El doctor Manuel Bayona García, con una dilatada experiencia en gestión sanitaria dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS), en la entrevista con EL MÉDICO INTERACTIVO reflexiona sobre el perfil idóneo de los directivos de AP para favorecer el trabajo en equipo, la eficiencia sanitaria y la calidad asistencial. Reflexiones de lo aprendido en sus años de gestión que ha plasmado en su libro “La gestión del silencio” (Editorial Nazarí), que acaba de presentar con el objetivo de compartir sus años de experiencia de gestión y contribuir a dar visibilidad y realizar una gestión sanitaria más humana, que ponga el acento en la comunicación limpia y en el factor humano, porque la salud en general y la AP en particular será sostenible conforme se vaya ganando la confianza y seguridad de la ciudadanía, con equipos que cuidan con calidad, cercanía y humanización.
Tras muchos años en gestión sanitaria, ¿cómo definiría el perfil idóneo de un profesional de la dirección en Atención Primaria?
El perfil idóneo de un directivo de AP debería tener, además de conocimientos sólidos y habilidades clínicas, una actitud empática, capacidad de comunicación, trabajo en equipo, flexibilidad y un enfoque integral y humano de la salud de los pacientes, que incluya, no solo lo relativo a la salud personal, sino a la salud pública y comunitaria. El perfil directivo marca un estilo de dirección, que debe favorecer el trabajo en equipo, la eficiencia y la calidad asistencial, marcando de manera clara el clima laboral y una mayor cooperación entre centros de salud, hospitales e instituciones.
Su libro lleva por título un reflexivo, sorprendente (y hasta inquietante) “la gestión del silencio”. En el ámbito de la gestión sanitaria, ¿a qué se refiere con “silencio”?
El silencio esconde lo que es realmente importante. Los silencios en gestión sanitaria pueden ser atronadores cuando los pacientes, los profesionales o los propios directivos del equipo de gestión no encuentran respuesta a sus inquietudes y necesidades. El título es una llamada a la reflexión y a prestar atención plena a lo que piensan y sienten las personas, los profesionales y los pacientes.
Es posible que haya demasiado ruido organizativo. ¿Qué origina este ruido? ¿El ruido no produce estrés, agobio y un cierto caos? ¿El ruido no es anti-salud por antonomasia? ¿Haría falta una gestión más pausada?
En estos momentos creo que vivimos en la sociedad del ruido. El ruido es ese cúmulo de opiniones que circulan a todos los niveles. Una sociedad bombardeada constantemente con excesiva información, muchas veces falsa y sacada de contexto, algo muy negativo a nivel personal y, por supuesto, a nivel profesional, porque el ruido es un contaminante más. Además, el ruido es fácil y barato de producir, la mayoría de las veces no tiene consecuencias, y, sin embargo, sus efectos son muy tóxicos. En salud este tipo de toxicidad estresa y afecta especialmente a profesionales, a pacientes y a la propia sociedad, influyendo en la motivación, la confianza y la credibilidad de nuestros centros y servicios.
El doctor Bayona, experto en gestión sanitaria. (Foto: Carolina Santos)
En gestión y dirección aparecen números, balances, horarios, resultados… Tratándose de gestión sanitaria, ¿no habría que dar más campo a las emociones, a la experiencia, a la reflexión?
David McClelland, psicólogo estadounidense conocido por el desarrollo de la Teoría de la Motivación del logro, investigó los rasgos distintivos del desempeño óptimo, llegando a la conclusión de que «El CI no explica el 75 % del éxito laboral». A raíz de sus investigaciones, Daniel Goleman desarrolló su extraordinaria aportación al papel tan preponderante de la inteligencia emocional en el éxito personal y profesional.
Es evidente que en gestión sanitaria hay que tener en cuenta que trabajamos con equipos humanos, con profesionales altamente cualificados, negociando con personas situaciones cotidianas y a veces extraordinarias, ya sea con pacientes, con profesionales o con la administración, y aunque la ortodoxia manda recurrir siempre al raciocinio con criterios, definición de objetivos precisos, medición de indicadores, evaluación de resultados, etc., a menudo se deja aparcada la importancia de la gestión emocional, como si fuera una cuestión menor.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que la gestión emocional es decisiva en las interrelaciones personales y en los logros que se alcanzan, por lo que el criterio racional debería llevar la carta de presentación del emocional, con competencias en habilidades blandas (soft skills), fundamentalmente actitud y empatía, además de trabajo en equipo, creatividad, etc., porque son las que marcan la diferencia entre el éxito o el fracaso de la gestión.
En gestión sanitaria se incide mucho en la necesidad de invertir en nuevas tecnologías, pero ¿se incide en igual proporción en lo decisivo del factor humano, la empatía, las emociones, en escuchar por encima del ruido mediático u organizativo?
Es más fácil evaluar lo cuantitativo, probablemente porque hay experiencia y nos asegura el control de manera más fácil. Sin embargo, estamos menos habituados a gestionar el factor humano. Además de inversiones en tecnología, también hay que reclamar inversiones en más atención y personalización, porque son requisitos imprescindibles para generar confianza y motivación en los equipos profesionales, lo que nos permitiría añadir valor a cada paso que damos en las complejas tareas que se llevan a cabo en el sistema sanitario.
