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lunes, 8 de junio de 2026

La fuerza emerge como un factor clave para prolongar la supervivencia

Treinta años de seguimiento para responder una pregunta pendiente

Los beneficios cardiovasculares y metabólicos del ejercicio aeróbico están ampliamente respaldados por la evidencia científica. Sin embargo, el papel específico del entrenamiento de fuerza en la reducción de la mortalidad por todas las causas y por enfermedades concretas ha sido menos estudiado. Un nuevo análisis publicado en British Journal of Sports Medicine aporta datos sólidos sobre esta cuestión y sugiere que existe una cantidad óptima de entrenamiento de fuerza para maximizar los beneficios sobre la supervivencia.

El estudio fue realizado por investigadores de la Harvard T.H. Chan School of Public Health y analizó datos procedentes de tres grandes cohortes prospectivas estadounidenses que acumularon hasta 30 años de seguimiento. El objetivo fue evaluar la relación entre el entrenamiento de fuerza a largo plazo y el riesgo de mortalidad por todas las causas, enfermedad cardiovascular, cáncer y enfermedades neurológicas.

Una cohorte de más de 147.000 participantes

Los investigadores analizaron información de 147.374 adultos, incluyendo 31.540 hombres y 115.834 mujeres, procedentes del Health Professionals Follow-up Study, el Nurses’ Health Study y el Nurses’ Health Study II.

La edad media al inicio del seguimiento era de 54 años. Cada dos años, los participantes informaban sobre la cantidad de tiempo semanal dedicado al entrenamiento de fuerza y a diferentes modalidades de ejercicio aeróbico.

Las actividades aeróbicas incluían caminar a paso rápido, correr, nadar, montar en bicicleta, jugar al tenis o subir escaleras. Por su parte, el entrenamiento de fuerza comprendía ejercicios con pesas y actividades realizadas con el propio peso corporal, como flexiones, sentadillas o zancadas.

Durante el periodo de observación fallecieron 35.798 participantes, lo que permitió analizar con gran precisión la asociación entre los patrones de actividad física y la mortalidad.

Entre 90 y 120 minutos semanales parece encontrarse el punto óptimo

Tras ajustar los resultados por múltiples factores de confusión potenciales, los investigadores observaron que la relación entre entrenamiento de fuerza y mortalidad seguía una curva dosis-respuesta no lineal.

Los mayores beneficios aparecieron en quienes realizaban entre 90 y 119 minutos semanales de entrenamiento de fuerza. En este grupo se registró una reducción del 13 % en el riesgo de muerte por cualquier causa en comparación con quienes no realizaban este tipo de actividad física.

Llamativamente, no se identificaron beneficios adicionales significativos cuando el volumen semanal superaba los 120 minutos. Este hallazgo sugiere la existencia de un umbral a partir del cual el aumento del tiempo dedicado al entrenamiento muscular no proporciona ventajas adicionales en términos de supervivencia.

Impacto sobre la mortalidad cardiovascular y neurológica

Los resultados fueron especialmente relevantes en determinadas causas específicas de muerte.

Los participantes que realizaban entre 90 y 119 minutos semanales de entrenamiento de fuerza presentaron un riesgo un 19 % menor de fallecer por enfermedades cardiovasculares. Asimismo, el riesgo de muerte por enfermedades neurológicas fue un 27 % inferior respecto a los individuos que no practicaban este tipo de ejercicio.

En cambio, la relación con la mortalidad por cáncer mostró un patrón diferente. Las mayores reducciones se observaron con niveles relativamente bajos de entrenamiento de fuerza, concretamente entre 1 y 29 minutos semanales, asociados a una disminución del 21 %, y entre 30 y 59 minutos semanales, relacionados con una reducción del 18 %.

La combinación con ejercicio aeróbico potencia los beneficios

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue el efecto sinérgico observado al combinar entrenamiento de fuerza y actividad aeróbica.

Mientras que el entrenamiento de fuerza realizado de forma aislada se asoció con reducciones modestas del riesgo de mortalidad, la práctica simultánea de ambas modalidades produjo los mejores resultados.

La actividad aeróbica por sí sola se relacionó con una reducción del riesgo de muerte de entre el 26 % y el 43 %, dependiendo del volumen realizado. Sin embargo, los niveles más bajos de mortalidad se registraron en los participantes que combinaban una elevada actividad aeróbica con entrenamiento de fuerza regular.

Concretamente, quienes acumulaban entre 30 y 44 horas MET semanales de ejercicio aeróbico junto con entre 60 y 119 minutos de entrenamiento de fuerza presentaron un riesgo de muerte un 45 % menor. Entre aquellos que superaban las 45 horas MET semanales de actividad aeróbica, la reducción alcanzó entre el 53 % y el 58 %, independientemente del volumen de entrenamiento de fuerza realizado.

Implicaciones para la práctica clínica

Aunque los autores recuerdan que se trata de un estudio observacional y que no es posible establecer una relación causal definitiva, los resultados refuerzan las recomendaciones actuales que promueven la combinación de ejercicio aeróbico y fortalecimiento muscular.

Para los médicos, estos hallazgos aportan un mensaje práctico y fácilmente aplicable: incorporar aproximadamente entre 90 y 120 minutos semanales de entrenamiento de fuerza puede representar una estrategia eficiente para reducir el riesgo de mortalidad, especialmente cuando se acompaña de niveles adecuados de actividad aeróbica. En una población cada vez más envejecida y expuesta a enfermedades crónicas, la prescripción estructurada de ejercicio físico continúa consolidándose como una de las intervenciones más eficaces para mejorar la salud y prolongar la supervivencia.

 

Fuente: EuropaPress      

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