Como ha destacado el presidente de la SEEDO, Diego Bellido, “la obesidad exige una respuesta sanitaria y social a la altura de su complejidad». Los avances terapéuticos son muy relevantes, pero deben acompañarse de formación profesional, diagnóstico adecuado, seguimiento a largo plazo, trabajo multidisciplinar y una mirada libre de estigma, según Bellido. Y es que, según ha recalcado, «el tratamiento de la obesidad no puede plantearse como una intervención puntual, sino como un proceso continuado que exige acompañamiento, evaluación periódica y adaptación individualizada”.
En la misma línea se han manifestado Sharona Azriel y Mª Luisa Seoane, coordinadoras del comité organizador del curso, que consolida el compromiso de la SEEDO con la formación continuada de los profesionales sanitarios y con la actualización científica en torno a esta enfermedad crónica, compleja, multifactorial y recidivante, que requiere una atención integral, personalizada y basada en la evidencia.
Lo más actual… y controvertido
Durante el curso se han abordado algunas de las principales controversias actuales en obesidad, desde el fenotipado molecular hasta las nuevas herramientas diagnósticas, pasando por el papel de la prevención, las estrategias terapéuticas basadas en incretinas, el seguimiento a largo plazo, la preservación de la masa muscular y la necesidad de modificar la percepción social de la enfermedad.
En lo que respecta al fenotipado molecular en obesidad, se ha destacado el papel de la biopsia tisular, la biopsia líquida y la epigenética, que permiten avanzar hacia una medicina más personalizada, capaz de identificar mejor los diferentes perfiles biológicos, clínicos y metabólicos de los pacientes.
Se ha consensuado que no existe una única técnica «estrella» para estudiar la obesidad a nivel molecular, sino que la fuerza está en la combinación de la biopsia de tejido, la biopsia líquida y el empleo de marcadores epigenéticos. Juntas permiten dibujar un mapa detallado del tipo de obesidad que tiene cada persona, identificando subtipos con perfiles biológicos distintos. Con estos datos de investigación básica, los expertos prevén que, en el futuro, se pueda diseñar una herramienta diagnóstica que ayude a seleccionar el tratamiento más eficaz para cada caso, avanzando de forma clara hacia una medicina personalizada en obesidad.
También se ha expuesto una cuestión central para los sistemas sanitarios: si en obesidad se debe priorizar la inversión en prevención primaria o en prevención secundaria. Se concluye que ambas estrategias son necesarias y complementarias.
De la terapia conductual a las dietas adecuadas
Uno de los ejes principales de la jornada ha sido el análisis del ecosistema terapéutico de los agonistas del receptor GLP-1 y de las nuevas terapias incretínicas. En concreto, se ha profundizado sobre las sinergias y posibles antagonismos entre el tratamiento farmacológico, la intervención nutricional, la terapia conductual y el ejercicio físico. Entre otras conclusiones, como apunta el presidente de SEEDO, “se considera que los nuevos fármacos han supuesto un cambio relevante en el tratamiento de la obesidad, pero su uso debe integrarse siempre en un modelo clínico estructurado, con seguimiento profesional y con intervenciones sobre alimentación, actividad física, conducta y salud metabólica”.
Los nuevos fármacos que imitan a las incretinas actúan reduciendo el apetito y facilitando que la persona pueda perder peso, venciendo parte de la «resistencia biológica» que se produce en la obesidad. Al disminuir esa presión biológica, el profesional puede centrarse mejor en la terapia conductual: cambio de hábitos, relación con la comida, manejo de emociones y prevención de recaídas.
En cuanto a la «mejor aliada nutricional» frente a la obesidad, el debate se ha centrado tanto en la dieta cetogénica como la mediterránea, aclarando que ambas pueden ser efectivas para bajar peso, pero con perfiles muy diferentes. La dieta cetogénica suele producir descensos de peso más rápidos, aunque no es adecuada para todos los pacientes y requiere una supervisión muy estrecha por parte de clínicos y nutricionistas, dada su complejidad y posibles efectos secundarios. Por su parte, la dieta mediterránea tiene mejor adherencia y es válida prácticamente para cualquier persona, por lo que resulta más sostenible a largo plazo. La novedad en este ámbito es el desarrollo de propuestas dietéticas mixtas, que intentan integrar lo mejor de ambos enfoques, buscando una pauta nutricional efectiva, segura y personalizada.
