“Golpes repetidos en la cabeza pueden causar deterioro cognitivo, cuadros depresivos y trastornos de conducta”, según comenta Jesús Porta-Etessam, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN). EL especialista analiza en esta entrevista para EL MÉDICO INTERACTIVO cómo los microtraumatismos craneales repetidos en deportes de contacto pueden provocar encefalopatías postraumáticas y deterioro cognitivo precoz, y alerta sobre la necesidad de extremar la prevención, especialmente en niños y jóvenes.
¿Qué es la demencia pugilística y cómo se relaciona con otros deportes?
La demencia pugilística, como indica su nombre, se observaba sobre todo en boxeadores. Se debe a los microtraumatismos repetidos que sufren a lo largo de su carrera profesional, lo que conlleva un riesgo aumentado de desarrollar una demencia con características especiales. Patológicamente, cuando se estudian esos cerebros, se observan alteraciones que pertenecen al grupo de las taupatías, pero diferentes a las del Alzheimer.
¿Cuándo se empezó a evidenciar científicamente esta relación entre traumatismos y deterioro cognitivo?
El punto de inflexión vino con el fútbol americano, un deporte en el que se producen muchos microtraumatismos mantenidos durante la carrera profesional. Se vio que personas relativamente jóvenes, entre 40 y 60 años, empezaban a desarrollar un deterioro cognitivo diferente al del Alzheimer, con trastornos de conducta, y que la anatomía patológica coincidía con la de la demencia pugilística. A raíz de esto, se planteó la relación entre los traumatismos repetidos en este deporte y la aparición de esta enfermedad, hasta considerarla prácticamente una enfermedad profesional.
¿Se ha observado algo similar en otros deportes?
Sí. Se ha visto en el hockey y en otros deportes de contacto en los que hay golpes repetidos. También se ha estudiado en el fútbol. Los países que más han investigado este tema son el Reino Unido y Suecia. En los estudios se ha comprobado que los futbolistas que rematan de cabeza con frecuencia presentan un riesgo aumentado de desarrollar demencia. Incluso se han registrado casos en jugadores de la selección británica campeona del mundo que desarrollaron un deterioro cognitivo precoz, lo que ha llevado a limitar el uso del remate de cabeza en menores de 14 o 16 años, según el país, y a establecer protocolos específicos ante conmociones durante los partidos.
¿Qué lesiones son más habituales a corto plazo en estos deportistas?
Las más frecuentes son las conmociones cerebrales. Por ejemplo, un jugador puede rematar de cabeza, perder el conocimiento y quedar desorientado al recuperarse. Antes se subestimaban, pero ahora se sabe que tener dos conmociones seguidas en menos de una semana es un factor de riesgo muy alto. Por eso, cuando un jugador sufre una conmoción debe ser retirado del campo y evitar el riesgo de un nuevo golpe durante al menos siete días.
También pueden producirse traumatismos craneales con sangrado. Son situaciones más graves que requieren observación y manejo neurológico especializado. Esto ocurre no solo en fútbol, sino también en rugby, motociclismo, ciclismo o automovilismo.
¿Y qué ocurre a largo plazo con esos microtraumatismos repetidos?
A largo plazo, esos microtraumas pueden producir lo que llamamos encefalopatía postraumática crónica. Es una demencia diferente al Alzheimer, dentro del grupo de las taupatías, que cursa con trastornos de conducta y deterioro cognitivo precoz. Se ha descrito sobre todo en boxeo, pero también en fútbol americano, hockey y rugby. En el fútbol, aunque los golpes son menos intensos, existe un riesgo real, demostrado por estudios de gran tamaño.
Se ha visto, por ejemplo, que los porteros prácticamente no presentan riesgo, mientras que los defensas sí lo tienen más alto. También hay que considerar que el fútbol ha cambiado: los balones actuales son más impermeables, pesan menos y el juego de cabeza es menor que hace 20 o 30 años. Aun así, la mayoría de países han adoptado medidas preventivas para los menores.
¿Qué síntomas suelen presentar los afectados por encefalopatía postraumática crónica?
Además del deterioro cognitivo, se asocia a cuadros depresivos y a trastornos de conducta relativamente tempranos. No suele aparecer a los 70 u 80 años, como en la mayoría de demencias, sino en pacientes de 50 o 60. Es un cuadro clínico peculiar y característico.
¿Qué medidas preventivas se recomiendan especialmente para los menores?
Recomendamos que todos los niños menores de 16 años eviten realizar remates de cabeza, por el riesgo que conllevan. El riesgo es directo y está bien documentado. En el caso de los deportes de contacto, hay que tener mucha prudencia.
¿Y en otros deportes, como el boxeo?
El objetivo del boxeo es producir una conmoción al adversario: el KO es una conmoción cerebral. Este deporte debería replantearse, sobre todo en menores. Es difícil, porque su esencia es golpear la cabeza del contrario, pero habría que regularlo y, si se practica, extremar las medidas de protección. El casco no evita las conmociones, aunque puede reducir otro tipo de lesiones.
¿Las mujeres presentan el mismo riesgo?
Las mujeres también pueden tenerlo, aunque tradicionalmente ha sido menos frecuente porque participaban menos en deportes de contacto. Sin embargo, con el aumento del fútbol femenino, debemos aplicar las mismas medidas preventivas. Es fundamental concienciar también en este ámbito.
¿Qué otras medidas serían aconsejables?
En jugadores profesionales es importante realizar una valoración neurológica al comienzo y al final de la temporada, para detectar posibles cambios. Siempre que haya una conmoción, el jugador debe ser retirado del campo y mantenerse fuera al menos entre siete y diez días. Si aparece cualquier síntoma neurológico, se debe hacer una resonancia magnética y una evaluación neurológica antes de volver a jugar.
Y, sobre todo, hay que cuidar a los niños. El casco no previene la encefalopatía postraumática crónica, por lo que la mejor prevención es evitar las situaciones de riesgo.
¿Qué investigaciones hay actualmente sobre este tema?
Existen dos series de seguimiento muy importantes, una escocesa y otra sueca, en las que se estudian las consecuencias a largo plazo en futbolistas. En España se ha planteado hacer estudios similares, pero es más complicado porque no tenemos tanta colaboración entre instituciones como en otros países.
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