El asma es una enfermedad respiratoria crónica que afecta aproximadamente al 5 % de la población en España. Su adecuado control desde Atención Primaria (AP) es determinante para reducir exacerbaciones, mejorar la calidad de vida de los pacientes y disminuir el impacto sociosanitario. Para ello, resulta esencial contar con herramientas de evaluación fiables, guías clínicas actualizadas y estrategias adaptadas a la realidad asistencial.
El doctor Carlos G. Coronell, del CAP de Cervelló (Barcelona), destaca que el control del asma es un parámetro dinámico que refleja la eficacia del tratamiento actual, a diferencia de la gravedad, que es un rasgo más estable.
Según las guías internacionales como GINA, debe evaluarse tanto el estado clínico actual, síntomas diurnos y nocturnos, el uso de medicación de rescate y la limitación de actividades; como factores de riesgo futuros, función pulmonar reducida, exacerbaciones recientes o mala adherencia terapéutica.
Cuestionarios autoevaluativos
En este sentido existen herramientas que son muy útiles. Entre las más utilizadas en consulta se encuentran el Asthma Control Test (ACT) y el Asthma Control Questionnaire (ACQ), cuestionarios sobre el control de la enfermedad y la calidad de vida del paciente. El ACT, por ejemplo, es un cuestionario breve, gratuito y validado, “que refleja de forma consistente los cambios en el control a lo largo del tiempo”, dice el experto, y cuya puntuación por debajo de 20 indica mal control de la enfermedad. El ACQ, por su parte, incorpora también medidas objetivas como el FEV₁.
La doctora Luz Amelia Tezen, del CAP Passeig Sant Joan, en Barcelona, destaca que “pueden ser autoadministrados por el paciente o aplicados por el médico durante la consulta”, y permiten “evaluar el grado de control del asma a través de preguntas sencillas”.
Por su parte, el doctor Andrés Suárez, del CAP II Blanes de Girona, explica que el ACQ, en particular, “mide síntomas, limitación funcional y uso de medicación de rescate”, y se ha demostrado eficaz para ajustar el tratamiento de forma precisa.
Instrumentos complementarios
Además de los cuestionarios, el doctor Coronell subraya la utilidad de herramientas como la espirometría, el medidor de pico flujo (PEF) y biomarcadores como el FeNO. También destaca el modelo Asthma APGAR, orientado específicamente a Medicina de Familia, que permite una valoración integral del paciente en cinco dominios clave, desde síntomas hasta respuesta al tratamiento.
En lo que se refiere al medidor de flujo espiratorio máximo (Peak Flow Meter), éste permite detectar variaciones en la función pulmonar antes de que se manifiesten clínicamente. “Su uso regular nos ayuda a monitorizar cambios sutiles en la función pulmonar y anticipar exacerbaciones”, asegura la doctora Tezen. Su utilización domiciliaria “facilita un seguimiento continuo y evita crisis asmáticas”, añade su homólogo.
La combinación de cuestionarios clínicos y mediciones objetivas en AP permite adaptar el tratamiento de forma individualizada y proactiva. Ambos profesionales coinciden en que integrar estas herramientas en la rutina asistencial, junto con una adecuada educación del paciente, es fundamental para un manejo eficaz del asma. Para facilitar su integración en la consulta, se proponen estrategias como la incorporación sistemática de la evaluación del control en cada visita, el uso de recordatorios en la historia clínica electrónica y la formación continua de los profesionales.
El papel de las guías clínicas
En el contexto del manejo del asma, las guías de práctica clínica actualizadas representan otra herramienta clave para mejorar la calidad asistencial, reducir complicaciones y optimizar recursos. Sin embargo, su implementación efectiva sigue enfrentando obstáculos en el día a día de los centros de salud.
La doctora M. Carme Mullor, de la ABS Ripoll–Sant Joan de les Abadesses, en Ripoll (Girona), recuerda que “el buen control del asma se correlaciona con la supervivencia, la calidad de vida del paciente y con menores costes sociosanitarios”. A pesar de ello, admite que “la prevalencia de asma no controlada en pacientes que acuden a las consultas de Primaria por empeoramiento de sus síntomas continúa siendo muy elevada”.
Las guías clínicas, utilizadas habitualmente en AP, son documentos fundamentales que “proponen modificaciones de hábitos y comportamientos, técnicas diagnósticas, actuaciones preventivas, curativas y rehabilitadoras, además de aspectos de educación para la salud”, añade. Su objetivo es homogeneizar la atención y mejorar la calidad de las intervenciones, facilitando la toma de decisiones.
No obstante, la facultativa advierte sobre dos limitaciones importantes. Por un lado, “a veces no son elaboradas por equipos multidisciplinares que analicen la información desde diferentes ópticas”, lo que puede limitar su aplicabilidad en el ámbito de AP. Por otro, señala la sobrecarga asistencial: “la falta de tiempo en la consulta dificulta revisar las guías y dedicar al paciente el tiempo suficiente para seguir sus recomendaciones”.
Pilares del control en AP
En cualquier caso, el manejo eficaz del asma en Atención Primaria no solo depende del uso de herramientas clínicas y guías actualizadas, sino también de la formación continua del profesional sanitario y de una educación terapéutica estructurada y adaptada al paciente.
El doctor Albert Canudas, del CAP Sant Miquel – EAP Granollers Sud, en Granollers (Barcelona), subraya que “la formación continuada permite integrar de manera eficaz guías clínicas actualizadas”, lo que facilita la toma de decisiones, homogeneiza la atención y permite personalizar el tratamiento en función de cada paciente.
Según su experiencia, este enfoque contribuye a reducir exacerbaciones, mejorar la adherencia terapéutica y aumentar la eficiencia de la consulta, especialmente cuando se trabaja de forma coordinada con Enfermería. “También mejora la organización interna del equipo y favorece un entorno de trabajo multidisciplinar centrado en la calidad asistencial”, agrega.
En la misma línea, el doctor Andrés Altés, del CAP Sants en Barcelona, destaca el papel central del médico de familia como referente en la atención integral y continua del paciente con asma. “Debe abordar simultáneamente múltiples problemas de salud, y para mantener un nivel adecuado en su actuación es fundamental la formación continua basada en la evidencia científica”.
Recuerda además que las actuales guías de práctica clínica reconocen con el mayor nivel de evidencia la eficacia de los programas educativos individualizados para personas con asma. No obstante, el especialista advierte que su aplicación real es escasa: “solo el 16 % de los entrevistados en una encuesta en España afirmaba utilizar un programa estructurado e individualizado de educación para el asma”. Por ello, considera imprescindible impulsar el uso de nuevas herramientas y adaptar los protocolos clínicos a las características específicas de cada territorio sanitario.
Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores: Luz Amelia Tezen Valderrama, Andrés Suárez González, M. Carme Mullor Caballé, Carlos Gustavo Coronell Coronell, Albert Canudas Ventura, Andrés Altés Boronat y Federico Torres Quispe.
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