La psoriasis es un padecimiento que va más allá de la piel, pues quienes viven con esta condición enfrentan lesiones perceptibles que provocan incomodidad y un fuerte impacto psicológico y emocional.
Algunos de los síntomas que pueden pasar desapercibidos, pero que sin duda condicionan la salud de una persona con psoriasis, son: vergüenza, culpa, ansiedad y depresión. Estos síntomas en la mayoría de ocasiones son subestimados, incluso por los profesionales de la salud, convirtiéndose en un desafío relevante para su tratamiento.
Ante ello, especialistas han lanzado un llamamiento para que la comunidad médica reconozca los retos sintomatológicos de quienes viven con esta condición, además de fomentar la comprensión pública y promover un enfoque integral que combine tratamiento médico, apoyo psicológico y estrategias para mejorar la adherencia terapéutica.
Enfermedad inflamatoria sistémica
Según Carlos Francisco Pérez Beltrán, asesor científico de Inmunología de BMS México, la psoriasis es una enfermedad inflamatoria sistémica crónica que se estima afecta a 125 millones de personas en el mundo, de las cuales alrededor de 2,5 millones son mexicanas.
Aunque existen diferentes tipos, del 80-90% de los casos presentan la forma más común: la psoriasis en placas. De ellos, aproximadamente tres de cada 10 son moderados a severos, haciéndola difícil de tratar.
Más allá de lo físico, esta condición a menudo es incomprendida y puede confundirse con otras enfermedades cutáneas, según el especialista.
En este sentido, agrega que los brotes, periodos en que los signos y síntomas se vuelven más evidentes, son tan impredecibles que generan frustración en los pacientes porque restringen sus actividades cotidianas.
Por ello, la falta de conocimiento sobre la psoriasis también puede conducir a una subóptima adherencia al tratamiento y, por ende, “a un peor resultado”.
Una señal de disfunción en el sistema inmune
En cuando a los mitos alrededor de ella, el especialista menciona que la falsa creencia de que es contagiosa o que las enfermedades de la piel son menos graves que otras, hacen que los pacientes sufran discriminación, afectando directamente su acceso a una atención médica adecuada.
“Cuando la psoriasis aparece en zonas visibles como cara, manos o cuero cabelludo, provoca juicios que afectan la autoestima y limitan la vida social, escolar, laboral y sexual. No es raro que muchas personas evitan asistir, incluso, a lugares como piscinas, gimnasios o peluquerías por temor al rechazo. Esta pérdida de confianza no es solo pasajera; se relaciona con mayores tasas de estrés, depresión, ansiedad, aislamiento y pensamientos suicidas, agregó el también reumatólogo”, expresa.
Por otro lado, Pérez Beltrán comenta que, si bien la psoriasis se ve en la piel, en realidad afecta a todo el cuerpo.
“La psoriasis es inmunomediada; esto significa que hay una disfunción en el sistema inmune que causa inflamación en el cuerpo, afectando órganos y tejidos. En la piel, esto hace que se formen parches gruesos, elevados y con escamas (placas) que pueden aparecer en genitales, codos, rodillas, cuero cabelludo, uñas, palmas de las manos y plantas de los pies, causando picazón, irritación, agrietamiento y sangrado”, asegura.
La inflamación crónica también puede conducir al desarrollo de otras enfermedades llamadas comorbilidades. Por ello, quienes viven con psoriasis tienen más probabilidades de presentar artritis psoriásica, hígado graso no alcohólico, síndrome metabólico, problemas cardiacos y trastornos psicológicos y psiquiátricos.
“Hay una correlación entre el estrés psicológico y la gravedad de los síntomas dermatológicos; cuanto más afectado emocionalmente está el paciente, más intensas y frecuentes son las lesiones. La ansiedad y la depresión también causan abandono terapéutico, mientras que la enfermedad en sí misma aumenta los problemas mentales, creando un círculo vicioso difícil de manejar”, explica.
Para poder reducir las afectaciones, menciona que el tratamiento puede incluir fototerapia, ungüentos, cremas y champús, así como medicamentos inyectables y orales como el inhibidor oral de la tirosina quinasa (TYK2) -indicado para adultos con psoriasis en placas de moderada a grave, candidatos a terapia sistémica o fototerapia- que ayuda a reducir la inflamación asociada a la enfermedad.
Atención multisectorial, la clave para su tratamiento
Para Lucila Careaga de Castro, fundadora y directora ejecutiva de la Asociación de Pacientes Autoinmunes con Procesos Inflamatorios, A.C (PAU), “el miedo a los brotes, la frustración por los tratamientos que no siempre funcionan y el aislamiento social afectan la percepción que los pacientes tienen de sí mismos. Muchos sienten que la psoriasis define quiénes son, cuando en realidad es solo una parte de su vida”.
En ese sentido, destacó que la colaboración entre el psiquiatra y el dermatólogo es fundamental para abordar estos problemas.
“Aunque no tiene cura, la psoriasis no debe vivirse en soledad. Hoy existen terapias innovadoras que pueden transformar la vida de las personas, programas de apoyo que las ayudan a sentirse comprendidas y acompañadas en su proceso, así como especialistas que trabajan de la mano para atender no solo las lesiones de la piel, sino también sus implicaciones sobre la salud mental”, concluye.
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