Un estudio experimental realizado por investigadores de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad Texas A&M (Estados Unidos) ha demostrado que la alteración de los ritmos circadianos debilita la respuesta inmunitaria y favorece el desarrollo de formas más agresivas de cáncer de mama. Los resultados, publicados en la revista Nature Oncogen, aportan nuevas evidencias sobre la relación entre desajustes del reloj biológico y la progresión tumoral, con posibles implicaciones terapéuticas.
La investigación se llevó a cabo en dos grupos de modelos genéticamente modificados predispuestos a desarrollar cáncer de mama agresivo. Mientras uno de los grupos fue mantenido bajo un ciclo normal de luz y oscuridad, el otro estuvo expuesto a un patrón lumínico alterado, diseñado para desorganizar sus relojes circadianos internos. Los resultados mostraron diferencias significativas tanto en el tiempo de aparición del tumor como en su comportamiento biológico.
Cáncer de mama más agresivo
En los modelos con ciclos circadianos normales, el cáncer comenzó a desarrollarse alrededor de la semana 22. Sin embargo, en aquellos sometidos a alteración circadiana, los primeros signos tumorales aparecieron de forma más precoz, en torno a la semana 18. Además, los tumores detectados en este segundo grupo mostraron un comportamiento más agresivo y una mayor capacidad de diseminación a pulmón, un marcador asociado a peor pronóstico en cáncer de mama.
Los investigadores observaron también que la disrupción del reloj interno no solo aceleraba el crecimiento tumoral, sino que inducía una supresión activa del sistema inmunitario. Esto generó un microambiente más favorable para la supervivencia y propagación de las células cancerosas. Según Tapasree Roy Sarkar, investigadora principal del estudio, “no se trataba únicamente de tumores que crecían más rápido, sino que el sistema inmune se veía claramente frenado”.
El impacto de la alteración circadiana se extendió más allá del tumor. El análisis del tejido mamario sano reveló cambios estructurales significativos, especialmente en la morfología de las glándulas mamarias, que lo hacían más vulnerable al desarrollo del cáncer. Estos hallazgos sugieren que los ritmos circadianos desempeñan un papel relevante no solo en la progresión tumoral, sino también en la susceptibilidad del tejido mamario a la carcinogénesis.
Control inmunitario
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio ha sido la identificación del receptor B4 similar a la inmunoglobulina leucocitaria (LILRB4) como un posible “interruptor de apagado” del sistema inmunitario en este contexto. En condiciones fisiológicas, LILRB4 contribuye a prevenir respuestas inflamatorias excesivas y protege el tejido sano. Sin embargo, en el entorno tumoral, su actividad puede verse exagerada y favorecer la inmunosupresión.
Según explica Sarkar, LILRB4 actúa como un punto de control inmunitario que, cuando se activa de forma excesiva, permite al tumor evadir la vigilancia inmunológica. Al bloquear experimentalmente este receptor, los investigadores lograron reducir la inmunosupresión del microambiente tumoral y observaron una menor capacidad de propagación del cáncer, incluso en condiciones de alteración circadiana.
Estos resultados sugieren que la inhibición de LILRB4 podría restaurar parcialmente la capacidad del sistema inmunitario para combatir el tumor, abriendo una posible vía terapéutica para cánceres de mama agresivos asociados a alteraciones del ritmo circadiano. “El cáncer sigue el tiempo; cuando el reloj interno se desajusta, el tumor se aprovecha, pero ahora hemos identificado una nueva forma de intervenir”, ha señalado la investigadora.
Futuras líneas de investigación
Al establecer una relación experimental directa entre la disrupción circadiana y la progresión del cáncer de mama, el estudio aporta un marco biológico para entender el mayor riesgo potencial en personas expuestas de forma crónica a desajustes del ritmo sueño-vigilia, como trabajadores nocturnos o con turnos rotatorios. En un contexto social en el que la actividad se extiende las 24 horas del día, comprender el impacto del reloj biológico sobre el riesgo oncológico adquiere especial relevancia clínica.
Los autores subrayan la necesidad de avanzar en la investigación para explorar estrategias que permitan revertir los efectos de la alteración circadiana y evaluar su posible traslación a la práctica clínica. El objetivo, concluyen, es desarrollar intervenciones con impacto real en la prevención y el tratamiento del cáncer de mama agresivo en poblaciones con riesgo circadiano crónico.
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