La COVID persistente se ha consolidado como uno de los principales desafíos sanitarios derivados de la pandemia de SARS-CoV-2. Millones de personas en todo el mundo continúan presentando síntomas incapacitantes meses después de la infección aguda, especialmente manifestaciones neurológicas como fatiga, alteraciones cognitivas, falta de concentración, lentitud psicomotora y trastornos del estado de ánimo. Sin embargo, la base biológica de estos síntomas sigue siendo incompletamente conocida y, en consecuencia, todavía no existen tratamientos específicos respaldados por una evidencia sólida.
Un estudio publicado en eBioMedicine aporta ahora la evidencia más consistente hasta la fecha de que la COVID persistente se asocia con daño en las neuronas que liberan dopamina en el cerebro. Los hallazgos podrían representar un cambio de paradigma en la comprensión de esta entidad y abrir nuevas vías terapéuticas dirigidas al sistema dopaminérgico.
La carga creciente de la COVID persistente
Se estima que la COVID persistente afecta aproximadamente al 5 % de la población mundial. La enfermedad se define por la persistencia de síntomas durante al menos tres meses tras la infección inicial y puede afectar a múltiples órganos y sistemas.
Las manifestaciones neurológicas constituyen uno de los componentes más frecuentes y discapacitantes del síndrome. La denominada «niebla mental», la pérdida de memoria, la fatiga intensa y la disminución de la motivación son síntomas que comprometen de forma significativa la calidad de vida y la capacidad funcional de los pacientes.
A pesar de la elevada prevalencia de estos síntomas, el conocimiento sobre los mecanismos neurobiológicos responsables continúa siendo limitado.
La tomografía por emisión de positrones identifica un daño estructural
Investigadores del Centro para la Adicción y la Salud Mental de Canadá utilizaron tomografía por emisión de positrones para analizar un marcador de integridad de las neuronas dopaminérgicas en pacientes con la COVID persistente y en personas sanas.
La investigación demostró niveles significativamente más bajos de este marcador en todas las regiones principales del cuerpo estriado de los pacientes afectados.
El cuerpo estriado desempeña un papel esencial en el control del movimiento, la motivación, el procesamiento de recompensas y determinadas funciones cognitivas. La disminución de la señal observada en las imágenes sugiere una pérdida de terminaciones nerviosas dopaminérgicas o una alteración importante de su funcionalidad.
Los resultados constituyen la evidencia más sólida obtenida hasta el momento de que la COVID persistente se acompaña de una lesión objetiva en el sistema dopaminérgico cerebral.
Una correlación entre la neuroimagen y los síntomas clínicos
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la asociación entre las alteraciones observadas en la neuroimagen y las manifestaciones clínicas de los pacientes.
Las menores concentraciones del marcador en el cuerpo estriado ventral se asociaron con una mayor pérdida de motivación, un síntoma que numerosos pacientes describen como incapacitante y que contribuye de forma importante a la fatiga persistente.
Por otra parte, las reducciones en el putamen dorsal se relacionaron con una menor velocidad de movimiento, mientras que las alteraciones en el núcleo caudado-putamen se asociaron con dificultades de memoria y problemas cognitivos.
Estas asociaciones refuerzan la hipótesis de que el daño dopaminérgico no constituye un hallazgo incidental, sino que podría ser uno de los mecanismos centrales responsables de la sintomatología neurológica de la COVID persistente.
El papel de la neuroinflamación
Los nuevos resultados se apoyan en investigaciones previas realizadas por el mismo grupo, que habían demostrado la presencia de una inflamación cerebral persistente en pacientes con COVID prolongado, especialmente en regiones con una elevada concentración de neuronas dopaminérgicas.
La neuroinflamación mantenida podría constituir el mecanismo responsable del daño neuronal y de la posterior disfunción del sistema dopaminérgico.
Este modelo fisiopatológico recuerda a otros trastornos neurológicos en los que la pérdida de neuronas productoras de dopamina desempeña un papel central, aunque en la COVID persistente el patrón observado parece presentar características propias y una extensión más difusa.
Nuevas oportunidades terapéuticas
Hasta el momento, la mayoría de las investigaciones se han centrado en las alteraciones inmunológicas y en la inflamación asociadas a la COVID persistente, mientras que las estrategias dirigidas específicamente al sistema dopaminérgico han recibido escasa atención.
La demostración de una lesión estructural y funcional de las neuronas dopaminérgicas abre la posibilidad de explorar nuevas intervenciones terapéuticas, incluyendo tratamientos neuroprotectores o fármacos capaces de modular la neurotransmisión dopaminérgica.
Aunque todavía se requieren estudios longitudinales y ensayos clínicos específicos, estos hallazgos representan un avance significativo en la comprensión biológica de la COVID persistente y podrían contribuir al desarrollo de terapias dirigidas para una enfermedad que continúa afectando a millones de personas en todo el mundo.
Fuente: EuropaPress
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