Las enfermedades atópicas asociadas a alérgenos, así como las enfermedades alérgicas, suelen surgir de forma temprana en la vida; sin embargo, los mecanismos dependientes de la edad que gobiernan las respuestas inmunitarias a los alérgenos siguen sin comprenderse bien.
Un estudio, que se publica en Nature, sugiere que, en las primeras etapas de la vida, la exposición a alérgenos comunes desencadena una respuesta inmunitaria bifurcada distinta, activando simultáneamente la inflamación de tipo 17 en la piel e iniciando la sensibilización canónica de células T helper 2 en los ganglios linfáticos. Esta dermatitis mediada por γδ tipo 17 en la infancia prepara una inflamación pulmonar alérgica exagerada tras una segunda exposición al alérgeno.
Elena Seoane Reula, presidenta del Comité de inmunología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) explica a EL MÉDICO INTERACTIVO que el trabajo publicado en Nature aporta una pieza muy relevante para entender por qué la infancia constituye una etapa crítica en el desarrollo de la enfermedad alérgica. “Los autores demuestran que determinadas células dendríticas de la piel, presentes en los primeros años de vida, presentan un estado funcional especial que favorece una activación inflamatoria intensa frente a alérgenos ambientales”.
En este contexto, añade la alergóloga, “la piel del lactante no solo actuaría como una barrera física, sino también como un activador inmunológico capaz de iniciar respuestas que condicionan como va a responder el sistema inmunitario más tarde”.
El estudio sugiere que episodios precoces de inflamación cutánea, como los que ocurren en la dermatitis atópica, pueden generar un fenómeno de “priming” que amplifica la respuesta alérgica frente al mismo alérgeno en otros órganos, particularmente en el pulmón.
Marcha atópica
Este mecanismo proporciona una explicación biológica sólida al concepto clínico de marcha atópica, en la que la enfermedad suele comenzar en la piel y posteriormente progresa hacia rinitis o asma.
Otro aspecto interesante que destaca Elena Seoane es la identificación de un subgrupo de células dendríticas cutáneas capaces de inducir inflamación local mediante la activación de vías inmunes tipo 17, incluso sin necesidad de migrar a los ganglios linfáticos. Este hallazgo amplía el paradigma clásico de la activación inmunitaria y subraya el papel activo de la piel como sitio inicial de programación de la respuesta alérgica.
Desde una perspectiva clínica, estos resultados refuerzan la importancia de intervenir de forma temprana en la inflamación cutánea del lactante, especialmente en pacientes con dermatitis atópica. “Las estrategias dirigidas a restaurar la barrera epidérmica y controlar la inflamación podrían no solo mejorar la enfermedad cutánea, sino también reducir el riesgo de sensibilización alérgica sistémica y de desarrollo posterior de asma u otras manifestaciones alérgicas. El trabajo identifica una diana sobre la que intervenir para modificar el riesgo y la intensidad de dermatitis atópica y de la posterior enfermedad alérgica respiratoria en la infancia”.
Vacunas de ARN mensajero
En inmunología las vacunas de ARN mensajero se están probando en alergias. Tal y como detalla Victoria Cardona, presidenta del Comité de Anafilaxia de la SEAIC, las vacunas de ácido ribonucleico (ARN) lo que hacen es, mediante el ARN, dar instrucciones al organismo para producir una proteína. “En el caso de ARN con alérgenos, las proteínas que producen alergia, la idea es que el organismo inicie una respuesta que induzca tolerancia al mismo. En principio, por la forma en que se administran y actúan, no deberían dar lugar a reacciones alérgicas, sino al contrario”.
La especialista recuerda que se han hecho pruebas de laboratorio y con modelo de experimentación murino para ver cómo podrían actuar. “Se han diseñado contra la alergia a la proteína transportadora de lípidos (LTP). Esta proteína es un alérgeno muy importante en el sur de Europa, que puede estar presente en algunos pólenes y en muchos alimentos vegetales”, comenta Victoria Cardona, que pone como ejemplo la alergia al melocotón, especialmente en la piel. “Como las LTP de las diferentes fuentes alergénicas se parecen, pero no son idénticas, en el laboratorio se ha generado una que se parezca mucho a todas ellas y es la que se ha usado en los experimentos. El objetivo es poder inducir una protección frente a todas o muchas de ellas”.
Respuesta
El objetivo de estas vacunas es poder inducir una respuesta de tolerancia, no alérgica, en pacientes que sean alérgicos a LTP, especialmente aquellos que tienen reacciones con diferentes alimentos o pólenes que la contengan. “Se trata de la primera iniciativa en este sentido, y aún se halla en estadios muy iniciales de la investigación. Las primeras investigaciones parecen esperanzadoras, pero aún hay que seguir las fases subsiguientes antes de poder iniciar los estudios en humanos. Y, sobre todo, si este tipo de vacunas demuestra su efecto positivo, existe la posibilidad de extrapolarlo a otros tipos de alergia”.
Nuevos agentes biológicos
Entre los nuevos agentes biológicos, están depemokimab, para el asma grave y la rinosinusitis con pólipos, y omalizumab para reducir reacciones graves por ingesta accidental en personas con múltiples alergias alimentarias.
Ignacio Dávila, presidente de la SEAIC, destaca que depemokimab constituye un paso adelante en la evolución de la terapia dirigida contra la IL-5 (interleucina-5). Respecto a los fármacos actualmente disponibles (mepolizumab o reslizumab), “depemokimab ha sido modificado en su región variable para lograr una afinidad notablemente incrementada por el ligando, y en su región constante, que presenta mucha mayor afinidad por el receptor Fc neonatal, lo que evita su degradación en una estructura denominada lisosoma, consiguiendo así una vida media ultraprolongada. En este sentido, los estudios han demostrado que se puede emplear a la dosis de 100 mg subcutáneos dos veces al año”, subraya el presidente de la SEIAC.
En los ensayos clínicos, el fármaco ha demostrado su eficacia en los pacientes con asma grave eosinofílica (los pacientes debían presentar ≥300 eosinófilos por microlitro en los 12 meses previos o ≥150 eosinófilos por microlitro al ser incluidos en el estudio). Igualmente, el ensayo clínico demostró eficacia en pacientes con rinosinusitis crónica con poliposis nasal grave. Por eso, en su opinión, el fármaco puede resultar especialmente atractivo para los pacientes con escaso cumplimiento de la medicación, quienes no desean administrarse tantas inyecciones subcutáneas o no pueden acudir con frecuencia para recibirla, entre otros.
Por su parte, “omalizumab (anti-IgE) es un viejo conocido de los alergólogos, su reciente aprobación para la alergia alimentaria supone un avance importante. Aunque este tratamiento no es curativo de la alergia, demuestra un aumento del nivel de tolerancia, lo que puede evitar reacciones graves debidas a ingestiones accidentales. Esto puede conllevar una reducción del miedo a cometer errores en la dieta. Además, ha demostrado su eficacia en niños a partir de un año de edad y presenta un perfil de seguridad notable, bien conocido tras casi tres décadas de uso”, asegura el alergólogo.
- Xing, Y., Reznikov, I., Ahmed, A.N. et al. Peripheral immune-inducer dendritic cells drive early-life allergic inflammation. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-026-10162-x.
La Dra. Victoria Cardona no tiene conflicto de intereses.
La Dra. Elena Seoane Reula no tiene conflicto de intereses.
El Prof. Ignacio Dávila ha colaborado con GSK y con Novartis en distintos proyectos.
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