La coerción reproductiva o reproducción forzada es un conjunto de conductas destinadas a mantener el poder y el control, e interfiere con la toma de decisiones relacionadas con la salud reproductiva de las personas, la cual puede ser ejercida por la pareja, los padres, los suegros o por políticas de instituciones o del gobierno.
Este control reproductivo se vive tanto en hombres como en mujeres. En México, se estima que 19,2 millones de mexicanas han sido sometidas en algún momento de su vida a intimidación, hostigamiento, acoso o abuso sexual.
Además, aunque todas las niñas y mujeres están expuestas a la violencia sexual, factores como la pobreza, la etnia, la discapacidad y la migración aumentan su vulnerabilidad.
Paula Rita Rivera Núñez, gerente de Operaciones de Telefem, explica que “la coerción reproductiva está vinculada a un tipo de violencia que se genera cuando se intentan controlar las decisiones reproductivas de la pareja con quien se tiene una relación y puede incluir presión para tener sexo, usar o no métodos anticonceptivos, lograr un embarazo o interrumpirlo”.
Una forma oculta de violencia
De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), realizada en mujeres de 15 años y más, el 70,1% han experimentado, al menos, una situación de violencia psicológica, física, sexual, económica, patrimonial y/o discriminación al menos una vez en su vida. Las estadísticas indican que en el ámbito sexual, el 49,7% manifiesta algún tipo de agresión física o digital.
Una de las consecuencias de esta violencia sexual y coerción reproductiva son los embarazos no planificados.
México ocupa el primer lugar de embarazos adolescentes de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con una tasa de fecundidad de 77 nacimientos por cada 1.000 adolescentes de 15 a 19 años de edad , es decir, cerca de 1,9 millones de embarazos a nivel nacional.
Otro problema de salud es el aborto no seguro. En 2018, la Secretaría de Salud registró 1.080 abortos en niñas de 10 a 14 años y 20,298 en adolescentes de 15 a 19 años.
Tratamiento integral para las víctimas
El tratamiento adecuado para una víctima de coerción reproductiva comienza con la identificación y validación de su experiencia en un entorno seguro y confidencial.
Por ello, es fundamental que el personal de salud reciba capacitación en perspectiva de género y violencia sexual para detectar signos de presión, manipulación o control sobre las decisiones reproductivas de la paciente.
La entrevista clínica debe ser empática, sin juicios, y garantizar la privacidad para que la víctima pueda expresar libremente sus inquietudes y temores sobre su autonomía reproductiva.
Una vez identificada la situación, se debe realizar una evaluación integral de la salud física y emocional. Esto incluye exámenes médicos, pruebas de embarazo, detección de infecciones de transmisión sexual y valoración del acceso a métodos anticonceptivos seguros.
El personal médico debe proporcionar información clara y precisa sobre las alternativas reproductivas disponibles y respetar la decisión de la paciente, brindando apoyo emocional y psicosocial durante todo el proceso.
Acompañamiento psicológico esencial
El acompañamiento psicológico resulta esencial, ya que la coerción reproductiva puede generar trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático y problemas en la autoestima.
Se recomienda referir a la paciente a servicios de salud mental especializados, donde pueda recibir terapia individual o grupal, así como orientación sobre estrategias de afrontamiento y empoderamiento. Además, se deben coordinar acciones para garantizar su seguridad física mediante redes de apoyo social e institucional.
Asimismo, el tratamiento debe integrar la coordinación interinstitucional con servicios legales, sociales y comunitarios. Se recomienda facilitar información sobre derechos reproductivos, acceso a asesoría legal y apoyo comunitario, así como medidas de protección si existe riesgo para la integridad de la víctima.
Para Rivera Nuñez, el apoyo a las personas que viven coerción reproductiva y violencia es fundamental, pues necesitan atención de manera integral, empática y libre de perjuicios, con personal calificado, que tiene una visión desde la perspectiva de género y de derechos humano.
Es por ello, que recomendó Telefem, que ofrece orientación médica con profesionales de la salud para acceder a una interrupción del embarazo segura con medicamentos aprobados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de manera remota y confidencial.
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