Pero no se debe olvidar el otro pilar fundamental para hacer frente a la obesidad: el ejercicio, pero no de cualquier tipo y forma. El mensaje principal es que «en lo que respecta al ejercicio, lo primero es la calidad, luego la cantidad, es decir, se debe apostar por un entrenamiento inteligente para personas con obesidad”, aconseja el profesor David Jiménez Pavón, vocal de SEEDO y miembro del Grupo de Ejercicio Físico y Obesidad. En su opinión, “no se trata solo de ‘hacer más’, sino de ‘hacer mejor’”: un programa de ejercicio debe empezar por una buena calidad del estímulo, adaptado al perfil clínico y a las capacidades de cada paciente. A partir de esa base, la cantidad (volumen, frecuencia, duración) se incrementa de forma progresiva, evitando lesiones y abandono. La calidad no se reduce a la intensidad, sino a la organización inteligente del entrenamiento: planificación de sesiones, variación de ejercicios y combinación equilibrada de trabajo de fuerza, resistencia y movilidad. “Este enfoque permite mejorar la condición física de forma segura y sostenible”, apostilla.
En este sentido, también se ha puesto el foco en la salud muscular, concluyendo que la combinación de proteína, ejercicio y suplementos bien elegidos son la receta para lograr un músculo que proteja a la salud metabólica. La masa muscular actúa como un auténtico «seguro de vida metabólico», ayudando a controlar la glucosa, el gasto energético y la salud global. Para mantenerla, es clave una alimentación equilibrada con suficiente proteína y, cuando procede, suplementos como leucina, creatina, magnesio o vitamina D, siempre bajo criterio profesional. Por su parte, el ejercicio adaptado y progresivo es esencial; por el contrario, el uso de fármacos para aumentar la masa muscular no ha demostrado ser una estrategia segura ni eficaz para compensar pérdidas de músculo asociadas a dietas de adelgazamiento.
Tratamiento farmacológico
En el curso se ha incluido también una sesión específica sobre GLP-1 y adicciones, un campo emergente de investigación que despierta creciente interés por la posible relación entre estas terapias y los circuitos de recompensa, el apetito, la conducta alimentaria y otros comportamientos adictivos. En base a la evidencia y las líneas de investigación, se advierten algunos progresos en este ámbito. Se ha observado un efecto beneficioso de los agonistas receptores de GLP-1 sobre el hábito de alcohol, sobre el trastorno por consumo de alcohol y sobre otros tóxicos y psicoestimulantes.
Respecto al abordaje de la cronicidad en la era de las incretinas. Se han compartido aspectos especialmente relevantes para la práctica clínica, como el abandono del tratamiento durante el primer año, las estrategias de reducción o ajuste terapéutico, el manejo de los pacientes no respondedores y el papel de la tecnología digital en el seguimiento.
Igualmente, se ha analizado cuál puede ser el mejor aliado de los GLP-1, revisando el papel del GIP, el anti-GIP, el glucagón y la amilina, así como la llegada de los poliagonistas, considerados una de las siguientes fronteras en el tratamiento de la obesidad y de las enfermedades metabólicas asociadas. Estos fármacos buscan potenciar la pérdida de peso y el control metabólico, aunque muchos de estos receptores se expresan en distintas áreas cerebrales vinculadas al sistema de recompensa. De ahí la necesidad de que los ensayos no solo midan cuánto peso se pierde, sino también cómo afectan a la motivación, al placer y a diferentes formas de adicción, incluida la relacionada con la comida, advierten los expertos.
El curso también ha incidido en el diagnóstico de la adiposidad, efectuándose una comparación entreimpedanciometría y ecografía como herramientas de valoración. Este debate refleja la necesidad de superar una visión exclusivamente basada en el índice de masa corporal y avanzar hacia una evaluación más completa de la composición corporal, la distribución de la grasa y la repercusión clínica del exceso de adiposidad.
En este foro también se ha reflexionado sobre la necesidad de cambiar el diálogo en torno a la obesidad, resaltando la importancia de combatir el estigma, evitar mensajes culpabilizadores y promover una comunicación social y sanitaria más respetuosa, rigurosa y centrada en la persona. Para SEEDO, la obesidad no debe entenderse como una simple cuestión de voluntad individual, sino como una enfermedad compleja en la que intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos y ambientales.
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