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lunes, 15 de septiembre de 2025

La relación entre enfermedad cardiovascular y mental es bidireccional

Una de las guías que se han presentado en el Congreso Europeo de Cardiología 2025 ha sido la relativa a enfermedad cardiovascular y enfermedad mental. Marta Farrero, jefa de la Unidad de Insuficiencia Cardiaca del Hospital Clínic, de Barcelona, ha liderado, junto con Héctor Bueno, del Hospital 12 de octubre, de Madrid, ambos de la Sociedad Española de Cardiología, dicho documento.

Tal y como explica a EL MÉDICO INTERACTIVO Marta Farrero “hay una asociación muy importante entre la salud mental y la salud cardiovascular, que además es bidireccional”.

En primer lugar, una salud mental positiva se asocia con un menor riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular, y el estrés o experiencias traumáticas incrementan dicho riesgo. En segundo lugar, las personas que han sufrido alguna enfermedad cardiovascular tienen un riesgo incrementado de sufrir problemas de salud mental, en particular ansiedad, depresión o estrés postraumático, lo que empeora el pronóstico vital, en ocasiones incluso duplicando el riesgo de muerte o evento cardiovascular mayor, y en tercer lugar, las personas con enfermedad mental grave diagnosticada presentan un perfil cardiovascular especialmente adverso, debido al riesgo inherente en la medicación antidepresiva o antipsicótica, a mayor dificultad para adoptar hábitos de vida saludables, y al peor tratamiento que se suele hacer de la propia enfermedad cardiovascular, a veces en relación al estigma o la dificultad de manejo de estas personas.

Mayor riesgo

En este contexto, Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental coincide con Marta Farrero al indicar que existe una asociación crítica y bidireccional entre la enfermedad cardiovascular y la enfermedad mental, que está reconocida y detallada en las guías de la Sociedad Europea de Cardiología.

La presencia de depresión, ansiedad, estrés postraumático, esquizofrenia, trastorno bipolar y otras patologías psiquiátricas incrementa considerablemente el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular, equiparándose en impacto a factores clásicos como la hipertensión o la diabetes. De hecho, más del 40 % de las personas con enfermedad cardiovascular tienen también un trastorno mental, y muchas patologías mentales duplican el riesgo cardiovascular y la mortalidad asociada.

La asociación parece deberse a que la presencia de trastornos mentales afecta la fisiología cardiaca a través de mecanismos como la inflamación crónica, la disregulación autonómica, las alteraciones metabólicas y los estilos de vida poco saludables.

Impacto femenino

La cardióloga recuerda que tanto la salud cardiovascular como la salud mental son especialmente importantes en mujeres. “Son ellas quienes tienen un mayor impacto en mortalidad y mala calidad de vida por enfermedades cardiovasculares, pero también quienes tiene mayor riesgo de presentar ansiedad o depresión, de forma que una y otra entidad se retroalimentan en un sentido negativo”.

Y es que cualquier persona puede tener enfermedad cardiovascular y/o enfermedad mental, “ya que son altísimamente prevalentes y además coexisten muy a menudo. Hay conductas que se asocian a ambas, como el sedentarismo y los hábitos tóxicos, cuyo abordaje mejorará también ambas patologías”, apunta Marta Farrero.

Mejorar el abordaje

Ante este panorama, “este documento de consenso tiene como primer objetivo generar conciencia en el sistema sanitario y entre profesionales de la salud y población general de la importante interacción entre la salud cardiovascular y la salud mental, tanto en positivo como en negativo, y de la urgente necesidad de considerarlas a ambas como dos piezas fundamentales de un binomio”, detalla la especialista de la SEC, quien añade que “proponemos sistemas de organización que permitan hacer un diagnóstico precoz y una organización multidisciplinar efectiva, que pueda repercutir en una mejoría del tratamiento global de las personas. Más de un tercio de las personas con enfermedad cardiovascular tienen también algún problema de salud mental, lo que incrementa hasta el doble el riego de tener un mal pronóstico vital. Debemos darle a esta interacción la importancia que tiene y aplicar las estrategias y herramientas disponibles para mejorarlo”.

Las guías también se centran de forma específica en las personas con enfermedad mental grave, que requieren un tratamiento cardiovascular especialmente diseñado y ajustado. “Desafortunadamente, el aspecto psiquiátrico se considera menos de lo que se debería. Hay experiencias exitosas, como por ejemplo las unidades de rehabilitación cardiaca o las unidades de insuficiencia cardiaca y trasplante, donde la salud mental y la relación con sus profesionales se han podido poner en práctica. Pero queda mucho trabajo por hacer, para extender estas experiencias a toda la población que en realidad lo necesita”, señala la cardióloga que espera que “este documento sea un revulsivo que nos ayude a cambiar la forma que tenemos de enfocar la salud mental y cardiovascular”.

Manejo conjunto

Para la psiquiatra, el adecuado tratamiento y control de la patología psiquiátrica mejora significativamente el pronóstico de las enfermedades cardiovasculares. “La depresión o ansiedad no tratadas incrementan la mortalidad, los reingresos y las complicaciones cardiacas, mientras que su abordaje, especialmente integrado y multidisciplinar, mejora tanto la calidad de vida como la supervivencia”.

De hecho, las guías ESC 2025 recomiendan valorar y tratar de manera rutinaria la salud mental en todos los pacientes con riesgo o diagnóstico de enfermedad cardiovascular, subrayando que el bienestar emocional es predictor de mejor salud cardiovascular y menor mortalidad.

La cardióloga insiste en comentar que los problemas de salud mental, sobre todo la depresión y los estados psicóticos, empeoran claramente el pronóstico cardiovascular. “Son personas con mayor dificultad en el cumplimiento de hábitos de vida saludables, en autocuidado, en cumplimiento del tratamiento y, por eso, están sujetas a un mayor riesgo de sufrir complicaciones de su enfermedad cardiovascular. Tenemos estrategias para combatirlo, empezando por desestigmatizar los problemas de salud mental, pero también detectando su existencia y usando terapias psicológicas y farmacológicas que pueden mejorar mucho el pronóstico”.

En este documento se puede encontrar mucha información sobre las mejores prácticas y abordajes, que facilitaran el día a día de los profesionales de la salud y de las personas que requieren sus cuidados.

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