, de aquellos donde la madre era COVID positiva. A día de hoy todavía tenemos alguna paciente infectada, pero el volumen no tiene nada que ver con lo que hemos pasado.

¿Qué hay de la vacuna de la COVID-19 para las mujeres gestantes?

Desde el punto de vista científico existe evidencias suficientes para que se pueda vacunar a las embarazadas con esta vacuna de manera segura y eficaz. Se ha demostrado que se puede utilizar prácticamente en todas las etapas de la gestación, a excepción de ciertos momentos críticos. En este sentido, las sociedades científicas nacionales e internacionales recomiendan la vacunación de las embarazadas.

Volviendo a la organización… ¿De las nuevas medidas que han tenido que implantar en la maternidad, cuáles se van a mantener?

En realidad todo lo que se ha hecho ha sido reforzar los circuitos de seguridad de la paciente. Venimos de una situación de hospitales de puertas abiertas donde, especialmente en las maternidades, era realmente sencillo que se produjeran avalanchas de familiares. Con la pandemia esas visitas han desaparecido por completo. Lo que vendrá a partir de ahora, probablemente, será una modulación progresiva de ambas situaciones. No se debe olvidar que en un hospital hay riesgos de contagio por transmisión aérea y esta situación nos debe hacer pensar que determinadas áreas deben estar resguardadas para evitar esa posibilidad. Esto es especialmente importante cuando la frecuencia de visitas de personas ajenas al centro es muy alta, como es el caso de las maternidades. Aunque aún no está claro cuál será la dinámica que seguiremos, estoy convencido de que habrá un antes y un después a la hora de racionalizar el ámbito hospitalario y eso hará que se modifiquen algunos circuitos que antes funcionaban con mucha laxitud.

¿Qué otras patologías de la especialidad se han tenido que abordar de manera excepcional durante el confinamiento y cómo se ha hecho?

Las restricciones que hemos tenido y la disminución de la asistencia de la población ha hecho que haya disminuido la frecuencia de las consultas externas. También de la hospitalización y de los procedimientos quirúrgicos, exceptos los partos que no tienen fecha ni horario. En ese sentido, la asistencia programada se ha ralentizado lo que, a su vez, ha causado que ahora tengamos una avalancha de pacientes que no han podido ser atendidos.

En el caso de los procesos oncológicos, casi por definición, no tienen demora y estos casos se han estado atendido al ciento por ciento tal y como se venía haciendo antes de la llegada de la pandemia, sin ningún tipo de restricción quirúrgica tampoco. En el caso de otros procesos de Ginecología general como un tratamiento de mioma o problemas de suelo pélvico, sí que hemos tenido una disminución en el número de casos. Estamos empezando a recuperar el ritmo pero esto va a ser paulatino y pasará tiempo hasta que podamos tener las mismas listas de espera que  antes de la pandemia.

En otras especialidades, la telemedicina ha sido una opción muy utilizada en este tiempo. ¿Cómo ha funcionado en el ámbito de la Ginecología y la Obstetricia teniendo en cuenta la intimidad que requiere?

Efectivamente, desde el punto de vista de la intimidad hemos tenido algún hándicap. Sin embargo, la telemedicina es una herramienta que ha venido para quedarse. En nuestro caso, hemos tratado de adecuar los medios telemáticos a procedimientos que en realidad no requieren la presencialidad de la paciente. Hablamos de ofrecer resultados de pruebas, creación de informes y otro procesos administrativos. Esto no quiere decir que las consultas presenciales vayan a desaparecer, pero en un proceso asistencial la presencialidad puede estar muy localizada. Además, hemos constatado que las pacientes lo agradecen. Por lo tanto, evitaremos desplazamientos innecesarios y conseguiremos una atención más sencilla y eficaz.

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La depresión afecta al 40% de las mujeres durante la perimenopausia, pero pocas veces se detecta

La menopausia es una etapa en la vida de las mujeres que está asociada a diversos cambios en el organismo. Son varios los estudios que han demostrado que alrededor del 40% de las mujeres que se encuentran en transición a la menopausia se ven afectadas por la depresión. Ahora se ha evidenciado que más de un tercio de los ginecólogos y obstetras no la detectan, lo que implica un infradiagnóstico e infratratamiento de las pacientes.

La mayor parte de los especialistas, el 86%, que participó en esta investigación aseguró que se siente capaz de reconocer esta enfermedad en las mujeres perimenopáusicas. No obstante, solo algo más de la mitad de ellos, el 56%, confía en sus capacidades para tratar a estas pacientes.

Estas han sido algunas de las conclusiones extraídas de un trabajo realizado a partir de 500 encuestas sobre depresión enviadas a obstetras y ginecólogos miembros de la red Collaborative Ambulatory Research Network (CARN). El análisis se realizó sobre las 209 encuestas finalmente remitidas y fue publicado en la revista científica Menopause.