Probablemente sea necesario invertir en más recursos, más personal o más infraestructuras, pero para que estos recursos sean útiles, hay que invertir en tiempo de calidad, en escuchar a los profesionales y en algo fundamental como es explicar mejor el sentido que tiene lo que hacemos en gestión sanitaria.
Precisamente, ¿qué papel juega o puede jugar en el liderazgo la empatía, la labor en equipo, el actuar de modo ejemplar…?
Las organizaciones en general y las personas en particular, aprendemos más de lo que vemos que de lo que nos dicen. Seamos claros, no hay liderazgo que sea respetado por el equipo si no se practica con el ejemplo. Si el jefe, ya sea gerente, mando intermedio o responsable de área, no escucha ni empatiza con los profesionales que tiene bajo su dependencia, no estará enseñando el camino adecuado que deben de seguir los profesionales con sus pacientes.
Se citan como retos en AP la digitalización, la IA, la cronicidad, las pluripatologías…, ¿también entran en este reto la humanización, empatía, el contacto directo con compañeros y pacientes, el bienestar profesional…?
La salud preocupa a todos, y la Sanidad siempre está sujeta a grandes retos. Teniendo en cuenta que el desarrollo tecnológico está experimentando cambios trepidantes, la salud vive en un contexto de adaptación permanente, frente al que hay que estar preparados con flexibilidad y formación, pero también con valores, seguridad y ética.
En este sentido hay que tener en cuenta que en la relación médico-paciente, la escucha, la comunicación humana y la empatía son irreemplazables. No basta con disponer de herramientas y algoritmos para la IA, por muy inteligentes que sean, si no contamos con la inteligencia humana que dé verdadero sentido a la inteligencia artificial.
Si esos retos se tecnologizan, ¿no podríamos elevar a Mr. Google a la categoría de doctor Google y perder el contacto humano deshumanizando el tratamiento al paciente y a su salud? ¿iríamos hacia la consulta online permanente?
Nada podrá reemplazar una buena comunicación en la relación médico-paciente. Se trata de una herramienta terapéutica esencial en salud. Bienvenida la innovación, pero si la tecnología deshumaniza la salud, el paciente dejaría de ser persona para ser un dato; se perdería la relación terapéutica médico-paciente y el valor de la equidad, tratándose de manera desigual a personas mayores y a los más vulnerables.
Ante el avance tecnológico es el momento de que el médico esté más atento a la cara de los pacientes que a la pantalla del ordenador y que el acompañamiento y cuidado que necesitan nuestros pacientes no pierdan el valor de la mirada y la cercanía que necesitan.
El doctor Bayona apuesta por una gestión más humana en la Sanidad. (Foto: Emilio Eiras)
¿Qué objetivos plantearía para una Sanidad pública (AP en concreto) sostenible, universal y de calidad? ¿más eficiente, más tecnológica, más humana, más empática?
En general, hay que reforzar una AP vertebradora de la Sanidad pública. Una AP cercana y con financiación finalista, aunque sujeta a resultados. Para ello, hace falta más flexibilidad, con equipos multidisciplinares, coordinación, tiempo, capacidad real de resolución y liderazgo clínico. No queremos una AP centrada en el trámite burocrático.
Es fundamental que el sistema sanitario recoloque al paciente en el centro, ocupando la silla −muchas veces vacía− que le corresponde, y afrontando la atención integral con continuidad asistencial y humanización, frente a la fragmentación actual. También es fundamental cuidar a los profesionales con estabilidad laboral, retribución adecuada, reconocimiento y formación continuada.
Para garantizar la sostenibilidad sería necesario incentivar los resultados en salud en lugar de la actividad, evitar ineficiencias en pruebas o en fármacos y evaluar con transparencia. Las tecnologías han de estar integradas, y la digitalización y otras herramientas útiles han de servir para evitar trabajo rutinario a los profesionales, para que ganen tiempo para dedicarlo a una buena relación médico-paciente, la salud comunitaria y la salud pública.
Finalmente, una AP pública debe de garantizar la equidad y la accesibilidad a toda la población y apostar por la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, porque la Sanidad del futuro la va a marcar lo que hagamos en la salud del presente.
Estos objetivos o recomendaciones tienen que ir acompañados de modelos de gobernanza profesionalizada, menos politizada y con más evaluación realizada por expertos, y desde luego con participación social y profesional que legitime la toma de decisiones.
¿A quién dirigiría las reflexiones de su libro con especial dedicación, sanitarios, gestores, servicios sociales, pacientes, dirigentes públicos…, o a cualquier ciudadano interesado en su salud personal y en la Sanidad comunitaria?
Espero que aporte algo a cualquiera que esté interesado en una gestión sanitaria más humana, cercana y profesionalizada, porque ello redundará en beneficio de la atención de los pacientes y a la salud en general. En mi experiencia como directivo de la salud he aprendido de los jefes y de los profesionales, de los más implicados y de los más críticos. También he aprendido de los medios, que en su tarea informativa han incidido en lo que, desde el otro lado, se ve como lo importante. Este libro recoge reflexiones de lo aprendido, con el objetivo de compartirlo y contribuir a dar visibilidad y realizar una gestión sanitaria más humana, que ponga el acento en la comunicación limpia y en el factor humano, porque la salud en general y la AP en particular será sostenible cuando gane la confianza y seguridad de la ciudadanía, con equipos que cuidan con calidad, cercanía y humanización.
El doctor Manuel Bayona declara no tener conflictos de intereses.
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