Manuel Sans Segarra comparte sus investigaciones sobre las experiencias cercanas a la muerte (ECM) en redes sociales. Médico español especializado en cirugía general y digestiva, con una larga trayectoria como jefe del Servicio de Cirugía Digestiva en el Hospital Universitario de Bellvitge de Barcelona y profesor de la Universidad de Barcelona. Acumula más de un millón de seguidores en redes, ofreciendo conferencias con entradas agotadas. Según Sans Segarra, las ECM son fenómenos reales, observados en pacientes que han atravesado situaciones de muerte crítica o compromiso vital extremo. Sans Segarra propone que la conciencia no se limita a la actividad cerebral, sino que el cerebro actúa como receptor o modulador de una conciencia más amplia, la “supraconciencia”.
Primeras ECM en Estados Unidos
Las primeras ECM accesibles al gran público se remontan a George G. Ritchie, estudiante de medicina y oficial del ejército estadounidense, que sufrió una muerte clínica por neumonía en 1943 durante la Segunda Guerra Mundial, permaneciendo nueve minutos clínicamente muerto antes de ser reanimado. Tras su recuperación, relató una ECM que incluyó percepciones extracorporales y elementos transformadores. Su testimonio fue publicado décadas después en Return from Tomorrow (1978) y My Life After Dying (1991).
Raymond Moody, médico y filósofo, considerado el padre de la investigación moderna sobre ECM, conoció el testimonio de Ritchie en la Universidad de Virginia y comenzó a entrevistar a supervivientes. La expansión de la reanimación cardiopulmonar en aquellos años empezó a permitir que más personas sobrevivieran a paros cardíacos, muchos de los cuales relataron ECM. Moody publicó en 1975 publicó Life After Life popularizando el término “near-death experience” y consolidando el interés internacional en las ECM.
Década de los 80
En 1980, el cardiólogo Michael B. Sabom publicó el artículo The Near-Death Experience en JAMA, una de las revistas médicas más influyentes en aquella época. Su investigación incluyó a 107 testimonios de ECM. En 1982 publicó Recollections of Death: A Medical Investigation, donde presentó entrevistas con más de 100 pacientes que habían sufrido crisis cercanas a la muerte, documentando experiencias extracorporales, sensaciones de paz, percepciones durante la reanimación y otros elementos característicos, consolidando el estudio de las ECM dentro de la literatura médica revisada por pares.
Años 90 y 2000
A finales de los 90, Jeffrey Long, oncólogo estadounidense especializado en radioterapia fundó la Near-Death Experience Research Foundation (NDERF) la base de datos más grande del mundo sobre ECM, con más de 1.300 relatos recopilados de distintos países, edades y culturas. Su libro Evidence of the Afterlife: The Science of Near-Death Experiences se convirtió en best-seller del New York Times y presenta un análisis sistemático de estos testimonios.
Patrones de las ECM
Entre el 80 y el 90 % de las ECM se describen como positivas, caracterizadas por sensaciones de paz, bienestar, amor incondicional y experiencias transformadoras. Entre un 10 y 20% se consideran negativas o atemorizantes, generando miedo, angustia o sensaciones desagradables. Kenneth Ring, psicólogo estadounidense y cofundador junto con Raymond Moody de la International Association for Near-Death Studies (IANDS), publicó trabajos específicos sobre estas ECM atemorizantes.
Bruce Greyson, psiquiatra y académico estadounidense, desarrolló la Escala de ECM, la primera herramienta cuantitativa aceptada para evaluar la intensidad y características de las ECM. Greyson participó junto con Michael Sabom en la IANDS.
Un estudio clave
Ajmal Zemmar, neurocirujano y neurocientífico, coautor de un estudio publicado en Frontiers in Aging Neuroscience, documentó por primera vez en 2022 la actividad eléctrica de un cerebro durante la transición de la vida a la muerte. El registro se realizó de manera accidental cuando un paciente de 87 años monitorizado por epilepsia sufrió un paro cardíaco. Durante los 30 segundos antes y después del cese cardíaco, el cerebro no detuvo toda su actividad, mostrando patrones de ondas cerebrales similares a los de funciones cognitivas complejas como memoria, concentración y meditación. Se observó interacción entre diferentes frecuencias, destacando cómo las ondas theta, relacionadas con el recuerdo, se acoplaban con las gamma, asociadas a atención máxima. El estudio, único, ofrece un registro de un cerebro moribundo bajo observación clínica, y sus hallazgos coinciden con patrones reportados por personas que han experimentado ECM, aportando datos sobre la actividad neuronal en momentos cercanos a la muerte.
Teorías alternativas
Algunas teorías sugieren que ciertos elementos de las ECM, como la sensación de movimiento a través de un túnel, podrían explicarse por efectos fisiológicos, como el “efecto túnel por fuerza G” observado en pilotos, donde la reducción del flujo sanguíneo al cerebro y la retina provoca visión periférica restringida.
Otra teoría sugiere que las experiencias cercanas a la muerte podrían estar relacionadas con alteraciones químicas del cerebro bajo estrés extremo. Sustancias como DMT, LSD, mescalina o ketamina producen estados de conciencia en los que los individuos perciben colores intensos, sensaciones de desplazamiento a otros “lugares” y experiencias fuera del cuerpo, fenómenos que recuerdan a los reportados en las ECM.
Más allá de las teorías alternativas, las ECM ofrecen a la medicina una ventana única para explorar la conciencia humana, recordando que la labor del médico no solo es preservar la vida, sino también comprender y acompañar a quienes han estado al borde de la muerte. En este diálogo entre ciencia, clínica y experiencia subjetiva, las ECM invitan a repensar lo que sabemos sobre la vida, la muerte y la complejidad de la mente humana.
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