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martes, 3 de febrero de 2026

“La literatura ayuda a la Medicina a entender mejor al ser humano”

Autor de dos novelas y cinco poemarios, el último “Santas que yo te pinté”, una especie de glosas de las Santas del pintor Zurbarán, el doctor Alejandro Prada, reumatólogo y escritor, siempre quiso dedicarse a la literatura, “pero no fui lo suficientemente valiente para elegir una carrera de letras que era lo que me pedía el cuerpo”, reconoce en la entrevista con EL MÉDICO INTERACTIVO.

Sin embargo, en la carrera la literatura y la Medicina comenzaron a llevarse bien. De hecho, si ganara un premio importante que le permitiera dejar la profesión médica para dedicarse solo a su faceta de escritor no lo haría. “Mantendría algún tipo de anclaje con la profesión, porque me da otra visión de la vida, esencial para escribir”, señala este especialista sevillano que, tras ejercer 15 años en del Hospital Universitario de Torrejón (Madrid), ahora trabaja en el Grupo HM de Madrid-BIO.

Agradece a la gente con la que ha trabajado/trabaja, “a mis jefes, directores médicos y compañeros, porque siempre me dieron facilidades para organizarme en la presentación de los libros; lo entienden y eso siempre ayuda mucho. También agradezco a mi familia y a mi entorno que me ayudan para que pueda conciliar las dos profesiones”, apunta sonriente.

¿Quién o qué le influyó más en su interés por estudiar Medicina?

Me influyó mucho la formación que tuve en ciencias naturales y biología en el instituto. Tenía gran atracción por la anatomía, por las estructuras del cuerpo, más que por la patología en sí y, en realidad, mi vocación de siempre ha sido más la literatura que la Medicina. Estudié Medicina por hacer algo más cercano al ser humano. Se me daba bien y sacaba buenas notas y viví lo que se nos decía: ya que tienes buenas notas no vayas a hacer una carrera de letras; era un clásico. No fui lo suficientemente valiente en aquel momento para estudiar letras puras, que era lo que me pedía lo más profundo de mí. Pero luego me di cuenta de la suerte que tuve al haber elegido Medicina, porque me ha dado muchas cosas buenas. Además, he podido levar a cabo muchos proyectos de literatura, así que la jugada no salió tan mal como parecía en aquel momento.

¿Quién o qué le influyó más en su interés por la escritura?

He tenido una atracción casi innata desde niño por la lectura. Mi madre siempre me decía que de pequeño cualquier cosa que se pudiera leer, la leía. Iba a casa de mi abuela y me leía el “Pronto” de la primera página a la última. Me leía cualquier cosa que estuviera sobre la mesa. De muy pequeño me llamaban Petete, como aquel personaje que tenía un diccionario y que estaba relacionado con el conocimiento en un programa de TV. La atracción tampoco me la inculcaron mis padres, porque no tenían formación académica. Mi madre trabajaba en El Corte Inglés y mi padre era albañil y tenían una afición lectora bastante básica. Además, desde niño empecé a leer poesía y cuando comencé a leer a Juan Ramón Jiménez, ahí cambió todo. Fue el primer gran golpe de decir: quiero imitar esto, quiero provocar estas mismas sensaciones; todo sucedió, sin duda, con Juan Ramón Jiménez.

¿El tempo de una y otra actividad/afición/profesión, vocación en definitiva, le llegaron de modo similar, en momentos diferentes, sin tener nada que ver …?

La literatura llegó mucho antes y la Medicina vino cuando empecé la carrera, y la verdad es que poco a poco se fueron llevando bien. Siempre he tenido una visión humanística de la Medicina y la relación con el ser humano en todos los ámbitos que tenemos en la profesión es muy alta, muy exigente. Todo eso, al final, ha llegado a darme mucha capacidad de vocabulario, de conocer distintas peripecias del ser humano, modos de ver la vida; todo eso poco a poco se ha ido uniendo indudablemente.