A tenor de los resultados, las investigadoras concluyen que es necesario incrementar el nivel de educación de los especialistas en relación con el manejo de la depresión durante la perimenopausia. De esta manera, consideran que se podría aumentar su detección y tratamiento.

Las ginecólogas, más concienciadas

La realidad que arroja esta investigación es que más de un tercio de los ginecólogos encuestados, el 34%, aseguró que no examinaban a sus pacientes durante esta etapa con la intención de detectar una posible depresión.

La revisión de la clínica habitual que siguen estos médicos también puso de manifiesto que el género de los especialistas es un condicionante en este sentido. No en vano, el 72% de las ginecólogas y obstetras aseguraron realizar exámenes para detectar depresión, frente al 55% de los médicos varones.

Asimismo, los especialistas que habían experimentado esta enfermedad mental o que conocían a alguien que la sufre, que fue el 71%, se mostraban más propensos a someter a sus pacientes a pruebas para identificarla que el resto, el 50%. Finalmente, una mejor y mayor formación sobre la depresión fue determinante en la adecuada detección y tratamiento de los pacientes con depresión, 81% frente a 59%.

Conocimiento de los síntomas

Ante esta situación, Greta B. Raglan, investigadora del estudio insta a que sean las propias mujeres las que se preocupen por conocer los síntomas de la depresión y sus manifestaciones durante la menopausia para que sean capaces de identificarlas.

Raglan, que es profesora de Psiquiatría de la Universidad de Michigan, destacó que la depresión en estas mujeres suele cursar con menos signos de tristeza pero más irritabilidad y cambios de humor frecuentes. Otros síntomas habituales relacionados con la depresión durante la perimenopausia es el bajo interés por actividades que antes eran placenteras, dificultad para conciliar el sueño, sentimientos de culpa o falta de utilidad, incluso, pensamientos de muerte y suicidio.

En resumen, el estudio concluye que una mayor formación de los ginecólogos y obstetras acerca de la depresión en esta etapa de la vida de las mujeres puede contribuir a mejorar la detección y el tratamiento de esta patología en las mujeres durante la perimenopausia.

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La vacuna frente a la COVID-19 es segura durante el embarazo y puede inmunizar al bebé

Las vacunas de ARN mensajero desarrolladas frente a la COVID-19 han demostrado ser efectivas y seguras en mujeres embarazadas y lactantes. Además, transfieren la inmunicidad frente a la enfermedad por el coronavirus de 2019 a los recién nacidos a través de la placenta y la leche materna. Así lo ha revelado un estudio publicado en la publicación científica American Journal of Obstetrics and Gynecology.

La investigación tenía como objetivo evaluar la inmunogenicidad y la reactogenicidad de las vacunas basadas en ARN mensajero de la infección por coronavirus en mujeres embarazadas y lactantes. Para ello, se realizó un análisis comparando su respuesta con la de otras mujeres que no había concebido y con otro grupo de gestantes que se habían infectado de COVID-19 de forma natural durante el embarazo.

Los resultados, pese a estar basados en una muestra limitada, son relevantes en el ámbito de la ginecología y obstetricia donde no existen datos sobre los que basar las decisiones clínicas. No hay que olvidar que las mujeres gestantes y lactantes se han quedado fuera de los ensayos clínicos sobre vacunas.

Según la doctora Andrea Edlow, especialista en medicina materno-fetal en el Hospital General de Massachusetts, en Boston, y co-autora del estudio: “Se trata de una gran noticia ya que es esencial ofrecer a las embarazadas evidencias sobre estas vacunas”.

Dos grupos de control

El estudio se ha realizado en dos centros médicos de Estados Unidos y en él han participado un total de 131 mujeres. De ellas, 84 estaban embarazadas, 31 en periodo de amamantamiento de sus bebés y otras 16 mujeres en edad reproductiva que hicieron de grupo control.

El conjunto de mujeres al completo recibió las dos dosis de la vacuna ARN mensajero frente a la COVID-19 desarrollada bien por Pfizer-BioNTech, bien por Moderna. El número de mujeres que recibió una u otra vacuna fue equivalente.

Se trata de una nueva generación de vacunas que aunque han demostrado una inducción inmunitaria eficaz en adultos, nunca antes se habían probado en embarazadas, tal como reza el estudio, de ahí su relevancia.

De las participantes gestantes, 11 recibieron la vacuna en el primer trimestre, 39 durante el segundo y 34 en el tercer trimestre. Además, 13 de ellas dieron a luz durante el periodo del estudio, lo que permitió la recogida de la sangre del cordón umbilical en el momento del parto y su posterior análisis.

Y de aquellas que se habían contagiado con el SARS-CoV-2 durante el embarazo, se almacenaron los sueros para poder servir como segundo grupo de control.

Anticuerpos similares

Las vacunas generaron una inmunidad sólida en las gestantes con una inmunogenicidad y reactogenicidad similar a la observada en las mujeres no embarazadas. La respuesta inmunitaria inducida por la vacuna fue estadísticamente significativamente mayor que la respuesta a la infección natural.

