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jueves, 19 de febrero de 2026

La neuromodulación marcará el futuro del tratamiento en Neurología y Psiquiatría

La neuromodulación marcará el futuro del tratamiento en Neurología y Psiquiatría. La investigación clínica del cerebro está entrando en una fase decisiva impulsada por la tecnología, la inteligencia artificial y el acceso directo al tejido neuronal durante cirugías. Estas han sido algunas conclusiones de la intervención de Ignacio Sáez, director del Laboratorio de Neurofisiología en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai (Nueva York), en un encuentro organizado por la Universidad Católica de Valencia (UCV).

“Las intervenciones neuroquirúrgicas proveen una oportunidad única para el estudio del cerebro humano al combinar la potencia de técnicas experimentales normalmente limitadas a modelos animales con la riqueza y complejidad de la cognición humana”, ha señalado Ignacio Sáez, quien ha estado acompañado por José Carmena, investigador de la iniciativa Brain Health and Resilience Valencia Challenge, promovida por la UCV, y profesor emérito de la Universidad de California-Berkeley.

Ciencia desde el quirófano

Durante la ponencia ‘Aprender del cerebro para mejorar vidas: ciencia desde el quirófano’, ha expuesto ante médicos y estudiantes un panorama clínico emergente en el que el quirófano se ha convertido en laboratorio experimental y plataforma terapéutica a la vez.

Ignacio Sáez ha explicado que el avance se sustenta en dos revoluciones simultáneas. “Estamos en un momento de explosión tecnológica a dos niveles. Por un lado, el desarrollo de electrodos cada vez más pequeños, densos y distribuidos; por otro, la capacidad del aprendizaje automático para interpretar grandes volúmenes de datos neuronales y la inteligencia artificial”.

Gracias a estos sistemas, los investigadores pueden registrar actividad eléctrica y química cerebral en tiempo real. Según Sáez, esto permite algo que hasta hace pocos años era imposible: “Entender cómo nuestro cerebro genera pensamientos, acciones y emociones”.

Este enfoque directo aporta una ventaja decisiva frente a métodos indirectos como la neuroimagen clásica. Así, permite observar circuitos neuronales mientras funcionan, no solo inferirlos.

Circuitos cerebrales y toma de decisiones

Uno de los hallazgos destacados es que la toma de decisiones no depende exclusivamente del lóbulo frontal. “No es solo prefrontal”, ha indicado. Estudios recientes muestran que regiones profundas como el hipocampo participan activamente, especialmente en procesos contrafactuales.

El investigador ha explicado que el cerebro opera mediante circuitos distribuidos. Algunas regiones son causales y necesarias para que una decisión ocurra, mientras que otras solo reflejan la actividad. “Pensamos que algunas zonas son necesarias y suficientes y otras reflejan un eco”.

Comprender esa arquitectura es clave para diseñar terapias dirigidas, ya que permite identificar qué áreas deben modularse para modificar conductas patológicas.

El cerebro ‘termostato’

La evolución tecnológica está transformando también las terapias. Actualmente, muchos tratamientos de estimulación cerebral profunda funcionan en modo manual. “En Parkinson metemos el electrodo y lo estimulamos, y eso se queda así”, ha explicado. Los ajustes se realizan posteriormente en consulta según los síntomas.

El siguiente paso es la estimulación de bucle cerrado. “Lo que hará será tener un sensor que te dice el nivel de actividad que queremos; si estás muy alto lo bajas y si estás muy bajo lo subes, igual que el termostato de casa”. Estos sistemas ya existen en epilepsia: detectan patrones eléctricos anómalos y estimulan el cerebro antes de que aparezca una crisis.

Para Sáez, la frontera inmediata es trasladar ese modelo a Psiquiatría, donde el reto es mayor. “No tenemos un biomarcador tan evidente y hay mucha más variabilidad entre pacientes”, ha apuntado.

Impacto clínico en Psiquiatría

El potencial terapéutico es especialmente relevante para pacientes resistentes a tratamientos convencionales. En pacientes con depresión, la psicoterapia y los fármacos funcionan en torno al 70 % de los casos. “El 30 % de los casos son refractorios y no tienen tratamiento”, ha dicho el experto, por lo que ha añadido que “la cirugía puede ser una opción” para estos pacientes.

Aunque estas intervenciones están aún en fase experimental, los resultados preliminares son prometedores. El especialista ha relatado testimonios de pacientes tratados con estimulación cerebral profunda, con resultados tan positivos que consideran que les ha salvado la vida.

Desde el punto de vista ético, ha defendido que la indicación debe basarse en el equilibrio riesgo-beneficio. “La depresión es una enfermedad mortal”, ha manifestado, en referencia a pacientes con ideación suicida. En ese contexto, asumir cierto riesgo quirúrgico puede ser justificable si el potencial beneficio es alto.

Seguridad y límites técnicos

El implante de electrodos implica atravesar tejido cerebral, pero el daño es mínimo. “Vamos a perder unas cuantas neuronas en el trayecto, pero no suele tener consecuencias negativas”, ha explicado. El principal riesgo no es neuronal sino vascular, ya que se deben evitar las hemorragias durante la inserción.

Estas técnicas se aplican exclusivamente a pacientes con indicación médica clara. “Si no existe una razón clínica de mucho peso, no operamos”, ha comentado. La investigación en humanos depende precisamente de esos casos clínicos en los que la intervención ya está justificada.

Adicciones y nuevas dianas terapéuticas

Otra línea de trabajo se centra en las adicciones, consideradas por el neurocientífico el paradigma de alteración en la toma de decisiones. En estos trastornos, la dopamina envía constantemente la señal de recompensa “mejor de lo esperado”. Esto refuerza el consumo y genera un círculo vicioso.

Su equipo estudia el papel de la ínsula, región vinculada a la percepción interna del cuerpo y a los impulsos. Observaciones clínicas sugieren que lesiones en esta zona pueden eliminar el deseo de consumir sustancias. “Creemos que está directamente implicada en el relapso”, ha sugerido.

Evaluación emocional continua

Las nuevas metodologías también buscan medir el estado emocional de los pacientes en entornos naturales. El laboratorio de Sáez está desarrollando sistemas que analizan lenguaje y expresiones faciales para evaluar emociones de forma continua. “La cara es el espejo del alma”, ha recordado en referencia a la cita de Darwin, si bien ahora es una cuestión cuantificable mediante algoritmos.

Este enfoque permitirá estudios más realistas que las pruebas experimentales tradicionales y podría mejorar el seguimiento clínico en Psiquiatría.

Horizonte de la neurotecnología clínica

La combinación de neurocirugía, sensores neuronales y análisis computacional está inaugurando una etapa de Medicina funcional de precisión. “Estas investigaciones iluminan cómo funciona el cerebro humano y cómo falla en distintas patologías”, ha afirmado Sáez.

El objetivo es obtener descripciones biológicas completas de los trastornos para desarrollar terapias personalizadas basadas en neuromodulación e interfaces implantables. Ese conocimiento “proporcionará nuevas avenidas terapéuticas”, ha concluido Ignacio Sáez, durante la jornada organizada por la UCV.

Ignacio Sáez no ha declarado conflictos de intereses.

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