¿Siempre tuvo claro que quería estudiar, en concreto, Reumatología?

Tuve claro mi perfil en el tiempo adecuado, porque justo antes de elegir la especialidad MIR me di cuenta de que quería hacer algo de consultas, algo médico, algo tranquilo; que no fuera esa Medicina exigente de una UCI o una planta. Quería algo que tuviese mucho conocimiento del paciente crónico y también que tuviera una visión amplia. Como las enfermedades reumáticas son sistémicas en la mayoría, pues me cuadraba bien. También tuve un profesor en el MIR que me influyó mucho, porque, en general, la Reumatología se enseña regular en la facultad. Y él nos lo contó muy bien. Además, en aquel momento estaba justo empezando la revolución de los tratamientos biológicos y también eso daba un plus de novedades, de investigación, de que se ampliaba muchísimo el modo de abarcar las enfermedades reumatológicas. Por eso la escogí.

¿Hay sinergias entre ambas actividades? ¿Se influyen ambas mutuamente?

He ido descubriendo algo que es fundamental, la narrativa. Llevo todo el tiempo narrando y escribiendo historias clínicas, reconstruyendo historias de los pacientes y también las voy construyendo a lo largo del conocimiento de los pacientes. Habitualmente procuro siempre ver a los mismos pacientes y mantener una agenda controlada. El conocimiento que me comunican los pacientes en su día a día, sin duda, ayuda mucho a crear personajes y a robar de un lado y otro. La literatura ayuda a la medicina a entender mejor al ser humano. Ahora estoy dando clases en la Universidad Camilo José Cela de una asignatura llamada “Introducción a la práctica clínica” y tiene que ver con empezar a entrenar la construcción de la historia clínica. Les cuento siempre a los alumnos que para escribir una buena historia clínica hay que saber muchas cosas de Medicina, pero también del ser humano. Siempre les pongo el mismo ejemplo, que a mí me ha enseñado tanto el Guyton, que es el gran tratado de Fisiología, que para mí fue un descubrimiento, como Madame Bobary. Al final todos esos conocimientos los llevo a mis dos ámbitos de actividad.

El reumatólogo y escritor, Alejandro Prada

El doctor Alejandro Prada prepara nuevos proyectos literarios.

¿Le sirve la Medicina en general o los sucesos diarios de la consulta como inspiración argumental o no tiene nada que ver?

Es verdad que los contenidos de mis dos novelas están alejados del ámbito médico; aparecen cosas de manera tangencial, pero no cursan ni tratan sobre temas que tengan relación directa con mi ser médico. De hecho, no tienen nada que ver la una con la otra, solo mi voz, mi forma de narrarlo, pero son dos historias completamente distintas. Y la poesía también.

Un radiólogo que ve lo que no está a la vista. ¿Qué aprecia usted más en un buen libro?

El ejemplo de Madame Bobary es muy bueno. Lo que conocemos de los personajes del ser humano es algo impagable. Cuando seguimos a unos personajes en una peripecia o en una historia, se entiende mejor al ser humano. Igual que relacionarse con las personas, que ver películas. Al aprender de unos caracteres, luego entiendes mejor al ser humano. La poesía también es un conocimiento muy profundo del ser humano, de las emociones más profundas.

¿Qué tipo de literatura escribe habitualmente y con cuál disfruta más?

Creo que hay un punto común que es la lírica. A mí me importa más la forma; soy un trabajador más de la forma que del contenido. Cuando he encarado alguna novela, pura poesía o ahora que estoy trabajando en un intento de ensayo, al final siempre hay algo común que es la lírica, el contenido más poético del lenguaje y su forma.

¿Se cogería un año sabático solo para escribir? ¿Pero volvería a las galénicas?

