La fertilidad masculina está en horas bajas. Entre el 40 % y el 50 % de los problemas de fertilidad de las parejas es por culpa del hombre. Una tendencia que va en aumento y que se atribuye a factores ambientales y de estilo de vida… pero hay un aspecto que ha ganado protagonismo: la comida ultraprocesada. Recientes investigaciones han confirmado que los alimentos repletos de conservantes, saborizantes y edulcorantes podrían estar alterando rápidamente las hormonas y la calidad del semen de los hombres que los consumen.
El descenso de la calidad seminal en cuanto a concentración, motilidad y morfología, está bien documentado. Ya hace casi diez años, el metaanálisis del médico israelí Hagai Levine evidenció una caída significativa del recuento espermático en los países occidentales. Desde entonces, las investigaciones han buscado intensamente la causa de ese deterioro con el objetivo de encontrar posibles factores modificables. A partir de ahí, uno de los aspectos que se empezó a valorar ha sido la dieta.
Alimentos ultraprocesados
La mayoría de los estudios relacionados con la alimentación han utilizando la clasificación de alimentos NOVA, desarrollada por el epidemiólogo de Sao Paulo, Carlos Monteiro. Según este sistema, se consideran ultraprocesados las formulaciones industriales con múltiples ingredientes refinados y aditivos. Un conjunto de productos en el que entrarían las bebidas azucaradas, los snacks y productos de bollería, las carnes procesadas, los platos preparados y los cereales refinados con azúcares añadidos.
Por tanto, no se trata solo de alimentos poco saludables, sino de alimentos que han sido sometidos a procesos específicos de procesamiento, térmicos y/o químicos para mejorar su aspecto, disponibilidad, seguridad y palatabilidad, entre otros. En términos estrictos, no se pueden considerar comida, sino preparaciones industriales comestibles destinadas a estimular el apetito.
Impacto en la calidad del semen
A partir de ahí, varios trabajos han analizado específicamente la relación entre esos ultraprocesados y los parámetros seminales masculinos. Uno de los más impactantes es el publicado en Cell Metabolism (2025), que evidencia efectos adversos en la salud reproductiva masculina y un peor perfil metabólico en los hombres que consumen más alimentos ultraprocesados, incluso cuando las calorías estaban controladas. Este punto es interesante porque viene a señalar que más allá de la cantidad de “comida basura” ingerida, los resultados tienen que ver con la naturaleza del procesamiento industrial de los alimentos ingeridos.
Para llegar a estos datos, los autores compararon los efectos de una dieta ultraprocesada frente a los de una mínimamente procesada en una muestra de 43 hombres entre 20 y 35 años. Todos ellos consumieron ambas dietas durante tres semanas, con un periodo de lavado entre ellas de tres meses. Además, tanto la dieta sin procesar como la ultraprocesada tenían la misma cantidad de calorías, proteínas, carbohidratos y grasas para evitar variables de este tipo. Lo único que difería era la calidad y proceso de fabricación de los alimentos.
Los resultados revelaron que, con solo esas tres semanas de prueba, los varones que comieron los alimentos sometidos a una transformación industrial muy intensiva presentaron un aumento de la grasa corporal, peores niveles de colesterol, tanto HDL como LDL, y diversos cambios hormonales ligados a la espermatogénesis.
En un estudio parecido, desarrollado por equipo de investigación de la Universitat Rovira i Virgili y en el que también han participado el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el CIBEROBN, analizaron el impacto de la dieta en la fertilidad de 200 hombres sanos. Los resultados, publicados en Human Reproduction Open (2024), mostraron que aquellos que consumían “comida insana” tenían menos concentración de esperma, menor recuento total y peor motilidad.
Resultados similares también se observaron en un trabajo recogido en Nutrients (2025), donde además se detectó una tendencia hacia una peor morfología del esperma. En este último trabajo, los autores concluyeron que se debería considerar a la dieta como uno de los factores modificables para mejorar la fertilidad masculina.
Desequilibrio hormonal
Aunque todos estos estudios no permiten establecer una causalidad, en conjunto sugieren que el patrón dietético caracterizado por un alto consumo de ultraprocesados podría estar contribuyendo al deterioro de la función reproductiva masculina.
De lo que no cabe duda es de que la fertilidad masculina está estrechamente ligada al equilibrio hormonal, otro aspecto que también se ha empezado a relacionar con el tipo de alimentación que se sigue. Diversos ensayos han identificado que el consumo de dietas ricas en ultraprocesados conlleva bajos niveles de testosterona y otras alteraciones como un descenso de la hormona foliculoestimulante (FSH), una hormona implicada directamente en la espermatogénesis.
Son datos que pueden interpretarse como una posible disrupción del eje hipotálamo-hipófisis-gónada asociada al consumo de los alimentos procesados industrialmente. En definitiva, amplían el impacto de la dieta más allá de los espematozoides alcanzado, incluso, a los mecanismos endocrinos que los regulan.
Mecanismos biológicos
En este contexto, los investigadores han tratado de averiguar los mecanismos biológicos que podrían explicar estas asociaciones. Uno de los argumentos más sólidos tiene que ver con la inflamación crónica de bajo grado. Las dietas ricas en ultraprocesados favorecen un entorno proinflamatorio y aumentan el estrés oxidativo, lo que puede dañar directamente el ADN del esperma y comprometer su funcionalidad.
Otra explicación viene de la mano de la disfunción metabólica, ya que la relación entre obesidad, resistencia a la insulina y fertilidad masculina está ampliamente documentada, y los ultraprocesados son factores de riesgo de desarrollar estas patologías. Un amplio metaanálisis publicado en BMJ (2024) confirmó esa vinculación directa entre su consumo y la aparición de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular, así como un incremento de la mortalidad. Por tanto, el deterioro reproductivo podría ser una manifestación más de un desequilibrio metabólico global.
Los disruptores endocrinos asociados a los contaminantes a los que son expuestos muchos ultraprocesados cuando son producidos y almacenados es otro de los argumentos que se barajan para explicar la baja calidad y motilidad del esperma. Su exposición a compuestos como ftalatos y bisfenoles procedentes de los envases y los procesos industriales podrían interferir en la señalización hormonal incluso a dosis bajas.
Y una última hipótesis tienen que ver con los cambios producidos en la microbiota intestinal de quienes consumen estos alimento “insanos”, influyendo en la función reproductiva masculina a través de mecanismos inmunológicos y metabólicos.
Implicaciones en la práctica clínica
Todas estas teorías –unas más cerca de confirmarse que otras– abren nuevas implicaciones prácticas, ya que la evaluación dietética debería empezar a tener un papel más relevante en el manejo de la infertilidad masculina. Así, el consejo nutricional orientado a reducir el consumo de ultraprocesados podría convertirse en una herramienta preventiva clave.
Adicionalmente, la investigación en este campo se amplía hacia áreas más complejas, como la epigenética espermática, los efectos transgeneracionales o el impacto de la dieta en el desarrollo embrionario temprano. Son líneas de investigación que juegan con la hipótesis de que la alimentación actual no solo influye en la salud individual de la persona, sino también en la de las generaciones venideras. Habrá que esperar para ver si se confirma.
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