Adicionalmente, el número de anticuerpos inducidos fue equivalente tanto en las embarazadas y las lactantes como en el grupo control, y no difirieron por trimestre de vacunación. Por otro lado, los anticuerpos generados en respuesta a la vacuna fueron mayores que los observados en las mujeres que ya habían pasado la enfermedad.

Inmunidad de los bebés

En el análisis de todos los cordones umbilicales de los recién nacidos, así como en la leche materna, los investigadores encontraron también anticuerpos. Esto sugiere que los fetos quedaron inmunizados frente a la COVID-19, aunque se desconoce el tiempo de protección.

El estudio concluye que estos datos proporcionan un argumento convincente de que las vacunas basadas en plataformas de ARN mensajero frente a la COVID-19 inducen una inmunidad humoral similar en mujeres embarazadas y lactantes que en la población no embarazada. El perfil de efectos secundarios en ambos casos fueron similares.

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Las mujeres tras el parto necesitan al menos 18 meses para recuperar los niveles de yodo adecuados

Los niveles de yodo en las mujeres a lo largo de todo el embarazo y hasta 18 meses tras haber dado a luz a sus bebés, son insuficientes. Esa es la principal conclusión de un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Marinas de Noruega y que ha sido publicado en la revista Maternal & Child Nutrition.

Durante la gestación, los requerimientos de yodo del organismo aumentan, pero no todas las mujeres incrementan la ingesta de este micronutriente durante ese periodo.

En el estudio también se analizó si los niveles de yodo estaban relacionados con la ingesta dietética y el uso de los suplementos que lo contienen. En este sentido, la investigación reveló que la suplementación con yodo y la ingesta de leche o dos o más productos lácteos aumentaron significativamente las probabilidades de tener unos niveles de yodo por encima de los 100 μg por litro.

La investigación se basa en datos del estudio LiN, una cohorte prospectiva realizada de septiembre de 2011 a noviembre de 2014 que incluye 1.034 mujeres. Las participantes fueron las mujeres embarazadas de nueve clínicas de Atención Primaria de las cuatro regiones sanitarias de Noruega. Esto representa una amplia muestra en la que quedaban representadas tanto las regiones rurales como las urbanas.

Concentración media de yodo

El nivel de yodo se midió mediante la concentración de este mineral en la orina. Esta práctica se realizó durante el embarazo, a las seis semanas tras el parto, a los seis meses, a los 12 y a los 18 después de haber dado a luz. Asimismo, se anotaron los niveles de yodo en los recién nacidos al cumplir los 18 meses.

Una concentración media de yodo en la orina entre 150 y 249 μg por litro se considera la adecuada para las mujeres embarazadas. Niveles por encima de 100 μg/L podrían considerarse adecuados para las lactantes.

También se tuvieron en cuenta diferentes variables demográficas y los datos dietéticos medidos a través de cuestionarios sobre frecuencia de consumo de alimentos durante la gestación. Los hábitos alimenticios y datos sobre la lactancia materna también fueron valorados a los largo de las fases posteriores al parto de control.

Leche y suplementos

Los resultados evidenciaron que los niveles de yodo en las mujeres, tanto en el embarazo como en el puerperio, fueron insuficientes. Los registros más bajos se hallaron a las seis semanas después de tener al bebé y fueron mejorando a medida que avanzaba el postparto.

Por otro lado, los datos pusieron de manifiesto que la ingesta de leche y otros suplementos con yodo aumentaron significativamente las probabilidades de tener unos niveles de yodo por encima de los 100 μg por litro.

Los investigadores sugieren que las mujeres embarazadas y puérperas que excluyen la leche y los productos lácteos de su dieta y/o no usan suplementos con yodo pueden tener riesgo de deficiencia de yodo. Asimismo, incrementan el riesgo de sufrir una disfunción tiroidea y de concebir niños con un estado de desarrollo no óptimo, reza el estudio.

El yodo en el embarazo

Durante el embarazo, las necesidades de yodo aumentan debido al aumento de la síntesis de hormonas tiroideas. La función tiroidea aumenta para incrementar el número de hormonas esenciales en el crecimiento y desarrollo del feto tanto físico como mental. Niveles bajos de este micronutriente durante el embarazo puede causar daños en el niño que pueden alterar su crecimiento o dañar el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso. Por su parte, niveles elevados también pueden ser perjudiciales tanto para la madre como para el bebé.

El yodo se puede encontrar en el pescado magro, los productos lácteos y los huevos. El hecho de que el yodo esté presente en pocos alimentos, la sal yodada parece que es la fuente más importante para incluirla en la dieta, tal como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En este contexto, los investigadores señalan que según los resultados del estudio es importante implementar acciones orientadas a mejorar la nutrición con yodo entre las mujeres embarazadas y lactantes en Noruega, que es el caso de estudio.

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