Claramente sí. Esa sería mi situación ideal. Ya he probado a dosis pequeñas esa forma de trabajar; he tenido algunas becas en residencias de escritores y para mí han sido cruciales porque no tengo más remedio que ser muy ejecutivo. Cuando tengo un fin de semana o he tenido con las becas un mes y unas semanas he trabajado muchísimo. Gracias a esas pequeñas escapatorias he podido terminar proyectos y está claro que he intentado algunas becas de largas estancias para temas más complicados de escribir. Pero si tuviera la oportunidad de disponer de cuatro meses o un año sabático, probablemente podría escribir los tres libros que tengo ahora en mente.

Si ganara un premio literario importante, ¿dejaría la Medicina?

Creo que mantendría algún tipo de ancla en la Medicina, probablemente reduciría mi forma de trabajar, porque tendría mucho más tiempo para conseguir proyectos, pero el anclaje que me da una profesión aparentemente tan distinta es muy valioso. Muchos escritores me lo dicen, Prada, qué suerte tienes que no estás dedicado plenamente a la literatura, porque eso al final es como una especie de circulo vicioso; tienes otro aire de ver la vida que ayuda muchísimo. Haría una cosa parcial.

Está claro que la Medicina cura y cuida a las personas. ¿La literatura también cura ciertas necesidades de las personas? ¿o la lectura sanadora no está en boga?

La verdad es que si respondiera que la literatura no ayuda al ser humano tiraría piedras de gigante contra mi propio tejado. Es cierto que yo, especialmente como lector, cuando he leído cosas que me han llegado al alma, mi vida ha cambiado, ha mejorado, se ha hecho más luminosa, más vital. Creo que cuando uno se embarca en una historia de ficción se gana músculo para el alma y para el cuerpo.

Portada del último libro de Prada

Uno de sus últimos libros publicado recientemente.

Parece más fácil económica y socialmente ser médico y dedicarse a la literatura que ser escritor en busca del argumento salvavida. ¿Entiende a los que eligen la bohemia de la segunda opción?

Los entiendo y los envidio también. Conozco a muchos autores que son buenísimos, que venden relativamente bien y que pese a eso tienen que hacer muchos esfuerzos para llegar a fin de mes. Evidentemente, la profesión del artista en general es una dedicación muy compleja, donde un porcentaje muy bajo pueden vivir de eso; y en España mucho menos. Si que hay ayudas para gente que quiere hacer cine o literatura, pero son ayudas puntuales. En 2023 recibí una subvención del Ministerio de Cultura para escribir una novela y la verdad es que me vino bien porque pude estar dos meses sin trabaja en consulta. Pero son dos meses y al final, hay gente que, tal y como esta la vivienda, tiene que vivir y no puede.

¿En qué proyectos literarios está trabajando?

Tengo dos novelas y cinco poemarios. Publiqué en 2020 “Comida y basura” y en 2022, “La parte blanda de la montaña”. Ahora acabo de sacar un poemario, cuyo contenido es una especie de glosas de las Santas del pintor Zurbarán. Se llama “Santas que yo te pinté. También hemos presentado recientemente con Renacimiento un trabajo en el que he hecho de investigador, de editor, de prologuista de artículos inéditos que Francisco Umbral publicó durante 30 años en la revista para médicos Jano de Medicina y Humanidades. He hecho un el libro El corazón y la luna. Yo, Umbral para el cual he estado tres años buscando revistas Janos por todas partes y en ellas buscando artículos de Umbral. De los 500 obtenidos hemos extraído unos 200, porque el resto habían salido en otros libros u otro tipo de recopilaciones.

¿Qué renglones trazará en el futuro?

Ahora tengo una novela terminada que espero publicarla el año que viene. Estas semanas quedaré con la editora para ver los detalles y posibles cambios; no tengo el acuerdo firmado, pero sí apalabrado para publicarla en 2027. Es una novela bastante urbana, ocurre en Madrid y es una especie de mapa de supersticiones de distintos personajes. Estoy trabajando también en un ensayo, en una biografía de un escultor y espero terminarlo a lo largo de este año y encontrar también una editorial que le guste y le cuadre.

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